Las 10 manías del Toni

Como no hay novedades en el frente -doña Perfecta permanece acantonada en el hogar de mi jefa, no hemos tenido ninguna clienta más y el Toni no me ha salido con ningún invento- voy a poner en práctica una táctica que he leído Por ahí. Consiste en meter tops para atraer la atención de los lectores que, al parecer, son muy aficionados a los rankings.(Esto lo dice alguien que tiene lectores, luego su razón llevará. Yo no puedo opinar, por el momento, porque en este blog pasa como en mi pueblo, que hay poco tráfico.) Pues ahí va, son las diez manías básicas del Toni. Tiene más, claro está, pero entonces ya no sería un número tan redondo y me extendería demasiado.

1.-El helicóptero de la DGT

2.-Las tres mismas señoras que pasean a sus tres mismos perros

3.- Los perros vestidos (especialmente si llevan capucha)

4.- Las aglomeraciones

5.-Los ruidos en general

6.-Los maratones (porque se aglomeran y hacen ruido)

7.-Los conciertos y fiestas masivas (por los mismos motivos)

8.- Las luces y los adornos navideños

9.-Las colas para entrar a cualquier sitio

10.- Los centros comerciales

Y así estamos, ¿qué os parece?

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Efecto placebo

Os anuncio: la primera incauta ha tragado el anzuelo. Pero no, no puedo decir eso, dice la Esme que no lo diga que queda muy feo, que parece que estamos engañando a alguien y tampoco es eso. Que nosotras no mentimos sino que repartimos ilusiones. Vamos, como el sorteo de la lotería poco más o menos. Que nos consideremos como el efecto placebo. Esto último me ha gustado, mira tú por dónde. Bueno, a lo que iba que me descentro. Resulta que pasa una mujer con aire de despistaílla (eso es normal, pasan muchas así), se nos queda mirando (eso tampoco es raro que casi todos nos miran dada nuestra peculiar forma de ser y estar en el mundo) pero en vez de seguir su camino con cara de vosotras a mí no me timáis, duda un poco, avanza, recula y, finalmente, viene hacia nuestro seno o mesa, mejor dicho. Se sienta en la silla que hemos preparado y nos pide una lectura de cartas. Madre, qué nervios. Ha sido la Esme la encargada de hacerle el pronóstico, al fin y al cabo el emprendimiento es más suyo que mío, yo me he quedado detrás escuchando y aprendiendo.

Qué bien habla mi amiga, cómo se expresa, qué manera de decir sin decir y de pronunciar sin manifestarse, o lo que sea. ¿Qué cuestión te preocupa?, le ha preguntado a nuestra distinguida primera clienta para ir iniciando el proceso. Un poco en general, ha respondido ella. Dice la Esme que esas son las mejores, las que no se definen porque permiten a la adivinadora quedarse en un terreno difuso y no concretar. Total, que le ha dicho que en su vida se iba a producir un cambio, que le iban a pasar cosas maravillosas y que iba a ser muy feliz. ¿Y eso cuándo?, se ha puesto ella, ya ansiosa. Dale tiempo al tiempo, ha concluído la Esme mirando al vacío para ponerle mayor emoción al momento. Y tan satisfecha que se ha marchado para sus quehaceres.

¿Ves que fácil? Ya, he dudado yo, pero ¿y si a esa mujer empiezan a pasarle cosas malas, y si se pone enferma, y si pierde el trabajo, y si la deja el novio, y si…? Déjate de y sis que te va a entrar ansiedad. Vive el momento presente y ve preparándote un discurso que esto se anima, te lo digo yo.

Pena de la Patricia

Que sí, que me da pena de mi jefa laboral y mira que a los jefes no se les suele tener lástima pero es que lo de su madre es para compadecer a cualquiera. Esa mujer se mete en todo y no deja vivir a la Patricia, la tiene martirizá. Que si lo tienes todo muy desordenado, que si aquí no se come como es debido, que si porque no te apuntas a estudiar algo y así te relacionas, que qué cosa tan rara es esa de la meditación, que por qué no te compras un bolso nuevo, que si tienes que mover mejor tus escritos si lo que quieres es tener éxito, que te vendría bien tener otro hijo antes de que Jacobo se haga mayor, que engordes un poco, que te arregles el pelo que ese peinado no te favorece, que esto, que lo otro y que por qué no contratas a otra empleada doméstica del hogar.

Joróbate, resulta que no le gusto. Dice que no soy representativa para una casa de categoría, que no sé limpiar y que duda mucho que resulte una buena influencia para el Jacobín, que me ve muy zafia, muy poco experimentada y más bien vaga. Ahí queda eso, Eva Villamediano (mi nombre y mi primer apellido), eso te pasa por escuchar detrás de las puertas, para que salgas hoy al parque con la autoestima bien alta.

Si os digo la verdad, la opinión de esa mujer me resbala bastante, como casi todas las opiniones en general, yo me tengo en mucho aprecio y me veo muy buenas cualidades. A mí, la doña Perfecta esta no me achanta, ahora que a su hija me parece a mí que sí. Veo yo a la Patri como acongojá, no es que sea nunca la alegría de la huerta pero estos días de presencia materna la están acabando de rematar. Se la ve mohína, afligida, despachurrá, ni a la tecla le da ya. Pobre Patricia, qué pena me da .

Señoras con perro

A otra cosa no sé pero a maniático no le gana nadie al Toni. Ahora le ha dado con unas señoras que pasean perros por nuestro barrio. Dice que no puede soportar el salir a la calle, sea a la hora que sea, y encontrarse con esas tres mujeres y sus respectivos canes. Pero ¿a ti que más te da que estén esas señoras en la calle? Pues me da, me da y mucho porque están siempre y eso es lo que las hace repelentes, además de que muy agradables a la vista no son, ni ellas, ni sus perros. Pero vamos a ver, ¿es que no pueden las mujeres sacar a pasear al perro?, están en su derecho. En su derecho están pero yo también estoy en el mío de ponerme enfermo de verlas.

Y me las describe así: la una tiene cara de que se le acaba de quemar la comida o la cocina entera y el chucho que pasea parece que acaba de morder a alguien de lo malencarao que es; la otra no se ha peinado en siglos y lleva al perro  en brazos como si fuera un bebé y la última es bajita y siempre con un gorro azul de lana cual gnomo del asfalto y pasea un adefesio vestido con un impermeable con capucha y todo. Lo de la capucha es que no lo puedo ni mirar, es ya el remate, se pone. Y que sea eso lo primero que veo en el día… y lo último también porque esas mujeres están en la calle a todas las horas, no descansan, dan vueltas y más vueltas como condenás.

Mira, Toni, estás diciendo muchas tonterías, son personas normales que sacan a sus perros para que hagan sus necesidades. Y él dale que dale, que en el pueblo lo que veía eran montes y árboles y pájaros y aquí, aquí no ve más que horrores. Es que a ti no te gusta nada, hijo, y todo te altera, eso va a estar en tu carácter y no en lo que ves o dejas de ver. Que no, que él cuando tiene naturaleza alrededor es un hombre feliz. Huy naturaleza, le digo para hacerle ver la realidad, pues no te creas que siempre está tan bien la naturaleza, que provoca muchas catástrofes y muchos sufrimientos y muchas penurias por todo el mundo. Que eso es porque no la tratamos bien y se está vengando y nos está devolviendo todo el daño que la hemos hecho.

Si tiene respuesta para todo, el caso es llevar la razón. Qué le habrán hecho a él las tres mujeres de los perros.

Una madre se persona

Estaba yo pasando la mopa, el Jacobín viendo los dibujos de la mañana y la Patri tecleando lo que quiera que teclee en su ordenador (quién sabe si otro blog más para la saturada blogosfera o una nueva novela para el también saturado mundo de la edición en papel) cuando llaman a la puerta rompiendo ese momento de paz en el que nos hallábamos. Salgo a  abrir y me topo(no de animal sino del verbo topar) con una mujer mayor muy elegantemente ataviada, de porte aristocrático y cara similar a la de un pájaro, se me representó a la Patricia con treinta años más, lógico, como que se trataba de su misma madre. Hola, guapa, me dijo condescendiente resbalando su mirada azul sobre mis generosas carnes, tú debes de ser la cuidadora de Jacobo ¿verdad? Sí, sí, le respondí un poco azorada, soy la empleada doméstica del hogar y también cuido del niño. Demasiadas tareas para una persona sola, dejó caer como al aire con cara de disgusto mientras alargaba el cuello buscando a sus familiares. ¿Está mi hija? He venido sin avisar, es una sorpresa.

Desde luego que fue una sorpresa aunque no sé si agradable, lo digo por la cara de susto que se le puso a mi jefa pero, hay que reconocerlo, enseguida la cambió por otra, se le da muy bien fingir, eso ya lo tengo yo comprado. Mamá, qué alegría que hayas venido a vernos. Pues sí, hija, he pensado quedarme unos días porque tengo que hacer unas cosillas en Madrid y así aprovecho y estoy con vosotros. ¿Dónde está mi tesoro? Total, que después de besuquear al niño y regalarle un cuento (no sabe la pobre lo poco que le van las letras al Jacobín) se ve que se aburría y se puso a perseguirme como una sombra. La Patricia, muy hábil ella, alegó que tenía mucho trabajo y se encerró en el cuarto de sus menesteres.

Que si repases por aquí, que si por ahí te has dejado polvo, que si no te olvides de mover los muebles, que si escurre bien esa bayeta que va chorreando. Lo que se dice una pesadilla de mujer, con lo bien que estaba yo con mis limpiezas chapuza. Y la Patricia también estaba bien que a ella que haya alguna que otra pelusa por el suelo, unas marcas de dedos en las puertas o alguna telaraña por los techos no son situaciones que le incomoden. Se ve que tiene miras más altas, no como su madre que ha resultado ser una obsesa del orden, la limpieza y la organización doméstica, vamos, de todo lo que es a ras de tierra.

Hoy no porque acabo de llegar y tengo que deshacer el equipaje pero lo mismo mañana me voy con vosotros al parque. No se lo recomiendo, le dije a la desesperada, hace mucho frío y los virus campan a sus anchas. Ella no me contestó porque se había puesto a ordenar milimétricamente los objetos de encima de la mesa pero me ha dejado con la angustia puesta.

La amenaza de Pandora

Pues no sólo no tenemos ni un solo cliente sino que además hemos recibido una amenaza de otra del gremio, llamada Pandora para más señas. Estábamos nosotras todas aburridas sentadas tras nuestra mesa mientras el Jacobín jugaba con los arcanos cuando se nos acerca una mujer más bien rara. Nos ponemos todas tiesas, le arrebatamos el tarot al niño con gran disgusto por su parte y dibujamos la mejor de nuestras caras complacientes cuando va y nos suelta: no me gusta lo que estáis haciendo. Anda ¿y qué es lo que estamos haciendo? Pues comerme el terreno, así de claro. Que sepáis que llevo echando las cartas en este parque desde hace más de diez años. ¿Y te da para vivir?, le espeta la Esme toda ansiosa. Eso a tí no te importa, lo que sí te tiene que importar es robar el trabajo a los demás. Estamos en un libre mercado, le responde la Esme, y podemos emprender lo que nos de la gana. Como poder, podéis pero ateneos a las consecuencias, os lo dice Pandora. Y nos mira muy fijo como si nos estuviera echando la maldición.Tengo mis poderes, añade esotérica. Y yo los míos, le suelta la Esme que nunca se puede quedar callada. Lo dudo, le replica la Pandora con su mirada enigmática. No te preocupes, maja, le digo yo por tranquilizarla, si no tenemos clientes. Ni los vais a tener, eso os lo vaticino yo.

Pues si no los ha vaticinado ella…mejor lo dejamos, le digo a la Esme cuando la Pandora ya se ha ido. Ya estamos, ¿no ves que todo eso de la magia es mentira y no tiene ninguna base científica? Que nos va a vaticinar la boba esa, lo que pasa es que tiene rabia de que le haya surgido la competencia. Ni caso, nosotras a lo nuestro. Pero es que lo nuestro no es nada, Esmeralda, es que nos pasamos toda la mañana esperando tras la mesa sin fruto ninguno. Ya te he dicho que hay que tener paciencia. A ver, guapa, el blog ese que escribes ¿tiene lectores, tiene visitantes? Pues…ahí sí que me ha dado, la verdad es que todavía no. Pues esto es lo mismo. Persevera y vencerás.

Cada cosa en su lugar

Por fin escribo sobre una mesa normal y corriente, sin aguas que circulen por debajo arrastrando detritus. Se debe, claro está, a que el Toni ha vuelto al trabajo. Le ha dicho su médica de familia que le va a venir bien estar activo, distraerse y salir de casa, que no es bueno que un hombre joven esté todo el día encerrado dándole vueltas a sus problemas. Cómo se ha puesto, que si esa doctora era medio lela y no tenía ni idea de nada, que si menuda incompetente, que si él lo que necesitaba era retirarse a un monte, en soledad, y vivir como un salvaje y a lo mejor hasta escribir un libro narrando sus experiencias. Pues lo siento, Toni, le advertí, pero ese libro ya está escrito que se le ocurrió a un tal Thoreau, que ese libro me lo he leído yo por prescripción escolar y era bastante aburrido, desde mi personal e intransferible punto de vista. Que si me creo miembro de la Real Academia de la Lengua o algo parecido, se pone. Qué hombre más intratable.

Me da lo mismo, el caso es que ya está de vuelta en el bar y el libro de la Patricia de vuelta en la estantería. He aprovechado que le tocaba sesión de rugimiento y aullamiento, es decir, meditación, y cuando estaban todas encerradas en ese cuarto en el que se meten con los ojos entrecerraos que da pena de verlas, he ido sigilosamente a colocarlo en su lugar. Qué alivio más grande he sentido, casi igual que cuando  he vuelto a casa y el sofá no estaba ocupado por mi querido oso-amoroso. Para celebrarlo me he tumbado todo lo ancha que soy (bastante) sobre su mullida superficie y he practicado con suma concentración el asana de la siesta que,si no existe,algún yogui debería inventarla por el gran bien que produciría en toda la humanidad.