Me aburren los pueblos

Solo llevo aquí cuatro días, en el pueblo me refiero, y ya estoy más aburrida que una mona. Me he vuelto urbanita por completo, necesito coches rodando  de día y de noche, gente apretujándome, iluminación artificial, ruido, tiendas, variedad, aire sucio. El pueblo, diga lo que diga el Toni, es un muermo. Muy bonitos los árboles y los bosques y las montañas, muy preciosas las estrellas y muy melodiosos los cantos de los pájaros pero al segundo día ya te ha entrado una murria inexplicable que yo achaco a la rutina del lugar.

Si sales a la calle ya sabes lo que te vas a encontrar: al mismo tonto en la misma esquina ( es un decir y sin querer ofender ni a los unos ni a las otras). Claro que me gusta departir con mis amigas de toda la vida y estar con mi familia, qué majos son, pero todo tiene un límite. Lo que echo yo de menos pasearme por esas calles atestadas sin que nadie me conozca, ni me salude ni me pare par preguntarme qué tal estoy. Pues estoy muy bien pero ya me aburro de contarlo, gracias. Lo que echo yo de menos los emprendimientos y esa vida tan activa que llevo. Esme, si me estás leyendo, que lo dudo, dado el componente traidor y desleal de tu personalidad, que sepas que te añoro a ti, a nuestra sede empresarial y a los líos que en ella organizamos.

El Toni, por el contrario, está más feliz que nunca, o eso supongo porque ha puesto en práctica los consejos de Henry David y se ha perdido por los caminos, las sendas y los vericuetos. Qué empacho de naturaleza se está pegando,le va a sentar mal, lo veo venir y luego me tocará a mí soportar las consecuencias.

En fin, como no tengo nada mejor que hacer voy a empezar a leer uno de los libros que saqué prestado de la patriciana biblioteca, a ver si dejan de ladrar los perros y los lugareños de tirar petardos para ensayar los del fin de año y me puedo concentrar. Silencio,dicen. Pues no es verdad.

 

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Vigilados

Me ha dado a mí mucho que pensar el discurso de Nochebuena del muchacho este que se salió de espía, conocido como Snowden. Dice que vivimos en un mundo de vigilancia masiva y que un niño nacido hoy crecerá sin ningún concepto de la privacidad, sin saber lo que es tener un pensamiento que no haya sido analizado o registrado. Da miedo y tristeza ¿verdad?, y yo aquí venga a soltar todo lo que se me ocurre sin cortapisa alguna, exhibiendo mis grandezas (pocas) y mis miserias (muchas) para que lo lea todo el que quiera. Pero detecto yo una contradicción en todo esto, por un lado no es bonito que te miren tanto pero, por otro, es eso precisamente lo que pretendes. Si uno no quisiera que nadie se enterara de lo que vive, siente y piensa no lo contaría en un blog, lo escribiría en un cuaderno y lo guardaría en un cajón como se hacía antaño. Pero hogaño (qué vocabulario estoy adquiriendo desde que me he dado a la lectura) es otra cosa, hoy todos deseamos aventar nuestras vivencias porque de otro modo sentimos que no existimos, que no nos diferenciamos, que nos diluímos entre la muchedumbre y que la muerte nos llegará sin haber dejado rastro. Pero ocurre que tantas vivencias circulando sin control ya no tienen interés porque, básicamente, son todas iguales. ¿A quién le van a importar tus fotos de la playa?, por poner un ejemplo. Pues no deben de estar poco hartos de ver fotos de veranos los que nos vigilan. Que te espíen está muy mal pero que no te espíe nadie es casi peor. Tanto colgar intimidades en la red para que luego no le importen a nadie, eso sí que hace sufrir.  Y todo esto, ¿a qué viene?, pues ni yo misma lo sé,  el efecto post-Navidad o que estoy de vacaciones y el ocio te hace pensar, tonterías la mayoría de las veces, eso sí, porque si tuviera grandes e iluminados pensamientos no sería empleada doméstica.  A lo mejor vosotros tenéis una idea formada al respecto, no como la mía que si por algo se caracteriza es por su inconsistencia y volatilidad.

Así habló el Hipólito

Resulta que además de enseñar a avistar pájaros, el Hipólito (H de aquí en adelante) también asesora y, lo que es mejor, sobre cualquier cosa que le pidas e incluso sobre las que no le pidas. Que te dispones a hacer una tortilla de patata según tu tradicional y atávica receta, pues no es así y ya te dice él cómo (por persona interpuesta), que te duele un pie, para qué vas a ir al médico si ya te diagnostica el H. y te pone el tratamiento, que dudas sobre qué ropa ponerte, pues sale la cabeza parlante del H. de dentro del armario y te indica la vestimenta más adecuada para cada momento y lugar.

Y eso, en lo que toca a los aspectos prácticos de la vida pero es que también te vale para lo más profundo y espiritual. Las angustias vitales, en el caso de que las tengas (no es el mío) te las soluciona él a base de filosofías de curtido taxista y asiduo visitante de los bares. Es como un hombre del Renacimiento, vale para todo. O eso se cree el Toni, a quién tiene abducido porque yo, y aprovecho para confesarlo desde aquí que no me oyen, estoy sintiendo enormes deseos de cometer un hipolicidio.

Por su culpa, el Toni se ha pasado todo el fin de semana tirado en el sofá, con el pijama como segunda piel y leyendo un libro de Henry David Thoreau que le ha prestado el H. Dice ese gran gurú de las barras que hasta que no lo lea no puede ser considerado un ser humano completo y que a qué espera. Y ahí sigue hoy lunes, víspera de Nochebuena, sin moverse, con el Tratado de la desobediencia civil entre sus manos, dando cabezazos de asentimiento y riéndose diabólicamente. Que no piensa hacer otra cosa en todas las vacaciones que leer a Thoreau y que luego tiene que poner en práctica todo lo que este escritor propugna en sus libros que es, según me ha resumido con gran exaltación, salir a los montes y a los bosques y triscar sin rumbo fijo y no hacer caso de nada ni de nadie y desobedecer.

Cuánta soledad se puede llegar a sentir en pareja, me he lamentado yo y, por toda respuesta me contesta que el H. dice que la soledad es muy buena compañera y que el Thoreau, por su parte, opina que no hay compañía más sociable que la propia soledad. Pues que gran consuelo.

¡Neike! Ampliamos negocio

Nos hallábamos la Esme y yo en pleno proceso adivinatorio cuando vemos aproximarse a una muchacha de lustrosa melena que lleva de la mano a una niña rubia con un enorme lazo rosa sobre la cabeza. ¡Ndéeee!, grita alegre al tiempo que agita en el aire, a modo de saludo, el artilugio llamado tereré. Pero ¿quién es esa que te saluda y en qué leches habla?, me pregunta la Esme interrumpiendo de golpe sus vaticinios. Es la Norma Beatriz, cuida a la hija de una amiga de mi jefa y, si te digo la verdad, no me conviene nada que me vea en estos pluriempleos que me traigo. Mira que si se lo cuenta a su jefa y ésta se lo chiva a la mía y la mía me despide. ¿Qué voy a hacer yo entonces? con el sueldo del Toni no tenemos ni para empezar y yo al pueblo no me quiero volver, ahora que me estaba adaptando a la vida urbana y me había propuesto ser culta. Para, chica, para, no me hagas el cuento de la lechera pero en versión pesimista y dime qué lenguaje utiliza la Norma esa para que me pueda comunicar con ella. Eso que habla es guaraní, le aclaro, pero sabe español igual que tú y que yo, lo que pasa es que le gusta desconcertar.

Hola, guapa, saluda la Esme poniéndose en jarras, ya me ha dicho Eva que eres de su gremio, me parece muy bien pero una advertencia voy a hacerte, de lo que estás viendo y vas a ver aquí,ni media palabra a nadie o tendrás problemas y graves. Qué mafiosa puede llegar a ser la Esme cuando se huele peligros para el negocio. Ani ndepody, concilia sonriente la Norma, no te preocupes, yo solo quiero un ratito de compañía, ¿y ese jueguito?, pregunta señalando las cartas del tarot. Ese jueguito, como tu dices, es el muy serio arte de la cartomancia y si quieres aprender en qué consiste tienes que estarte quieta y callada, ni media interferencia. Qué lindo, exclama Norma Beatriz sorbiendo de su sempiterna pajita y dirigiéndose a la niña de lazo rosa, ordena dulcemente: Casilda, anda a jugar con el muchachito.

Y así, nosotras trabajando  y el Jacobín tratando de apoderarse violentamente del lazo rosa con la intención de comérselo (qué troglodita es el pobre), Norma Beatriz ha ido aprendiendo a base de observación. Esta lo pilla al vuelo, sentencia la Esme, tiene cara de lista y además es guapa, nos conviene para el negocio. Pero Esme, ¿es que la quieres introducir en la empresa? Anda, pues claro, si parece llovida del cielo. Con esa melena, esa cara y ese tipo la mitad de la población que nos faltaba se nos va a acercar, seguro, y luego está la ventaja de ese idioma que conoce, que cuando no sepamos que decir la ponemos a largar una parrafada en guaraní y quedamos de lo más arcanas. Me gusta, me gusta el cariz que está tomando esto, tenemos nuestra marca de empresa, nos tenemos a nosotras mismas y ahora vamos a tener el toque exótico y la aguda inteligencia de Norma Beatriz.

Y sin esperar a que yo le diera el visto bueno, la Esme se ha puesto a explicarle los rudimentos del negocio y le ha propuesto que participe en él. Ella nos ha mirado, se ha mantenido unos instantes en silencio, ha dado un largo trago a su tereré y ha exclamado con entusiasmo ¡Neike! que quiere decir algo así como ¡vamos! o ¡adelante!

La lluvia y sus consecuencias

Por supuesto que yo no quería, yo nunca quiero pero el azar o las circunstancias o lo que sea se alían y se conjuntan para favorecer que yo me entere de lo que a lo mejor no debería enterarme. Concretando: he visto el blog de mi jefa. Y no es que yo haya ido buscándolo expresamente, es que he chocado contra él.
Dado que esta mañana llovía sin cesar, no hemos ido al parque.El Jacobín ha estado un buen rato entretenido visionando como diez veces seguidas su película favorita -El libro de la selva- y como veinte la secuencia en la que desfilan los elefantes (¿tendrá aficiones militares?), al tiempo que yo realizaba mis labores con más calma de la habitual. La lluvia me da sueño, esa oscuridad reinante, ese sonido repetitivo de las gotas cayendo son para mí como un somnífero.

Ya me estaba amodorrando sobre el palo de la mopa cuando los destellos procedentes de la pantalla de un ordenador me han espabilado al instante. ¿Qué querrá de mí?, me he preguntado avanzando hacia él junto a las múltiples pelusas que incasables me persiguen. Me acerco, miro y descubro: un blog y qué bonito. Tengo que reconocer que mi jefa me ha superado. Qué diseño tan moderno y original, qué calidad de imagen y que buena relación entre el texto y las fotos que lo aderezan, que alto nivel intelecto-cultural. O eso creo porque de las dos entradas que he leído no he comprendido prácticamente nada. Qué críptica es la Patri. Ya estaba empezando a buscar con avidez el título y tenía previsto clicar en “sobre el autor” para saber cómo se define a sí misma, cuando unos pasos leves pero firmes, los de una meditadora profesional, me han alertado.

¿Qué haces aquí?, me ha soltado ella, así, muy seca y también un poco mosca. Pues quitar pelusas que ahora con la calefacción parece que se reproducen. Mejor vuelve con el niño que lleva demasiado tiempo viendo esa película y quiero que cambie de actividad. Como si fuera tan fácil…Al retirarle la droga -el desfile de los elefantes- la criatura ha estallado en llanto y pataletas. Solo he conseguido calmarle dejándole que arrancara algunos adornos del árbol navideño y que los chupeteara luego. Es su manera de familiarizarse con estas entrañables tradiciones. Cuando ya me ha parecido que había chupado suficientes guarrerías le he entretenido observando el fenómeno atmosférico de la lluvia, lo que quiere decir que nos hemos sentado en el amplio sillón del husband y acunados por las gotas y su mágico sonido nos hemos echado la siesta del carnero.

Mientras, en el cuarto anexo, una jefa laboral llamada Patricia, consultaba con afán no exento de ansia sus todavía esqueléticas estadísticas. ¿O lo he soñado?

Esquemática Navidad

Y digo yo: ¿es que un árbol de Navidad es un arma de destrucción masiva?, ¿qué daño puede hacer a la humanidad un simple árbol de plástico verde, con sus flecos imitando las ramas del abeto, con su peana recubierta de fieltro rojo, sus bolas de colores colgando, su espumillón rodeándolo y sus luces musicales intermitentes? Personalmente, me parece un objeto que no debe faltar a estas alturas del mes en cualquier hogar que se precie de serlo.

Engendro abominable, lo ha llamado el Toni y aberración vomitiva, después. Y que lo quite de inmediato que le van a dar pesadillas. Argumenta el hombre que si en esta época del año los árboles se despojan de sus hojas y se muestran desnudos y sobrios, quién somos nosotros para enmendar a la naturaleza. Que no hay bolas más bonitas que las gotas de lluvia cuando penden de una rama, ni adornos más maravillosos que los pájaros posados y que para árboles de Navidad los acebos que crecen naturalmente en los bosques del pueblo. Que si el invierno es austero y se despoja de adornos por qué nos empeñamos en recargarlo todo con espantos insufribles. Que él apuesta por una Navidad esquemática.

Pues vale, Toni, tú sabrás lo que quieres decir con eso pero yo, el árbol de los chinos no lo quito que me gusta y me da alegría. En buena hora habré desvelado su procedencia, como un loco se ha puesto a arrancar bolas y romper espumillones al tiempo que proclamaba que él no quiere en su casa árboles de otra dimensión y que no hay belleza comparable a la de esos árboles negros, puro esqueleto, típicos de esta estación, que parecen trazados a tinta. ¿Se habrá trastornado del todo?

Club de lectura

Lo bueno que tiene la Esme y en eso por mucho que le duela se parece al Toni, es que proyecta mucho pero luego pierde interés en sus propias ideas. Es muy veleta. Y digo lo bueno en lo que a mí respecta porque así me deja en paz hasta los siguientes diez minutos. Tanto darle vueltas a lo de atraer hombres y resulta que ya no corre tanta prisa, tanto marearme con la formación continua en encantamientos y otros rituales mágicos y tampoco es esa nuestra prioridad. Y ¿por qué?, pues por la sencilla razón de que le he contado (quién me mandará) mi decisión de ser culta y leer todo lo que lea la Patri. Que qué buena idea y que ella también. Es más envidiosa…Dice que no hay que dejar nunca de crecer como personas y que se apunta al carro de la lectura que, además, nos va a salir gratis tanto en material como en asesoramiento. Y que se le acaba de ocurrir una idea (otra más) que por qué no montamos aquí mismo, en el quiosco (el juego que nos está dando) un club de lectura.

Pero Esme -objeto yo- es que no sé si nos va a dar tiempo a tanto, tenemos que echar las cartas, embrujar, cuidar del niño, despachar refrescos y helados…son muchas funciones para unas simples personas. Que no me achante tan fácilmente y que tenga en cuenta que las mujeres somos seres multi-tarea y que el tiempo es un concepto altamente relativo que suele dar más de sí a los que lo llenan mucho que a los que lo mantienen desocupado y que sí, que no hay vuelta atrás, que deje de torpedearle los planes.

Y ahí ya se ha embalado, como suele ser su costumbre. Decía, toda arrebatada ella, que de siempre ha querido tener un club de esos, que es la ilusión de su vida, que vamos a hacer unas tarjetas en las que nos publicitemos como magas por delante y como lectoras profesionales por detrás y que nuestra empresa va a cobrar un carácter de rigor y seriedad del que antes carecía. Huy madre, cuánta bobada. Luego, se empieza a reír y dice que vamosa dejar a la Pandora vacía de contenido. Oye, le recrimino, que el objetivo de nuestro club no es fastidiar al vecino pero no me contesta porque ya está en otra cosa.

Y tú, Anais, prepárate que vas a tener que leer y mucho, que la paga no te la vas a ganar solo por hacer de pasmarote, tienes que cubrir tus carencias culturales que son muchas, hija mía. Y tú, Jacobín, basta ya de jugar con la tierra que estás muy asilvestrado, te vamos a dar cuentos para tu edad y condición y a final de curso un examen de vocabulario como está mandado. ¿Pero de qué final de curso habla esta mujer? ¿Por qué no me habré callado? Si yo solo quería leer apaciblemente.