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Pasadizo mágico

Tú tenías un  novio idiota que se disfrazaba con una bata blanca y tomaba la tensión en el Retiro. Yo también tenía un novio idiota que tocaba la guitarra en el parque de Berlín, rodeado de adoradoras. Cómo los odiábamos y amábamos a la vez.

Tú me hablabas de fondos marinos y tesoros  porque querías estudiar arqueología y bucear  y en tu casa tuvisteis durante una temporada un mono, ¡un mono!, un día se  colgó de uno de mis pendientes y casi me arranca la oreja. También había, eso siempre, un gato blanco, guapo y estirado, que me bufaba desde una estantería y un hermano al que le dejabas leer los cuentos que entonces empezaba a escribir para que me sacara fallos.Y me los sacaba, acertando.

Me decías: ha dicho Pablo que este último está muy bien pero que se nota que te has cansado por la mitad y lo has acabado deprisa. Era verdad, ¿cómo podía haberse dado cuenta si todavía estaba en el colegio y nosotras ya en el instituto?  O : ha dicho Pablo que repites muchas veces la palabra destino, que la cambies por otra. Y también era verdad, estaba obsesionada con el destino y lo repetía mucho. Me empezó a dar miedo tu hermano,  su risa burlona de implacable crítico literario en chándal del colegio  cuando iba a tu casa a estudiar.

Tu casa encima de la gasolinera, un poco fría siempre. Cuántas tardes y tardes pasamos en tu cuarto, tan pequeño como el mío pero solo para ti, con vistas a patio de ladrillos amarillos, haciendo que estudiábamos pero hablando, en realidad.  De tu novio idiota  y del mío más idiota todavía. Y de nuestro idiota amor del que no nos podíamos librar y eso era lo malo que tenía el amor, una vez que entraba, apresaba voluntades.

Se te echaba encima repentinamente y ya estabas perdida. Porque tú creías que venía de fuera, como un intruso invasor y yo que lo llevábamos dentro,agazapado, como parte nuestra,como el calamar lleva su tinta, dormido a veces, ahora despierto. Un amor desperdiciado,entregado a las personas equivocadas, queríamos librarnos de él pero a la vez no.

Porque embellecía la vida y hacía que el túnel por el que tenía que cruzar para ir a mi casa, ese túnel lleno de pintadas, meados, humedades y un extraño hombre que vendía pollitos pintados de colores dentro de una caja de cartón, no me pareciese tan feo.

Que me pareciera hasta bonito, pese al triste piar de los pollitos coloreados  y al olor a vino de su siniestro vendedor, un pasadizo que había que atravesar deprisa pero con felicidad y mucha emoción, como si fuera mágico,  porque al otro lado me esperaba la llamada de las ocho, cuando el idiota adorado por todas, salía de la clase de guitarra y me llamaba.

Me advertías: no te fíes aunque te diga te amo ¿Te amo era más que te quiero? Te amo siempre era más que te quiero ¿o no? Sobre eso debatíamos mucho mientras Pablo se comía un bocadillo con un quesito untado dentro, apoyado en una esquina de la puerta, riéndose del debate, abriendo el pan para chupar el quesito,  y tú le decías: das asco,  vete de una vez, pesado. Pero no se iba.

 

 

 

El jaspeado

Mi madre tenía el vicio del punto. Por mucho que ella lo disfrazara de obligación la verdad es que era más una obsesión. Un vicio, claramente. En cuanto tenía un rato libre, sacaba de un cesto las agujas y las lanas y se ponía a tejer. Hasta de pie y paseándose de un lado a otro podía hacerlo. De paso, le servía de aislamiento porque un gran drama vital era que se le saliera un punto o que perdiera la cuenta de las vueltas y eso pasaba si la distraímos.

Mientras tejía hablaba consigo misma de lo que iba haciendo, dándose instrucciones. Una palabra que decía a menudo y que a mí me gustaba oír porque me sonaba a lunas era menguar. Menguaba mucho. El de tejer puede parecer un vicio bastante inofensivo pero, como todos, tenía sus efectos secundarios: no paraba de traer jerseys al mundo.

Una clara superpoblación de jerseys de lana nos estaba invadiendo. Todos teníamos el nuestro exclusivo y único y a veces hasta más de uno. Aunque se daba mucha importancia desplegando patrones y haciendo como que innovaba, todos eran prácticamente iguales. Picaban, eran feos, llevaban ochos por delante y nos uniformaban dándonos el aspecto de unos niños de Sonrisas y Lágrimas todavía más pensosos que los originales.

Abrigan muchísimo, con esto no váis a pasar frio, nos decía con gran satisfacción. Cuando le quedaban restos de lanas hacía uno que ya era el colmo de la fealdad y que se llamaba el jaspeado. Si te tocaba ese ya te podías ir preparando para las burlas de tus hermanos y para llevar todo el invierno una prenda horripilante puesta encima. Si protestabamos porque era feo, ella ya lo sabía, nos decía que abrigaba igual que los otros y se quedaba tan ancha. Al parecer la estética no era importante en su vida. Si mi padre le regalaba un bolso nunca decía qué bonito sino que lo sopesaba y se alegraba si cabían muchas cosas dentro.

Llevaba ya dos temporadas librándome del jaspeado cuando me cayó en suerte. Justo acababa de enamorarme de uno de los chicos de los bloques de enfrente que tenía los ojos azules. De los de nuestra hilera de bloques casi nunca nos enamorábamos, estaban demasiado vistos, pero los de enfrente aún poseían un halo de misterio. Además nos amenazaban con piedras y palos, lo que contribuye bastante al amor. Mi hermana enseguida se dio cuenta, a ella no le parecía guapo: te gusta el besugo, idiota.

Pues sí, me gustaba el besugo y mucho y, para colmo tenía que llevar el jaspeado a la vista porque todavía no hacía frío para taparlo con un abrigo. Había que librarse de ese jersey como fuera. Así que, siguiendo una máxima de mi padre que decía que a un niño, si le das tiempo, puede tirarte con una uña una pared, fui lentamente horadando en su centro con el dedo hasta que en tres días conseguí hacerle un buen boquete. No dije nada porque enseguida lo vería y lo tiraría a la basura, el lugar que le correspondía. Odiaba que fuéramos rotos, sucios o sin peinar. Lo vio: qué raro, se te ha roto, te lo habras enganchado con algo. Trae que te lo coso.

Ahora no sólo tenía que llevar el jaspeado sino que además tenía un zurcido de lo más tosco justo en el centro. Aún con esa desventaja, en una de nuestras peleas de amor odio con los de enfrente, el de los ojos azules me retorció un brazo apretándome muy fuerte. Seguramente yo también le gustaba un poco y si no hubiera llevado puesto el jaspeado y mi hermana no le hubiera gritado ¡cara de besugo, suéltala!, quién sabe si el retorcimiento de extremidad con fuerte apretón no podría haber acabado en la primera pasión de mi infancia.

Amor, ¿eso qué es?

¡Qué asco de día!, se pone el Toni esta mañana sacando la cabeza por la ventana para mirar el cielo.
Hay que sacarla bastante y superar unos cuantos obstáculos, como tres filas de tendederos con sus ropas colgadas, antes de llegar al azul.

Por fin llegó el calorcito, suelta alegremente la Noemi que siempre tiene la palabra injusta. Ella no sabe que al Toni le deprime el buen tiempo y que delante de él no puedes decir buen tiempo sin arriesgarte a entrar en un debate de lo que es malo y es bueno y de la relatividad de las cosas en general. Es un hombre muy partidario de la inclemencia invernal y los chuzos de punta. Dice que es la única manera de tener la calle libre y de mantener a raya al desierto.

A mi en la primavera/verano me dan ganas de enamorarme, me enamoro mucho, me enamoro todo el rato. Me parece que me he enamorado de mi jefe el chino y eso que es de un borde…lápido, lápido, me dice siguiéndome por la tienda. Es muy sádico del trabajo y eso me da morbo. Creo que le gusto yo también a él, pero no me lo sabe manifestar por la cosa del idioma raro que tiene.

El amor no existe, va y dice el Toni metiéndose en la boca una tostada.

Eso sí que me ha sentado mal. Eso y que la tostada que se ha comido fuera la mía, siempre lo hace, qué tío.

A ver, Toni, ¿por qué dices eso, es que no me quieres?, no sé que hacemos juntos en ese caso, le he preguntado con mosqueo.

Entonces ha abierto el libro maldito de donde extrae todas sus teorías y ha leído con la boca llena de pan: “nadie ama a otro, sino que ama lo que de sí hay en él, o lo parece. Nada te pese que no te amen. Sientéte quién eres y eres extranjero”

Pues nosotras tampoco te queremos a ti, guapo. Y si eres extranjero y no tienes permiso de residencia, ya nos estás desalojando el sofa, dice la Noe como si fuera una Donald Trump cualquiera, supongo que para defenderme.

Pero él, a su bola, ha seguido declamando, “estás solo. Nadie lo sabe. Calla y finge. Nada esperes que no este en ti, cada cual consigo mismo lo es todo”.

Luego, al ver mi cara de disgusto lo ha querido arreglar diciéndome que sí, que me quería y que eso es una teoria general del amor que no tiene nada que ver con el nuestro particular y que a mí me pasa lo mismo con él, solo que al revés, aunque yo no lo sepa.

Todo esto he tenido que ir corriendo a contárselo a la Esme, dada la experiencia que los años le otorgan, para que me aconsejara. Pero creo que hoy no era su día. Me la he encontrado con muy mal color, la tez de un amarillo verdoso.

Esme, ¿tú crees en el amor?, le he soltado a modo de saludo para no perder el tiempo.

El amor, el amor, yo qué sé, sí, no, a ratos. Tengo ganas de vomitar, principalmente, he tenido que poner boca abajo el panel con los dibujos de los helados. Es ver esas imagenes degradantes de polos de colores con absurdas formas y se me revuelve el estómago. He soñado que los alfacentaurinos calzaban frigopiés y me pateaban.

Oye, por cierto, me dice arrugando la nariz ¿no me habrás gastado tú una broma de esas típicas pueblerinas consistente en escribirme una carta? , ¿qué va a ser lo siguiente, tirarme al pilón? Qué mala leche tenéis los de pueblo.

Pero que si crees en el amor, Esme, no te desvíes del tema, es que dice el Toni que nadie ama verdaderamente a nadie.

Amamos el amor, lo que sentimos amando. Esa es la respuesta que te da hoy el oráculo de Esmeralda, deja tu donativo en la hucha de los donativos y no seas tacaña. Pero no me hagas mucho caso porque creo que voy a potar. Uf que naúseas.

Vértigo

Cada mañana, cuando sale del metro, remolonea al lado de la frutería, sabe que él aparece por la calle que hace esquina. Para hacer tiempo compra dos manzanas, una le parece poco. Las manzanas no le gustan.

Mirarlas si,  su piel brillante y su forma redonda, olerlas también y oírlas.  Ese crujido al morder. No el sabor, escupe  a toda prisa el trozo mordido  porque ya lo ve acercarse, alto y delgado, el pelo moreno cayéndole hacia un lado de la cara, y se pone a andar ella también, unos pasos por delante, con el corazón acelerado.

Porque a veces él,  antes de entrar en clase, le pide fuego y ella desea ese momento y lo teme, por si le tiemblan las manos como las otras veces. Espera en la puerta del instituto, arropada por la masa de estudiantes, por los gritos, por las risas. Quedan diez minutos para que se abra la puerta y él se está acercando seguro, poderoso, con el aplomo que da saberse capaz de producir temblores.

Se acerca tanto que puede olerlo, ver muy próxima su boca con el cigarro enganchado. Le está diciendo algo pero ella no sabe qué, ha dejado de entender las palabras porque las palomas del parque, empujadas por una fuerza extraña, han empezado a girar y con ellas los bancos y los borrachos que duermen encima rodeados de tetrabriks de vino y las nubes como trapos rotos y los estudiantes y la boca del metro de Tribunal.Todo gira con ella dentro.

Una mano temblorosa sujeta el mechero y la otra se aferra a la bolsa de papel con las dos manzanas, una de ellas mordida, se aferra con fuerza para no caerse, para que cuando suene el timbre y abran las puertas pueda entrar dignamente  entre los demás como si nada, como si no la acabaran de descolocar y despiezar y arremolinar ahora mismo. Como si él no le acabara de pedir, muy cerca, fuego.

(Cuaderno de doña Marga)

Mi día de la mujer

Si ya sabía yo que los propósitos del Toni de preparar el desayuno se iban a quedar en eso, en propósitos más volátiles que el humo. Ni siquiera tuvo el detalle de fingir ayer, día de la mujer. Que esos días conmemorativos son una chorrada y que no sea tópica, se pone. Digo, Toni, majo, no me importa ser tópica si tú cumples con tu promesa. Pues va y me dice que no puede, que marzo es un mes que le sienta fatal y que está protagonizando una profunda crisis. Como si no llevara protagonizando profundas crisis desde tiempos inmemoriales. En fin, que la que puso la cafetera e hizo las tostadas fui yo para no variar.

Mientras me afanaba en estos cotidianos menesteres, él andaba enfrascado mirando algo en internet. Pero que muy enfrascado y emitía exclamaciones de admiración y contento. Por unos instantes llegué a creer que estaba teniendo el morro de contemplar macizorras ligeras de ropa delante de mis narices pero no era eso, no. Lo que miraba y le hacía suspirar era una casa, una casa con jardín, la casa con jardín en la que vivió y escribió y de la que nunca salió la Emily Dickinson. Si este fuera un blog más visual y apañao de lo que es, ahora mismo os metería una imagen de la casita en cuestión para que os hicierais una idea de lo que inspira al Toni pero os la tendréis que imaginar o buscarla por vuestra cuenta que no quiero romper mi línea editorial.

Que si él tuviera una casa como esa sería feliz, que si él dispusiera, o dispusiese, de un jardín como ese no necesitaría más, que si él pudiera estar en contacto con árboles, cielos, flores, pájaros, murciélagos, abejas y otros animalillos autóctonos, si le fuera dado contemplar por las noches el cielo estrellado, acariciar el rocío por las mañanas, disfrutar del paso de las estaciones, no tendría que protagonizar crisis alguna porque sería un hombre completo y hasta estaría dispuesto a reproducirse.

No sé, Toni, la naturaleza también puede ser muy cansina y traicionera. Ríos que se desbordan, tierras que tiemblan, huracanes que arramplan con todo a su paso, sal ya de tu bucolismo y pon las tazas encima de la mesa por lo menos. Y en cuanto a la reproducción, no creo que haga falta esperar a esa casa que nunca tendremos, hoy mismo puede ser el día propicio.

Creo que no me oía porque ni puso las tazas ni despegó el trasero del sofá ni mucho menos lo otro pero, a cambio, me regaló, a modo de homenaje por mi condición femenina, quiero suponer, una parrafada en su neo lengua pseudo política que os transcribo a continuación.

Necesitamos mantener un encuentro formal en el que explorar las posibilidades de, en el marco del respeto a cada uno y una y desde la coincidencia de métodos y compromisos encontrar una vía para llegar a un acuerdo.

¿Me estás tomando el pelo, Toni o es que te aqueja algún delirio de los malos?, le pregunté muy pero que muy retóricamente.

La callada por respuesta y la boca llena de tostadas. A la hora de comer se repitió una escena similar y a la de la cena, como si se tratara de una maldición y tal vez se trate, volvimos a interpretar la tercera sesión de nuestra bonita y poco edificante escenificación. Dice la Esme que le plante, ya que le gusta tanto todo lo agrario, aunque corremos el peligro de que germine y fructifique dando lugar a muchos más Tonis, perpetúandose así la rara especie que, al proliferar, dejaría de ser rara.

El caso es que, con esa irracionalidad tan típica del amor, hay algo en él, imposible de definir ni de precisar, tal vez esa mezcla de burrez y sensibilidad, que me atrae profundamente. Hoy ya no es el día de nadie y visto lo visto, mejor así.

La niña

La niña es la única niña entre un numeroso grupo de niños. La niña nunca lleva faldas ni lazos en el pelo. La niña es la que inventa los juegos y los lidera, la que se sube a las piedras más altas, la que derrapa levantando más polvo con la bicicleta, la única que sabe hacer caballitos y se atreve a tirarse cuesta abajo en el monopatín.

Todos los demás, en su afán por imitarla, tienen las rodillas llenas de costras, la niña no, ella nunca se cae. La niña conoce el escondite de los bichos, los atrapa con la mano, los guarda en botes de cristal, los observa un rato, los vuelve a soltar. A todos menos a la mantis a la que, de vez en cuando, alimenta con algún otro bicho más pequeño.

En la casa de al lado vive un chico mayor que admira a la niña, que ama secretamente a la niña. Para llegar hasta ella intenta hacerse amigo de los niños, pese a que les dobla la edad y le parecen tontos. Los invita a pasar a su jardín, les enseña el estanque con peces, les regala un balón. Un día les da una caja de cartón con una paloma dentro para que se la entreguen a la niña que sigue dando vueltas frenéticas con la bici alrededor del castaño enfermo.

La niña abre la caja, echa a volar a la paloma prisionera y se ríe mostrando su boca desdentada. Los niños recogen sus bicis que estaban tiradas por el suelo, forman fila detrás de ella y giran y giran con gran pasión giradora lo que queda de tarde.

Desde la otra casa, el chico mayor espía a través del seto, se aburre, maquina nuevas estrategias, las tardes de verano son muy largas, los troncos de los pinos son muy largos, las piernas sin heridas de la niña son muy largas.

(Cuaderno de doña Marga)

Muerte o boda

Lo desesperada que estará la Patri con el punto y final que hasta ha convocado a unas cuantas amigas para que le ayuden a perpetrar el obricidio. Qué inocentona es, se nota que procede de los mundos mágicos y no sabe que en este, el nuestro de cada día, a casi nadie le importa mucho lo de los otros. No quiero decir con esto que a sus amigas no les importe lo que le pase, si se pusiera enferma o se separara del husband o se instalara su madre a vivir con ella, sus amigas, que son buenas personas, acudirían presto a socorrerla pero que lean sus escritos, se involucren en ellos  y encima le den ideas es mucho pedir.

Para empezar les había enviado la novela por correo electrónico para que se la leyeran y así pudieran ayudarla. Primer y tremendo error, eso no se les hace a unas amigas, si acaso a un enemigo. Las pobres mujeres han tenido que leérsela o fingir que se la han leído, luego se han visto obligadas a mentir diciendo que les había encantado o requetechiflado, como dicen ellas, y, por si fuera poco, han debido imaginar finales como si estuvieran sobradas de imaginación.

Y todo eso, ¿a cambio de qué?, de un cafetillo con bollos, ellas lo llaman repostería pero engorda igual.  Ese café se lo he servido yo sacando a relucir mis mejores mañas de doméstica finísima y, de paso, me he enterado de la trama.

Sinceramente, son muy básicas, tanto las de un bando como las de otro porque se han formado dos facciones como en todo grupo que se precie. El bando tanatórico opina que debe matar al protagonista, para mí que le han cogido manía y por eso anhelan su brusco fallecimiento, porque esa muerte tiene que ser repentina e inesperada para darle al cierre mayor impacto y dejar al lector  deprimido y rumiando sobre su propia mortalidad. El bando cupidesco quiere que la novela termine con un flechazo, también repentino e inesperado porque para eso es flechazo y posterior boda, si le da tiempo. Lo que os digo, unas básicas, o lo casan o lo matan, sin términos medios.

Zanjado el tema, que se notaba que no era mucho de su interés, han pasado a relatar cada una sus propias visicitudes personales, mucho más interesantes que los mundos de ficción de la excéntrica  de su amiga Patricia. Si es que me tenía que haber preguntado a mí, que se me ocurren maneras de finiquitar bastante más originales y, además, me hubiera comido los bollos que a ver qué hace ahora con toda esa repostería endureciéndose en el plato.

 

 

El amor según la Pandora

Todos llevamos puesta nuestra dosis de amor, viene incluida en el cuerpo, de fábrica, podría decirse. Los hay que nacen con mucha dosis y les da para toda la vida, otros no tienen tanta y tras dos o tres explosiones, el amor se extingue, algunos la dilapidan entera entre adolescencia y juventud, otros la van repartiendo de forma constante a lo largo de la vida y hasta de viejos son capaces de enamorarse y luego están los que, cuando ya creían que no les quedaba dosis, les estalla sorpresivamente en las mismas narices, es el caso de Esmeralda, claramente.

Ay, madre!, que habla sola, debe de ser la demencia senil que se le ha presentado de repente.

Lo que no tengo tan claro -sigue divagando la Pandora al tiempo que hace un solitario con el tarot- es por qué irrumpe en un determinado momento y no en otro y por qué recae en una determinada persona y no en otra. Mi teoría es que el amor va a su bola, que necesita salir de su cápsula, porque yo me lo imagino metido en una cápsula como las medicinas aunque esto puede ser deformación profesional, que yo soy toda una profesional de la toma de medicamentos, y que cuando tiene la necesidad de salir lo de menos es con quién se encuentra y sobre quién se derrama. Tal vez la persona reúna unas pocas características y con eso le basta, algo así como una ilusión óptica, como cuando con tres trazos vemos el dibujo de una casa entera aunque no esté dibujada. Lo demás lo pone nuestra mente,  nuestra imaginación, nuestras ganas….

Pandora, qué reflexiva estás hoy aunque estás diciendo unas cosas tirando a raras.

Para rara la Esmeralda, hija, mírala dentro del quiosco, toda la mañana con la vista en el guasap y sonriendo embobada. Y no te acerques que te lee los mensajes del vencejo y ya te aviso que si digo que son empalagosos me quedo corta. Qué ridículo es el amor visto desde fuera y qué grima da, ahora que desde dentro tengo que reconocer que se pasa bien, de lo poco que me acuerdo, claro.

Quién sabe, Pandora, a lo mejor te queda dosis dentro de la cápsula y te estalla como tú dices cuando menos te lo esperes como le ha pasado a la Esme.

Lo dudo mucho, hermosa. Y ahora me voy a hacer tai-chi con el chino viejo que se pone detrás del árbol que  he leído que es muy bueno para las articulaciones del cuerpo y del alma.

Pues ten cuidado no se te vaya a abrir la cápsula con tanto movimiento y se te derrame todo el amor que te quede justo encima del señor Li.

Para señores Lis estoy yo, la oigo rezongar camino del árbol, lo único que me faltaba.

Envidia y feniletilamina

¿Qué tal con el vencejo?, le suelta la Pandora a la Esme señalando el cielo por donde vuelan con gran rapidez y alboroto esos pájaros del verano.

Si te refieres al Hipólito, mi chico, pues muy bien.

Mi chico, dice, será absurda….pero si sólo hace dos días que lo conoces y por encimilla, ¿cómo va a ser tu chico? Además que de chico ese ya tiene poco.

A ver, Pandora, ponte al dia, gracias a las redes sociales las cosas y cuando digo cosas me refiero a las relaciones humanas, van mucho más deprisa. Ya nos hemos contado nuestras vidas al por menor y al por mayor, conocemos nuestras infancias, nuestros traumas, nuestros anhelos, nuestras frustraciones, nuestros éxitos y fracasos, aficiones, gustos, repugnancias y querencias, la talla de ropa, el número de zapato y hasta los lunares del cuerpo. Lo sabemos todo el uno del otro y no tenemos tiempo que perder que ya somos adultos.

En eso te doy la razón, estáis los dos adultísimos. De todas formas, no te hagas ilusiones que ahora con lo del mundial no es momento de noviazgos, no te va a hacer ni caso.

Pues que sepas que no le gusta el fútbol

Qué rara avis.

Y dale con llamarle pájaro. Me da igual, yo lo encuentro guapísimo, ¿a qué sí, Eva?, ¿a  que el Hipólito es un hombre muy atractivo?

Yo lo único que sé es que me alegro mucho porque te veo muy contenta, que llevabas una temporada un poco mustia, Esmeralda.

Qué manera tan fina de decirte que menudo adefesio te has mercao, ni cazado a lazo el menda.

Estás sacando lo peor de ti, Pandora,pero te lo perdono porque estoy feliz y este fin de semana me va a llevar en taxi a la laguna de Rivas.

Pues vaya un sitio, puestos a llevarte que elija algo mejor y, oye, ¿a ti no te da miedo meterte en un taxi con un desconocido? Mira que si luego sales en el programa ese de “Sucedió en Madrid”.

Pero no te estoy diciendo que lo conozco ya más que bien.

¿Y las mentiras, qué? Que la  gente miente mucho, que prácticamente nada de lo que te haya relatado va a ser verdad.

Con eso ya cuento, yo también le he mentido un poco, no mucho, lo que es adornarse un poco la personalidad.

Huy madre, la de trolas que le habrás contao al pobre vencejo,  fíjate que ahora me está dando hasta pena. Si quieres te echo el tarot para que sepas si esa relación que con tanta inconsciencia estás iniciando va a tener futuro o no. Lo digo para que no pierdas el tiempo tontamente.

Bueno -accede la Esme- pero la tirada del sí o no que es corta y concreta.

A ver, a ver qué te sale….ya está: los enamorados pero del revés

Pero Pandora si le has dado tú la vuelta que te he visto, había salido del derecho y bien del derecho. Qué ilusión, los enamorados.

Aterriza, Esmeralda, que el tarot es mentira y tú lo sabes mejor que nadie.

Pero la Esme baila en torno al quiosco abrazada al arcano con el cerebro produciendo feniletilaminas a todo trapo.

Amor a vista de pájaro

Efectúa un vuelo rasante por entre las casetas de libros, ojea en una, avizora en otra, pasa de largo en la siguiente, se detiene en mitad del pasillo casetil y barre el territorio con inquietos y móviles ojos. Él también es inquieto y móvil, desconfiado en sus movimientos, de areodinámico perfil. Su cabeza se gira y orienta para mirarnos lateral y monocularmente, hace aletear sus delgados brazos, está saludando, ¿por qué ? Ah, claro, ahora ya sé por qué, nos conocemos, es el amigo del Toni y  su mentor de avistamientos, el Hipólito, el del taxi, que como su gremio está en huelga, se está dando una vuelta por la Feria del libro.

Con pequeños y saltarines pasos, se ve que lo suyo no es la tierra sino el aire, se coloca ante el quiosco de la Esme y me saluda sin dejar de mirar a su alrededor. Hola, Eva, qué hay, tía, ya me dijo  Toni que a lo mejor te veía por el parque, que curras aquí todos los días cuidando un niño, es este, ¿no?, qué pasa chavalín, pero no me amenaces con la pala, hombre, que soy inofensivo.

El ojo pajaril estudia el territorio, avista a la Norma, (eso les pasa a todos los ojos), pero, indiferente a su belleza, se aleja para saltar por encima de la Pandora ( eso también les pasa a todos los ojos) y con un rápido viraje aterriza en el quiosco hasta enfocarse en la Esme que acaba de hacer desaparecer arteramente la labor del gatito.

Él ha iniciado el cortejo inflando su pecho y disparando verborrea en su estilo pedante y sabelotodo, ella se atusa el pelo y se deshace en risitas tontas e impropias y cuando por fin el macho alza el vuelo, no sin antes darse la vuelta a medio camino para contemplar por última vez a la hembra, ella, la Esme, me acribilla a preguntas. La Pandora también indaga pero por motivos más cercanos a la envidia que a la información, ¿se puede saber quién es ese pájaro?, dice despectiva.

Pues resumiendo: es un amigo del Toni, se llama Hipólito, es taxista, avista aves y luego lo cuenta en un blog y si quieres saber algo, sea del tema que sea, pregúntale porque te lo explica, domina muchos campos del saber.

Sí bueno, todo eso está muy bien pero, ¿está casado, tiene novia?, investiga la Esme.

No, que yo sepa.

Y además tiene taxi, la oigo murmurar entre sonrisas  retomando su labor con aturdimiento.

Huy esta, que se nos ha enamorao, si es que…lo que hace la desesperación humana, se mofa la Pandora rabiosa porque se sabe expulsada del mundo del romance.

El amor es lindísimo, proclama sonriente la Norma pero hay que tener cuidado porque, como el sol, quema sin que te des cuenta.  Es un dicho guaraní, añade sorbiendo mate y quedándose tan ancha.