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Niño de piernas gordas

Niño de piernas gordas, el pasillo está muy vacío sin tus pisadas.
Ya no lo recorren elefantes ni dinosaurios ni trenes ni atascos de coches y camiones.
La vecina está muy contenta porque la silla con ruedas ya no se arrastra sobre su cabeza contigo a bordo.
Yo menos, niño que tenía miedo al reloj de cuco, a las piñas, a los globos, a los payasos, al lobo pintado en un cuento.

Niño de piernas gordas que miraba pasar los trenes con seriedad de científico, te has subido a uno con tus pelos rizados y tus piernas largas y fuertes y has dicho adiós muy feliz porque vas a vivir tu vida independiente.

Las paredes también lo están de no recibir más tus chutes de pelota, tranquilas de no ser arañadas por tu mochila colegial, manchadas por tus dedos churretosos. Recién pintadas qué frías me parecen, qué antipáticas.

Pero tengo que estar feliz, me han dicho, feliz de que estés tan sano y seas valiente y fuerte. Y claro que lo tengo que estar y muy a menudo lo estoy, orgullosa también pero, a veces, se me salta una lagrimilla ridícula mirando el pasillo tan largo y silencioso, un tubo que solo sirve para que rueden las pelusas.

(Cuaderno de doña Marga)

Póstumo post

Que no, que todavía no me voy ni se ha muerto nadie de los que circulan por aquí, por el momento. Es que eso es lo que dicen mis amigas del mercado (por llamarlas de alguna inexacta manera) que tengo que hacer, ir cerrando el puesto y redactar la última entrada.
Resulta que me dispongo a hacer los recados hortifrutícolas muy tranquila y confiada cuando una voz acostumbrada a los gritos me interpela: eh, tú, empleada doméstica, ¿pero es que no te cansas, hija? Que aburres a las ovejas, apostilla otra voz.

Claro, ya no me acordaba yo de la Elvira (de frutas Elvira y autora del «blog de una frutera desquiciada») ni de su amiga Marcela ( adicta a las peras y ejecutanta de otro blog que no sé cómo se llama pero sí sé que es de citas literarias).

Vente pa cá, hermosa y no quieras huir de nuestro asesoramiento bloguero que, por ser tú y si tu compra supera los veinte euros, te vamos a hacer gratis, me dice la Elvira acomodando judías verdes en un montón (las pochas detrás y las relucientes delante).

Eso, no seas cobarde, que te hemos estado siguiendo este verano y tenemos unas cuantos consejos que darte, añade la Marcela apuntándome con una rama de apio.

En realidad es sólo un consejo muy básico pero certero: cierra el blog o te arrepentirás.

A mí eso me suena a amenaza más que a consejo, respondo deteniendo mi carro.

Lo decimos por tu bien, es para que no te quemes, que ya te estás acercando a ese punto en el que uno empieza a repetirse, a ser pesado, a no sorprender y la gente pincha, bosteza y pasa de largo.

Pero si no llevo tanto tiempo, ni siquiera llevo un año.

Eso da igual, escribes mucho y esa es tu perdición. Llévate unos kiwis que los tengo de de oferta y van muy bien para el tránsito.

Un buen post póstumo y zanjas tus aventuras antes de que no te lea nadie.

Mejor irse de la fiesta antes de que acabe que convertirse en ese pesado borracho que se queda a dormir en el sofá, sugiere la Marcela.

Haz caso a esta que sabe latín. Póstumo post, ese es nuestro consejo y son cinco euros que  tu compra no ha llegado a los veinte.

Pero bueno, ¿y por qué no cerráis vosotras los vuestros?

Anda esta,  pues porque nosotras somos ya unas clásicas, estamos en otra categoría y, si me apuras, en otra dimensión blogosférica, no te quieras comparar. Y adiós, que se me aglomera el personal y me entra el estrés matinal. Ya la atiendo, señora, ¿ qué va  a ser?

Póstumo post, se ponen ¿y si tienen razón?