Categoría: Trabajo

La casita

Después de vomitar todo lo vomitable acunados a ratos por el réquiem de Verdi y estimulados a otros por el I,m happy de Pharrell Williams,  curva tras curva y tras curva que ya creía yo que nos habíamos empantanado en algún bucle del espacio/tiempo y de ahí ya no íbamos a salir, pues hemos llegado.

Casita, casita no llamaría yo a esos predios, para casita la  de la Pili y el Josean que está dentro de los citados terrenos pero la vivienda donde moran en sus ratos de ocio mis jefes no tiene nada de casita por mucho que ellos se empeñen. Colocar un diminutivo  a algo tan enorme es extraño pero, en fin, será para quitarse importancia. Ahora que también os digo que todo lo que tiene de grande lo tiene de fea. Por fuera no, la fachada y el jardín dan el pego pero los interiores, madre mía, no es que yo sea experta en decoración pero qué horror de mobiliarios, qué abominación de cuadros, qué pesadillas de cortinajes y qué …a lo mejor es que todavía estaba mareada pero la primera impresión no ha sido buena.

Al niño y a mí nos han asignado el llamado cuarto del piano, un dormitorio en la segunda planta sin rastro de instrumento musical alguno. Tal vez en épocas pasadas y de mayor gloria albergó un piano y de ahí su nombre. Lo que sí contenía era un óleo sobre lienzo ( creo que se dice así) de un señor de rizado bigote con aspecto de asesino en serie de otra época que le ha dado mucho miedo al Jacobín. Yo no sabía cómo calmar sus aterrorizados llantos, entre otras cosas porque yo también tenía miedo y eso los niños lo notan. Al final, se me ha ocurrido tapar la imagen del hombre malo con una toalla pero agazapado tras ella casi nos asustaba más por si le daba por salir bruscamente.

Vamos a dar una vuelta por el jardín, Jacobín, guapo, y si es necesario bailar flamenco, taconear y palmear para ahuyentar el pánico, pues lo haremos, le animo dándole la mano para bajar por las escaleras.

¿Quieres ver un cristo llagado muy precioso con toda su sangre resbalándole por los miembros? Lo tienen en la capilla, me intercepta la tal Pili apareciéndose en el rellano e intentando, supongo, ser hospitalaria.

Pues mira, Pili, lo dejamos para mañana que ahora nos vamos un rato al jardín.

Y allí nos hemos encontrado con la Patri jugando a ser Elizabeth von Arnim (la que tenía un jardín alemán y era muy feliz en él, he leído ese libro y es muy bonito) bajo los tilos y los lilos. Para no interrumpirla en su éxtasis pastoril nos hemos ido a otra zona más alejada donde crecen muchos pinos muy largos y flacos.

¡Cuidado!,  nos ha gritado la Pili asomada a una ventana, la última vez que alguien se puso en esa parte del jardín se cayó un pino y lo mató.

Y ronda la tormenta, ha añadido el Josean personándose de golpe, pertrechado de rastrillo y carretilla.Los rayos son muy peligrosos y más aquí con tanto árbol. Ahí a la izquierda tienes un tobogán para entretener al chiquillo pero ándate con ojo que está oxidado y se puede agarrar un tétanos por menos de nada.

Pues vaya con la villa de los mil peligros. Menos mal que el husband espantaba todo lo tétrico del lugar con sus gritos y sus risas a través del móvil. Le he oído decir algo de barranquismo, rafting, y paint ball todo ello aderezado con carcajadas adrenalínicas. Ay, Patri-Elisabeth!, aprovecha para contemplar, meditar y extaxiarte entre pájaros, árboles, lunas y flores porque te queda poco. La multiaventura te acecha y no vas a poder escapar, te lo digo yo.

Operación salida

Me voy de vacaciones con mis jefes. Bueno, de vacaciones se van ellos, yo me voy de acompañanta para cuidar del niño mientras ellos se solazan en una casita -así la han denominado- que tienen en el campo.

El campo no es el destino que yo hubiera elegido en el caso hipotético de tener capacidad de elección, principalmente porque me lo tengo muy trillado ( figurada y literalmente) pero el trabajo es el trabajo. Hasta cierto punto estoy contenta porque voy a ejercer únicamente de institutriz del Jacobín. Al parecer, en la así llamada «casita» tienen a una señora, conocida como Pili, que se encarga, junto a su marido, de la limpieza y el mantenimiento. La Patri ha llamado por teléfono para decirle que ya íbamos y que lo tuviera todo preparado y dispuesto. Qué bien, que barra la Pili que yo con entretener al Jacobín ya tengo bastante.

A la Patri no la veo yo muy feliz con este desplazamiento, ella es muy de sus arraigadas costumbres y si le quitan el cuarto de las meditaciones y la mesa de las escrituras se descoloca. El Husband por el contario sí me ha parecido muy contento, claro que él siempre parece entusiástico, como si de tanto dar lecciones y charlas de positivismo ya no pudiera dejar de vivir en ese estado de gracia. Es coach, para los que no lo sepáis.

Qué maleterío han preparado para solo cuatro días, no me extraña que la Patri se haya puesto a hacer respiraciones profundas de emergencia en mitad del pasillo. Mientras tanto, el Husband o Pelayo, llamémosle por su verdadero nombre, no paraba de hablar a gritos por el móvil cerrando asuntos de trabajo y abriendo otros de ocio. Y la Patri otra vez a respirar de la angustia que le estaba entrando a la mujer la intensa vida social y deportiva que le estaba programando su sacro santo esposo.

Ligeros de equipaje, es un decir, nos hemos subido al coche rumbo a la casa campera. Toma esta bolsa de plástico, Eva, me dice Patri, que el niño suele marearse y vomitar. Pues qué bien, vomitaremos a la par porque yo en el asiento trasero también me mareo. No lo he dicho por no empañar antes de tiempo mi currículum.

Y así, con la primera discrepancia sobre con qué tipo de música amenizar el viaje -él se inclinaba por lo marchoso y ella por lo mortuorio- hemos partido.

Ausencia de dolor

Pero bueno, doña Margarita, si está usted resplandeciente, le digo contemplándola con asombro. Y es que ni rastro de la ancianita desvalida y sufriente del otro día. Se ha soltado las trenzas y lleva sujeta la melena blanca con una horquilla de gato, se ha puesto medias nuevas con el mismo gato estampado en colores y un vestido azul. Ya no parece asfixiada por las flores del sillón sino que da la impresión de reinar sobre ellas como una ninfa. Decrépita, eso sí, pero con cierta ajada belleza.

¿Serán mis nuevos poderes chamánicos que empiezan a manifestarse sin que yo me haya dado cuenta, será la energia sanadora de la que habla la Esme? Huy, qué ilusiones me estaba haciendo. Pero no, yo no he tenido nada que ver, ella me ha explicado el motivo. Resulta que ayer se presentó un chamán verdadero y le puso unos parchecitos por aquí, unas inyecciones por allá y unas pastillitas muy ricas, según ella.

Ayer me pasé todo el día dormida y mareada pero hoy, con la dosis ya ajustada, me siento una persona nueva. Entiendo a los drogadictos, me susurra al oído para que no oiga esta confesión don Margarito que está viendo la tercera temporada de «Perdidos» en el cuarto de al lado. Qué vicio tiene con esa serie tan absurda que le ha dejado Jacinto el portero, ahora que si le sirve de evasión…no me opongo.

Entonces, ¿ya no le duelen las cortinas, ni la lámpara ni las rayas de las medias?

Las medias de rayas las he tirado, por si acaso. Mira estas qué monada, me enseña alzando sus palillos con pie al fondo.

El mundo se ha suavizado, ya no tiene aristas que se clavan y que hieren. Es como si le hubieran pasado una lima quitándole todas sus asperezas, ya no pincha ni desgarra, da gusto deslizarse sobre él, transitarlo.

Qué cosas más bonitas dice cuando se pone, me las voy a apuntar en un papel para escribirlas luego en un blog que tengo.

Yo también tuve mucho tiempo un bloc donde escribía, lo guardaba en un cajón de la cómoda, dice ella ajena a las modas de aventar por los aires pensamientos y sentimientos sin pudor alguno.

Abre bien las cortinas que entre toda la luz de la primavera. Me siento plenamente feliz y es por el contraste entre los penosos días pasados y el de hoy. El hombre prudente solo anhela la ausencia de dolor y no precisamente el placer.

Eso lo tiene escrito en su bloc, ¿a qué sí?

No, es de Aristóteles. Pero a medida que se nos olvida el dolor su simple ausencia ya no nos basta y volvemos a buscar estímulos y placeres. Esto ya es mío, somos así, no tenemos remedio.

Tralarí, tralará, cantan y bailan los tiroleses en la estúpida felicidad de su mundo del reloj : indoloro, incoloro e insípido.

Dolor

Me duelen las cortinas y el sillón y el suelo me duele y ese reloj cada vez que suena me duele y duele. Me duele el sonido del televisor en la otra habitación, me duele la lámpara y el techo del que cuelga y los lazos de las trenzas y las rayas de los calcetines. Hoy tengo dolor, ¿sabes, Eva? y cuando tengo dolor nada me importa, solo me importo yo. El dolor es muy egoista, nos encierra en nosotros mismos y no nos deja percibir nada más, el dolor es absorbente y celoso, nos quiere solo para él y lo consigue.

Pero, doña Margarita, ¿qué le pasa hoy?, me está dando usted mucha pena, ¿cómo puedo ayudarla?

No me puedes ayudar,ante el dolor estamos solos , alguien nos puede compadecer, como tú a mí ahora, alguien nos puede comprender porque tuvo algún día un dolor parecido pero nada separa tanto a las personas como el dolor. Y no me hables ni me hagas hablar que eso también me duele.

A lo mejor si se distrae… puedo leer o contarle algo, si quiere le hablo del Toni que es mi pareja o de la Esme, una amiga que tengo del parque o de gente de mi pueblo.

Pero ella ha cerrado los ojos y se ha sujetado la cabeza entre las manos. Los tiroleses han salido a bailar los muy desconsiderados y la primavera ha estallado fuera con toda su luz y su colorido, totalmente indiferente. La veo tan frágil y desvalida perdida entre las flores del sillón que seguramente también le duelen que me están dando ganas de ponerme a llorar. Como no sé qué hacer le agarro una mano y se la aprieto un poco, no mucho porque la tiene muy flaca y se la puedo romper. Ella me aprieta a mí la mía y luego afloja. Y así pasamos la tarde mientras el mundo sigue circulando con sus prisas, sus quehaceres, sus ambiciones, sus olores y sonidos, atropellando al que no entra de lleno en su corriente, ajeno.

Entropía

Buenas tardes, Eva, me saluda don Margarito muy coherente aunque en pijama, con los cuatro pelos que tiene todos revueltos y sin afeitar.

Marchamos por el pasillo, él delante y yo detrás pero antes de llegar a la sala donde me espera su madre, se detiene frente a un espejo de marco dorado y señalándome su propia imagen me dice muy serio: Eva, te presento a mi tío Andrés. Tío Andrés, esta es Eva, la dama de compañía de mamá.

Encantado de conocerte, Eva, es un enorme placer y perdona las pintas que llevo hoy pero estoy un poco acatarrado y no he tenido ganas de arreglarme, habitualmente cuido mucho mi imagen, se excusa el tío Andrés desde el otro lado el espejo.

Madre mía y eso que me había parecido que tenía el hombre la tarde bastante cuerda.

Disculpa, Eva, dice entonces el don Margarito volviéndose hacia mí y dejando a su tío de espaldas, pero tengo que comentar unas cuestiones de vital importancia con mi tío. Ya sabes donde está mi madre.

Adiós, Eva, que pases buena tarde, me despide la replica exacta del Margarito llamada tío Andrés inclinando galantemente la cabeza.

Ya en la sala del fondo me encuentro con doña Margarita. Lleva dos lazos rosas en las trenzas y unas medias de rayas de colores.

Buenas tardes, doña Margarita, ¿qué tal está?

Sin novedad en el frente, me contesta ella como si fuera una muñeca parlante.

¿Ya te han presentado al tío Andrés?, me pregunta torciendo la boca en algo que quiere ser una sonrisa.

Pues sí, ahora mismo.

Pobre hijo, está entrópico perdido. En el fondo, qué más da, la entropía nos ataca a cada uno de una manera pero sea como sea, todos acabamos sucumbiendo a ella.

Pues no la entiendo.

Abre ese cajón de ahí, me ordena ella.

Lo abro y veo un interior todo revuelto. Hay clips, papeles diversos, caramelos, una pinza de la ropa, pilas, un lápiz sin punta y muchos otros objetos enredados y revueltos descansando sobre un fondo de polvo.

Si quiere se lo arreglo, le propongo.

Ni te molestes, te lo he enseñado para que captes el concepto de entropía. Todo tiende al desorden y al desmoronamiento y no hay vuelta atrás, los procesos son irreversibles aunque toda nuestra vida humana sea una lucha para mantener el orden dentro y fuera de nosotros mismos.

Qué profunda es usted, doña Margarita.

Sí, a veces, ¿te gusta mi nuevo look?, me pregunta señalándome coqueta los lazos rosas de sus trenzas y levantando en el aire los palos rayados que tiene por piernas.

Está usted muy guapa, muy alegre el conjunto, digo por quedar bien y ponerla contenta.

Bueno, pues ahora ponte a leer, sigue con el Ulises a ver si lo terminamos de una vez y podemos pasar a otro menos aburrido. Escribir también es un intento de combatir el caos y el desorden, ¿no te parece?

Yo es que a esas preguntas no sé que contestar, por eso me callo y leo.

 

 

 

Crack

Aunque hace mucho que no hablo de nuestro negocio adivinatorio eso no quiere decir que no funcione. Vaticinamos y auguramos a diario y con éxito. Hasta hoy. Hemos hecho crack y no ha sido culpa de nuestra mala gestión, precisamente.

Como cada mañana nos encontrábamos tras nuestras mesas al acecho de clientes entreteniendo la espera cada una con lo suyo: la Pandora haciendo solitarios y relatando dolores, la Norma bebiendo mate y contemplando las fotos de su hija en distintas poses, vestimentas y actitudes y yo tratando de leer el Ulises sin perecer en el intento. (No sé qué tiene este libro que me hace sentir enormes deseos de que Joyce resucite para pegarle. No es culpa de él, son cosas mías). La  Esme no sé con qué enredaba en el interior del quiosco, estaría chateando con los hombres esos, supongo.

Pues en esos inocentes pasatiempos estábamos cuando vemos acercarse a una pareja de policías a caballo.

-Esto me huele mal, apunta la Pandora.

-El olor no proviene de los hombres sino de los caballos, le aclaro yo por si no se había dado cuenta.

-La bofia, la bofia, grita alterada la Esme emergiendo del quiosco repentinamente.

¿Quién?, preguntamos la Norma y yo.

Que os estoy dando el queo, idiotas,  que viene la pasma, esconded el material…, nos aclara ella rememorando sus juventud de delicuencia y marginalidad.

Procedemos a meternos el tarot en bolsos y bolsillos pero es demasiado tarde porque ya tenemos encima a los centauros observando la maniaobra.

A ver, la licencia, dice el que parece el capo.

¿Licencia?, pero ¿es que hace falta  licencia para estar de pic-nic con las amigas?, intenta colarles la Esme.

Señora, por favor, que estaban echando el tarot, que la policía no es tonta, ya las venimos observando desde hace días. Hay una nueva ordenanza que lo prohibe pero radical.

Pues si yo llevo toda la vida con esto de la videncia en este parque y nunca he tenido ningún problema con la autoridad, que no hacemos mal a nadie, agente.

Hay que acatar las leyes, abuela, ¿y no estaría usted mejor en un centro de día que aquí a la intemperie?, ya son ganas de meterse en líos a su edad, le suelta muy groseramente el otro centauro a la Pandora.

Se les precinta el chiringuto hasta nueva orden y la multa les cae pero cantada…

Pero si nosotras no sabíamos nada de esa nueva ordenanza…., alega Esmeralda.

Ignorancia juris non excusat o lo que quiere decir que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento y vayan plegando que se nos acaba la paciencia, dice haciéndose el chulo con los latines mientras su compañero mira obsesivamente a la Norma y el caballo comienza a encabritarse.

Y que no las vea más por aquí, nos advierte el capo haciendo un giro con las riendas y enfilando el paseo central. A la del mate sí, matiza su compañero guiñándole un ojo a la Norma.

Hemos hecho crack pero con todo el equipo, se lamenta la Pandora. Si es que está todo fatal, yo tengo dos hijos en paro, a ver qué hago ahora, esto se llama afán recaudatorio y nada más, nos roban por todos lados, nos abocan a la delincuencia, nos condenan a la miseria, nos….

Calla, Pandora, que eres muy negativa. De esto salimos y reforzadas, además. Todo lo que sucede es por algo. No lo llaméis crisis, llamadlo oportunidad.

Y con esta frase chorra digna de gobernante o de libro de auto ayuda hemos puesto fin a una etapa de nuestra vida laboral.

 

 

La pasiones de doña Margarita

Margarita la inmortal dormita en su sillón, Margarito el olvidadizo se pelea con un cuaderno de sudokus, los tiroleses ejecutan su danza cada cuarto de hora, el polvo da vueltas en una franja de sol, los cristales de la lámpara se mecen y entrechocan con un tintineo que invita al sueño. Invita tanto que acepto la invitación y me duermo.

Un bastón se clava en mi muslo y me despierta. Eh, tú, dama de compañía chapucera, despierta, ¿dónde se ha visto que la vieja vele el sueño de la joven?, me reprende la anciana-niña apuntándome con su arma.

Don Margarito arroja con rabia el libro de sudokus sobre la mesa, creo que viene a regañarme él también por haberme dormido o a echarme directamente pero no, sólo dice: este libro está lleno de erratas, me voy a la oficina a resolver unos asuntos.

Qué bien que todavía siga en activo, comento yo observando cómo intenta salir por la puerta del armario.

No va a ninguna oficina, se queda abajo en la portería dando la lata a Jacinto, el portero. Que se aguante que para eso le damos sus buenos billetes todos los meses. Hay cosas que una madre no debería ver nunca, nunca, nunca, dice negando con la cabeza y agitando la trenza de colegiala marchita. Bueno, vamos a distraernos con algo, ¿qué llevas en ese agujero negro? Y con su bastón multiusos señala mi bolso.

Pues llevo mis cosas, algún alimento, libros…

¿No tendrás algo de Henry Miller, alguno de los dos trópicos, por ejemplo? O los escritos de un viejo indecente, de Bukowski, algo que me anime.

No, de esos no, pero tengo el Ulises de Joyce.

Me sorprende usted, queridísima y robusta dama.

Si no me llama gorda no descansa pero me hago la sorda y sigo a mi papel. ¿Quiere que se lo lea?

Nunca he podido con ese libro pero, en fin, peor es el Kempis. Lee.

Y me pongo a leer el Ulises por el capítulo 13 donde dice: » El atardecer estival había comenzado a envolver el mundo en su misterioso abrazo. Allá lejos, al oeste, se ponía el sol y el último fulgor del, ay, demasiado fugaz día se demoraba amorosamente sobre el sol y la playa, sobre el altivo promontorio del querido y viejo Howth…»

Pues, mira, me interrumpe doña Margarita, ese párrafo es bonito, habla de atardeceres, de las pocas cosas que no me canso yo de contemplar. Tengo verdadera pasión por los ocasos. Me gusta cómo se va deshaciendo el día, sobre todo cuando hay nubes y se forman esos jirones rosas, rojos, morados…el día se  desangra antes de extinguirse, los días saben morirse con gran belleza.

Es usted muy poeta, doña Margarita.

Ojalá pudiera yo morirme igual que los días: limpia y bellamente. Un puro y esplendoroso desangramiento y de ahí a la oscuridad total.

¿Te gusta Rafa Nadal?, me pregunta a continuación sin venir a cuento.

Sí, claro, es un muchacho muy majo.

Yo lo adoro, es un titán, pon la tele a ver si sale. Me da a mí que él también es inmortal, no estaría mal que nos pudiéramos encontrar en un futuro sin la Xisca de por medio. ¿Lo ves factible, querida dama?

Pudiera ser, contesto yo forzada por ese bastón que me apunta sin piedad, ¿estará cargado?

 

 

Inmortalidad

Me había yo hecho ilusiones con eso del tea time. Pero nada, ni una galleta María que roer. Era solo una gracieta del don Margarito que, por cierto, muy bien de la memoria no anda. Pasa, pasa, me dice abriendo la puerta y dejando que el tufo  a polvo rancio se extienda por el descansillo. Tienes todo preparado en el cuarto de baño grande.

¿Tengo que bañar a su señora madre?, le pregunto por si acaso.

No, hija, limítate a la cabeza porque…eres la peluquera, ¿verdad?

No, soy Eva, la que vino ayer por lo del trabajo.

Ah, cae él fustigándose la frente, la dama de compañía, claro.

Ay, madre, qué risa me estaba entrando, yo dama de compañía, cuando se lo diga al Toni que ya lo de empleada doméstica le parece demasiado fino para mí…Mejor no se lo digo para que no me quite las ilusiones. Ya está decidido: por las mañanas soy institutriz y por las tardes dama de compañía.

De nuevo me conduce galantemente hasta el fondo de la casa. Madre, aquí está la dama de compañía, aprovecho para salir a estirar las piernas. Aquí tienes tu Kempis, se lo dejo a ella para que te lo lea.

¿Es una risa lo que me ha parecido que brotaba de los ajados labios de la Margarita?

Nos quedamos solas y no sé qué hacer porque la vieja-niña ha cerrado los ojos. De repente, de un reloj colgado en la pared sale un pajarito y canta. Detrás del pajarito aparece una pareja de tiroleses bailando una cancioncilla. Doña Margarita abre los ojos sobresaltada, levanta el bastón y apunta a los muñequitos musicales como si les disparara. Asquerosos, dice luego, qué harta estoy de esos dos. Me recuerdan a mí misma, día tras día, día tras día, tras día y tras día.

¿Quiere que le lea algo de este libro que me ha dejado su hijo?, le sugiero para distraerla.

No, me lo sé de memoria y además ese libro habla mucho de la muerte, cuestión que a mí, por desgracia, no me incumbe.

¿Ah, no?, le pregunto muy sorprendida porque yo la veo bastante al borde de la tumba.

No, preciosa, no. Que más quisiera, he visto morirse a los de la generación anterior a la mía, a los de mi propia generación y ahora a los de la generación siguiente. A mí me han saltado no sé por qué. Creo que soy inmortal, vamos, que estoy convencida.

Pues qué suerte tiene usted, doña Marga.

De suerte nada, es una situación muy incómoda que no le deseo a nadie, manifiesta tocándose la larga trenza blanca.

Tú en la época de Rubens hubieras triunfado mucho, me dice a continuación haciendo castañetear la dentadura y mirándome con sorna.

Ya me está llamando gorda otra vez, qué señora más maleducada, me pienso chivar al don Margarito cuando vuelva, si es que se acuerda de por dónde tiene que volver.

No seas nunca inmortal, es muy aburrido, concluye antes de quedarse dormida.

Cu-cú, canta otra vez el pajarito y bailan de nuevo los alegres tiroleses su eterna cantinela.

Margarita y Margarito

Ayer, al terminar el trabajo en casa de la Patri, fui a conocer a mi nueva jefa y a que ella me conociera a mí. No tuve que ir muy lejos, vive en este mismo edificio, dos pisos más abajo. Llamo a la puerta un poco nerviosa y espero bastante rato. Cuando ya voy a volver a llamar escucho unos pasos lentos y unos crujidos y la puerta se abre. Tras ella aparece un señor muy entrado en años. ¿Pero no era una señora a quién tenía que cuidar?

Pasa, hija, pasa, me dice él con voz cascajosa. Huy, madre, qué casa más siniestra, observo avanzando entre tinieblas detrás del que yo creía que era el señor Margarito. Aquí está el contador del gas, me indica él llevándome hasta una cocina llena de sartenes negras y cacerolas desportilladas. No, si yo no he venido a leer el gas, he venido por lo el trabajo, le aclaro. El Margarito se palmea la frente y exclama: claro! que te manda nuestra queridísima Patricia. Ven por aquí que te presento a Margarita, mi madre.

Mira que si la tiene momificada, me están entrando ganas de salir corriendo. Esta casa me da miedo, todo está en penumbras, los muebles son muy oscuros, los cuadros, en su mayoría retratos de siniestros personajes, también son negruzcos, huele a polvo rancio, el suelo cruje de puro viejo, las puertas chirrían artríticas perdidas y el viento gime entre las rendijas de las ventanas. (Lo del viento me lo he inventado pero queda bien)

Mi madre está ahí, en la sala, me indica el hijo anciano señalándome el fondo de un cuarto. Mi vista termina por acomodarse a la oscuridad y distingo, perdida entre el tejido floreado de un sillón de orejas, a una figura diminuta. De lejos parece una niña, una niña rara y resabiada pero al acercarme ya es una mujer viejísima a la que los años han ido rebanando materia hasta casi hacerla desaparecer.

Va peinada con una trenza blanca muy graciosa y en la esquelética mano sostiene un bastón con cabeza de perro fiero. Tengo miedo otra vez.

Es la chica que nos manda Patricia, me presenta el provecto hijo sin decirle mi nombre o porque no lo sabe, o porque no se acuerda o porque le da lo mismo.

Está gorda, dice muy simpática su anciana madre-niña.

Eso da igual, madre, ya lo hemos hablado.

¿Sabes leer?, me pregunta señalándome con el bastón un libraco de aspecto más arcaico que ella.

Sí, claro y muy bien, además.

Pero ella ya no escucha mi respuesta porque se ha quedado dormida o muerta, no estoy segura.

Hala, hala, que estás contratada, cumples todos los requisitos, dice el Margarito al que ya se le nota cansado con tanto trámite y paseo por los pasillos. Sabes salir tú sola, ¿verdad? Te esperamos mañana a las cinco. Tea time, añade con una risilla gastada.

Pues qué bien o qué mal, no lo tengo claro.

 

 

Nueva jefa

Ahora en vez de una voy a tener dos jefas. Bueno tres que la Esme también manda mucho. Antes tenía todas las tardes libres pero desde mañana me voy a emplear dos tardes en la casa de una mujer llamada Margarita. El trabajo me lo ha proporcionado la Patricia, dice que la Margarita es una vieja amiga de su familia. No sé si se refiere a que la conocen desde hace mucho o a que la mujer tiene muchos años o a ambos factores, que también podría ser.

Así explicado me ha parecido un trabajo muy fácil, solo tengo que estar sentada en un sillón enfrente  de la vieja conocida que estará sentada en otro. Si ella quiere que hable, tengo que hablar, si quiere que me calle pues me tengo que callar. Asi durante dos horas. Pues vaya tontería de trabajo. Dice la Patri que la empleada habitual de la Margarita está muy cansada y por eso le ha tenido que dar dos tardes libres. ¿Cansada por sentarse en un sillón? Como decían en los dibujos animados de mi pretérita infancia: que me aspen si lo entiendo.

Cuando ya he dicho que sí, que me parece muy bien y que cuándo empiezo,  entonces me sale la Patri con aires de misterio y conmiseración: vas a necesitar paciencia. Vamos, que me estoy suponiendo ya que la Margari es del modelo bruja impertinente, no podía ser que me pagaran solo por sentarme en un sillón, ahora ya me cuadra más lo del cansancio de la otra.Bueno, a mí me da igual, estoy acostumbrada a tratar con todo tipo de caracteres y no me asustan los temperamentos difíciles.

Y mucho cariño, también, ha añadido mi jefa mirándome de reojo para ver qué cara ponía yo. No he puesto ninguna para no dejar translucir mis más profundas desazones. Que se quede con la intriga de saber lo que pienso que yo tampoco sé lo que piensa ella. A jefa arcana, empleada enigmática.

Luego, cuando he llegado al parque, se lo he contado a la Esme para saber su opinión pero no me ha hecho ni caso. Ella a lo suyo, con los novios del chat.

Que si ya le están cayendo mal incluso antes de haberlos conocido, que si ya ha hablado con dos y al primero le ha descartado porque le ha contado no sé qué de una operación de hernia de disco y que ella no quiere penurias, que ya tiene bastante con la suyas y que al segundo está a punto de darle boleto porque solo le habla del Atlético de Madrid y del Bruce Springsteen.Venga a darle la brasa con el Simeone y con el Diego Costa y con los míticos conciertos del Boss. Que cree que de esos dos temas no le va a sacar.

Buah, se lamenta, a estas alturas solo quedan los desechos del mercado, es como cuando vas los últimos días de rebajas, que lo bueno ya se lo han llevado y lo que queda está muy barato pero no lo quieres ya ni regalao. Estoy muy desencantada, se me pone.

Ya, Esmeralda pero qué opinas de lo de la Margarita y del trabajo de sentarme en el sillón con paciencia y con cariño.

Ah, muy bien, muy bien, dice ella sin escucharme.

Pues se lo cuento a la Pandora, a ver si ella me presta más atención. Ni media. Que si hoy está con todos los dolores soliviantaos y que va ser que se barrunta un cambio de tiempo.

Pues a la Norma. Oye Norma, ¿ a tí que te parece….? Que si quiero ver las fotos nuevas de la Marilin vestida de princesa. No le voy a decir que no y eso que eran muchísimas.

Pues al Toni. Que todo lo que sea dinero para los materiales de la casa en el pueblo lo apoya totalmente, me dice sin mirarme a la cara porque no aparta la vista de sus planos cavernícolas.

Nada, que nadie me hace caso y eso es  algo que ya vengo comprobando día tras día de mi existencia. Todos queremos hablar, yo incluída, y largar nuestros rollos pero ya escuchar…..deduzco que es un rasgo característico del ser humano, el de no hacer ni puñetero caso al de al lado…no sé, es una sensación bastante molesta que tengo hoy pero a lo mejor mañana alguien, de repente, me presta atención y me pongo a pensar lo contrario.