En libertad vigilada

Una voz aguda y cascajosa resuena a las diez de la mañana por los pasillos de la ilustre mansión: Tatiiisss, Tatiiisss, nos llama imperiosa a la Svetlana y a mí. Y a su reclamo acudimos,   yo sin correr que no es bueno alterarse ya tan de mañana y mi  homóloga acelerada y sudorosa como si de una emergencia se tratara. No conoce todavía la psicología de la sado-madre consistente en alarmar innecesariamente y en crear tensión donde podría reinar la calma. Cuando ya nos tiene delante y previo repaso de nuestros respectivos aspectos -sobrealimentada yo, desnutrida ella- nos comunica: mi hija y yo vamos a salir a unos recados, volveremos como en una hora, tenéis tareas enconmendadas y espero que esté todo hecho a la vuelta. La Patri no dice nada pero nos observa burlonamente. No me gusta esa mirada, tengo la sensación de que nos quiere incluir en uno de sus relatos costumbristas o surrealistas, no sé.

Sonido de tacones, una llave gira, un portazo seco y…¡Somos libres, Svetlana!, grito alborozada. Vamos a hacer algo divertido ahora que no están. ¿Miramos si la Patri se ha dejado encendido el ordenador y le cotilleamos el blog o nos comemos algo de la nevera? Te advierto que tienen productos de primera calidad, nada de jamón-presunto ni de galletas-bolachas como las que compro yo en cierto supermercado. También podemos hacer ambas cosas a la vez o nos sentamos y miramos por la ventana por si pasara algún famoso, por este barrio viven muchos, luego lo cuentas en tu pueblo y te haces la chula. Porque tú eres de pueblo ¿no?, ¿o eres de ciudad?, tiene que hacer mucho frío de por donde vienes, con nieves eternas y todo.

Yo no entiendo, aspiradora muy importante, señora mirar luego, dinero muy importante. Ay, hija, qué poco entretenida eres, así no vas a hacer amigas ni vas a aprender el idioma, si quieres aprovechamos y te doy una clase rápida de iniciación a los conceptos básicos para que te vayas defendiendo y, más adelante, cuando ya controles, te puedes apuntar a un club de lectura que hemos hecho muy majo. Pero ella, con cara de ofendida, ya se ha apuesto a agitar enérgicamente el plumero y a fustigar con violencia el mobiliario. Pues allá tú, yo me voy a sentar diez o veinte minutillos en el sillón del husband para leer un rato a Proust. ¿Sabías que en este libro también sale una empleada doméstica? Se llama Francisca. Me gusta ese personaje y también la tía Leoncia que no se mueve de la cama, me recuerda a alguien que conozco. Iba a seguir contándole cosas para que no se quede al margen pero ha encendido el aspirador a toda potencia. Pero qué bien se está sin jefes, voy a estirar las piernas.

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Cinemanía

Si solo se trataba de ir al cine, no era tan complicado, bastaba con sentarse en una butaca y mirar la pantalla. Pero Toni no puede hacer nada de una manera normal y sencilla, todo para él resulta complejo y dificultoso. Vale que la película no le estaba gustando mucho pero tampoco tenía por qué enfadarse cada vez que alguien se reía, lo que sucedió en bastantes ocasiones porque el filme en cuestión era de mucha hilaridad. Que por qué se ríen esos subnormales, que esas risas le estaban poniendo nervioso y que eran un claro síntoma de la idiotez humana. Y siguen, pero si no tiene gracia…es que me están dando ganas…Tranquilo, Toni, a ellos les gusta pues déjales que se diviertan que han venido a eso y nosotros, te recuerdo, también. Pasa un rato más o menos tranquilo en el que no hubo risas pero entonces veo que tiene la boca tapada con la bufanda. ¿Qué haces, tienes frío? El de atrás no para de toser, estoy viendo el virus de la gripe avanzar triunfante por esta sala mal ventilada y recalentada, de aquí no salimos indemnes, esto va a ser un contagio masivo, para qué habremos venido con lo bien que estábamos en el sofá, tápate la boca tú también que te infectas, fijo. Yo no me tapo nada y quítate esa bufanda que te vas a ahogar. A continuación vinieron las quejas por la duración de la película, que si es que ese director tan famoso no tenía capacidad de síntesis, que por qué se repetía tanto, que la idea ya le había quedado clara en la primera media hora y que para qué alargarse innecesariamente dando vueltas a lo mismo, que qué tortura, que tendría que estar prohibido hacer películas tan largas, que ya no aguantaba más y que le estaba entrando claustrofobia y angustia y que se iba a marchar. Entonces llegó una parte especialmente graciosa y la gente, yo incluída, empezó a reírse y el Toni, como poseído por los demonios, se levantó y dando tumbos en la oscuridad me dejó allí sola. Cuando terminó la película me estaba esperando fuera con cara de malas pulgas. Pero ¿por qué te has salido? lo que te has perdido, majo, han sido tres horas frenéticas que han pasado volando, pero ¿es que no te has percatado del ritmo tan vertiginoso y trepidante? Es que ha tenido momentos desopilantes a más no poder, vamos que a mí me ha parecido la experiencia cinematográfica más enérgica y fascinante de los últimos años, te lo digo de verdad.

Que como no deje de repetir como una imbécil lo que he leído previamente en las críticas me va a empujar a un charco y que mire la luna que se esconde misteriosa tras una nube rosada, que eso si que es un espectáculo y que de tomar algo, nada de nada, que ya se ha expuesto bastante al virus y que, además, odia los bares. Que pitando a casa.

A petición de la Esme

Que le ponga una cosa en el blog para que se entere todo el mundo, me pide la Esme. Es que todo el mundo no se va a enterar, como mucho seis o siete. ¿Todavía estás así?, pues vaya blog más chungo, mi prima Ali ya tiene mil y pico seguidores. Anda ¿ y por qué no se lo pides a ella? Porque es un blog de cocina y esto que quiero que escribas no es una receta, lista. ¿ Y qué es? Una queja. Ya empezamos, el Toni y tú siempre con las protestas, ¿qué te pasa ahora? Que quiere que se sepa que el cuerpo de ls mujer es un timo total y una encerrona y que si se reencarna, situación que no sabe con certeza si se producirá, y siempre que le toque de ser humano, pues que se pide hombre.

Eso es una idiotez, no voy a hacer una entrada solo para decir: la Esme quiere ser hombre. Que no simplifique ni trivialice sus palabras y que comprenda el momento tan difícil que está pasando, que después de llevar toda la vida, excepto la infancia, soportando menstruaciones y pre-menstruaciones y luego embarazos, partos, puerperios y crianzas y otra vez menstruaciones y premenstruaciones estas ya sin finalidad alguna, solo para molestar, que entonces llega el desfase menopaúsico para acabarla de rematar. Que prefiere mil veces la linealidad masculina. Y que, en cierto modo, está deseando ser vieja para liberarse de tanta tontería y recuperar la libertad de la infancia aunque sea con un cuerpo gastado y achacoso.

Entonces, ¿qué pongo, que quieres ser hombre o que quieres ser vieja? Que mejor no ponga nada que se está arrepintiendo de todo lo que me ha dicho y que podría sostener justo lo contario. Demasiado tarde, Esmeralda, ya lo he puesto. Por decir que es chungo mi blog.

La verdadera sabiduría

 A ver, el que haya entrado en este blog por casualidad buscando “empleada pega abuela”, que me lo ha chivado WordPress en ese apartado tan majo denominado términos de búsqueda, que sepa que no es aquí. Hay una empleada, sí, soy yo, la Evi (bueno ahora hay dos) y hay una abuela, la sado-madre o doña perfect. Y tal vez se merecería unos azotes pero no los ha recibido hasta el momento ni creo que los reciba nunca de mi parte dado mi natural pacífico, bondadoso y, sobre todo, vago. Pegar es un arduo trabajo y no soy aficionada a malgastar energías tontamente, ya tengo yo bastante con mis trajines cotidianos que son muchos y variados. Bueno, pues eso, que aquí no es.

A todo esto, hoy he iniciado, sin mucho éxito, mi primer acercamiento al frente del adversario. Ella, la rival, se hallaba enfrascada en sus maniáticas aspiraciones, qué afán tan tonto el de luchar contra el polvo, es una batalla perdida de antemano, el polvo siempre regresa. Pues eso, que me he acercado como quien no quiere la cosa y entre el ensordecedor ruido del aspirador la he chistado: chiss, tú, oye, ¿cómo te llamas? Mi intención era ganarme su confianza y llevármela a mi terreno. No me responde. Me he atrevido a darle unos toquecillos en uno de sus huesudos hombros y he insistido: que cómo te llamas, maja.

Sin dejar de aspirar hasta en los lugares donde nunca sospeché que se pudiera limpiar me contesta al fin: Tati. Será boba…Que digo tu nombre verdadero, no ese que nos han puesto. No comprendo, suelta ella con un peculiar acento que hasta ese momento no había detectado. Yo, Eva, digo gritando y señalándome. ¿Y tú? y la señalo también. Svetlana, me desvela al fin, así como de mala gana. Ah, hija, pues con ese nombre tan precioso, ¿no te molesta que te llamen Tati? Ellas todas señoras, nosotras todas Tatis, está bien, me suelta a modo de cortante conclusión y de ahí no he podido sacarla. Qué dura de roer, la huesuda. Ya, pero digo yo que si nos declaramos en huelga de trapos caídos y reivindicamos nuestra verdadera identidad, esa mujer tan desagradable tendrá que devolvernos nuestros nombres, ¿No te parece? No entiendo, aspiradora muy importante, me informa señalándome la recalentada máquina. Dinero también muy importante, añade luego y se pierde por los pasillos toda ruido y pragmatismo. Bueno, pues mi conato de revuelta se ha ido al traste. No importa, si yo me entretengo con cualquier cosa.

Sí, guapa, sí, estoy unos días en casa de mi hija pero me he traído a mi Tati porque la Tati de aquí…es de estas chicas españolas que han vuelto al servicio doméstico porque no les ha quedado más remedio pero que no tienen ni preparación, ni vocación ni ganas de aprender. Lo único bueno que tiene es que el niño la quiere pero ahora que no me oye, es un desastre.

Bueno, eso será porque no has leído el Tao te ching, querida sado-madre, que bien claro dice: la verdadera perfección parece imperfecta, mas es perfecta en ella misma. La verdadera rectitud parece torcida. La verdadera sabiduría parece estupidez.

Qué consuelo me da el saberlo.

De drones y hombres

Menos mal que llevaba puesta mi dosis de Tao te ching porque todos esos hombres agolpados alrededor del quiosco me estaban agobiando ya desde lejos. Pero, ¿qué miraban y por qué se empujaban unos a otros, qué señuelo les habría colocado la avispada Esmeralda?, me iba yo preguntando a medida que me aproximaba. Hasta que estuve cerca y vi de qué se trataba. El cebo era nuestra amiga intercontinental, Norma Beatriz, que dando sensuales sorbos a su pajita se hallaba sentada tras la mesa adivinatoria con aires de inocencia, no sé si fingida o verdadera. Tras ella, la Esme, exultante, trataba de poner orden.

Mira, mira, ¿has visto cuántos tíos? Esto es una avalancha de las buenas, Norma es mucho más eficaz que la Anais, dónde va a parar y mira, mira, los hay de todos los tipos, edades y condiciones, menudo surtido varonil, si parece un muestrario: adolescentes -que harán que no están en clase-, viejos -no te pierdas al del transitor pegado a la oreja-, deportistas sudorosos, gordos, guapos -ese está de miedo-, feos  -lo que más, para qué nos vamos a engañar-, elegantes -ojo al pijo de los zapatines-, con trabajo, sin él…
Bueno, vale, que sí, que ya veo que hay muchos y variados ¿y todos quieren saber su porvenir? ¡Qué porvenir ni qué cuernos! Lo que quieren son las turgencias de la Norma, lo de siempre, vamos. Ahora que a mí su objetivo me da igual, el caso es que pasen por caja antes de irse. Y mira, mira ella qué bien lo hace. Pero Esme, si no está haciendo nada más que beber mate y soltar incongruencias en guaraní. Ah, no, hija, no son incongruencias, son Ñe,ênga, refranes de su tierra que me lo ha estado explicando antes. Por fin acción, lo que estaba necesitando. Eh, tú, listillo, no te cueles y aguarda tu turno que hay adivinación para todos. No sé, Esme, esto no me gusta, en cuanto se den cuenta de que no tienen nada que hacer con la Norma se van a ir. Pues vendrán otros nuevos a probar suerte, será por hombres… Y además, que cuando se nos acaben ya pensaremos otra cosa, será por ideas… No me digas que no parece un reportaje de esos científicos; ella representa al óvulo descendiendo lenta y majestuosamente y ellos son los espermatozoides en plena lucha y constante movimiento. No sé, Esme, me estás asustando con tanta tontería y además yo creo… Oye, Eva, me interrumpe, ¿eso que lleva el Jacobín entre las manos me está pareciendo…? Ah, sí, es un avioncito teledirigido muy majo que le han traído los Reyes.
¡Un dron!, exclama perturbada por completo. Todo cuadra. Trae acá que lo vamos a estrenar mandándole un mensaje a la Pandora. Y se pone toda loca a escribir en un papel arrugado la siguiente misiva: Pandora, date una vuelta por aquí si quieres saber lo que es el éxito. Muerde el polvo, bruja inepta.
Pero Esme, no insultes, por favor y no le quites el avión al niño que se va a poner a llorar. Este dron despega como yo me llamo Esmeralda y por el niño no te preocupes que ya anda detrás de la Casilda para quitarle el lazo.
Ante tanta sinrazón no me quedó más remedio que abrir el Tao te ching al azar: Conténtate con lo que tienes; recocíjate en que las cosas son como son. Cuando comprendes que nada falta, el mundo entero te pertenece.
Y tanto, Lao Tzu. Es la hora de mi bocadillo que me lo he ganado con creces.

El Tao te ching

Tati II, montada sobre mi escoba, surcaba la luna llena arrojando sobre los tejados de Madrid los arcanos del Tarot cuando una patada del Toni me ha rescatado de mis oníricos mundos. Gracias, majo, por liberarme de la pesadilla de tan delicada manera. El caso es que mientras viajaba en el autobús bien comprimida entre otros cuerpos iba intentando elaborar una estrategia de negocio pero nada, no se me ocurría nada, no soy de estrategias y de negocios creo que tampoco. Pues un tanto desanimada llego a la puerta de la ilustre mansión y llamo al timbre pero un ruido harto molesto procedente del interior que identifico como el de la aspiradora les impide oírme. Llamo otra vez y tampoco viene nadie a abrir y llamo más y más y así hasta diez veces. Ya me han echado, pienso justo en el momento en que sale a abrir la sado-madre señalándose el reloj con el morro torcido. Llegas tarde, Tati. Claro, como que llevo un cuarto de hora pisando el “home, sweet, home” que de sweet está teniendo bien poco, pienso pero no declaro que no está la situación para sinceridades. Pónte de inmediato con la plancha que está el cesto hasta arriba, me conmina sin miramientos la encantadora abuela. Y allá que voy pasando por delante de mi rival que reina sobre las alfombras aspirando con fruición rayana en la demencia.

Plancho y plancho, cuánta ropa para tan pocos cuerpos, y pienso y pienso y me torturo pensando y luego, mientras me desplazo por la casa repartiendo prendas por armarios y cajones y chocando con el magro cuerpo de mi adversaria veo un libro que me lanza mágicos destellos desde una mesa. Lo abro y leo: “El Tao siempre está en paz. Vence sin competir, responde sin hablar, llega sin ser llamado, logra sin un plan”. Huy, qué palabras más sabias y acertadas.  Paso las hojas con nerviosismo y veo un poco más adelante: “deja de pensar y finalizarán tus problemas”. Sin dudarlo, agarro el libro que se titula Tao te ching y lo introduzco en mi bolso para que haga compañía a Marcel Proust. Qué calma más buena me ha entrado y, así, con esa paz de espíritu he llegado al parque donde un numeroso grupo de hombres se agolpaba sobre nuestro quiosco. Lo de los hombres os lo cuento mañana, o pasado, o al otro, ya veremos.

Mobbing

Tan contenta llego esta mañana a mi puesto de trabajo dispuesta a realizar mis faenas con la menor profesionalidad posible cuando….(estoy sembrando intriga) cuando veo a una mujer sujetando mi escoba preferida y barriendo con un ímpetu como solo se ve en las películas. Ahora que lo pienso no he visto ninguna película en la que barrer sea parte fundamental del argumento pero tampoco soy muy cinéfila, alguna habrá. Pero bueno, ¿tú quién eres?, le digo imitando los modos barriobajeros de la Esme y tratando así de amedrentarla. A nadie le gusta que le arrebaten su instrumental sin permiso. Pero ella no me contesta y sigue barriendo haciéndose la enfrascada, como si semejante tarea diera para tanta concentración. Y encima maleducada, no importa, no voy a ser como ella y ya iba a presentarme esforzándome en ser amable porque tengo estudiado que con la simpatía se consigue más que con su contraria cuando…(siembro otra vez) cuando veo acercarse por el pasillo a una mujer similar a un ave (de rapiña): la sado-madre en persona. Para los que no lo sepáis es la madre de la Patricia y una de sus depravaciones favoritas es la limpieza extrema, de ahí el apodo que le he puesto.

Hola, Tati, he vuelto para pasar unos días pero esta vez he venido acompañada. Tati, te presento a Tati. (Os informo que así es como llama ella a todas las empleadas domésticas) Y la del ímpetu barrendero, sin percatarse de lo absurdo de la situación, me alarga una mano blanda y sudorosa al tiempo que miente: contenta te conocer. No me gustan esas manos resbaladizas que parecen peces, denotan un espírituo taimado, yo soy más de apretón fuerte y directo. Bueno, ¿y yo ahora, qué hago?, pregunto desconcertada. No te preocupes que aquí hay trabajo de sobra para las dos y hasta para otra que venga. Si en las casas no se acaba nunca, alega la sado-madre, feliz de tener un par de mucamas a su entera disposición para torturar a dos bandas. La otra Tati asiente sonriente, será falsa…Como he podido comprobar después, solo se ríe en presencia de alguna figura de autoridad, cuando estamos las dos solas lo único que muestra es su avinagrado rostro. Da grima y un poquillo de terror. Es muy fea, además, y muy flaca, sin curva mujeril alguna. Una escoba sujetando otra.

Mira Tati -prosigue la sado-madre- (y miramos las dos) tú ponte con la plancha, luego limpias la plata y después juegas con el niño y tú Tati (se refiere a la competencia) vas a hacer la limpieza porque Tati para eso… y deja la frase colgando para que cada una malpiense lo que guste. Les van los finales abiertos tanto a la madre como a la hija.

Y así ha transcurrido la mañana, lanzándonos miradas retadoras por los pasillos y yo sin saber si la Tati segunda porque la primera soy yo, eso que quede claro, va a estar aquí de por vida o es la empleada de la sado-madre y su presencia es solo temporal. La Patricia, ajena a mis desvelos e inquietudes, no ha salido del cuarto de sus menesteres pero la he oído teclear con decisión y sin desmayo. Así cualquiera hace crecer su blog.

Ay, qué angustia, ¿querrán sustituirme por la mujer escoba? Tengo que admitir que no se le resiste ni media pelusa pero sensibilidad para la belleza no tiene. Pues no va y destruye de un trapazo mi telaraña preferida.Con lo preciosa que era.