Qué cansado es emprender

No, si tenía razón la Esme , lo de tener una marca de empresa, una imagen que nos defina y represente ante la inmensidad del mundo ha sido un acierto y está empezando a dar resultados y de los buenos. Desde que tenemos a la Anais como un pasmarote truculento tras la mesa no cesa de crecer la clientela. Vamos, que no hemos parado en toda la mañana de adivinar, vaticinar, augurar y predecir o, lo que en nuestro caso viene a ser lo mismo, de soltar tonterías sin sentido por nuestras bocas.

Sinceramente, al cabo de un rato ya estaba hasta las narices de tanta persona ávida de conocer su futuro, ¿qué necesidad tendrán de saber su porvenir si se van a encontrar con él en vivo y en directo con solo esperar un poco? Son ganas de adelantarse a los acontecimientos, con lo tranquilo que se vive en la ignorancia futurible. La Esme opina (ella es de mucho opinar) que son claros casos de inadaptación al momento presente, que viven sin disfrutar de lo que tienen en el ahora y que se creen que serán felices cuando obtengan determinados deseos pero que entonces tampoco lo serán porque ya estarán pendientes de satisfacer otros nuevos y así sucesivamente hasta que se mueran. Anda, qué lista eres, y si lo sabes con tanta claridad, ¿por qué no se lo dices para que rectifiquen y enmienden? Pues por la clara y simple razón de que se nos acaba el negocio, dictamina ella. No sé si me parece bien, Esme, lo veo poco ético y, además y principalmente, que me estoy empezando a cansar de tanta pelmaza. Con lo bien que vivíamos cuando nuestra empresa era solo un proyecto, incluso cuando no teníamos proyecto y nos dedicábamos a pasar el rato sentadas en nuestras sillas plegables mirando cómo se le caían las hojas al castaño.

Que no me ponga zen, dice, y que no sea tan vaga que el que emprende ya sabe de antemano que va a tener que sufrir y sudar para sacar su empresa adelante y que lo que tengo que estar es contenta con nuestro volumen de negocio y que si me veo baja de enería que me pase la miga de pan por el cuerpo haciendo círculos y que ya veré qué bien lo veo todo luego. Esme, yo la miga de pan mejor me la como y dicho esto le arreé un buen mordisco al bocadillo que suelo llevar en el bolso para casos de emergencia. La Anais, siempre tan hierática, estalló en una carcajada más bien siniestra.

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Trinos, gorjeos y vulgaridades

Kili-kili-kil, kili-kili-kil, kili-kili-kil, oigo con asombro al entrar en mi hogar después de una larga y pluriempleada jornada laboral como cuidadora, limpiadora, mayordoma y vidente. Y otra vez el kili-kili-kil y otra más. Avanzo temerosa los dos pasos que nos permite nuestro pasillo de la clase obrera y me encuentro de frente con el autor de tan extraños sonidos. Que no,  que no era un pájaro que se había colado en nuestra morada, era ese ser tan peculiar con el que cohabito, el así llamado Toni.

¿Se puede saber a qué juegas?, le indago ligeramente molesta y, por toda respuesta, se lleva un dedo a los labios indicándome que me calle y prosigue con su extraño trinar: tsiii-tsit-tist. Y de nuevo, como afianzando conocimientos: tsii-tsit-tsit. ¿A qué no sabes qué es?, me interroga jubiloso. Eres tú haciendo el indio, eso seguro. No seas ignorante, Evi, es un agateador, esos pajarillos pequeños que trepan por la corteza de los árboles. ¿Y éste?: or-ti-ti-tá, or-ti-ti-tá ¿a qué no sabes cuál es éste? Pues ni lo sé, Toni, ni me interesa lo más mínimo, lo que sí me interesa es saber si has bajado al Día a comprar algo para la cena que tenemos la nevera que da lástima. Al Día, al Día, prorrumpe con indignación, pero qué prosaica eres, tengo tareas mucho más elevadas que desarrollar como es la de identificar a los pájaros por su canto. Mira, mira qué bien está esta página web que me ha indicao el Hipólito para que vaya aprendiendo. Nuup, nuup, nuup: la abubilla, ¿qué te parece? Snirr, snirr, snirr, venga que este lo tienes que conocer que hay muchos en verano, snirr, snirr, snirr ¿no caes?, el vencejo, hija, el vencejo, ¿a que ahora sí? Ahora sí que estoy planeando tu asesinato, Toni.

Pues no sé por qué, qué egoista eres, no quieres mi felicidad, precisamente en el momento en que empiezo a remontar, justo cuando he encontrado mi verdadera pasión y empiezo a vislumbrar el sentido de mi existencia. Hooh-hoooh, pii-pi-cu, pii,pi,cu. ¿quieres que te haga el sonido del pardillo? Ese ya me lo sé de memoria, Toni, lo oigo mucho al cabo del día y me bajo a la compra que no cenamos. Allá tú -le dejé mascullando- si tu opción vital es ser una persona vulgar y sin altura de miras, yo no me voy a meter pero te aviso que luego vienen las depresiones, por no escuchar los deseos más íntimos de cada uno. Kili-kili-kil, kili-kili-kil.

Investigando al husband

Qué pesada se ha puesto la Esme, quiere que me informe a toda costa del trabajo del husband, que tiene ella mucho interés en saber a qué se dedica ese hombre. Pero bueno,¿ y a ti qué te importa si no lo conoces de nada? Que si no le quiero hacer un favor pues que lo diga y acabamos antes pero que recuerde y no olvide que las amigas están para ayudarse. Qué manipuladora emocial puede llegar a ser cuando se lo propone. Pero os digo otra cosa que he descubierto de la Esme, que eso de que no le interesa nada el amor, ni el deseo, ni nada que tenga que ver con los hombres es mentira. Ha sido mencionarle que el husband se daba un aire así como a Brad Pitt y ya ella, huy, ¿sí? y en qué dices que trabaja y a qué se dedica y dónde desempeña sus funciones. Y cómo dices que tiene el pelo y los ojos y esa lesión en la rodilla cómo se la ha hecho. Oye, maja, que yo no he dicho tanto, yo solo te he contado que el marido de la Patricia no es un marido al uso sino un husband y que físicamente es más que apañao pero también te he relatado que tiene una personalidad del tipo cataplasma que no me atrae en absoluto y que a ti tampoco te va a atraer si se diera o diese el caso -altamente improbable- de que llegaras a conocerle y entablaras con él algún tipo de relación -más altamente improbable todavía-.

Que no lo pregunta por nada en concreto, por entretenerse un poco, que le pica la curiosidad y que a mí qué más me da hacer unas averiguaciones de nada, que me pasee por ahí, por donde mora su portátil y que fisgue un poquillo.

Es lo malo que tengo, que no se decir que no a las amigas. Así que esta mañana mientras iba y venía con los variados recados del apuesto varón, que se ha debido de creer que soy su mayordoma personal, he ido gipiando todo lo que he podido en torno al mencionado portátil y algo he visto aunque no sé si lo suficiente.

Al final, el hombre, que tonto del todo no es, se ha dado cuenta y va y me salta ¿te interesa el coaching, Eva? Huy, madre qué susto me he pegado, a ver si éste va a ser de los del derecho de pernada. No, no, le respondo toda azorá, es que le quiero regalar un ordenador a mi pareja de hecho y este me parece a mí que está muy bien relación tamaño/prestaciones. El hombre se ha reído pero es que se ríe siempre, tiene como el gato ese de Alicia, la sonrisa de guardia,  abierta a todas las horas. Posteriormente, le he contado el resultado de mis pesquisas a la Esme y dice que ya sabe a qué se dedica, que es coach, o sea, que practica el coaching y que no nos vendría nada mal poner un coach en nuestras vidas para que nos oriente con los emprendimientos laborales y vitales. Mira tú, qué lista la Esme, y decía que no le interesaba el sexo…

El husband

Pues sí, el marido de la Patricia existe. Ese que sonríe tan moreno y deportista desde las fotos de la estantería no venía con el marco, como ya empezaba yo a sospechar. La imagen corresponde a su marido verdadero y se ha hecho carne. Vamos, que está en casa, en la suya me refiero, a causa de una lesión de rodilla. Y ahí que me lo he encontrado esta mañana arrepollinado en su sofá de gama alta, con su apolínea pierna extendida sobre mullidos almohadones y todo rodeado de aparatejos tecnológicos para poder seguir desarrollando su trabajo (que no sé cuál será) sin perder ni un minuto.

No pases por aquí la aspiradora que está mi marido en casa y tiene que trabajar, me advierte la Patricia y, a continuación, me presenta al marido así como sin ganas y él me alarga la mano derecha y me da un apretón que casi me la deja inutilizada para su más primordial función: la de barajar arcanos. Después me concede una sonrisa de lo más apañá. Qué dientes tan relucientes y bien alineados, qué pelo rubio tan suavemente ondulado, qué ojos tan verdes y que cuerpo tan bien formado. Vamos, que de los de la hora punta en el metro no es, el tal Pelayo. Ahora bien, no es mi tipo y el motivo está bien claro: ese hombre es un pelmazo.

Dice la Esme que como todos los maridos, que el sustantivo marido y el adjetivo pesado deberían ir unidos en el diccionario. Que ella no es que tenga mucha experiencia directa en el asunto porque solo ha tenido uno y por muy poco tiempo pero que ha hecho un estudio entre los de sus amigas y enemigas y puede confirmar que prácticamente no hay ninguno que no lo sea. Digamos, concluye, que es inherente a la condición de marido y no entiende de razas ni clases sociales. No sé qué base científica tendrá ese estudio suyo, pero lo que sí os puedo decir es que este ejemplar tan rebonico no va a ser la excepción que confirme la regla. Jesús, qué mañana me ha dado el apuesto varón, venga a llamarme a cada momento para pedirme tontás: que si me puedes traer un vaso de agua con unas gotitas de limón, que si acerques/alejes la mesa, que si ahora me tomaría un café, que si te lleves la taza que puede caerse, que si que venga el niño que le quiero dar un beso, que si se vaya ya que no me deja concentrarme en el informe, que si corre la cortina que me da la luz de pleno pero no tanto que no puedo ver la calle.

Santa María madre de Dios, si me llama otra vez le aderezo la próxima bebida con el salfumán pero, por suerte para mí y para él, la siguiente en ser molestada no he sido yo. Pato, patooo, le oigo que grita como un descosido. ¿Pato?, ¿dónde habrá visto este hombre un pato? pero no se trataba de un ánade sino de su mujer porque entonces la Patri va y contesta desde el cuarto de sus menesteres: ya voy, husband. O sea, que él a ella le ha transformado ese nombre tan bonito que tiene en la irrisión de Pato y ella a él, supongo que por no quedarse atrás, en vez de llamarle Pelayo o marido, va y le llama husband, así, en anglosajón. Qué fino, ¿verdad? y digo yo, ¿un husband será menos pelmazo que un marido? Todos los datos apuntan a que no.

Avistamientos humanos

Qué mal le sienta al Toni la hora punta, se pone fuera de sí. Dice que no soporta verse encerrado en esos vagones de metro con tanto gentío apretujao y que qué feos son todos. Anda, este, pues como tú ¿o es que no te has mirado al espejo? Que ya sabe él que muy precioso no es y que gracias por recordárselo, pero que no es eso y que no le entiendo.

Que sí te entiendo, que has vuelto en metro, te han aplastao, has pasao calor y no te ha gustado lo que has visto. Que le da mucha pena de la humanidad, me salta. Que le han dado ganas de ponerse a gritar en mitad del vagón pero ¿para qué habéis nacido, para qué habremos nacido todos si nos vamos a morir? Hombre, ya sabemos que nos vamos a morir pero por el camino igual hasta nos lo pasamos bien o hacemos algo interesante, digo yo. Pero él, dale con su murga, que todas esas caras tan tristes, con sus enfermedades y sus penurias y sus desgracias a cuestas le revuelven las tripas y que eso no se ve en el pueblo. Hombre, me vas a decir que en el pueblo no hay feos…mira el Andrés, la Teresa, el Santi…Que no es lo mismo, que todos esos vistos con un monte detrás o debajo de un árbol recobran su dignidad humana pero que todos arremetíos en ese vagón maloliente con destino Sol-Vodafone es más de lo que un alma puede aguantar. Y que por qué tienen que ponerle nombre de teléfono a las estaciones. ¿Y eso qué tiene que ver con los feos apretujaos? Que nada pero que le fastidia también. ¿Y qué no te fastidia a ti?

Pues mira, me contesta, avistar pájaros, eso no solo no me fastidia sino que es mi gran pasión. Anda, ¿pues desde cuándo? Desde este mismo momento y que sepa que este fin de semana se va con el Hipólito a unas lagunas que él conoce donde habitan muchas aves. Ah, bueno, ¿y el blog?, le pregunto por picarle porque el Toni es de mucho hablar y poco ejecutar. Que está madurando la idea. Pues igual puedes hacer tú también uno de pájaros. Que no, que eso ya lo tiene el Hipólito y que no se lo va a copiar. Pues hazlo de avistamientos humanos, le digo para tomarle el pelo, que para eso ves tanta gente a todas horas. Que no es ninguna mala idea, va y me salta, que sería un estudio muy interesante de la decadencia humana en general y del urbanita en particular.

Os aviso: cuidadito si vais en metro y un hombre gordo, moreno y cejijunto os mira fijamente. Os está avistando.

Cómo conseguir una buena marca de empresa en tres pasos

Paso número uno: tener un hijo con el que no sepas muy bien que hacer.

Paso número dos: que el susodicho hijo tenga una imagen muy marcada

Paso número tres: que la imagen del hijo coincida con la de tu negocio (o tú la hagas coincidir, bien variando tu empresa o modificando al hijo, esto último es más difícil, las empresas son más flexibles que los hijos)

Y todo esto os lo cuento desde mi experiencia personal. Resulta que nada más llegar al parque me suelta la Esme: Evi, si no te importa me he traído a la Anais para que nos ayude un poco que esto está muy parado, hay que darle aire ¿qué te parece?.

Pues a mí, inicialmente, me pareció muy mal porque la Anais es del modelo antipático adefesio. Lógicamente no se lo dije porque no quiero perder una amistad de tantos meses (dos, en concreto) pero lo pensé con toda la fuerza de mi pensamiento. Y, además, seguí cavilando yo en mis fueros internos, no entiendo el papel que va a jugar la Anais en nuestro proyecto empresarial porque, que yo sepa, de mancias no tiene ni idea y más que atraer a los clientes los va a espantar con tanta negrura y siniestrez.

Pero ahí es justamente donde me equivocaba hasta que mi socia y amiga vino a sacarme de mi error. Mira, me dice, la ponemos ahí, detrás de la mesa de adivinación, con ese aire que ella tiene del más allá, de esoterismo, de ultratumba, si me apuras, y ya verás cómo eso nos añade prestigio y nos posiciona en el mercado. Porque -prosiguió la Esme- a nosotras nos falta el elemento etéreo, somos demasiado carnales, demasiado del aquí y el ahora pero la Anais…no me digas que no tiene pinta de proceder de los mundos arcanos y mágicos. Bueno, sí, ahora que lo dices…si la veo yo un puntito de hechicera pero ¿en qué sector exactamente la vamos a colocar? porque de mucho hablar no es la muchacha, ni de mucha empatía tampoco. Ah, no, por eso no te preocupes que lo de hablar nos lo reservamos para nosotras, ella ahí detrás, quietecita, nada más que mirando con ese gesto suyo tan mortuorio y verás, verás qué tirón. Nos va a dar el empujón que nos falta.

¿Me has oído, Anais? que te pongas detrás de la mesa y te quedes quieta mirando al personal. La chica, por toda respuesta, hizo una pompa con su chicle negro. Huy, pues sí que da marca de empresa, sí, ahora lo veo más claro. Pues claro que tiene la imagen, la clava, verás cómo nos ponemos líderes, que tiemblen la Pandora y todas las brujas esas de la tele.

Viva la democracia

De nuevo las arañas tejen plácidamente sus telas, las pelusas moran a sus anchas bajo los muebles y el inofensivo polvo, del que nacen las estrellas, se deposita con suavidad sobre la superficie de los objetos. Esto vuelve a ser un hogar cálido y acogedor y no el hábitat hostil que pretendía instaurar la sado-madre con sus depravadas higienes.

Bueno, eso, que se ha ido ya la abuela del Jacobín, qué descanso, la sombra que me gritaba Tatiiii por aquí, Tatiiii por allá se ha esfumado, he recobrado mi nombre y mis costumbres y a mi jefa se la ve más feliz y relajada, dentro de sus limitaciones.

Digo yo que para celebrarlo ha convocado a sus amigas (las variopintas) y aquí que se me han presentado a primera hora de la mañana a tomar sus infusiones y a intercambiar paquetes con velas y jabones, todos monísimos (según ellas).

De este modo, me refiero a escuchando un poco tras la puerta, he conocido el plan de mi jefa laboral que, mira tú qué coincidencia, es el mismo que el del Toni: abrirse un blog. ¡Que no cabemos, parad ya! he estado tentada de gritar, trapo en ristre, pero no lo he hecho, primero porque todo el mundo tiene derecho a abrirse su propio blog, no sé si lo recoge la Constitución pero debería recogerlo, y segundo porque me hubiera delatado a mí misma (en lo de que escucho tras las puertas y en lo de que tengo una bitácora) y ninguna de las dos cosas me conviene que se sepa en según qué medios.

Resulta que la Patricia escribe relatos pero no consigue que se los publiquen, pese al éxito que tuvo en su momento Historias de la guarra noche. Los relatos, al parecer, venden menos que las novelas porno-truculentas. Total, que como ya está cansada de llevarlos y traerlos por las editoriales y de presentarlos a concursos infructuosamente, ha decidido lanzarse a la red y que sea lo que Dios y los internautas quieran. Si ella supiera que la competencia (es un decir, no compartimos nicho, como diría la Esme) pasa la mopa en su casa…es lo que tiene la blogosfera, que es muy democrática.