Cada cosa en su lugar

Por fin escribo sobre una mesa normal y corriente, sin aguas que circulen por debajo arrastrando detritus. Se debe, claro está, a que el Toni ha vuelto al trabajo. Le ha dicho su médica de familia que le va a venir bien estar activo, distraerse y salir de casa, que no es bueno que un hombre joven esté todo el día encerrado dándole vueltas a sus problemas. Cómo se ha puesto, que si esa doctora era medio lela y no tenía ni idea de nada, que si menuda incompetente, que si él lo que necesitaba era retirarse a un monte, en soledad, y vivir como un salvaje y a lo mejor hasta escribir un libro narrando sus experiencias. Pues lo siento, Toni, le advertí, pero ese libro ya está escrito que se le ocurrió a un tal Thoreau, que ese libro me lo he leído yo por prescripción escolar y era bastante aburrido, desde mi personal e intransferible punto de vista. Que si me creo miembro de la Real Academia de la Lengua o algo parecido, se pone. Qué hombre más intratable.

Me da lo mismo, el caso es que ya está de vuelta en el bar y el libro de la Patricia de vuelta en la estantería. He aprovechado que le tocaba sesión de rugimiento y aullamiento, es decir, meditación, y cuando estaban todas encerradas en ese cuarto en el que se meten con los ojos entrecerraos que da pena de verlas, he ido sigilosamente a colocarlo en su lugar. Qué alivio más grande he sentido, casi igual que cuando  he vuelto a casa y el sofá no estaba ocupado por mi querido oso-amoroso. Para celebrarlo me he tumbado todo lo ancha que soy (bastante) sobre su mullida superficie y he practicado con suma concentración el asana de la siesta que,si no existe,algún yogui debería inventarla por el gran bien que produciría en toda la humanidad.

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Emprendemos y fracasamos (por el momento)

Pues eso, que ya hemos emprendido. Toda la santa mañana sentadas detrás de una mesita muy maja que se ha traído la Esme de casa a la que le hemos puesto un mantel de lunas y estrellas y encima un cartel que dice ¿Te preocupa algo?, pregúntale al Tarot de Evi y Esme. Creíamos nosotras, en nuestra inocencia, que como a todo el mundo le preocupa algo esto iba a ser un no parar de clientela pero por el momento, ni el gato. Como dos tontas mirando al frente. Nos miraban, eso sí, pero lo que es acercársenos, nada de nada.

Estamos haciendo el ridículo, Esme, yo lo dejo. Además, es que tengo que dejarlo porque el Jacobín está comiendo tierra. Pues si te vas a dar por vencida a la primera es que no estás hecha para el emprendimiento, eso te lo aviso. La clave del éxito es perseverar y levantarse una y otra vez y volverlo a intentar ¿o es que te crees que lo bueno se consigue sin esfuerzo? Ya pero es que yo no tengo claro que esto sea bueno. Esto es buenísimo, es nuestro proyecto y lo vamos a defender con uñas y dientes.

Madre mía, la mujer coraje, la Esme. Tenemos que elaborar nuevas estrategias, por ejemplo, que se venga la Anais que da mucho el tipo de adivinadora del futuro. Ya estamos, me quiere colar a la hija porque no sabe qué hacer con ella. La Anais -pienso yo- lo que da es miedo y con miedo la gente no se nos va a acercar. Y luego -añade por si no fuera suficiente- le voy a pedir al Jonás que nos difunda por las redes sociales que él está muy puesto en todo eso del Internet y las viralidades. Pues si nuestros impulsores van a ser la Anais y el Jonás, aviadas estamos, reflexiono sin manifestarlo por no molestarla en su orgullo materno. Bueno, que haga lo que quiera, bastantes problemas tengo yo ya con el Toni y sus angustias vitales como para enfadarme con la única amiga que tengo en Madrid. Claro, Esme, yo también estoy segura de que nos va a ir bien, es cuestión de tiempo, como todo en esta vida.

Lo que interpreta el lector

Que leer este libro le ha cambiado la vida, va y me salta. Pero ¿desde cuándo un libro cambia nada y mucho menos una vida? Que le ha abierto la visión a nuevos mundos y nuevas posibilidades. Toni, céntrate, ¿no te irá a dar ahora por la droga o por el sexo raro? Conmigo no cuentes que yo soy de pueblo y más bien sana y tradicional. Lo de cada oveja con su pareja y todo eso. Que qué de tonterías estoy diciendo, que cómo puedo ser tan simple, que no he entendido nada. Que lo que le ha cambiado y le ha abierto y todo eso tan raro que dice que le ha pasado no ha sido la historia que se cuenta sino lo que en ella se esconde.

Ah, bueno, pues ahora sí que ya no entiendo nada. Lógico, me dice, como que eres más bien cortita. Y sigue: es un libro muy profundo, de mucha angustia vital, de mucha desazón por querer encontrar un sentido a la vida y eso es justo lo que me está pasando a mí. Me ha clavao, se pone, pero clavadito. Esa mujer tiene una inteligencia y una sensibilidad fuera de lo común. Claro, primero dice que le clava y luego que es muy inteligente por pensar igual que él. Vaya dos. No sé por qué siempre tengo que andar rodeada de complicaos, con lo sencilla que es la vida si uno se limita a vivirla así, tal cual viene.

¿Y no te parece que tiene un final un poco raro, como que está sin terminar? Eso lo ha hecho aposta porque lo que quiere indicar es que nada tiene sentido. Ya me gustaría a mí preguntarle a la Patricia qué es lo que ha querido indicar porque yo sigo pensando que se le acabaron las ideas y lo dejó sin acabar. Con lo bonitas que son las historias con su punto y final.

Autora encuentra lector (pero no lo sabe)

Y mejor que no lo sepa porque tengo la sensación, y yo soy muy de sensaciones, de que no le iba a gustar. Ese lector, hijos míos de mi vida, no es otro que el Toni. ¿Y yo qué culpa tengo de que sea aficionado a hurgarme en el bolso? Dice que era para buscar un caramelo, que le estaba picando la garganta. Por excusas que no quede pero yo no me lo creo. El caso es que caramelo no ha encontrado pero sí un libro pequeño de color naranja que se titula como ya sabéis.

Pero ¿qué leches es esto, es que ahora lees porno? Que no, que es un libro que ha escrito mi jefa y no es porno aunque un poco sí, para que te voy a decir lo contrario. ¿Tu jefa, la señora esa tan empingorotá? Esto me lo tengo que leer yo pero de inmediato. Que no, Toni, que no tienes el consentimiento de la autora y que se lo tengo que devolver cuanto antes que no sabe que lo tengo. O sea, que ahora robas. Que no ha sido un robo, ha sido un despiste, no sé cómo explicártelo. Pues tú verás pero si ha caído en mis manos, por algo será. Claro, será porque me hurgas el bolso. Por eso y porque el destino me lo tenía preparado.

El destino, se pone, este hombre está gagá. El caso es que se ha tumbao en el sofá, con su pijama, su cerveza y su bote de pistachos y ahí lleva todita la tarde embebido en la lectura. Ni rechista. Qué capacidad de enganche tiene la Patricia, lo mismo Historias de la guarra noche va para best-seller y yo no me había enterado.

Autora busca libro (y no lo encuentra)

¿Tu no habrás visto un libro pequeño de color naranja?, me suelta la Patricia a la vuelta del parque. Solo con esos datos no te sabría decir -miento yo- tienes tantos…Es un libro que se titula historias de la noche, va y me dice. Sí, claro -pienso- y el guarra ¿dónde lo has dejado?, se ve que a la mujer no le termina de convencer su propio título.

Pues no -sigo mintiendo- no me suena nada, yo es que de leer…poco, poco. Ya claro, dice ella. Luego, se me queda mirando muy fijo que a mí ya me temblaban las piernas pensando que me iba a hacer un registro de bolso y me suelta la siguiente pregunta: oye, Evi, tu nombre verdadero¿cuál es?, Evarista, ¿verdad? Ahora sí que no le devuelvo el libro, Evarista, se pone, como si no tuviéramos derecho las que no somos ricas ni flacas ni tenemos casas enormes a tener nombres bonitos. Pues no, le respondo, me llamo Eva, como la de Adán. Eso le hizo gracia y se empezó a reír pero poco rato porque no le gusta darme confianza.

Conque Evarista ¿eh? pues “Historias de la guarra noche” va a seguir en mi poder unos cuantos días más, para que te vuelvas loca buscándolo. Pero ¿es que no tendrá otro ejemplar? Si ya decía yo que se trataba de un claro caso de auto-edición muy limitada. Y aquí estoy en casa otra vez, encerrada en el baño dándole a la tecla . La Esme dice que no escriba desde el inodoro, que no es bueno desde el punto de vista del feng shui, que el agua va a impedir que mi blog despegue, que se va a ahogar y yo con él. Qué de chorradas hay que oír y además, Esme, ¿quién te ha dicho a ti que yo quiero despegar?

Preparadas para emprender

Básicamente ya sabemos todo lo que hay que saber sobre el arte de la cartomancia, que así es como se llama lo de echar las cartas del tarot. Hemos hecho prácticas toda la mañana la una con la otra para irnos perfeccionando en lo de soltar el rollo, marear la perdiz y que parezca que decimos algo sin decir nada en realidad.

Tú no te mojes, me insiste la Esmeralda, que va de enterada, como si llevara toda la vida adivinando el futuro. Lo importante es que luego no nos puedan venir a reclamar. Tú les sueltas muchas cosas bonitas, así como de esperanza en su porvenir, pero no concretes que te pierdes, sobre todo no fijes fechas. Qué nervios me están entrando porque una cosa es practicar con una amiga y otra con clientela de verdad. Nada, nada, se pone la Esme, no te preocupes, si esto es pan comido. Y hablando de pan, ayer vi a una de esas brujas de la tele recomendando un tratamiento que consiste en pasarse por el cuerpo una bola de miga de pan haciendo círculos como si te limpiaras. Ah, pues qué bien y eso ¿para qué sirve?, la interrogo. Anda que tú también…pues para qué va a servir, para nada y para todo. Lo vamos a decir también nosotras que me ha gustado.

Ay no, Esme, yo esa tontería de frotarse con pan no lo digo que vamos a perder credibilidad. Tú lo dices, no seas sosa, hay que adornar, ¿qué es la vida sin estas pequeñas cosas? Para mí que a la Esme esto de las hormonas la está trastornando. Bueno, Evi, me dice, pues ya estamos preparadas para emprender, presiento que vamos a triunfar. Pero ¿lo presientes como bruja del tarot o como persona de verdad? Y yo qué sé, Evi, lo presiento y nada más. Mira, mira qué bonito se está poniendo el parque con todos estos colores otoñales, esos amarillos, esos rojos, esos ocres. Calla, Esme, que pareces el Toni cuando le da la vena naturista y además, esa que va por ahí trotando entre los árboles, ¡ay señor! pero si es una de las variopintas, la deportista pija en concreto, estoy corriendo muchos riesgos.

Lógico, me responde la Esmeralda toda pancha, todo buen emprendedor tiene que arriesgarse si quiere triunfar. Y a todo esto, con el libro de mi jefa en el bolso que todavía no he tenido la ocasión de devolverlo. Estoy por pasarme la miga de pan, a ver si me compongo, señor qué rachita…

Historias de la guarra noche (segunda parte)

Ya sé que no está bien despatarrar los finales pero como no creo que os dé por leer el libro de mi jefa, entre otras cosas porque me da a mí que no está en circulación y que se trata de un caso claro de auto-edición bastante limitada, os voy a contar cómo termina. Resulta que el personaje masculino principal muere, de las drogas, lógicamente, que uno no puede meterse tantas cosas como se mete ese hombre y salir inmune o impune, no sé. Y claro, el personaje femenino principal, la que yo asocio con la Patri, se queda con mucha desolación y desesperación. Pero la vida sigue y luego ella conoce a un deportista muy sano que es la antítesis del yonqui de sus amores y se casa con él y se va centrando. Esto último no viene en el libro sino que lo deduzco yo de lo que sé dela vida real de la autora porque el libro es de los de final abierto, lo que quiere decir que cada uno ya se imagina lo que le viene en gana.

No me van mucho a mí los finales abiertos, me parece un poco de morro por parte del escritor, como que no sabía cómo terminar y dice, venga, un final abierto y que se las compongan como puedan que yo ya no sé por dónde salir. Se lían, se lían, igualito que me estoy liando yo en estos momentos. Y es que, quieras que no, los cuartos de baño no son lugares propicios para la escritura y es desde ahí mismo, desde encima de la tapa del inodoro, desde donde estoy escribiendo este post. A ver, guapos, qué voy a hacer si tengo al Toni en la trinchera del sofá a todas las horas del día. Para disimular le he dicho que me iba a depilar las piernas. Eso, hija, que pareces el Yeti, me ha contestado. Qué desesperación de hombre.

Ahora, que deprimido os digo yo que no está porque cuando he llegado estaba asomado a la ventana, mirando a las basuras y riendo a todo reír mientras decía no se qué de la marca España. A veces pienso que me tenía que haber casado con el Tomás cuando me lo pidió, que era un muchacho bien formal, pero a mí no me gustaba, siempre me han ido los raros, como a mi jefa.