Categoría: Parque

Ballena blanca

Qué susto esta mañana, estábamos la Noe y yo haciendo nuestras abluciones, ella  limpiándose la cara con una toallita y yo lavándome los dientes, cuando irrumpe el Toni cual cavernícola de los aseos y grita muy alterado ¡por ahí no, inepta, cuidado, la ballena blanca!

¿Qué cosa dices de ballenas?, pregunta la Noe lanzando la toallita al inodoro y  tirando de la cadena. Este hombre está fatal y yo, desde ahora te lo digo, no voy a aguantar más muestras de lo que sea que sea esto. Así que por si acaso, “me too”, ¿me has oído, Toni? Y “je suis” también, por si las moscas. A mí no me acosa ningún macho dominante. Y yo que tú, Eva, hacía algo pero ya porque lo de ballena, ahora que lo pienso, puede que vaya por ti.  Y me voy a currar que ya estoy tardando.

Pero, Noe, si vas en pijama, se te ha olvidado vestirte, la he avisado mientras me rumiaba lo de la ballena, mira que si es verdad que me ha llamado  cetácea en mis narices…Acoso no me parece pero grosería sí y de las gordas, nunca mejor dicho.

No se me ha olvidado vestirme ni mucho menos, se me pone ella echándose un abrigo por encima, es que el pijama es tendencia desde hace mucho, ¿pero todavía no te has enterado? Qué atrasados estáis vosotros dos, ha dicho preparándose para salir la calle con la misma ropa que se ha puesto para dormir. Qué tendenciosa es.

Espero que lo de ballena no sea por mí, le he dicho al Toni,  se acerca san Valentín y aunque ya sé que te parece una fecha absurda y que lo odias con esa costumbre tan tuya  de odiarlo todo, pues por lo menos, ya que regalo y cena romántica no, alusiones a los defectos de cada cual, tampoco.

No me estaba metiendo contigo ni con tu amiga la del pijama con tacones, me refería a las ballenas blancas que se expanden cual plaga por todas las alcantarillas de las grandes ciudades del planeta. Todas esas toallitas se unen hasta formar asquerosas y malolientes moles. Eso sí, con camomila y vitamina E, qué bien. Así que no las tires más por el váter, Noemi, ya lo sabes.

Qué picajoso, ¿no? y qué tiquismiquis, por una toallita de nada ¿cómo se va a formar el lío que dice de ballenas por las alcantarillas? Ratas sí que puede y bien grandes, ¿te acuerdas de el otro día en el metro la que vimos marchando tan campante por una de las vías?  Uffff, solo le faltan el bolso y el móvil para ser humana. Pero ballenas, anda ya, Toni, exagerao.  Bueno, venga te retiro lo del acoso pero ten cuidadito que nos hemos empoderao, ¿verdad, Eva?

Sí, bueno, no sé, eso sobre todo la Esme, ella sí es muy de empoderamientos igual que tú de tendencias. Pues luego me voy a verla y le cuento lo de las toallitas por si no lo supiera o supiese. Y eso he hecho en cuanto he tenido un rato a eso de la hora de comer. Digo, Esme, maja, no arrojes toallitas que se forma la ballena blanca y a ver qué hacemos luego con semejante animal atascado por los desagües.

¿A qué juegas, a la ciudadana cívica modelo? Se me ocurre otro jueguito mejor, juguemos a los informativos de la 1, justo los estaba viendo a la par que cerraba los ojos. Ponte ahí donde los carámbanos con el gorro de lana bien encasquetao, si tienes capucha con pelos mejor que mejor, y cara de estar quedándote pájara. Con este palo que te voy a dar simulas un micrófono y cuentas a la audiencia el frío que hace.  Luego yo hago de señora que pasaba por aquí y tú me entrevistas sobre el frío otra vez. Yo te contesto que en todos mis años de vida en la Tierra nunca había visto otro temporal como este y que así están los cuerpos y que ojalá escampe pero que el invierno es así.

¿Y no es un juego un poco aburrido, Esmeralda?

Mogollón de aburrido pero así no hablamos de nada de interés, igualito que en la 1. Anda calla, que sí, que acaban de decir que la humanidad ha dado el primer paso para llegar a Marte con un cohete que lleva dentro un descapotable. Mira qué bien, una vez que lo hayamos puesto aquí todo perdido de plásticos, de ballenas blancas y de todo tipo de dióxidos y monóxidos,  nos montamos en nuestros coches espaciales rojos último modelo y a enguarrinar nuevos planetas. Me da felicidad saber que nuestra labor puede continuar, ¿a ti no?

Pssss, no tanta y pareces el Toni. Pero ya llega el carnaval, ¿te vas a disfrazar? A mí me gustaría pero no se me ocurre de qué.

Pues no va y me dice que ella pasa de disfraces pero que me deja sus paquetes de toallitas desmaquilladoras compradas en los chinos y que puedo ir de ballena blanca…creo que le ha sentado mal que la comparara con el Toni. Como es empoderada, será por eso. O no, me lían entre todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Al 22 de enero le gustó un comentario

Anda, mira, por ahí viene Eva con un niño de cada mano y qué tarde, si ya casi está anocheciendo.

Uffff, qué ceporra está, pero no se lo voy a decir, ni mucho menos, voy a ser bondadosa. Y mentirosa.

-Hola, Eva, qué raro, tú por aquí a la caída de la tarde, si tú eres más de mañana,  te veo más fina y segura, como las compresas,  ¿has adelgazado?

¿Veis que cara de felicidad? No lo veis pero os lo digo yo, se ha puesto contenta.

Bueno, pues qué alegría estar juntas otra vez y justo ahora que empieza la puesta de sol. Nos sentamos aquí en este banco y mientras los niños juegan o se pegan pacíficamente, lo que quieran ellos,  nosotras admiramos el panorama.

Estás muy simpática esta tarde, Esme.

No te fíes mucho, pero sí. Qué preciosidad de ocaso, el día ha sido insoportable, un lunes de lo más prototípico, pero se ve que nos quiere resarcir y resarcirse a él mismo y está dándolo todo ahora que le queda poco. Toma y toma esas nubes rojas y observa, cuando pasan los pájaros se les ponen doradas las alas, ¿no te quedas con la boca abierta? Sí, ya veo que sí, pero cierra la boca, hija, que pareces lela.

Esto último es más de tu estilo, Esme, ya me encuentro más a gusto, como en casa. La verdad es que es bonita esta puesta de sol. Me has recordado a Doña Marga, con ella veía muchas desde su ventana, siento nostalgia.

¿Que yo te recuerdo a una vieja? Perdona, pero  por muy encantadora que esta sea, lo que has dicho es muy grosero y las puestas de sol que veas a mi lado siempre van a ser mejores que las  que viste al suyo,  faltaría más. Esta es tan, tan pero que tan alucinante que estoy empezando a desconfiar,  ese color del fondo parece artificial, ¿no estará hecha con una impresora 3D?

Qué cosas dices, Esme, esto es verdadero, es el propio día atardeciendo.

Pues vamos a dejarle un comentario, qué menos, ¿dónde se lo dejo?

Ay, calla, Esme, que estás estropeando el momento, no se puede comentar a un día, él no necesita interacción, solo, siendo lo que es,  se basta y se sobra.

Ya me extraña que exista algo tan soso, poco sociable y carente de ego, pero si tú lo dices…  Voy a abrir el blog para comprobar si en las entradas en que salimos nosotras hay más visitas o menos que en las otras, a ver, a ver…. ¡Menos!, qué bajona,  si lo sé no miro, no nos quieren. Un punto rojo, acaba de entrar un me gusta, ¿dónde está el botón de me gusta que te guste?

No, Esme, ese no existe.

¿Cómo que no?, lo deberían poner. Me gusta que te guste, ¡clin! Y el otro entoces pulsa al de “me gusta que te guste que me guste”,¡¡ clin!! Y tú le contestas, me gusta que te guste que me guste que te guste,¡¡¡ clin!!!y luego…

Estás entrando en bucle, Esme y te estás perdiendo la puesta de sol tan maravillosa de hoy y la de hoy no va ser nunca jamás.

Ahí te doy la razón, que manía tiene todo con pasar de largo, con desaparecer, hasta nuestras íntimas amigas las series se acaban cuando más cariño las tienes,  ¿tú por cuál temporada vas?

– ¿De cual?

De la que sea que estés viendo con el Toni y no me digas que ninguna porque no me lo creo, todo el mundo tiene una serie que echarse al coleto antes de irse a dormir, ya sea solo o en compañía.

Nosotros vamos por la segunda temporada de la nuestra. Está bien, nos ha enganchado.

¿Ves? Las parejas perduran gracias al momento serie. Que lo que Netflix ha unido no lo separe el hombre, amén. Cambiando de tema : los niños ya no se están pegando pacíficamente, se pegan sin adverbio, para que luego digan que la infancia es de una pureza sin igual…Jacobín le ha dado una patada a Morganina y ella a él un mordisco en la oreja, ¡qué bruta!,  si casi se la arranca. Ahora están los dos llorando, deberías intervenir, cuidadora pasmarota, pero veo que estás en modo ONU. Anda, deja,  sigue disfrutando del atardecer,  mejor voy yo, les voy a dejar un comentario que se van a enterar estos dos.

¿Qué les has dicho, Esme? Se han callado como muertos y están más blancos que la nieve.

Nada, una amenaza de las básicas. Y digas lo que digas yo al día le comento algo, no me quedo tranquila sin soltar lo mío. Se lo voy a poner aquí, pegado en la pared del quiosco, “es impresionante lo bien que te mueres, día lunes 22 de enero del 2018. He visto morir a muchos ya, caen como chinches, pero como tú, ninguno. Qué colores, qué belleza, soy tu fan, te admiro y te adoro, que lo sepas”.

He exagerado un poco pero eso él no lo sabe. Ahora me quedo aquí quieta a ver si me dice que le gustó mi comentario, es lo mínimo. Ay, que sí, me ha contestado, he oído un ¡clin!

Ha sido un pájaro, Esme, ese de ahí.

Normal, los días tienen sus emisarios, ¿no lo sabías?

 

 

 

Bordadora de mundos

He dejado al Jacobín en el colegio y después a la Morganina en la nube. No en la nube de internet, todavía no se pueden almacenar ahí a los niños, lo siento por los padres que tuvieran puesto en ello sus esperanzas. Tampoco es la nube del cielo, que anda escaso de ellas, es su aula de iniciación a la escolarizcaión, se llama así, La Nube.
Les inician en socializar y compartir, la Morganina lo hace muy bien, no es arisca ni retraída como lo era su hermano, tampoco amenaza a nadie con rugidos prehistóricos. En cuanto llega se lanza sobre el primer instrumento musical que ve y lo aporrea sin ton ni son.

“Hay que compartir para ser feliiiizzzzz”, les canta una y otra vez su iniciadora educanta en medio de un jaleo de llantos, mocos y gritos que pa qué. Pero si ya casi saben. Los piojos, por ejemplo, mira tú qué bien se los han sabido repartir con equidad, no hay cabeza en la nube tres, y me supongo que en la uno y en la dos será lo mismo, que no tenga los suyos propios, incluso los han compartido más allá de su propio territorio enun acto de generosidad que ya quisieran muchos. Yo también tengo los míos y como quiero ser feliz más que nada en este mundo me he ido al quiosco a compartirlos con la Esme.

Lo que he visto ya de lejos me ha dejado pelín preocupada, la Esme estaba cosiendo, venga puntada para arriba y puntada para abajo.

No me digas Esme que te has dado otra vez a la costura, no es lo tuyo, nunca lo fue, no intentes ser quién no eres.

Se lo he dicho porque me aburre que cosa, no me hace caso, de ahí mis intentos por desviarla de su labor.

Calla, que me confundo, me ha contestado sin dejar de dar puntadas y contando cuadraditos. Ya está, ya tengo el tejado y ahora voy a poner las gotas cayendo. Estoy bordando un lugar en otoño, en verano lo bordé de verano y tengo ya preparado el modelo de invierno, después el de la primavera.

Mira qué bien, igualita que el Vivaldi con tus cuatro estaciones y en tiempo real. Precioso y muy aburrido también. Ya nunca emprendemos, antes no me gustaban tus líos pero ahora los echo en falta, así somos los seres humanos, que no nos aclaramos.

Pero ella, ni caso,  sigue bordando muy desquiciada. Es su manera de hacer cualquier cosa, con desquicie y ansiedad.

En este lugar de tela, el otoño es como debe de ser, hay humedad en los prados, las hojas mullidas y de bellos colores alfombran la tierra, las gentes se quedan en sus casas tan felices comiendo castañas asadas y viendo llover tras los cristales, llueve normal, sin inundaciones, las presas se llenan, huele a vegetación mojada, a nadie le da por enarbolar nada ni por entonar cantos patrióticos de ningún tipo y las ardillas se trepan a los árboles. Mira qué graciosa esta con una nuez dentro de la boca.

Me pienso quedar en mi otoño de ficción hasta que acabe el de verdad. Y cuando llegue el invierno me paso al otro trapo, le voy a poner nieve blanca y azul, mucha, mucha, que lo sepulte todo y haga del paisaje un lugar mágico y silencioso, ¿te quieres quedar conmigo?, anda, pasa, que te hago sitio.

Vale, Esme, pues entro. Soy muy facilona.

Me he quedado porque tenía pinta de que se iba a estar bien, luego no tanto, la Esme me daba codazos. Pero así son los paraísos, es poner el pie en ellos y empiezan las pegas, ya me lo sé de otras veces.

Finiquitos y sonrisas engañosas

Yo ahí no entro, se me pone la Noe esta mañana señalando la cocina, me da miedo del Toni, y ya van dos días que tengo que salir sin desayunar por su culpa, justo ahora que he empezado la dieta paleolítica y tenía que comerme un muslo de pollo. Está diciendo cosas horribles sobre catástrofes, sequías, destrucciones y devastación y luego ha dicho algo de que pobres jirafas, elefantes, tigres y no sé qué otros bichos de los documentales, ¿desde cuándo le importa mucho la selva al Toni?

No sé, creo que está otra vez con lo de la Sexta Extinción Masiva, no le hagas mucho caso y entra. Por cierto, Noe, hablando de selvas, ¿no te has pasado un poco con el animal print? Madre mía todos los bichos que llevaba puestos por encima, falda de leopardo, camisa de cebra, zapatos de boa constrictor…menos mal que todo es falso porque si no podría decirse que ella solita ha causado la Sexta Extinción.

Y ahora encima ha puesto una música de violines como si se fuera a suicidar, te digo que yo no entro, pasa tú primero y me vas abriendo camino.

Toni, he dicho empujando la puerta cual si fuera la de un bar del oeste, baja el volumen de esas tétricas sinfonías con las que nos amenizas los despertares y deja de hablar solo, tenemos que desayunar que nos espera una dura jornada laboral.

Los ecosistemas del mundo se precipitan al caos, va y suelta el hombre en vez de buenos días por la mañana temprano. Y a continuación y para acabarlo de fastidiar: la única manera de que la vida se recupere es que desaparezca la causa que provoca su degeneración. Adivinad.

Total, que nos hemos bajado a desayunar al bar de la esquina pasando mucho de las adivinanzas del Toni y de sus violines de réquiem. Como de la dieta paleo solo tenían unos callos revenidos, la Noe se ha tenido que tomar un café con churros. Dice que así no hay manera de ponerse toda fibrosa, ella sabrá, no he querido investigar.

Lo que sí he querido investigar ha sido la sonrisa deslumbrante que portaba la Esme en su cara a media mañana. Digo, Esme, resplandeces, qué hilarante se te ve, pareces el Kim Jong-un con misiles nuevos, ¿por fin ha sido reconocido alguno de tus inventos, se han ido de casa tus hijos, ha descumplido años la diosa Afrodita que te habita, te ha regalado el Hipólito un anillo de grafeno?, yo qué sé, algo te pasa y es bueno, cuéntamelo.

Nada de eso que dices, más quisiera yo, esto que hago y que tú llamas sonrisa es un experimento que estoy haciendo. Se llama retroalimentación facial, trato de engañar a mi cerebro para que se crea que soy feliz y me vuelva feliz de verdad. Está comprobado científicamente que los movimientos musculares de la cara están vinculados a las emociones.

Anda, qué bien, ¿y de dónde te has sacado ese descubrimiento tan bueno?

De donde saca todo el mundo las gilipolleces, que pareces nueva, de los internetes. Bah, no me funciona, mi cerebro debe de ser muy listo y no se deja timar, lo dejo, prefiero mi cara de mala leche habitual, ¿tú no?

No me he atrevido a decirle que yo no y que mejor se vuelva a retroalimentar. Es que su cara habitual impone bastante, mucho más que la del Toni dando el finiquito a la especie humana desde la cocina, dónde va a parar…

Como no podía ser de otra manera

Como del Florence ni rastro, hay que ver cómo exageran en los informativos para tener entretenido al personal, no nos ha quedado más remedio que ir a trabajar, al Toni también. Antes de despedirse ha dicho algo entre gruñidos de la sequía extrema, de la sucesión de tifones y del perrotón, esa carrera popular en la que corren juntos amos y perros y a la que tanta manía tiene. Él sabrá por qué.

La Patricia me ha recibido con su larga melena rubia cayendo en cascada, cara de angustia suma y un peine en la mano. Pensaba que quería que la cepillara el cabello, como esas doncellas de las películas que atavían y desatavían a sus aristócratas señoras. Me hacía ilusión jugar a Downton Abbey pero no, por desgracia.

Los niños tienen piojos, me ha dicho un poco seca, como corresponde a su condición superior, ya les he puesto el champú pero antes de salir pásales la liendrera a conciencia.  Y luego se queja el Toni de lo que tiene que aguantar en el bar. Primer día de trabajo y me toca masacrar a una familia entera de piojos incluidos los nonatos.

Una vez perpetrado el holocausto por encima, he dejado algún superviviente, un poco por piedad y un mucho por pereza, nos hemos largado al parque. El Jacobín subido en unos patines haciéndose el chulo y la Morganina tocando una pandereta, tiene aficiones musicales desde que nació. En ese parque estaba esa amiga mía llamada Esmeralda como si nunca se hubiera movido del sitio. A lo mejor es que no se ha movido. Tampoco es que haya tirado cohetes cuando nos ha visto llegar, qué poco hospitalaria.

Ya estáis aquí otra vez como no podía ser de otra manera, ha dicho a modo de recibimiento.

Sí que podría ser de otra manera, Esme, el Jacobín podría haber venido en bici y la Morganina tocando el tambor, por ponerte un ejemplo de los básicos.

Es una frase hecha y muy tertuliana,  la digo porque me repatea, ya sabes que me gusta decir lo que odio. Anda, ¿y qué les ha pasado a los niños? Pobrecillos, qué viejos están, va y me salta.

Pero, ¿cómo van estar viejos si solo tienen cuatro casi cinco y dos casi tres años? Han crecido, eso sí.

Viejos, reviejos, dan pena, al Jacobín se le ha puesto cara de notario o de decano, no sé muy bien y a la niña directamente de loca de atar. Que suelte ya esa pandereta que necesito paz para lo que estoy aprendiendo a hacer.

Ah, qué bien, algo nuevo, ¿y de que se trata?

Dame todos tus bitcoins o te bloqueo la página, mameluco, oigo que dice mirando la pantalla de su cacharro.

No me sale, tengo que practicar más esto de los ciberataques, pensaba que en dos días lo iba a tener dominado, me veía irrumpiendo en el Fondo Monetario Internacional por una de esas brechas en la seguridad, liándola parda y sacudiendo los mercados.

Pues no, Esme, no es tan fácil además de ser delito.

Oye, ¿y por qué se rascan tanto las cabezas los dos chiquillos viejos, no estarán parasitados?

Pudiera ser, no descarto ninguna hipótesis, le he dicho haciéndome la policiaca.

Alejaos cuanto antes, solo me faltaba ser una hacker fallida y piojosa.

Pues no, Esme, nos vamos a quedar un rato más.  Dale a la pandereta, Morganina. Y así ha hecho, tiene un sentido del ritmo innato, como no podía ser de otra manera.

 

El allí y el después

Resulta que he estado unos días de vacaciones o, mejor dicho, he acompañado en las suyas a la Patricia, para eso me lleva a esos hoteles lujosos que gusta de frecuentar y no porque sea su amiga. Sé que está deseando perderme de vista pero hasta que no le crezcan los infantes me necesita. Se siente, maja. He vuelto más cansada de lo que me fui pero puede decirse que la “Operación Mayordoma” ha sido un éxito, el Jacobín no ha logrado asesinar a su hermana y mira que lo ha intentado veces y con las más variadas técnicas y herramientas.

Mientras yo perseguía al hermanicida doloso, su madre leía tranquilamente tumbada en una hamaca. De vez en cuando cerraba el libro y se ensoñaba mirando al cielo, a los pájaros o al mar,¿en qué o quién estaría pensando? Para disimular y no quedar del todo mal nos saludaba de lejos con la mano, cual reina distante pero dadivosa con sus súbditos. Después, suspiraba y se enfrascaba de nuevo en su lectura, abstraída del mundo por completo.

Tan concentrada estaba en ese libro que cuando he visto que lo ha terminado y empezaba otro nuevo, me lo he echado al bolso y me lo he traído a Madrid para leerlo yo también. Trata de un asunto que se llama “el aquí y el ahora” y desde donde se puede estar pero que muy bien siempre que hagas lo que te dice el autor. Es muy fácil, básicamente es el ajo y agua de siempre, pero en fino. Te lo explica por puntos, para que no te líes ni te canses ni te vayas a los libros del aquí y el ahora de la competencia, que se ve que abundan.

Los puntos vienen acompañados de unas fotografías en las que aparecen seres muy felices, se les nota en que tienen los brazos levantados y saltan, si los tienen en posición normal puede que sean felices pero no tanto. Otro síntoma claro de felicidad es que se hayan colocado sendas flores en sus sendos ojos, el motivo se me escapa pero debe de ser bueno para algo. También corren por campos de trigo con vestidos blancos al viento, muy descontrolados ellos, o se pasean por playas sin sombrillas en las que siempre se está poniendo el sol y pueden ensimismarse con el ocaso base de bien. Y todo eso por estar presentes y no ausentes.

Total, que se lo he llevado esta misma mañana a la Esme para que ella también levante los brazos y salte y sepa que ningún empredimiento de los suyos le va a dar la felicidad que ya tiene en su aquí y en su ahora y así se relaje y deje de buscar y buscar y buscar lo que ya es suyo por derecho propio, mira tú por dónde. Lo ha estado ojeando un rato pero como no se ha molestado en ponerse las gafas me supongo que era más por cortesía que por interés verdadero.

Pues qué bien, me ha dicho a modo de comentario de texto resumido. Sigue tú si quieres los diez puntos de este descerebrado que yo, con los poderes que mi mente me confiere – gracias, mente- me voy a trasladar al allí y al después y que le den a la felicidad de las pequeñas cosas, a veces son tan pequeñas que, hija, ni se ven. Me he pintado un paraíso en mi imaginación completamente insuperable por ningún aquí ni ningún ahora. Vente si quieres, que te hago sitio.

Oye, pues no se estaba nada mal en el lugar ese de la Esme, todo, todito lo que quería me lo iba ella colocando por delante. Me ha puesto dos bebés monísimos, niño y niña, que no lloran nunca y que se crían sin sentir, sin una mala noche ni una visita a urgencias y que aunque crecen siguen siendo bebés siempre, un Toni cariñoso, dispuesto a salir de fiestas y de viajes, familiar y amante de los seres humanos, un piso grande con jardín que se limpia y se cuida solo y donde jamás se estropea la lavadora y un trabajo de reponedora en un supermercado, que es lo que era yo antes que chacha. Eso ya no me ha gustado tanto pero dice ella que me lo cambia por otra cosa, que en su allí y su después todo es posible.

Mientras te vas pensando el oficio y beneficio que quieres que te ponga o si quieres no te pongo ninguno y vives del blog porque los otros blogueros no solo te leen hasta quedarse ciegos si no que también te ingresan dinero en tu cuenta, vuelve un momento al aquí pero ya y a toda leche antes de que Jacobín se cargue a su hermana. Creo que esos brazos que rodean con supuesto amor su cuello albergan una intención mortuoria.

Qué niño, no me deja descansar, pues aprovecho, ya que estoy aquí, para comerme el bocadillo de jamón del ahora, que los que tiene la Esme en su paraíso del allí son de ibérico pata negra de bellota pero el hambre no te la quitan, la verdad sea dicha.

Magnífica, sutil, original…

¿Quieres un libro?, me salta la Esme esta mañana sin dejarme ni decir hola qué tal.
Como está montada en el parque la Feria del Libro pensaba que se refería a que si quería darme una vuelta por las casetas para comprar alguno. Hace mucho que no me compro libros, los tomo prestados de la estantería de mi jefa, que la tiene muy bien surtida, los leo en el autobús y después los vuelvo a colocar en su sitio sin que su dueña sospeche la función de biblioteca que desempeña.

Que si quieres un libro, me vuelve a insistir mostrándome algo con hojas que no era árbol y yo diría que tampoco libro.

¿Qué es esto, Esme, ahora repartes panfletos subversivos por el parque? Ten cuidado que ya nos confiscó la policía el negocio de adivinas una vez y he visto a dos agentes montados a caballo que daban bastante respeto.

¡Ecuestres a mí!, me los zampo de un bocado con caballos incluidos. Que no, que es mi novela, la tercera ya, me la he auto-editado esta misma noche y me dispongo a que sea éxito de ventas en la Feria, ¿no quieres ser la compradora número uno? Te hago precio de amiga, la vendo a veinte euros pero a ti te la dejo en diez. Toma.

Y me pone en las manos con bastante violencia, todo hay que decirlo, el citado panfleto que por el aspecto exterior más parecía el trabajo del Jacobín para el día de la madre que un libro verdadero. Por no defraudarla y porque a veces me da un poco de miedo, he empezado a leer unas letras de colores puestas en todas las direcciones y con muchas exclamaciones y subrayados. Decía en ellas: “Un trabajo brillante que reúne perspicacia e información”, “Una obra profundamente original”, “Trata de los grandes temas de la vida como el amor o la muerte capturando su sinsentido”, “brilla y deslumbra”, “Puro talento”, “tan hilarante como conmovedora”

Pues muy bien, por frases promocionales no será pero lo que no veo es el título, ¿cómo se llama?

Se llama como más le guste al lector, es una novela interactiva, el lector es el que titula, he dejado un hueco ahí arriba para que cada uno lo rellene a su gusto. Bueno, venga, déjate de pegas y compra ya que hasta que alguno no rompa el hielo esto no va a pitar.

A ver, Esme, no te enfades pero es que acabo de abrir el, según tú, libro, y por lo menos en la primera página siguen los elogios. Aquí has escrito,”la gran novela europea del año”, “magnífica, sutil, original, rompedora”.

Claro que sí, lo he escrito porque lo es. No me gusta mentir, bueno sí que me gusta, qué tonterías me haces decir. Y venga, suelta la pasta que te vas a llevar el producto más completo del mercado. Te veo reacia y no sé por qué. Mejor llévate dos y otro se lo vendes a tu jefa la escritora para que aprenda lo que es bueno y se muera de la envidia y de la rabia.

Que no, Esme, es muy caro y además sospecho que dentro no hay nada. Estas hojas que siguen están en blanco, no me digas que también la tiene que rellenar el lector.

Y a mí qué me importa el lector, que haga lo que quiera, libertad total para él y para mí y si no quiero escribir nada en mi propio libro, como fue el caso de ayer por la noche que lo que tenía urgente era la plancha, pues lo dejo en blanco. Es un favor que le hago al mundo, está ya lleno de palabras, todos queremos soltar las nuestras, pues venga, un libro para que cada cual ponga las suyas. Con mi nombre en la portada, eso sí que no lo perdono.

Y además, cuando sea entrevistada nadie me preguntará, “Esmeralda, ¿en qué clave interpretamos tu obra?” Es una pregunta que me revienta y eso que nunca me la han hecho. Pero ya veo que te haces la longuis jugando al escondite con la Morganina. Si, anda, escóndete detrás del castaño, como si te tapara el árbol con lo oronda que estás, amiga Sancha.

Pues no va y me llama Sancha Panza, ahora si que no le compro el libro vacío. Pero, tendrá morro, si ha escrito en la contraportada, “más de diez mil ejemplares vendidos”, huy, y lo está ofreciendo a gritos como si fuera un melón, “lléveselo, señora, que me lo quitan de las manos”.

Esme, que esto no es el mercadillo de las hortalizas y las bragas, le he advertido desde detrás del árbol, que es la Feria del Libro, un poco de estilo, hija. Pero ni caso, ella a lo suyo toda magnífica y original. Sutil ya no, la verdad.