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Vero, el gato y yo

Al empezar septiembre nos mudamos a un barrio muy feo. A mi familia le gustaba. Veníamos de otro barrio peor, mal comunicado, lejos del centro, sucio. En comparación habíamos mejorado y por eso el barrio feo nos tenía que gustar. A mí no y lo dije.

A ésta no le gusta nunca nada, dijeron  mis padres señalándome con la barbilla y se pusieron a hablar de las ventajas del nuevo barrio. Das una patada y salen diez supermercados, dijo mi madre. Y la de bares, dijo mi padre. Tú siempre pensando en beber, dijo ella. Y mira qué vistas, dijeron los dos y nos empujaron a mi hermano y a mí hacia la ventana.

No se ve nada, nada interesante, dije yo. Era verdad, sólo se veía  enfrente una casa como la nuestra, una gasolinera y abajo, muy al fondo, un arbolito fuera de lugar.

No os asoméis, idiotas, ¿queréis acabar como el primo Linito? Siempre nos hablaban de ese primo, muerto a los tres años al caerse por una ventana. Pero si yo ya tenía catorce y estaba harta de esa historia. A mi hermano todavía le asustaba y retrocedió.

Lo que ellos llamaban vistas no me interesaba pero así, asomada a la ventana, conocí a Vero y nos  hicimos amigas. Ella también estaba asomada a su ventana, justo encima de la gasolinera y debajo del cartel donde estaba escrito “Detectives”, sin que fuera nada misterioso, allí nada lo era.

A ella tampoco le gustaba el barrio. De mayores no viviríamos ahí, eso fijo.  Mientras tanto, deambulábamos por sus calles y nos reíamos. La mayor parte del día era eso lo que hacíamos: andar, mirar y reírnos. A veces, nos reíamos tanto que nos dolía la risa.

Vero era muy guapa, tenía una madre también muy guapa que nos observaba como si le diéramos pena o le pareciéramos tontas o las dos cosas a la vez, un gato llamado Pipas y un padre que había desaparecido.

Ojalá desapareciera también el mío y mi madre y las palomas grises y la tienda horrorosa llamada el Palacio de las Camisas y los supermercados y los bares con sus  bocadillos de calamares pegados al cristal y el pasadizo de los mendigos, dije yo de repente. Ojalá desaparezca todo y solo quedemos tú, Pipas y yo. Y alrededor, nada.

Entonces nos dio la risa, un ataque tan fuerte que parecía que nos íbamos a ahogar, un ataque de los buenos. Hasta que se nos pasó y seguimos dando vueltas por las calles del barrio como si sólo estuviéramos allí de paso. Y así era.

Hace poco volví al barrio, seguía más o menos igual de feo,  hasta el cartel que anunciaba detectives estaba en la ventana, solo que más sucio y sin la ese final. De los bares salía olor a calamares fritos, estaban las palomas , el pasadizo de los mendigos,  la gasolinera y  encima la ventana de Vero, sin Vero. En el escaparate del “Palacio de  las camisas” habían escrito con pintura blanca, “liquidación por cierre”. Me entró nostalgia.

(Cuaderno de doña Marga)

Dos amigas y un tren

Milagros y Candela se conocieron asomándose al balcón y así, con las vías del tren debajo y los tendederos delante, se hicieron amigas. Entonces eran jóvenes y tenían hijos pequeños. Ahora ya son viejas y viven solas pero el tren sigue pasando por debajo, hanciendo temblar las figuritas de porcelana de la vitrina de Milagros y la cristalería regalo de boda de Candela.

Cada tarde, a las seis, se asoman para saludarse.

¿Qué tal la pierna, Candela?, le pregunta Milagros.

La otra saca su flaca extremidad por los barrotes, como en el cuento de Hansel y Gretel, y se la muestra.

Mira, le dice enseñádole la piel amoratada.

Huy, madre, qué mala pinta, se compadece Milagros aunque, en realidad, no ve nada.

¿Y tus dolores?, le corresponde después.

Como Milagros no puede exhibirlos a través de los barrotes del balcón, ya le gustaría, se conforma con encogerse de hombros. Ahí siguen, dice sacudiéndose el delantal donde lleva prendida una pinza,

Tú y tus pinzas, le dice su amiga, ¿para qué te la has puesto esta vez?

Era para acordarme de algo que tenía que hacer pero ahora no sé qué. Bueno, ahí se queda, ya me acordaré.

Ya viene, anuncia Candela.

Siempre lo ves antes que yo, es por tu balcón que hace esquina.

El morro del tren asoma, las dos retroceden un poco mientras lo observan pasar con su gentes pequeñitas dentro.

Qué lleno viene hoy, grita Milagros.

Vibran las figuritas de porcelana, estremecidas. Tintinean las copas regalo de boda que nunca se usan, contentas de tener algo que hacer: un poco de ruido, sacudirse el polvo.

Bueno, pues un día más, dice Candela mirando cómo el tren desaparece tragado por el túnel.

Y uno menos, le contesta invariablemente Milagros tocándose la pinza roja prendida del delantal.

(Cuaderno de doña Marga)

Culteranillas

Bueno, pues ya somos un poco culteranas o culteranillas, mejor dicho, que todavía no vamos a alcanzar semejante categoría solo por haber estado un rato en el Museo del Prado. Me ha gustado mucho y eso que la mitad del tiempo nos lo hemos pasado fuera, haciendo cola. Se ve que mucha gente aspira a ser culterana o ya lo es y están, como si dijéramos, reforzando conocimientos.

A mí no me ha dado tiempo más que a ver un par de salas porque yo me paro y contemplo, pero la Noemi se lo ha recorrido entero, como ella los cuadros solo los mira de reojo pues va mucho más deprisa. ¿Pero todavía vais por ahí?, se pone muy altanera , yo ya me lo he visto prácticamente, os espero en la tienda que me han gustado unos pañuelos con las Meninas estampadas.

A tí sí que te estampaba yo las Meninas, le suelta la Esme que desde que está coja tiene más mala leche que antes, debes de ser la única persona en el mundo que se liquida el Prado en un cuarto de hora. Me agotas, hija. Me voy a buscar las pinturas negras de Goya que es lo que me pide el cuerpo.

Total, que me dejaron sola con Veláquez acompañada de otros muchos culteranos que hacían fotos a todo en vez de mirarlo directamente. Se ve que luego se lo estudian en su casa con más detenimiento y entresacan los detalles.

Qué bonito todo, majos, aunque dice la Esme que deje de decir eso cada vez que me plantifico delante de una obra de arte, que decir qué bonito es paleto a más no poder y que o bien te callas y tuerces un poco la cabeza para un lado y te acercas y te alejas como sopesando la obra en cuestión o si vas a hablar, mejor que sea para decir algo con más fundamento.

Resulta que hay que decir, por si alguna vez os veis en una situación así, qué dominio de la luz, qué maestría en el uso del color, qué logrado el claroscuro, qué equilibrio compositivo, qué manejo de la perspectiva o qué fuerza dramática. Ella se sabe más pero esos son los comentarios básicos para salir del paso sin quedar como una ignorante.

Lo que quiera pero a mí lo que más me ha parecido es bonito, pero qué muy bonito, así en general, como de ir con la boca abierta y no cerrarla hasta que no sales. Luego, a la salida hemos ido comentando lo que más nos había gustado. La Esme dice que a ella Saturno devorando a sus hijos, que le ha dado mucho que pensar. Qué mal gusto tiene la pobre, mira que ir a elegir precisamente el único cuadro feo de todo el museo. Yo la verdad es que no he sabido elegir, una vez fuera no me acordaba de nada de lo que había visto pero es normal la primera vez embarullarse artísticamente y tener así como un batiburrillo de óleos sobre lienzo.

La Noe dice que a ella y sin querer criticar le parece que hay demasiadas vírgenes, santos y cristos crucificados y demasiados reyes muy feos. Que prefiere otro tipo de arte pero que la tienda no está mal aunque las ha visto mejores.

Yo creo que lo que pasa es que tenemos que volver porque un primer vistazo solo te da para hacerte una idea muy encimera. Le he puesto un guasap al Toni para contárselo y le he mandado también una foto mía junto a la estatua de Veláquez con el Prado a mis espaldas, como dicen los reporteros de la televisión. Pues no va y me contesta que si me creo la ministra de Cultura.

Tiene envidia, en la huerta no hay dominios del claroscuro ni fuerza expresiva de esa ni pinacotecas de renombre mundial.

Los Ascos

Nada más comer íbamos a buscar a Sara que siempre estaba vistiéndose o desvistiéndose, peinándose o despeinándose, pintándose o despintándose en mitad de un cuarto lleno de ropa amontonada, de gomas del pelo, de pinturas. La cama desecha con unos cuantos peluches sucios y apretujados en un rincón. Tardaba mucho en decidirse, se probaba todo pero nada le convencía, tampoco le convencíamos nosotras, nuestro atuendo sin gracia.

Pruébate esto, decía a una o a la otra sacando del revoltijo de prendas una camiseta o un pantalón o un collar, a ti te queda bien el rojo, a ti la coleta estirada no, pareces una monja. Y soltaba una carcajada estridente y bastante contagiosa. Se encendía un cigarro y fumigaba a la vez con colonia para que no oliera a humo pero entonces olía a humo con colonia.

En la casa de enfrente, dos hermanos tocaban la guitarra. Sara estaba enamorada de los dos pero dijo que se quedaba solo con uno y que el otro nos lo podíamos repartir. Eligió al de la derecha que era el más alto. De todas formas ellos no nos hacían caso, tenían un grupo con otro más que tocaba la batería. Un grupo, gritaba Sara muy emocionada quitándose la falda y probándose un vestido de tirantes. En el cuarto hacía mucho calor. En toda la casa hacía mucho calor porque no cerraban las ventanas. Creían que abrir era bueno para refrescar pero por la ventana entraban los cuarenta grados de fuera y ya no se marchaban.

Los hermanos de Sara veían la television tirados por los sofás, eran lánguidos, rubios y patilargos, como bichos palo. También eran guapos pero no nos gustaban porque Sara los odiaba y nos había contado que eran capaces de conductas tan ruines como esconder el chocolate o poner su nombre a los yogures de la nevera. Ellos también la odiaban y solo salían de su letargo para enzarzarse en violentas peleas y después, desfogados, volvían a su somnolencia. Daba igual, nosotras tampoco les gustábamos a ellos, por ser amigas de Sara y porque no.

No gustábamos a nadie ese verano, solo al grupo de los Ascos, unos que vivían abajo, por donde las vías del tren. Los Ascos eran cuatro, uno grande y tres pequeños, granujientos, con el pelo grasoso y camisetas feas. Una tarde nos invitaron a comer pipas junto a las vías del tren y, sin saber por qué, fuimos. Ponían monedas para que el tren las aplastara como si eso fuera algo emocionante, luego nos las regalaban. Cantaban canciones tontas y se reían de chistes horribles que sólo a ellos les hacían gracia. No queríamos gustarles a los Ascos porque eso era mucho peor que no gustar a nadie pero les gustábamos.

Los demás no nos hacían caso, eran mayores, eran atléticos, tenían grupos, tenían motos, tenían novias incluso. Cuando por fin Sara eligió el modelo, el peinado y el maquillaje salimos a la calle ardiente y nos sentamos  en un banco a comer pipas. No pasaba nadie. Nadie pasa a las cuatro de la tarde del mes de agosto.  Casi nadie porque a lo lejos, avanzando por la calle desierta y también comiendo pipas, vimos venir a los Ascos.

(Cuaderno de doña Marga)

Ser de luz

A la Noemi deberían prohibirle el acceso a las revistas por el sumo daño que causan en sus circunvoluciones cerebrales que creo que se dice así. Ya le he dicho muchas veces, pero muchas, que no tiene que creerse todo lo que está impreso en un papel pero a ella, que le costó tanto aprender a leer, las letras escritas le causan mucha impresión y tiende a sobrevalorarlas y a tomárselas al pie de ellas mismas.

Lo digo porque ha leído, no quiero saber dónde, una descripción o, mejor dicho, una lista de diez puntos o decálogo, que es lo que se lleva ahora, de lo que es un ser de luz y está empeñada en que ella es uno de esos seres porque en algunos de los puntos se ve más que reflejada.

Digo, mira Noemi, déjate de seres de luz y vamos a merendar que te estás quedando en los huesos en ese afán tuyo por imitar a las celebritis. Que no es por eso, se defiende, es porque a su natural delgado se suma que las chinas para las que trabaja no le dejan salir a comer y tiene que contentarse con dar unos bocados rápidos en la trastienda rodeada de cajas y de unos colchones donde sospecha que duermen sus jefas.

Mira, igual si cambio otra vez de sector y me inclino por el comercio que es de donde inicialmente yo procedo, era reponedora en un supermercado hasta que me quedé sin trabajo, pierdo los kilos que me sobran. Es que es muy difícil adelgazar teniendo una nevera bien surtida justo a tus espaldas de la que Patricia me deja disponer a mi antojo. Generosa es que nunca ha protestado por los tientos que le doy al jamón.

Pero volviendo al ser de luz, dice Noemi que una de sus características es que no es consciente de que lo es hasta que no pasa mucho tiempo. Como yo, asegura ella, que hasta que no he leído esto de los seres de luces no era consciente. Y sigues sin serlo, pienso yo.

Con el segundo rasgo de los luminosos, haber tenido amigos imaginarios en la infancia, coincido total, ¿Te acuerdas de Mari Paz?, se me pone, ¿esa amiga mía que tú odiabas porque no existía y nunca quería jugar a lo mismo que tú? Como para no odiarla, Noe, si la utilizabas en mi contra y para salirte con la tuya. Pues menudo trimestre que me diste con la insustancial de la Mari Paz.

Que sí, que ella va a ser de luz porque también pensaba siempre de pequeña que los adultos estaban equivocados, porque siempre se ha sentido en la vida acompañada por una presencia que la guía y la quiere bien.

Si te refieres a mí, gracias, Noemi, sabes que puedes contar conmigo ahora y siempre.
Que no se refería a mí pero que se alegra de saberlo y a continuación dice que le falla un poco el siguiente punto que es sentirte en conexión y fascinada cuando miras al cielo, dado que ella mira poco al cielo y bastante más a los escaparates de las tiendas. Que ahí ve más como ser de luz al Toni.

Seguro, digo yo ya dándole la razón y riéndome por dentro.

¿Verdad que yo siempre he sabido cuando una persona miente o dice la verdad?, me pregunta retóricamente luego. Pues eso es tipiquísimo de los seres luz, que no se las cuelan así como así. Soy, prácticamente seguro.
Lo de ayudar a la humanidad ya no tanto porque yo a la humanidad la veo muy lejana y demasiado abstracta pero lo de que te compadezcas de todo y de todos, eso sí, ¿a qué yo lloro en todas las películas?

Otra pregunta retórica que no he contestado porque no era necesario. Los números, a base de hipidos y gipidos, que monta en el cine la Noemi son conocidos en toda la comarca.

Muy bien, digo ya para ir terminando la conversación, pongamos que eres de luz, y ahora, ¿qué tienes que hacer?

Pues nada, seguir siéndolo y pasar por el mundo iluminando las sombras, no las de Grey sino las de toda la vida, las normales, y lo oscuro, lo negro y todo eso. Estoy más contenta….

Como para no estarlo, iluminada Noemi, pero yo que tú me estaba una temporada sin leer revistas, no por nada, sino porque te están confundiendo levemente.

Que si quiere que me haga un test, sacado de la misma revista, muy fiable porque ella se lo ha hecho, para saber si mi amor verdadero es el Toni o aún tiene que aparecer el bueno.

Le he dicho que no porque, sinceramente, prefiero no saberlo.

Tendencias

Dice la Noemi que no me tengo que preocupar por estar más o menos gorda porque ahora se llevan todo tipo de cuerpos y que esté atenta, que las voluptuosas (como gusta la Noe de llamarnos) están empezando a ser tendencia. Vamos, que según ella, si no soy modelo es porque no me interesa ese mundo pero que si yo quisiera podría desfilar en las mejores pasarelas dejando en ridículo a todas esas flacas con caras de pena. Lo que no te diga una amiga verdadera para consolarte…

Aunque no sé si era para consolarme o para meterme el rollo; yo quería hablar del Toni pero ella quería hablar de las tendencias, acababa de pegarse un atracón de revistas y tenía que aventar sus nuevos conocimientos.

Yo le decía: es que es muy aburrido, solo abandona el sofá para subirse al monte pero de ahí no le saques y encima es hipocondriaco. Y ella me contestaba: adiós al patrón único de belleza, se llevan también las bizcas y las que tienen los dientes torcidos, estamos de suerte, ser la excepción es la nueva regla.

De suerte estará ella que yo la cara la tengo según los cánones clásicos, o sea, bien, muy poco tendencia.

En realidad lo nuestro de ayer no fue un diálogo sino dos monólogos superpuestos, ella hacía como que me escuchaba pero estaba ansiosa por que yo terminara la frase para colarme la suya, incluso a veces ni me dejaba terminar. Pues como te iba diciendo, me soltaba todo el rato para poder meter cuña oral. Y luego la obsesión que tiene con ver famosos, como que con el frío que hacía y la lluvia que caía iban a estar los famosos dándose vueltas por la Puerta del Sol. Estarían en sus casas, a buen recaudo, con la calefacción a tope y pensando estrategias para mantener la fama, que es muy efímera y frágil y a la que te descuidas vuelves a ser el anónimo pringadillo que siempre fuiste.

Y ella, mira, mira, esa que acaba de pasar es la que hizo esa película tan famosa del Almodóvar, ahora no me acuerdo del nombre ni del título de la película pero sí es, sí, espera, párate que les voy a poner a las del pueblo que he visto a una chica Almodóvar. Oye, si subimos para Callao lo mismo nos topamos con él, con Pedro, que me pega que sea más su zona, estoy segura de que si me ve, me ficha, ya no te digo que de protagonista pero de secundaria sí. No me digas que no soy su estilo total.

Olvídate de estilos y de totales , le digo, y agarra bien el bolso, que ese grupo de mujeres que se nos aproximan me parecen las del clan de las Bosnias, las he visto varias veces en la tele.

¿Son celébritis?, se me pone ella muy ilusionada.

Sí, mucho, por robar carteras, así que acelera el paso y no mires para atrás que nos enfilan.

Y yo: ¿tú crees que el Toni me quiere? Y ella: sí, sí, te quiere mucho lo que pasa es que es muy cenutrio pero como te iba diciendo, también se llevan las viejas, ahora las arrugas, las canas y todo eso son valores en alza. Te lo digo para que se lo cuentes a la Esme y sepa que no lo tiene todo perdido.

Como se entere Esmeralda de estas palabras, la Noemi puede darse  por lisiada, lo que no es problema en el mundo de la moda, que dice ella que se lleva lo que más hacer del defecto virtud. Pura tendencia.

Muerte o boda

Lo desesperada que estará la Patri con el punto y final que hasta ha convocado a unas cuantas amigas para que le ayuden a perpetrar el obricidio. Qué inocentona es, se nota que procede de los mundos mágicos y no sabe que en este, el nuestro de cada día, a casi nadie le importa mucho lo de los otros. No quiero decir con esto que a sus amigas no les importe lo que le pase, si se pusiera enferma o se separara del husband o se instalara su madre a vivir con ella, sus amigas, que son buenas personas, acudirían presto a socorrerla pero que lean sus escritos, se involucren en ellos  y encima le den ideas es mucho pedir.

Para empezar les había enviado la novela por correo electrónico para que se la leyeran y así pudieran ayudarla. Primer y tremendo error, eso no se les hace a unas amigas, si acaso a un enemigo. Las pobres mujeres han tenido que leérsela o fingir que se la han leído, luego se han visto obligadas a mentir diciendo que les había encantado o requetechiflado, como dicen ellas, y, por si fuera poco, han debido imaginar finales como si estuvieran sobradas de imaginación.

Y todo eso, ¿a cambio de qué?, de un cafetillo con bollos, ellas lo llaman repostería pero engorda igual.  Ese café se lo he servido yo sacando a relucir mis mejores mañas de doméstica finísima y, de paso, me he enterado de la trama.

Sinceramente, son muy básicas, tanto las de un bando como las de otro porque se han formado dos facciones como en todo grupo que se precie. El bando tanatórico opina que debe matar al protagonista, para mí que le han cogido manía y por eso anhelan su brusco fallecimiento, porque esa muerte tiene que ser repentina e inesperada para darle al cierre mayor impacto y dejar al lector  deprimido y rumiando sobre su propia mortalidad. El bando cupidesco quiere que la novela termine con un flechazo, también repentino e inesperado porque para eso es flechazo y posterior boda, si le da tiempo. Lo que os digo, unas básicas, o lo casan o lo matan, sin términos medios.

Zanjado el tema, que se notaba que no era mucho de su interés, han pasado a relatar cada una sus propias visicitudes personales, mucho más interesantes que los mundos de ficción de la excéntrica  de su amiga Patricia. Si es que me tenía que haber preguntado a mí, que se me ocurren maneras de finiquitar bastante más originales y, además, me hubiera comido los bollos que a ver qué hace ahora con toda esa repostería endureciéndose en el plato.

 

 

Vía libre

Pertrechado con sus prismáticos, su mochila y su chaleco partió el Toni la madrugada del sábado destino el monte de sus amores. El Hipólito lo esperaba abajo, igualmente pertrechado, en el interior de su taxi. Que no entiende cómo me puedo quedar aquí con toda la contaminación y las carreras populares amenazándome por doquier.

Es que he quedado con la Noemi.

Peor me lo pones, zanja huyendo por las escaleras y mirando a izquierda y a derecha por si se topa con la mujer fea del perro feo.

Noemi, le grito por el móvil porque hay cosas que tienen que ser gritadas, ¡vía libre! El Toni no está, en cuanto termines de trabajar esta tarde, nos vemos. Y nos hemos visto, como para no verla.

Madre, mía, Noemi, qué junglesca vienes, pantalones de serpiente, camisa de pantera, bolso de vaca y zapatos de cocodrilo. Todo auténticamente falso por suerte para la fauna.

Se llama animal print, por si quieres saberlo, y es el must del otoño.

Ah, pues será eso. No si guapa vas, porque tú eres guapa congénita y llamativa también, así que….Mira, esa que viene por ahí es mi amiga la Esme.

Qué vieja, apunta groseramente la Noemi.

No es vieja, es madura que no es lo mismo.Pero tú, por si acaso, no le hables de edades que se pone muy violenta.

Una vez hechas las presentaciones nos hemos lanzado Gran Vía arriba. La Noemi iba todo el tiempo buscando famosos, la pobre es que acaba de llegar del pueblo y no sabe que la gente famosa no tiene ningún interés.

Que si ese era seguro el Cristian de Pasapalabra, que si ese otro le ha parecido el Fito de los  Fitipaldis y que si esa era la infanta Cristina con muy mala cara.

Digo, mira Noemi, es que los modelos fisionómicos están contados, no te creas que hay tanta variedad, si ves famosos es porque quieres verlos y deja ya de mandar guasaps a la Nerea y a la Nuri que todavía no has visto a ninguno de verdad.

Que paleta es tu amiga, ¿no?, me susurra la Esme parapetándose tras el abanico que siempre porta consigo para defenderse del cambio climático. Y yo que pensaba que se iban a llevar bien, se ve que la diosa de una repele a la diosa de otra como los polos iguales de un imán.

Nuestro paseo ha proseguido un buen rato entrando  y saliendo de tiendas y buscando lugares donde la Esme pudiera satisfacer sus urgencias urinarias. Ya veréis, monas, ya veréis las vejigas cómo se os van deteriorando, nos ha amenazado desapareciendo en el interior de un burger.

Y entonces, mientras esperábamos fuera entre la riada humana, ha aparecido un cazador (de tendencias) y al ver lo tendenciosísima que iba la Noemi ha decidido capturarla para su página web. La envidia que le ha dado a la Esme ver cómo era fotografiada mi amiga íntima.

Pues no lo entiendo, refunfuñaba, si va horrorosa a más no poder. Mira yo qué clase tengo y nadie me para ni me capta ni me dice nada. Se ha perdido el buen gusto y el mundo está del revés.

Ten cuidado con lo que dices, Esme, que esas frases son típicas de señora mayor, le he advertido con la mejor de mis intenciones. Pues le ha sentado mal y ha dicho que se iba, que no tenía ella por qué aguantar, a sus años (otra vez los años), semejantes groserías. Y se la ha tragado la boca del  metro de Banco de España.

Mira, Noemi, le digo para culturizarla un poco, eso de ahí enfrente es el Ayuntamiento y mas arriba está la Puerta de Alcalá. ¿Habrá famosos?, me pregunta ella toda obsesiva y después: ¿tú creees que tengo futuro como it girl? Hija, Noemi, para ser la del tomate que anglosajónica te me has vuelto.

Anda, ya ves, me contesta ella con esa frase típica de nuestro pueblo que vale para todo.

La Noemi

Mi amiga la Noemi se ha venido del pueblo. Le ha salido un trabajo en una tienda de  roperíos baratos aunque ella prefiere decir low cost para disimular. Que no es cuestión de desaprovechar la oportunidad de hacer carrera el el sector de la moda, se pone. El Toni dice que la Noemi no es más tonta porque no le da la inteligencia para alcanzar la perfección pero es que el Toni ve defectos a todo el mundo, especialmente a mis amigas íntimas y la Noemi es muy íntima que nos conocemos desde nuestra más pretérita infancia.

Hombre, vamos a ver, la Noemi muy lista en lo que a estudios se refiere no ha sido nunca, eso también es verdad, en el pueblo le llamaban la del tomate porque, cuando aprendimos a leer, se quedó atascada en la T que venía al lado del dibujo de un tomate y de ahí le costó mucho salir pero al final y aunque con un poco de retraso sobre el horario previsto, llegó a la Z, como todos.

Pero eso no quiere decir que sea una lerda, como gusta de calificarla el Toni. Ella es una muestra viviente de la teoría de las inteligencias múltiples y su talento se manifiesta en todo lo que sea volver bonito algo feo, ya sea un vestido, unas cortinas, una cara o un cuarto. El Toni opina que lo que hace es estropear todo lo que toca, que es una hortera y una barroca, que su idea del buen gusto consiste en la agrupación indiscriminada de objetos y colores y que ni se me ocurra seguir sus consejos estéticos si no quiero verme convertida en un adefesio ambulante. Bah, ¿qué sabrá el Toni de moda y decoración?

El caso es que ya está aquí y aunque se ha alquilado una habitación sin vistas en un extra barrio en la punta opuesta del nuestro, digo yo que cuando se lo permitan sus extensos horarios orientales y, metro mediante, podremos vernos un rato e intercambiar risas y confidencias.

Me da que con la Esme se puede llevar bien pese a la diferencia de edad porque, ahora que lo pienso, yo creo que comparten diosa, que la Noemi ha sido de siempre muy afrodisiaca. ( perteneciente a la Afrodita)

Ya estoy haciendo planes para uno de esos fines de semana que el Toni vuela con el Hipólito a avistar aves o a que las aves les avisten a ellos, que también se tendrán que entretener con algo las avecillas de los campos. La de cosas que le tengo que enseñar y contar a la Noemi, ya nos estoy viendo Gran Vía para arriba, Gran Vía para abajo,con un ataque de risa de los que odia ese cuyo nombre no quiero nombrar que ya lo he nombrado en exceso, y, disfrutando de las aglomeraciones,los empujones, los atascos, la música que brota de las tiendas, el ruido en general, la humanidad en toda su decadencia y esplendor.

Veleidosa juventud

Suena el móvil esta mañana mientras yo me afanaba en desmantelar belenes y árboles navideños ajenos.En esta casa tan fina no se conforman con solo uno de cada en un rincón sino que la decoración se extiende por todas las estancias a modo de plaga. Me resisto a contestar porque a mi jefa no le gusta que hable mientras trabajo. Ora et labora no es su lema preferido para mí aunque, claro, lo que yo hago no es precisamente orar sino hablar por el móvil, nuestra oración contemporánea, ahora que lo pienso. Me resisto a la primera llamada y a la segunda y a la tercera pero a la cuarta he tenido que contestar por si se tratara de una emergencia. Era la Esme.

Hola, Esme, no puedo hablar mucho que estoy en pleno trajín, ya me imagino que me llamas para desvelarme lo que me han dejado los Reyes en tu casa. Estás tú lista, te llamo para contarte el disgusto que me ha dado la Anais, pues no me sale ahora la muy mema con que se quiere salir de gótica, dice que esa tribu urbana ya no le interesa, que está pasada de moda, que las negruras y lo siniestro ya no son lo suyo y que últimamente se está inclinando más por la luz. Pero ya le he dicho que de eso nada, que hasta que no sea mayor de edad la ley está de mi parte y que las cosas no se empiezan y se dejan luego a medias, un mínimo de coherencia y de compromiso, leches. Mira, Esme, no sé qué decirte, ¿tú no querías que la chica se encarrilara? Eso era antes de que fuera nuestra marca de empresa. Lo hace para fastidiarme, estoy segura, por llevarme la contraria y hundirme los proyectos vitales, los hijos son muy egoístas y en cuanto ven que despegas se asustan porque ven peligrar sus comodidades, me recuerdan a ciertos hombres.

Bueno, mujer, tú no te preocupes por la marca de empresa que ahora también contamos con la Norma Beatriz que, aunque de otra manera, me parece a mí que tiene mucho gancho. Oye, si los Reyes me han dejado un bolso, que es lo que yo  pedí, espero que sea grande para que me quepan con holgura los libros de culturizarme, el tarot y los bocadillos para los bajones. Si es pequeño todavía estás a tiempo de ir a cambiarlo, lo digo más que nada por…y va y me cuelga.