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Los negativistas

Ya he descubierto de dónde le viene la negación perpetua al Jacobín, si ya intuía yo que tanto no,no,no y nada más que no, tenía que tener un origen. El origen estaba pegado con un imán en la puerta del frigorífico de titanium antihuellas, total no frost y luz led interior, qué cosas, majos. Horarios de Jacobo, se leía en el papel causante de la desgracia. Y debajo, muy bien estructurado todo ello, una agenda que no tiene nada que envidiar a la del Barak Obama.

Así que por la mañana colegio y por las tardes piscina, predeporte, iniciación al lenguaje musical y chino. Y todavía le queda algún hueco libre los viernes por la tarde que será debidamente rellenado con algún otro quehacer no sea que el niño se aburra o incluso juegue.

Pobre criatura, qué pena me ha dado, ahora entiendo que se ensañe a patadas con las farolas, que ya no se interrogue sobre la luna ni sobre la muerte y que se haya apuntado al movimiento negativista como tabla de salvación. A mí si me llegan a quitar así la infancia hubiera hecho lo mismo. Luego se deprimirá o tendrá déficit de atención y en el hueco que le queda libre escribirá su señora madre: terapia psicológica.

Si es que…pues a eso le tengo yo que poner remedio,cualquier mañana de estas en vez de tomar la dirección del colegio, tomamos la del parque y ya se me ocurrirá alguna mentira. Ahora también entiendo que su hermana chupe paredes y coma corteza de árboles, está cogiendo fuerzas para lo que se le viene encima.

Si fuera hijo mío se lo pasaría mucho mejor, pero claro, no lo es. Me gustaría tener un hijo, creo que ya lo he dicho, a la Esme también se lo he dicho muchas veces, repitiéndome y poniéndome pesada como toda amiga que se precie de serlo. Ella también se repite con el grafeno, que se aguante. Hoy se lo he vuelto a decir, no quiero que se le olvide mi obsesión más primaria. Esme, mira qué bebé más mono, no hacen más que pasar bebés por aquí delante para ponerme los dientes largos, yo quiero uno…

No te fíes de los bebés, me dice la muy fastidia obsesiones, son muy traicioneros, se transforman en adolescentes toca narices a poco que te descuides. Eso es así, no te engañes. Por cierto, qué susto me he pegado esta mañana, creía que nos había desvalijado con nocturnidad la mafia georgiana, había cables y más cables tirados por el suelo,cargadores de todo tipo de artefactos, cajones abiertos exponiendo su revuelto interior, ropa esparcida por el suelo, vasos con restos de bebidas, envases de yogur. Esto último es lo que me ha dado la pista, ¿desde cuando los revienta pisos georgianos son aficionados al yogur griego con mermelada de fresa? Habían sido ellos, los ex bebés, por eso te digo..

Qué desinfla ilusiones es, no lo puede remediar. Y del Toni ya ni hablamos, dice que no es que no quiera tener un hijo conmigo, que sí, que le gustaría en un mundo ideal donde el tiempo no haga estragos pero que se ha puesto a imaginar a ese mismo hijo nonato siendo un señor calvo y le ha entrado un mal rollo que pa qué. Y que luego se lo ha imaginado en una silla de ruedas y luego muerto. Y que después de esa horrible visión está tan deprimido que probablemente no pueda ir por la tarde a trabajar y se tenga que quedar en casa leyendo o viendo el partido de la Champions,una de dos, más bien la dos, para distraer su mente de la espantosa realidad.

Y además este año no hay moras, solo moscas, campos agostados y ni rastro del otoño, otra señal más de que el mundo que habitamos va a la deriva.Y con este dato tan científico-apocalíptico ha cerrado la discusión sobre el hijo que nunca tendremos. Pues vaya, el Toni también es negativista puro, solo que creo que no lo sabe. Ay,qué monos esos que vienen por ahí con sus camisitas y sus canesús y encima gemelos, qué mañana llevo.

Bebé Paco

Los desvaríos de la abuela Mila no siempre nos daban pena, al revés, nos hacían bastante gracia. Hacía cosas divertidas como coser sin aguja, hilo ni tela. Así se pasaba la mañana, cosiendo vestidos invisibles y tan contenta. Lo hacía además con mucha perfección, introduciendo fallos, como si de verdad se le hubiera hecho un nudo o hubiera tenido que deshacer la costura y volver a empezar.

También nos hacían gracia sus reacciones cuando veía la televisión. Si por ejemplo, las imágenes eran de un paisaje nevado decía que tenía mucho frío y había que ponerle una manta por encima aunque fuera verano. Cuando aparecía Santiago Carrillo en las noticias se emocionaba mucho y le lanzaba besos, pero lo mismo hacía con el Papa. Eran los dos hombres de su vida y eso que en su vida cuerda no había sido ni comunista ni católica. Por las mañanas le teníamos que enganchar a la chaqueta una chapa con la bandera de la Rioja. Era de Logroño pero hasta que no le empezó el descontrol mental nunca se había preocupado lo más mínimo por el nacionalismo riojano.

Esas cosas graciosas fueron en la primera fase, cuando todavía era manejable y más o menos sabía quiénes éramos, quién era ella y dónde estaba. Luego, a medida que iba olvidando más y más, su única obsesión desde que se despertaba era irse, salir, encontrar el sitio donde ella suponía que tenía que estar. Creo que era la casa de su infancia con su madre dentro y con su hermana. Buscaba mucho a su madre y a su hermana. Eso ya no tenía gracia y además daba mucho trabajo, sobre todo a mi madre que la tenía que estar vigilando todo el día para que no se fugara. Por eso de vez en cuando nos mandaba con ella a la calle para que dando vueltas se convenciera de que estaba justo donde tenía que estar.

No se convencía y nos mareaba a base de bien. Aunque era muy delgada tenía mucha fuerza, una energía nerviosa que le debía de venir de la propia inquietud. No podíamos con ella y nos limitábamos a seguirla en sus deambulaciones. Así, con Mila delante a toda caña nos recorríamos el barrio entero. Una tarde que ya, agotadas, conseguimos sentarla en un banco, apareció nuestra salvación: el bebé Paco.

Al bebé Paco ya lo conocíamos y nos poníamos loquísimas cada vez que lo veíamos todo rollizo dentro de su cochecito. Era uno de esos bebés insoportables para sus padres porque no se dormía casi nunca, los ojos enormes siempre abiertos y un pataleo constante que ya delataba el niño de acción que iba a ser. Como su madre siempre estaba cansada, nos lo prestaba a ratos cortos. Ese día debía de estar cansadísima porque lo sacó del cochecito, nos lo puso en brazos y nos dijo que se iba a hacer un recado y que lo cuidáramos.

Qué felicidad nos entró de que fuera solo nuestro para un rato. Mila todavía no lo había visto porque tenía uno de sus ataques de pena y desespero y lloriqueaba con la cabeza entre las manos. Ya estábamos acostumbradas a que llorase de vez en cuando y tampoco le dábamos demasiada importancia. Pero cuando levantó la cabeza y vio las lorzas del bebé Paco y su carota sonriente se emocionó tanto como con el Papa y Santiago Carrillo juntos. Se lo pusimos en brazos y ella dijo que sí con la cabeza. Que sí y que sí. Me pareció que acababa de encontrar de alguna manera misteriosa el sitio que tanto estaba buscando.

Al bebé Paco lo tuvimos luego muchas más veces, su madre nos lo prestaba los fines de semana a la hora de la siesta y a cambio nos daba dinero, muy poco pero igualmente hubiéramos hecho el trabajo gratis. Gracias a nosotras se espabiló muy pronto porque le hacíamos estimulación temprana consistente en agitarle cosas delante de la cara y cambio intensivo e innecesario de pañales. No lo bañábamos porque no nos dejaban. Qué rabia.

Si nos cansábamos, lo que ocurría a veces porque era un niño energético al máximo y nosotras lo poníamos más nervioso de lo que ya era, se lo poníamos en brazos a Mila. Con ella se calmaba y Mila se reía y decía que sí y que sí con la cabeza. Tales eran los poderes maravillosos del bebé Paco.