Categoría: Pueblo

Mi madre por teléfono (13)

Eva, soy tu madre. Por aquí bien, aguantando el nevarrón ¿Y por ahí?

Bien también, aquí no ha nevado.

Dile al Toni de mi parte que se venga para el monte, que ahora es buen momento para hacerse una excursión.

¿Pero con este frío?

Precisamente, una buena hipotermia es lo que le conviene a ese maula. Y nada de llamar a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para que vayan en su rescate, que tendrán cosas mejores que hacer los muchachos. Lo bien que te ibas a quedar, un poco de pena al principio pero el tiempo lo cura todo.

Mucho que vas a misa pero siempre le estás deseando la muerte al Toni.

Huy, hace que no voy…, este cura nuevo me aburre con tanto sermoneo, que hay que ser buenos, que hay que amar, si eso ya es sabido, así que rezo yo por mi cuenta a mis santos preferidos, le voy a poner una vela al san Expedito para que te abra los ojos y te oriente en el camino de tu vida. Para que dejes ya a ese mastuerzo. Concédele a la Eva el deseo de conseguir el amor en alguien que la quiera y corresponda y se case con ella por la Iglesia, claro. Tú que todo lo puedes y consigues haz que…

Deja de decir tonterías, anda.

Tonterías tu madre, tu madre no dice tonterías, me has interrumpido el rezo y ahora no vale, lo tendré que empezar luego. El arcángel Chamuel también me gusta para estos menesteres, luego veré a quién me dirijo. Pero, cambiando de tema, qué bien que hayan soltado a ese hombre tan majo que sale por la tele, el de la cárcel, el que va peinao patrás, así, mu bien plantao. Me alegro. Dicen que ha hecho una colecta.

Pero cómo te vas a alegrar de que suelten a un ladrón

Anda, anda, con esa corbata poco habrá robado. La Feli quiere que su hijo haga lo mismo, que salga por la tele pidiendo dinero para la fianza pero ya le he dicho yo, Feli , a tu hijo cuanto menos se le vea en público, mejor. Menudo pintainas, con esos pelos y esa cara de drogadicto, ¿quién le va a dar dinero a ese? Y mejor que no lo suelten porque vuelve a delinquir. Dice la Feli que está arrepentido pero qué va a decir la madre. Que no y que no, los ladrones a la cárcel de por vida o que no hubieran robado.

Que ese que tú dices también ha robado y bastante más que el hijo de la Feli.

Te digo yo que es otra cosa, que ese hombre con el pelo tan bien peinado muy malo no puede ser, no como el que tienes en casa. Tú dile lo del monte, no te olvides que viene ventisca y hay que aprovechar. Le he dicho a tu padre que se peine patrás también y hasta un frasco de gomina le he comprado, pero no quiere, nunca quiere nada de lo que le digo, si me hicieras más caso todos….Arcángel Chamuel, tú que todo lo puedes haz que mi familia me obedezca y que la Eva no me cuelgue el teléfono como veo que va a hacer. Muy inspirado no estás hoy, Chamuel, que ya me ha colgado.

Modos de comunicación

Ya está aquí, la tercera guerra mundial que auguran algunos, tiene que ser eso, nos están bombardeando. El perro corre a refugiarse bajo la mesa aullando de terror y a puntito estoy de meterme con él cuando mi cerebro recupera la información perdida por alguna de sus circunvoluciones y me ubica en el aquí y el ahora, como dicen los libros de auto ayuda de la Patri. Las fiestas, majos, que empiezan a petardazo limpio y así siguen durante unos cuantos días.

Que sepáis los que no sois de pueblo que el petardazo es una forma de expresión como otra cualquiera y no hay que quitarle méritos comunicativos. Cuanto más sorpresivo sea, mucho mejor. Un petardo bien tirado expresa alegría, júbilo, que viene a ser lo mismo que alegría pero hacia afuera, afirmación de la personalidad propia y pertenencia a un grupo (el grupo de los que tiran petardos y de los que se ponen muy contentos cuando los oyen).

El primer petardo es el mejor por lo que tiene de iniciático, los siguientes no están mal pero han perdido el elemento sorpresa y por lo tanto parte de su valor. Eso lo sabe el profesional del petardeo y por eso escoge momentos del día especiales para su faena como puede ser la hora de la siesta o las siete de la mañana. Diréis que qué mala leche. Pues no, es que son fiestas y tiene que enterarse todo el mundo.

El Toni odia los petardos con toda su alma, dice que son la máxima representación de la burricie popular y de la absurdez humana pero, ¿qué hago?, si no quiero hablar del Toni, que en estos momentos es mi enemigo más acérrimo. Acérrimo no sé lo que significa, luego lo busco, pero va, de siempre, pegado a enemigo.

Y tú, Pancho, sal de debajo de la mesa y deja de lloriquear que estamos en fiestas, perro más tonto.

La tía Gacetillas

La tía Gacetillas es una mujer de mi pueblo muy aficionada a difundir sucedidos cuanto más truculentos mejor. También hay una tía Mantequillas pero esa no viene al caso. Cuando la Gacetillas saluda a alguien no dice hola qué tal, buenos días o buenas tardes, ella arranca con un, ¿a que no sabes quién se ha muerto? O quién tiene el sida, o a quién le ha dejado el marido pero que muy bien dejada o quién se droga pero que muy bien drogao. Todo de la máxima actualidad. Luego se queda en silencio con los ojos desorbitados a la espera de reacciones.

Pues me arrepollino en el sofá para escribir lo de hoy cuando suena el timbre de la puerta. No la dejan a una, protesto. Abro. Es la tía Gacetillas. Pero, bueno, ¿cómo tú por aquí?

Ella, (entrando y desorbitando los ojos):¿a que  no sabes quién está terminal pero que ya ni respira ni le late el corazón?

No lo sé pero sea el que sea ya no está terminal sino terminado.

Que más da, dice ella con fastidio porque no le gusta que se hagan bromas con sus primicias. Además que yo he venido a entrevistarte para la revista del Hogar del Jubilado y el Ama de casa. Soy la redactora-jefe, que lo sepas.

No me extraña nada, Gacetillas, te mereces ese puesto desde hace muchos años.

A ver, que me han dicho que escribes. Por cierto, ¿sabes quién escribe pero que tiene un vicio muy feo con eso de la escritura que no puede parar de meter y meter entradas en un blog que tiene?

¿No seré yo? Esta entrevista es muy rara, céntrate un poco.

Claro, es verdad. ¿Y por qué escribes, si puede saberse?

Anda esta, pues porque me lo paso bien

¿No será para ahuyentar a la muerte?, dice ella toda morbosa

Huy qué va, si yo nunca pienso en la muerte.

Pues haces muy mal, en la muerte hay que pensar siempre para que nos aproveche más la vida ¿Sabes a quién le han amputado una pierna y la mitad de la otra?

Ay, calla, Gacetillas que me mareo.

¿Y cuál es tu mesa de trabajo? Que me han mandado en el Hogar que le saque una foto.

Pues aquí en este sofá o sobre la taza del váter cuando está el Toni porque esto que escribo es bastante clandestino.

Le voy a sacar unas  fotos mejor al váter y así de paso veo si lo tienes limpio. Clic, clac, ya está, retratado. Ha quedao muy bien. El mes pasado sacamos el gallinero de la Sofía y el anterior el horno de pan del Marianín. Así que no te quejes que vas la tercera. Y que cualquier lugar es digno si se trabaja con pasión y alegría.

Otra pregunta que te hago, Eva, hermosa:  ¿tú tienes de eso, de pasión y alegría?

Pues mira, algunos días más que otros, como todos.

¿Sabes quién se ha dejado arrastrar por una pasión irrefrenable pero que anda perdidito, perdidito?

¿Esta pregunta también es para la entrevista?

No, bonica, la entrevista ya se ha terminado, tampoco vas a llenar tú sola la revista que tenemos muchos temas que abordar. Ahora, también te digo que te vas a hacer muy célebre en el pueblo, de eso me encargo yo y puede que más allá del pueblo y hasta en el extranjero. No veas cómo difundo, lo mío de siempre ha sido difundir y difundir sin sentido ni razón, esa es mi misión en esta tierra. Y la tuya, ¿cuál es?

No lo sé, no tengo una misión definida, ¿vale la de ir tirando?

Qué va a valer, tienes que buscar el sentido profundo de tu existencia. Ya puedes tenerlo pensado para la próxima entrevista que te haga. Y te aconsejo que te des prisa no vayas a morirte sin saberlo.

Me estás metiendo mucha presión, me está empezando a entrar una angustia que no me pega nada, es más propia del Toni.

Y hablando del Toni, oigo su llave en la puerta. Corro a esconder el ordenador y respiro aliviada de que todo esto sea una invención, de seguir en mi plácido anonimato, de continuar con mi tranquila existencia carente de finalidad.

Encuentro inesperado

Me hallaba en la parada del autobús ojeando y hojeando la revista de las mujeres torturadoras que se compró ayer la Esme y haciéndome un lío con tanto mangoneo.

Activa tu metabolismo, ataja la flaccidez, aumenta tus defensas, adapta tu armario a la primavera, hialuronízate. ¿Y eso qué será? Sigo pasando hojas  a tontas y a locas cuando veo un mandato que me gusta: adelgaza leyendo. Pero qué bien, esta dieta sí la hago, no sólo me voy a culturizar sino que se me va a poner un tipo tan fino como el de la Patri.

Justo cuando me disponía a profundizar en la información para saber si el adelgazamiento tiene que ver con el número de hojas que tenga el libro o con la longitud de sus frases o con su nivel de dificultad cuando oigo una voz o más bien un grito tribal que me resulta harto familiar.

¡Muchaaaaacha, chiiiiicaaaaa, Eviiiii! Un manojo de llaves herrumbrosas se agita ante mi cara cual sonajero demente. ¡ Pero si es el Rata! Hombre, Rata, nunca pensé que te vería por aquí. Y él, dándome un manotazo en el hombro la mar de amistoso, me aclara: me han salido dos jardines, ya me dijeron en el pueblo que trabajabas por estos andurriales. Y se ríe a carcajadas mostrando sin complejos su estropeada dentadura y su cara toda arrugada.

“Te contamos lo último en antiaging facial”, le susurran las pesadas de la revista que siempre están a la que salta. Pero él no las oye porque ya me está gritando la temida pregunta: ¿y tu padre, ya le han sacao de la cárcel? Cuando vayas a verlo dile que no ponga tantas bombas.

Madre mía, qué horror, exclama una señora. Sí, dice otra por lo bajo, este barrio se está degradando por momentos.

Me subo al autobús y dejo al Rata  carcajeándose y meneando en el aire llaves y pinchos a modo de entrañable despedida. Apoltronada en mi asiento abro de nuevo la revista y leo con desilusión: “adelgaza leyendo…las etiquetas” Pues vaya chasco. A la papelera que van estas insustanciales.

No sé qué tendrá este patio

Eso dice mi padre colocándose en el centro y observando sus dominios con suma satisfacción.

No sé qué tendrá este patio que a todo el mundo le gusta. Yo nunca he oído decir a nadie que le guste el patio pero él, seguramente, sí.

No sé que tendrá, repite con un poco menos de fuerza.

Pues os lo voy a decir. El patio tiene: un castaño de indias donde viven muchos gorriones. Justo antes del amanecer hay uno que canta dando el aviso de que empieza el día pero los demás se esperan a que haya luz para unírsele y armar mucho lío. A última hora de la tarde también regresan a la copa y montan su rato de jaleo antes de dormir, se pelean por las mejores ramas y se cuentan sus cosas, supongo yo.

Es la hora de los pájaros, anuncia mi padre por si no nos habíamos dado cuenta y se  sienta en su silla verde a mirar el espectáculo.

Además del castaño y sus gorriones, el patio tiene también muebles diversos que perdieron su utilidad inicial y que ahora pasan su jubilación junto a otros enseres fuera de lugar. Sobre la mesa de oficina que sirve para castigar al perro hay dos armarios de cocina rotos, cada uno de un color porque no pertenecieron a la misma cocina, y sobre ellos una lata oxidada con monedas dentro, una maceta de geranios y una imagen de plástico de la Virgen del Pilar. Debajo de la mesa hay una cacerola con la comida del perro, los gorriones se meten con todo el descaro y se la comen sin que él proteste ni se enfade. Está demasiado ocupado vigilando la puerta por la que planea escapar.

En el lado de la derecha está la caseta del perro donde jamás entra  porque no hay sitio, todo el espacio está ocupado por botes de pintura, ladrillos, tejas, bolsas con cemento, leña y palos.

Medio muertas en la otra esquina hay tres bicicletas rotas que ni se tiran ni se arreglan. A veces, como por piedad, mi padre las tapa con un hule azul y entonces sí que parecen cadáveres.

Dos cuerdas para tender hechas con un alambre gordo cruzan el lateral izquierdo, por detrás de ellas se ve uno de los picos del monte, gris y verde.

Muchas mañanas se cuela una urraca que hace callar a los gorriones y atemoriza al perro y luego se pasea toda ufana como la verdadera dueña del lugar. A lo mejor ella también piensa: no sé qué tendrá este patio, no sé qué tendrá.