Categoría: Libros

El arte de no hacer ni caso

Ay señor, qué semana más aburrida. Sin días históricos con los que desfogarnos las mujeres, sin parar de llover y por lo tanto sin pisar los parques y jardines, con lo que eso entretiene. Con los niños desesperados de tanto encierro subiéndose por las lámparas (literal) y con la jefa que ha dejado de escribir y se pasa el día vagando por la casa como hada en pena o como hada sin cencerro, la que más os guste de las dos.

La gente se trastorna mucho cuando le quitan sus rutinas preferidas y la Patricia cuando no escribe se me vuelve como loca, a su manera. No es una loca estilo la Esme, aparatosa, es una loca a lo fino, como reconcentrada  y con cara de mucho penar interno ¿Y por qué no escribirá?, me estaba preguntando yo. En su mesilla de noche he encontrado el motivo esta mañana: se lo ha mandado un libro. Se titula “El arte de callar” y lo escribió un señor abate allá por el año mil setecientos. Las antiguallas que mete entre pecho y espalda esta mujer, he pensado, pero lo he abierto por pasar el rato.

Esto he leído, así, para empezar “hay quién escribe por escribir como los hay que hablan por hablar. No hay ingenio ni propósito, el mundo se llena de libros estériles e infructuosos. Son autores, diréis, han escrito un libro. Mejor decir que han estropeado papel, además de haber perdido su tiempo”, toma del frasco con el simpático del Dinouart, que ese es su nombre.

Y sigue el amable hombre desde su monasterio, la casa donde habitan los abates, “la extraña enfermedad de escribir y de leer lo que se escribe, que nos atormenta desde hace tiempo, sigue agravándose cada día. Los autores nacen como los champiñones y por desgracia la mayoría tienen las mismas cualidades”, me ha dado risa al  imaginarme el susto que se llevaría este señor si aterrizara en nuestros días contemporáneos.

Como veréis yo no soy tan acatanta de órdenes como mi jefa y además de escribirlo aquí se lo he contado por teléfono a la Esme para desobedecer también por vía oral. Digo, Esme, maja, que ha dicho un abate que nos callemos y que contengamos la pluma ( él dice pluma, ya os he dicho que el libro es una antigualla).

No sé de qué pluma me hablas, pero si te digo la verdad tampoco me importa demasiado, estoy aquí con mi blog de los fracasos que me acaba de entrar el primer comentario desde hace meses, es de Vladimir Vladimirovich, más conocido como Putin, siempre me comentan los mismos, qué rollo. Y qué escueto, solo dice: “Yo no he sido”. Le voy a contestar ahora mismito,  mira, chato, excusatio non petita…¿cómo seguía la frase esa? ahora no me acuerdo, accusatio…

He tenido que colgar dejándola con los latines en la boca porque he visto aproximarse a la Patricia con esa cara de malas pulgas que le da a a ella el  refrenamiento de pluma o de teclado.  Si es que no siempre hay que hacer caso a los abates, qué más le dará a él si la mujer es feliz soltando sus cosillas.Pues como  yo soltando las mías. Esto se llama el arte de no hacer ni caso.  Champiñón más, champiñón menos…si además todo esto va a desaparecer, que también lo dice él, “así se consumirá totalmente algún día esa innumerable cantidad de de libros de cuyo nacimiento dan cuenta los periódicos y de la que ya no quedará ni rastro. Aprended, pequeñas obras, a morir sin murmurar”. Pues eso.

 

 

 

El allí y el después

Resulta que he estado unos días de vacaciones o, mejor dicho, he acompañado en las suyas a la Patricia, para eso me lleva a esos hoteles lujosos que gusta de frecuentar y no porque sea su amiga. Sé que está deseando perderme de vista pero hasta que no le crezcan los infantes me necesita. Se siente, maja. He vuelto más cansada de lo que me fui pero puede decirse que la “Operación Mayordoma” ha sido un éxito, el Jacobín no ha logrado asesinar a su hermana y mira que lo ha intentado veces y con las más variadas técnicas y herramientas.

Mientras yo perseguía al hermanicida doloso, su madre leía tranquilamente tumbada en una hamaca. De vez en cuando cerraba el libro y se ensoñaba mirando al cielo, a los pájaros o al mar,¿en qué o quién estaría pensando? Para disimular y no quedar del todo mal nos saludaba de lejos con la mano, cual reina distante pero dadivosa con sus súbditos. Después, suspiraba y se enfrascaba de nuevo en su lectura, abstraída del mundo por completo.

Tan concentrada estaba en ese libro que cuando he visto que lo ha terminado y empezaba otro nuevo, me lo he echado al bolso y me lo he traído a Madrid para leerlo yo también. Trata de un asunto que se llama “el aquí y el ahora” y desde donde se puede estar pero que muy bien siempre que hagas lo que te dice el autor. Es muy fácil, básicamente es el ajo y agua de siempre, pero en fino. Te lo explica por puntos, para que no te líes ni te canses ni te vayas a los libros del aquí y el ahora de la competencia, que se ve que abundan.

Los puntos vienen acompañados de unas fotografías en las que aparecen seres muy felices, se les nota en que tienen los brazos levantados y saltan, si los tienen en posición normal puede que sean felices pero no tanto. Otro síntoma claro de felicidad es que se hayan colocado sendas flores en sus sendos ojos, el motivo se me escapa pero debe de ser bueno para algo. También corren por campos de trigo con vestidos blancos al viento, muy descontrolados ellos, o se pasean por playas sin sombrillas en las que siempre se está poniendo el sol y pueden ensimismarse con el ocaso base de bien. Y todo eso por estar presentes y no ausentes.

Total, que se lo he llevado esta misma mañana a la Esme para que ella también levante los brazos y salte y sepa que ningún empredimiento de los suyos le va a dar la felicidad que ya tiene en su aquí y en su ahora y así se relaje y deje de buscar y buscar y buscar lo que ya es suyo por derecho propio, mira tú por dónde. Lo ha estado ojeando un rato pero como no se ha molestado en ponerse las gafas me supongo que era más por cortesía que por interés verdadero.

Pues qué bien, me ha dicho a modo de comentario de texto resumido. Sigue tú si quieres los diez puntos de este descerebrado que yo, con los poderes que mi mente me confiere – gracias, mente- me voy a trasladar al allí y al después y que le den a la felicidad de las pequeñas cosas, a veces son tan pequeñas que, hija, ni se ven. Me he pintado un paraíso en mi imaginación completamente insuperable por ningún aquí ni ningún ahora. Vente si quieres, que te hago sitio.

Oye, pues no se estaba nada mal en el lugar ese de la Esme, todo, todito lo que quería me lo iba ella colocando por delante. Me ha puesto dos bebés monísimos, niño y niña, que no lloran nunca y que se crían sin sentir, sin una mala noche ni una visita a urgencias y que aunque crecen siguen siendo bebés siempre, un Toni cariñoso, dispuesto a salir de fiestas y de viajes, familiar y amante de los seres humanos, un piso grande con jardín que se limpia y se cuida solo y donde jamás se estropea la lavadora y un trabajo de reponedora en un supermercado, que es lo que era yo antes que chacha. Eso ya no me ha gustado tanto pero dice ella que me lo cambia por otra cosa, que en su allí y su después todo es posible.

Mientras te vas pensando el oficio y beneficio que quieres que te ponga o si quieres no te pongo ninguno y vives del blog porque los otros blogueros no solo te leen hasta quedarse ciegos si no que también te ingresan dinero en tu cuenta, vuelve un momento al aquí pero ya y a toda leche antes de que Jacobín se cargue a su hermana. Creo que esos brazos que rodean con supuesto amor su cuello albergan una intención mortuoria.

Qué niño, no me deja descansar, pues aprovecho, ya que estoy aquí, para comerme el bocadillo de jamón del ahora, que los que tiene la Esme en su paraíso del allí son de ibérico pata negra de bellota pero el hambre no te la quitan, la verdad sea dicha.

Magnífica, sutil, original…

¿Quieres un libro?, me salta la Esme esta mañana sin dejarme ni decir hola qué tal.
Como está montada en el parque la Feria del Libro pensaba que se refería a que si quería darme una vuelta por las casetas para comprar alguno. Hace mucho que no me compro libros, los tomo prestados de la estantería de mi jefa, que la tiene muy bien surtida, los leo en el autobús y después los vuelvo a colocar en su sitio sin que su dueña sospeche la función de biblioteca que desempeña.

Que si quieres un libro, me vuelve a insistir mostrándome algo con hojas que no era árbol y yo diría que tampoco libro.

¿Qué es esto, Esme, ahora repartes panfletos subversivos por el parque? Ten cuidado que ya nos confiscó la policía el negocio de adivinas una vez y he visto a dos agentes montados a caballo que daban bastante respeto.

¡Ecuestres a mí!, me los zampo de un bocado con caballos incluidos. Que no, que es mi novela, la tercera ya, me la he auto-editado esta misma noche y me dispongo a que sea éxito de ventas en la Feria, ¿no quieres ser la compradora número uno? Te hago precio de amiga, la vendo a veinte euros pero a ti te la dejo en diez. Toma.

Y me pone en las manos con bastante violencia, todo hay que decirlo, el citado panfleto que por el aspecto exterior más parecía el trabajo del Jacobín para el día de la madre que un libro verdadero. Por no defraudarla y porque a veces me da un poco de miedo, he empezado a leer unas letras de colores puestas en todas las direcciones y con muchas exclamaciones y subrayados. Decía en ellas: “Un trabajo brillante que reúne perspicacia e información”, “Una obra profundamente original”, “Trata de los grandes temas de la vida como el amor o la muerte capturando su sinsentido”, “brilla y deslumbra”, “Puro talento”, “tan hilarante como conmovedora”

Pues muy bien, por frases promocionales no será pero lo que no veo es el título, ¿cómo se llama?

Se llama como más le guste al lector, es una novela interactiva, el lector es el que titula, he dejado un hueco ahí arriba para que cada uno lo rellene a su gusto. Bueno, venga, déjate de pegas y compra ya que hasta que alguno no rompa el hielo esto no va a pitar.

A ver, Esme, no te enfades pero es que acabo de abrir el, según tú, libro, y por lo menos en la primera página siguen los elogios. Aquí has escrito,”la gran novela europea del año”, “magnífica, sutil, original, rompedora”.

Claro que sí, lo he escrito porque lo es. No me gusta mentir, bueno sí que me gusta, qué tonterías me haces decir. Y venga, suelta la pasta que te vas a llevar el producto más completo del mercado. Te veo reacia y no sé por qué. Mejor llévate dos y otro se lo vendes a tu jefa la escritora para que aprenda lo que es bueno y se muera de la envidia y de la rabia.

Que no, Esme, es muy caro y además sospecho que dentro no hay nada. Estas hojas que siguen están en blanco, no me digas que también la tiene que rellenar el lector.

Y a mí qué me importa el lector, que haga lo que quiera, libertad total para él y para mí y si no quiero escribir nada en mi propio libro, como fue el caso de ayer por la noche que lo que tenía urgente era la plancha, pues lo dejo en blanco. Es un favor que le hago al mundo, está ya lleno de palabras, todos queremos soltar las nuestras, pues venga, un libro para que cada cual ponga las suyas. Con mi nombre en la portada, eso sí que no lo perdono.

Y además, cuando sea entrevistada nadie me preguntará, “Esmeralda, ¿en qué clave interpretamos tu obra?” Es una pregunta que me revienta y eso que nunca me la han hecho. Pero ya veo que te haces la longuis jugando al escondite con la Morganina. Si, anda, escóndete detrás del castaño, como si te tapara el árbol con lo oronda que estás, amiga Sancha.

Pues no va y me llama Sancha Panza, ahora si que no le compro el libro vacío. Pero, tendrá morro, si ha escrito en la contraportada, “más de diez mil ejemplares vendidos”, huy, y lo está ofreciendo a gritos como si fuera un melón, “lléveselo, señora, que me lo quitan de las manos”.

Esme, que esto no es el mercadillo de las hortalizas y las bragas, le he advertido desde detrás del árbol, que es la Feria del Libro, un poco de estilo, hija. Pero ni caso, ella a lo suyo toda magnífica y original. Sutil ya no, la verdad.

En la ciudad turbia…

Vaya diíta de Reyes que me dieron ayer entre el Toni y la Noemi. El Toni se pasó toda la mañana diciendo la siguiente frase misteriosa, “en la ciudad turbia…” y luego se quedaba en suspenso como los tres puntos. Y la Noe acorralándome por las esquinas del piso para quejarse del regalo del Toni: un libro.

Ya hay que tener mala idea, se me pone, si sabe que yo no leo y  menudo tochaco, si es más ancho que largo y además, mira, se titula “Los detectives salvajes”, me he creído que era de misterio pero he empezado a leer y, la verdad, no me entero de nada, pero si está lleno de haches intercaladas, ¿le habrá puesto tique regalo? Es que no me atrevo a preguntárselo porque como es tan así, tan raro, lo mismo se mosquea, pregúntale tú.

En la ciudad turbia…, me responde el Toni dando vueltas sin rumbo alrededor de la mesa. Toni, que la Noe quiere saber si puede cambiar el libro por otra cosa, ¿has guardado el tique? Ah, sí, aquí está, ayer comprábamos y mañana descompraremos y volveremos a comprar en un círculo sin fin,  así nos olvidamos de nuestra mortal condición y de nuestro sinsentido,  pobre lince ibérico,  en la ciudad turbia los…

Pero, ¿de qué lince hablas?, ¿en la ciudad turbia los que…?, ay, madre, qué cansino estás. A ver, Noe, toma, ya lo puedes cambiar. Pero otra vez la Noe me acorrala en una esquina, “joer, que mira lo que pone aquí, “Casa del Libro”, o sea, claramente solo lo puedo cambiar por otro libro, eso va con segundas, quiere que lea o ,peor todavía, lo quiere leer él y por eso me lo ha comprado. Porque tu regalo ha sido otro libro y además de poesía, no me llames malpensada pero todo encaja.

Y así, entre frases suspensivas y acorralamientos me tuvieron toda la mañana. Por la tarde el Toni salió a orearse por las calles de la ciudad turbia, me supongo, pero no le sentó bien la vuelta. Que qué asco de calles llenas de familias con bolsas, que ocupaban todas las aceras y no le dejaban pasar y que qué absurdo ese  ir y venir con esos cargamentos de paquetes y que qué pena el lince ibérico al borde de la extinción por nuestros hábitos desaforados de consumo.

Pues el consumo es bueno, salta la Noe, porque yo trabajo en una tienda y si la gente no comprara me moriría de hambre, que lo sepas, Antonio. Y se morirían de hambre también muchos otros más, todos nos moriríamos de hambre y también el lince ibérico de las narices. Un libro a mí, eso sí que es turbio y no la ciudad esa de la que hablas, igual si lo ponemos debajo de la pata de la mesa deja de cojear, voy a probar, no vale, es demasiado gordo.

Y entonces va el Toni y termina su siniestra frase: en la ciudad turbia… en la ciudad turbia, bajo un cielo desestrellado, los depredadores compran y compran ajenos a la catástrofe.

A ver si va a ser un profeta de  los chungos, me dice la Noe con cara de susto volviéndome a acorralar en una esquina, de los que predican de lo malo y todo eso,  me da miedo, ¿y si le lanzo el libro a la cabeza? Allá va, es por autodefensa de las dos.

 

 

 

 

 

 

 

 

El reto

Pero,¿qué veo allende el quiosco? Mis ojos se turban y se nublan ante tamaña visión y no, no es por la contaminación, aunque también, es por la extrañeza que me causa contemplar a la Esmeralda sentada en su silla y leyendo bajo un helado castaño. Me los froto por si se me ha metido tanto monóxido de carbono que percibo situaciones y escenas inexistentes pero no, es ella, mi amiga íntima de Madrid y sí, lee.

No me digas que uno de tus propósitos para el año nuevo es darte a la lectura. Te felicito, Esme, yo también me propuse ser culta y letrada y,mal que bien, algo me voy puliendo. De todas formas, no es esta la estación más propicia para leer a la intemperie, yo que tú me volvía al interior del quiosco.

Es que dentro está la zona wi-fi con sus múltiples tentaciones: mirar a los gemelos de Charlene y Alberto de Mónaco para ver a quién de los dos se parecen más, por ponerte un ejemplo básico. Y contestando a tu pregunta; mío, mío, no se puede decir que sea el propósito. Mi personalidad, lo sabes, es más propensa a la acción que a la reflexión, pero tampoco quiero ser la más tonta del Facebook. El propósito es del jefe, de Mark Zukerberg, el que se inventó eso tan bonito de los muros, las fotos de perfil, los montones de amigos a los que dar envidia con nuestras ideales vidas y los me gusta a tutiplén. Nos ha puesto el reto de leer dos libros al mes y ha montado un club. ¡Qué pereza! Esto parece el colegio pero ya sabes que yo enseguida me pico, soy mujer de retos. Ponme un reto, cuanto más difícil, mejor, que me lanzo de cabeza.

Pues sí que eres fácil de retar, Esmeralda, entras a todos los trapos, hasta a los virtuales ¿ Y qué libro os ha puesto el profe?

Se titula “El fin del poder” y es un ladrillo de marca mayor pero eso no lo vayas comentando por ahí que quedas mal, eso solo entre nosotras. Ya no eres nadie si no has leído este libro.

¿Y de qué va?

No sé, me esperaba un novelón, tipo el mío, con crímenes y amoríos, lo bonito, vaya, pero el autor sólo habla y habla exponiendo ideas, muy abstracto para mi gusto. Dice Marck que lo ha elegido porque cree firmemente que el mundo está cambiando para darle al individuo el poder que de siempre han tenido gobiernos, militares y organizaciones.  Fíjate que eso ya te lo dije yo cuando te hablé de nuestro empoderamiento.

Qué visionaria eres, Esmeralda.

Mucho. ¿A ti los libros te sumergen en situaciones intensas? porque a Mark sí.

Al que le sumergen en situaciones intensas es al Toni,los libros y casi todo lo demás, es muy intenso de por sí.

A mí es que me cuesta  eso de sumergirme y lo de la intensidad tampoco termino de…

Persevera, Esmeralda, que si insistes igual lo notas.

Venga, pues voy a intentarlo, no me distraigas con tu cháchara de persona que no pertenece al club de Mark. Porque tú no tienes Feis, ¿verdad?

No, no tengo.

Ni feiseas ni tuiteas ni instagrameas, vas mal, estás fuera de onda.

Pero tengo un blog.

Serás antigualla.  Y dos piernas también tienes. Anda, déjame que lea.

Para ser el primer libro que has elegido no has estado muy acertado, Zuckerberg, desde mi  quiosco te lo digo y te lo escribo en mi muro. Tendrías que habernos mandado Ana Karenina, Cumbres Borrascosas, no sé, de ese estilo, un novelón de los de  sumergirse de verdad en la más intensa intensidad. Bufff, voy a dejarlo un ratito, a ver, a ver a quién se parece la niña… clavadita a la Charlene pero sin tantas espaldas.

Saltar por los aires

 

Desde que he llegado al pueblo de mis ancestros más ancestrales, me he instalado de nuevo en el cuarto de mi infancia y he regresado a los parajes familiares tengo una sensación extraña: la de que va a pasar algo. Claro, siempre pasa algo, es imposible que no pase nada aunque sólo sea el tiempo pero yo no me refiero a ese ir pasando y modificándonos lentamente de tal modo que ni nos damos cuenta, me refiero a un cambio más brusco y repentino, una especie de cataclismo.

Y con ese barrunto andaba esta mañana cuando para quitarme los malos pensamientos me he puesto leer Canadá de Richard Ford y me he dado de bruces con el siguiente párrafo que espero que no sea premonitorio:

“A lo largo de todos estos años mi hábito de pensamiento da por hecho que toda situación en la que se ve envuelto el ser humano puede dar la vuelta. Todo lo que alguien me asegura que es verdad puede no serlo. Todo pilar de creencia sobre el que el mundo se sustenta puede estar y puede no estar a punto de saltar por los aires. La mayoría de las cosas no siguen mucho tiempo como están. No doy nada por sentado y trato de estar preparado para el cambio que ha de llegar”.

¿Y cómo se prepara uno para eso? Yo no lo sé. Richard Ford me estás asustando.

Simbiosis

A la puerta de unos grandes almacecenes  por los que paso cada mañana cuando llevo al Jacobín al parque, un hombre ha instalado su despacho. Se sienta en una silla de oficina vieja y se apoya en una caja de cartón con el logo de esos mismos grandes almacenes. Sobre la caja mesa hay muchos libros de temáticas diversas: teoría de la comunicación, astronomía, un diccionario ingles/español, historia de las guerras mundiales, botánica. Todo un compendio de distintos saberes.

El hombre se pone sus gafas y lee, bebé café de una taza, anota conceptos en un cuadernillo, subraya algunos, los repasa, mira hacia el frente por donde ve venir los incesantes gentíos que se dirigen hacia las puertas de los almacenes que los engulle y vomita a cada momento. Algunos se paran y le dan unas monedas que él no ha pedido pero acepta. Otros quieren comprar los libros, no ha tenido más remedio que colocar un cartel sobre la mesa de su despacho que dice con letras bien grandes: no vendo libros. Todo hay que explicarlo.

Los grandes almacenes se han portado bien con él, lo dejan utilizar su esquina como repisa, le regalan cajas y libros viejos y él quiere corresponder, establecer una relación no de parasitismo sino de simbiosis. Por eso, sobre una de las maletas con ruedas que tiene detrás de la mes ha colocado otro letrero haciendo publicidad con estas elogiosas palabras: “El “CI” es un gran amigo de la inteligencia y las bellas artes siempre dispuesto a ayudar a las personalidades fuertes. Entre y compre sus libros porque solo la lectura le dará lo que está buscando”.

Los gentíos apresurados, que no lo saben porque no se han detenido a leer el cartel,  siguen buscando y buscando con desasosiego, entrando y saliendo, subiendo y bajando y cruzando delante de él. Los autobuses le envuelven en nubes de humo negro y él, cuya personalidad es fuerte,  lee, bebe, escribe, mira, es mirado, vuelve a leer.

Libros

Feliz día del Libro, guapas, nos dice la Esme dándoselas de culta. A ver, que tenemos que celebrarlo de alguna manera que un día así no se puede dejar pasar tontamente, hoy os voy a perdonar el seminario de chamanismo y otras artes espirituales segunda parte y nos vamos a dedicar por entero, pero lo que se dice en cuerpo y alma, al día del libro, leches, que para eso es una vez al año.

Claro, porque una vez al año no hace daño, contesta la Pandora no sé si en plan jocoso o en serio.

Ah, pues qué bien, o sea que puedo sacar a la Wislawa Szymborska del bolso y sentarme a leer tranquilamente debajo del castaño florecido, digo muy contenta de que la Esme hoy nos deje en paz.

Pero, ¿qué dices, absurda?, ¿cómo te vas a poner a leer en un día como hoy?, con la de actividades que hay en la calle, es un día para salir por ahí a darse vueltas, a participar en todos los saraos que han montado por aquí y por allá, a liarla un poco y no a quedarse sentada en un banco leyendo, eso ya lo haces otro día si tienes tiempo y ganas. Venga, hoy hasta voy a cerrar el quiosco que nos vamos a las aceras que hay suelta de libros y de escritores, que lo he visto en la tele.

No sé, Esme, es que a mí ver escritores tampoco es algo que me importe mucho, prefiero leerlos.

Ya salió la mistinguitos, siempre le tiene que poner pegas a todo. Nos damos unos rules,  los miramos a ver si son guapos o feos, les decimos que su libro nos ha gustado mucho aunque no lo hayamos leído ni pensemos leerlo y que nos echen una firma que eso siempre luce. Luego nos pasamos por un sitio que me han dicho que se pueden comer libros que los hace un pastelero, nos comemos dos o tres para reponer fuerzas, a continuación nos ponemos en la cola de leer un párrafo del Quijote en voz alta porque posiblemente sea el único párrafo de El Quijote que leamos en nuestra vida y hay que aprovechar la oportunidad. Hala, que para los niños también hay cuenta cuentos, vámonos que nos lo perdemos y a mí no me gusta perderme nada.

Yo me quedo en el parque, que no me atrevo a sacar al Jacobín de los circuitos permitidos por su madre, no vaya luego a pasar algo….

Pues tú te lo pierdes, aburrida. Para que lo sepas,  nos vamos a apuntar a estos microtalleres de literatura de 23 minutos de duración. Te enseñan a escribir novela negra, cuento o literatura fantástica, lo que más nos guste. Tú, Norma, apúntate al de cuento para tener luego historias para tu niña y tú Pandora te veo muy bien en el de novela negra, yo no sé, estoy dudosa.

Pero ¿cómo os van a enseñar a escribir en 23 minutos? Además que a escribir como mejor se aprende es leyendo, opino yo.

Y dale con que leamos, qué fijación te ha entrado, Eva.

Pues, claro, ¿no querías celebrar el día del libro?

Anda, mira lo que pone aquí, en el papel este de la programación, firman sus libros José María Íñigo, el de los bigotes, qué mayor tiene que estar ya el pobre; Paloma Gómez Borrero, la del Papa, Fiorella Faltoyano, la actriz esa que ya tiene añitos también que ha escrito sus memorias y la de la cocina, Inés Ortega. Nos vamos a esos que lo de los filósofos y el Salman Rhusdie lo encuentro más aburrido y son menos famosos.

Y se han ido, me he quedado sola debajo del castaño, bueno, sola no, con Wislawa, qué placer!

 

Wislawa

Se llama Wislawa Szymborska, así de raro porque es polaca. Resulta que es muy amiga de doña Margarita, íntimas, dice ella. Ayer la rescató de la estantería donde pasa el rato junto a otra amiga que se llama Emily para presentármela. A Emily también me la quiere presentar pero más adelante, primero a Wislawa.

Me ha dejado un libro suyo titulado “Paisaje con grano de arena” para que la vaya conociendo. Dice doña Margarita que puede hacer de miga de pan que me haga bajar la espina del Ulises que tengo atravesada en la garganta. No he entendido nada de eso de la miga pero da lo mismo.

Por la noche empecé a leer su libro y no me extraña que doña Margarita la aprecie tanto porque es una señora encantadora que dice unas cosas preciosas sobre las cebollas, las nubes, las plantas, el número Pi, los ansiolíticos o las almas.

Os pongo aquí un poema de su libro que se titula “Todo”

Todo:

palabra impertinente y henchida de orgullo.

Habría que escribirla entre comillas.

Aparenta que nada se le escapa,

que reúne, abraza, recoge y tiene.

Y en lugar de eso,

no es más que un jirón de caos.

Petunia 46

¿Quieres dejar ya ese libro y centrarte en lo que te tienes que centrar?, me espeta la Esme acercándose en jarras -su postura de amedrentamiento favorita- a mi mesa de adivinar.

Espantas a las clientas con el tochaco ese de intelectual, no se fían de una adivinadora que lee el Ulises y con razón, ¿o es que no te has dado cuenta de que se van todas a la otra mesa? Se acercan, te miran y se largan con la Pandora que les ofrece mayor confianza y fiabilidad. Pues te lo advierto, esto va por comisión, tanto adivinas, tanto ganas, así que tú verás.

Pues tú no adivinas nada y eres la que más cobras.

No te quieras poner a mi nivel. Yo soy una alta directiva y vosotras empleadas de medio pelo, por algo la sede empresarial es mía y la idea de negocio, que es lo que vale, también.

Bueno, vale, alta directiva Esmeralda pero, ¿porque no te pones tú hoy, solo hoy, en mi mesa y me dejas a mí el quiosco para que pueda leer?, este libro necesita mucha concentración.

Pues sí que te ha dado fuerte, ¿tanto te gusta ese libro? A mí me parece que no porque cuando a mí me gusta un libro lo devoro y en este no te veo progresar mucho, estas siempre por el mismo sitio.

Es que es muy difícil y me cuesta mucho y vuelvo atrás para ver si lo entiendo y me atasco y luego sigo y …

Pues, hija, ya son ganas de castigarte tontamente que bastante nos castiga ya la vida sin nosotras quererlo. Es que no entiendo la manía esa que te ha entrado con la culturización, con lo aburrido que es eso, si tú estás bien como estás.

Ignorante, quieres decir.

No, mujer, sencilla y campechana, como siempre has sido, a ver si te me vas a volver ahora una resabiada repelente.

Pero es que mira cuántos puntos pone, si parece que se los regalan y le sobran. A  veces creo que estoy leyendo un telegrama. Largo y bastante indescifrable.

Déjate de puntos y de comas que te tengo que contar una cosa. Ya me he metido al chat de los novios. Me llamo Petunia 50, ese es mi nick.

El 50 te delata, suelta la Pandora con su voz cascajosa sin dejar de mirar su tirada en cruz.

¿A qué te refieres?

Pues a que todos van a saber que tienes 50 años

Si no tengo cincuenta, tengo cuarenta y ocho, miente la Esme.

Pues peor me lo pones, en esos chats todo el mundo se quita años, van a pensar que tienes  cincuenta y tres como poco. Yo que tú me ponía Petunia 46, te irá mejor. Anda que Petunia….el nombrecito que se me ha puesto, la oímos reír y toser por lo bajo.

Los candidatos son un poco raros- prosigue obsesiva la Esme-  parecen todos el mismo, todos miden alrededor de 1’70, todos se definen como atractivos, todos son amigos de sus amigos y deportistas y todos tienen carreras universitarias, con lo bien que me vendría a mí un carpintero que no me cierra bien ni una sola puerta.

Eso te pasa por meterte en un chat y no ponerte a buscar en la vida misma, como se ha hecho siempre, si es que la gente es muy vaga, quieren ligar en pijama, sin peinarse y sin salir de casa y claro, eso no son maneras.

Tú que sabrás, Pandora, y como no te calles te vuelves para tu antiguo y ruinoso puesto, arreando leches, amenaza Esmeralda bastante fuera de sí.

Escucha esto, Esme, lo que te decía y me pongo a leer en voz alta: “Sí. Me lo parecía. Encaminándose al Empire. Se fue. Agua de Seltz sola le sentaría bien. Un pedazo de pan. Tus lindas muchachitas de la escuela. Como vuela el tiempo. Bebedores, bebiendo. Más fuerte, Pat. Rojo áspero. Quítate el sombrero blanco”. ¿Has visto cuántos puntos?

Entonces, ¿te parece mejor Petunia 46 o 45 , ya puestos?

Y escucha esto otro: “una muchacha sin ver estaba en la puerta,. No veía bronce. No veía oro. Ni a Ben ni a Bob ni a Tom  ni a Dim. Ji jijiji. No sé quién hay aquí. prrr. Debe de ser el borg. Ffff, ur. Rrprr”. Qué onomatopéyico, ¿verdad?

Dame ese libro

Te está apeteciendo leerlo, ¿a qué sí? Por lo original y rompedor que es.

Lo que me está apeteciendo es confiscártelo hasta nueva orden y eso es lo que voy hacer ahora mismo que para eso soy la directora en jefe. Leerme yo semejante bodrio….y ahora a adivinar que ya hemos perdido mucho tiempo.

Lo que usted mande Petunia 50

46, si no te importa, guapina, 46.