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Lo exo, lo endo…el caso es liarla

Qué susto me ha dado la auto-proclamada Esmeralda esta mañana, creía que se me había vuelto obsesiva-compulsiva de la limpieza o algo peor. Y sí, era algo peor. Me la he encontrado frotando el quiosco con una furia descomunal hasta sacarle brillos. Pero, Esme, ¿qué haces, por qué pierdes el tiempo y las energías de esa manera tan tonta, acaso no sabes que en la naturaleza del polvo está el volver siempre al mismo lugar? Te lo digo para que tampoco te ensañes tanto con él dándole esos trapazos fustigadores y justicieros, es batalla perdida, te lo dice una experta en el sector de lo polvoriento.

¿A que las paredes de mi quiosco lanzan destellos? Estos fulgores y estas centellas tienen que verse desde muy lejos. Pues ya está, lustroso como él solo, ahora me voy a poner sombra de ojos purpurina para que también destellen y a esperar. Anda, ven, que te pinto a ti también, la cuestión es que se nos vea desde lejos y  bien luminosas, no me gustaría que nuestros vecinos de Trappist-1 se llevaran una primera mala impresión y luego vayan diciendo por las galaxias que las terrícolas somos unos cardos borriqueros.

Pues casi que la prefería en su versión maruja que en la de demente alucinada. Otra vez le ha vuelto a dar con el advenimiento extraterrestre pero parece ser que se ha cambiado de sistema planetario.

Estoy emocionadísima con los ocho exo planetas recién descubiertos alrededor de la estrella Trapist-1 y ya no quiero saber nada de los de Alfa Centauri, son unos estirados o a lo mejor es que ni son, tampoco hay que ser malpensada porque no me hayan contestado a mis cartas,   pero estos nuevos…allí tenemos que tener vecinos, la Nasa y yo estamos casi seguras.

¿Te imaginas su terruño? Dado que su sol emite luz infrarroja,  las plantas probablemente sean negras, rojas o azules y los planetas están tan cerca entre sí que desde cada uno se ven los demás, ¡qué vistas espectaculares! A mi es que la luna ya me aburre, qué quieres que te diga, es bonita, sí, pero cansina. Y la hierba verde y las hojas verdes pues lo mismo, necesito novedades.

Pero Esme, ¿de verdad te crees que, caso de que existan, te van a ver desde una distancia de 40 años luz? No es por romperte las ilusiones pero, hija, no sé qué manía te ha dado con todo lo de fuera. Si quieres contemplar maravillas vamos a ver un rato los almendros y los cerezos que los tenemos aquí al lado y sin salir del parque, viajar es muy cansado, si tú siempre lo dices. No quisiste ir a la India y ahora te quieres ir a Trappist, no hay quién te entienda, maja.

Es que es lunes y tenía que limpiar mi empresa, al ser yo todos los empleados en uno me toca desempeñar todas las funciones, desde la más baja a la más alta y, claro, si no me motivo un poco  empiezo ya la semana deprimida y luego me cuesta mucho remontar. Pero nada, ya que me has fastidiado mi delirio, cierro el quiosco un rato y vamos a ver la repetición de la jugada almendril.

Para mí que hoy no tenía muchas ganas de trabajar porque ha echado el cierre a toda velocidad. Pero de delirar sí que tenía ganas porque una vez en el lugar señalado y pese a eso de las repeticiones, le ha dado un segundo arrebato místico floral y ha dicho que era tan precioso que lo iba a pintar o mejor  a escribir o mejor  las dos cosas a la vez y que qué hermosura, que a ella ya es lo único que le importa en esta vida, la belleza y nada más, y que seguro que los de Trappist no tienen nada parecido y que se fastidien esos enanos infrarrojos y que se queda con lo de aquí.

Primero lo exo, luego lo endo… yo no he visto a nadie que cambie tan rápidamente de opinión ni que se exalte con tanta facilidad. Si acaso la vieran los trapistas o trapenses con un telescopio de gran potencia, lo más seguro es que salieran corriendo en dirección contraria. Tanto trance, tanta iluminación y tanta purpurina tiene que dar mucho miedo si es la primera vez que te enfrentas a ello.

 

 

 

 

Del montón

Algo que nos preocupaba bastante era saber con certeza y seguridad si éramos guapas o no. Y caso de serlo, en qué grado: guapas simplemente, muy guapas o las más guapas. La última opción estaba prácticamente descartada porque ya teníamos unas primas rubias que lo eran. Si ellas eran las más guapas, no podíamos serlo nosotras también.

Aunque el espejo te podía dar información, lo más importante era la opinión de alguien con autoridad y experiencia. Por ejemplo, una madre. Así que se lo preguntamos y obtuvimos un rápido diagnóstico: éramos normales. Esa respuesta no nos gustó demasiado, por lo que seguimos insistiendo

¿Cómo de normales?

Normales del montón, dijo ella con esa expresión suya de estar pensando en otra cosa. Éramos su ruido de fondo.

Del montón, yo no quería ser de ningun montón. Un montón era algo horrible en conjunto, incluso aunque estuviera formado por elementos buenos. Un montón estaba compuesto de cosas en desorden, tiradas unas encima de otras. Montón me recordaba a esas marañas de ropas de las rebajas en las que mil manos rebuscan. Yo no quería ser un trapo de rebajas que alguien, depués de mucho hurgar, se lleva a casa más por lo barato que es que porque le haya gustado de verdad. Ser del montón era una mierda y se me saltaron las lágrimas de pura rabia.

Cuando lloraba, mi hermana, que era dura y raramente manifestaba sus emociones, me señalaba con el dedo y se reía, lo que me hacía llorar más. Eso hizo en ese momento. Después me llamó idiota alargando mucho la a pero, a continuación, le siguió preguntando a mi madre. A ella tampoco le había gustado nada lo del montón, solo que no lo quería reconocer.

¿Pero estamos en la parte de arriba del montón, en la del medio o en la de abajo?

Lechuga, tomates, pollo…esas eran las típicas contestaciones de mi madre, vivía perdida entre alimentos y sus combinaciones.

Que si arriba o que si abajo, gritó mi hermana, enfadada. ¿Tirando a feas como las primas Mugidos o tirando a guapas como las rubias?

¿Qué?, dijo mi madre saliendo por un momento de su mundo alimentario. No me grites, siempre gritas. Y tú, pesada, deja de llorar, siempre lloras. Sois las dos normales, estáis sanas, qué más queréis.

Sanas, vaya consuelo era estar sanas, todo el mundo estaba sano, el estar sano iba con el cuerpo, hasta las primas Mugidos que eran horrorosas y parecían dos vacas estaban sanísimas. No pensaría que podíamos ser felices dentro de un montón, asfixiadas entre otras montoneras sanas, disfrutando de nuestra normalidad sin aspirar a nada más.

Al parecer sí lo pensaba aunque era muy difícil saber qué pensaba de verdad, sobre todo cuando se asomaba a la ventana y suspiraba mirando al cielo. Tal vez a ella tampoco le gustaba ser del montón, estaba harta de vivir en él y de vez en cuando necesitaba sacar la cabeza, sentirse única, respirar.

(Cuaderno de DM)

Tendencias

Dice la Noemi que no me tengo que preocupar por estar más o menos gorda porque ahora se llevan todo tipo de cuerpos y que esté atenta, que las voluptuosas (como gusta la Noe de llamarnos) están empezando a ser tendencia. Vamos, que según ella, si no soy modelo es porque no me interesa ese mundo pero que si yo quisiera podría desfilar en las mejores pasarelas dejando en ridículo a todas esas flacas con caras de pena. Lo que no te diga una amiga verdadera para consolarte…

Aunque no sé si era para consolarme o para meterme el rollo; yo quería hablar del Toni pero ella quería hablar de las tendencias, acababa de pegarse un atracón de revistas y tenía que aventar sus nuevos conocimientos.

Yo le decía: es que es muy aburrido, solo abandona el sofá para subirse al monte pero de ahí no le saques y encima es hipocondriaco. Y ella me contestaba: adiós al patrón único de belleza, se llevan también las bizcas y las que tienen los dientes torcidos, estamos de suerte, ser la excepción es la nueva regla.

De suerte estará ella que yo la cara la tengo según los cánones clásicos, o sea, bien, muy poco tendencia.

En realidad lo nuestro de ayer no fue un diálogo sino dos monólogos superpuestos, ella hacía como que me escuchaba pero estaba ansiosa por que yo terminara la frase para colarme la suya, incluso a veces ni me dejaba terminar. Pues como te iba diciendo, me soltaba todo el rato para poder meter cuña oral. Y luego la obsesión que tiene con ver famosos, como que con el frío que hacía y la lluvia que caía iban a estar los famosos dándose vueltas por la Puerta del Sol. Estarían en sus casas, a buen recaudo, con la calefacción a tope y pensando estrategias para mantener la fama, que es muy efímera y frágil y a la que te descuidas vuelves a ser el anónimo pringadillo que siempre fuiste.

Y ella, mira, mira, esa que acaba de pasar es la que hizo esa película tan famosa del Almodóvar, ahora no me acuerdo del nombre ni del título de la película pero sí es, sí, espera, párate que les voy a poner a las del pueblo que he visto a una chica Almodóvar. Oye, si subimos para Callao lo mismo nos topamos con él, con Pedro, que me pega que sea más su zona, estoy segura de que si me ve, me ficha, ya no te digo que de protagonista pero de secundaria sí. No me digas que no soy su estilo total.

Olvídate de estilos y de totales , le digo, y agarra bien el bolso, que ese grupo de mujeres que se nos aproximan me parecen las del clan de las Bosnias, las he visto varias veces en la tele.

¿Son celébritis?, se me pone ella muy ilusionada.

Sí, mucho, por robar carteras, así que acelera el paso y no mires para atrás que nos enfilan.

Y yo: ¿tú crees que el Toni me quiere? Y ella: sí, sí, te quiere mucho lo que pasa es que es muy cenutrio pero como te iba diciendo, también se llevan las viejas, ahora las arrugas, las canas y todo eso son valores en alza. Te lo digo para que se lo cuentes a la Esme y sepa que no lo tiene todo perdido.

Como se entere Esmeralda de estas palabras, la Noemi puede darse  por lisiada, lo que no es problema en el mundo de la moda, que dice ella que se lleva lo que más hacer del defecto virtud. Pura tendencia.

Belleza entreverada

El Toni todo lo ve feo pero eso es porque no sabe mirar. La belleza casi nunca viene junta y pura, no se presenta así ante nuestros ojos salvo en las fotos. En la realidad, en lo cotidiano, la belleza viene mezclada con la fealdad y por eso, a veces, cuesta distinguirla.  Está entreverada, como el tocino de los jamones y cuanto más mezclada y confundida, casi mejor, más satisfacción sientes al encontrártela.

No hay que buscar la belleza solo en los lugares calificados como bonitos, como hace el Toni y se desespera porque no puede pasar la vida en ellos. Hay que ir a por ella donde supuestamente no está. A veces, entre dos edificios feos se asoma una porción de cielo que nos alegra el día. Ya sé que sólo es una porción y no el cielo entero pero es que si te comes toda la tarta de una tacada igual te indigestas.

Se lo he dicho esta mañana al Toni, antes de irme a trabajar, pero me ha dicho que le caigo mal cuando digo esas cosas tan positivas, que parezco un libro de autoayuda y que no mire tanto para arriba porque lo más seguro es que pise una caca de perro, que está el suelo petao.

Lo que tú quieras, Toni, pero yo que tú me concentraría en algo feo, algo que no te guste y trataría de encontrarle su tocino entreverao, haz la prueba.

Sí, ahora mismo me bajo al portal y me pongo a mirar fijamente a la señora del perro o a su can que seguro que hasta me enamoro, luego no te quejes, chata.

Pero qué simpático es mi Toni cuando se lo propone y se lo propone bastante.

 

Pavos y pavas

Doña Margarita y yo estuvimos ayer de circuito por los jardines de los pavos reales. Es un lugar precioso que nunca me hubiera imaginado que pudiera estar dentro del mismo parque que frecuento cada día. Como no me muevo de la zona del quiosco pues me lo había perdido. Doña Margarita se puso sus coloridos atavíos, la trenza rodeándole la cabeza cual corona de la senectud, se subió en su silla-trono y allá que nos fuimos muy contentas de disfrutar de la luminosa tarde.

Atravesamos rosaledas, estanques con nenúfares donde los sapos se subían a tomar el sol como si estuvieran sobre sus toallas, vimos patos recién nacidos aprendiendo a nadar y a subir y bajar de las rocas mientras las madres patas vigilaban sin intervenir practicando eso de la educación en libertad, supongo. Nos paseamos entre los árboles a los que el viento movía las hojas. Doña Marga me explicó que es música arbórea y que siempre hay que pararse, por lo menos un momento, a escucharla. Pues precisamente eso estábamos haciendo debajo de la copa de un arce plateado (lo sé porque tenía un cartel delante y por eso todos los paseantes se detenían a mirarlo, había otros igual de bonitos pero eran ignorados por no llevar nombre)  cuando oímos una especie de violento maullido. Me pongo a mirar en torno con bastante tensión para ver por dónde nos va a saltar el gatazo asesino pero no salta nada,  el maullido sigue y a él se añaden otros, todo un coro de desabridos gritos raros.

No te preocupes, Eva, me tranquiliza la Margarita al verme tan descompuesta, que son los pavos, es su grito de apareamiento, están llamando a la hembra. Míralos ahí,  al fondo.  Pues vaya con el grito, no me extraña que las pavas que andaban muy afanosas  picoteando por el suelo en busca de alimento o materiales para el nido, ni se les acercaran. A mí, si alguien me llama así salgo pitando en dirección contraria, ese lamento quejumbroso no auguraba nada bueno. Igual utilizan la táctica de dar pena para que ellas acudan a consolarles pero si es así no les estaba dando muy buen resultado.

Como con el grito no, pasaron a la segunda fase que es la de exhibición pura y dura y se pusieron todos a desplegar sus colas y abanicarse con ellas. Belleza física no se les puede negar ahora que como tontos…y las pavas debían de estar pensando lo mismo porque solo levantaron la cabeza unos instantes y siguieron a lo suyo, como si se dijeran con hastío, ya están estos otra vez con sus memeces, con la de cosas que tenemos nosotras que hacer.  Entonces los pavos, ya pelín desesperados,  echaron a correr todos en fila junto a los estanques hasta acercarse a las pavas donde repitieron su alarde de plumaje, color y sonido.

Me recuerdan muchísimo pero muchísimo a un novio que tuve, dice la doña Margarita echando la cabeza para atrás y soltando una carcajada de lo más escandalosa. A veces se ríe así, concentrando en la risa todo el impulso vital que le queda y sin importarle que se le desencaje la dentadura. Era guapísimo, tanto que todas me lo querían quitar y, claro, al final me lo quitaron y bastantes veces, además. Sufrí mucho pero ahora, visto en la distancia y comparado con otros pesares, me parece  un sufrimiento bonito.

Pues cuénteme más cosas de ese novio o de otros novios que haya tenido, le pido porque me gustan las historias de amoríos pero se niega a hablar más, creo que la carcajada le ha dejado agotada y quiere que nos vayamos, tiene frio y sueño. Así que nos vamos y me quedo sin saber los finales.

El de los pavos me lo puedo imaginar dado que la especie no se ha extinguido. Ahora estaba pensando en la vida de los pavos y pavas y haciendo comparaciones. Ellas, las pavas, están completamente liberadas de la esclavitud de la belleza -no son nada atractivas y van como desarregladas, lo que no les impide ligar-  y en lo condenados a la misma que viven los pobres pavos, toda su existencia acarreando ese traje tan incómodo y pesado. La naturaleza qué cruel resulta a veces, al fin y al cabo  los tacones son optativos y siempre se pueden dejar en el armario. Aunque, por otro lado, se lo merecen bastante porque el pavo real macho lleva una vida bastante placentera y despreocupada y la que la se ocupa de todo el trabajo, incluída la crianza, es la hembra. Me ha explicado el Toni, que en el terreno avícola está puestísimo, que una vez conseguido el apareamiento ellas se ponen a trabajar y ellos vuelven a lo mismo hasta conseguir harenes de entre cinco o seis hembras.

Y encima, maúllan desconsolados.

Cajones y arte

En mi pueblo no hay mucho que ver, no tiene museos como otros pueblos que tienen el del aceite, el de la cerámica o el que se saquen de la manga con tal de atraer turistas. Tampoco cuenta con monumentos destacables. La iglesia no es fea pero no puede competir con otras dos románicas que hay por la zona aunque, de todas formas, a las lugareñas nunca se les ocurriría visitarla como objeto de interés artístico, ya la tienen muy vista de misas, bodas, bautizos y funerales.

Tampoco les da por ir de excursión a la calzada romana que se encuentra al inicio del monte, por ahí solo suben, con grave riesgo de despeñarse, turistas tarados, montañeros locos y otros especímenes de poco fiar. ¿Qué interés pueden tener esas piedras tan viejas que están que se caen? Pues ninguno. A las de mi pueblo no les gusta lo viejo y lo romano no es que sea viejo sino viejísimo. Lo bonito de ver son las cosas nuevas y relucientes, las cosas ordenadas y pulcras y entre ellas han figurado durante muchos años, a falta de mejores atracciones, los cajones del armario de mi hermana Lauri.

Era mi madre la que organizaba esas expediciones de mujeres para ver los cajones. Surgieron de manera espontánea, a medida que se iba encontrando amigas o conocidas por la calle o las tiendas. Tiene mi Lauri unos cajones que no os los podéis ni imaginar, son una preciosidad…si os pasáis luego, a eso de las cinco y media, os los enseño.

Empezaron viniendo tímidamente, de dos en dos, de tres en tres como mucho pero, poco a poco, se fue corriendo la voz de que los cajones de la Lauri eran algo digno de verse y de contemplarse y manadas de mujeres, hordas femeninas o como se les quiera llamar, estuvieron irrumpiendo largo tiempo en mi casa adentrándose sin ningún recato en nuestro cuarto, con mi madre de cicerone.

La Lauri y yo nos encontrábamos por lo general en el trance de hacer los deberes, ella con su mesa muy bien organizada y yo con la mía en mi personal estilo. Entraban las mujeres, formaban un círculo alrededor del armario, mi madre abría sus puertas con mucho teatro y aparecían los cuatro cajones. Ellas solo iban a ver los dos de arriba, los de la Lauri. ¿Estáis preparadas?, decía siempre mi madre creando intriga y tensión y abría el primero. Dentro había bragas, sujetadores y calcetines pero tan perfectamente colocados y distribuidos en el espacio del cajón, tan simétricamente organizados, tan bien conjugados los colores,  que semejaba una obra de arte de clásica elegancia. Ohhhhhh, exclamaban conmovidas las mujeres, algunas hasta se tapaban las bocas del puro asombro.

Pues ahora el de  abajo, anunciaba la guía turística. Y el segundo cajón se deslizaba silencioso por el riel mostrando su contenido: camisetas. El orden era tan perfecto que no parecía del planeta Tierra. Las mujeres desviaban entonces la mirada hacia la cabeza de Lauri que, pulcramente peinada y olorosa a colonia, (nunca he entendido por qué mi hermana se ponía colonia en el pelo antes de hacer los deberes), seguía reclinada sobre sus libros y cuadernos intentando pasar desapercibida. Solo les faltaba arrodillarse y adorarla.

¿Y los dos de abajo?, preguntaba alguna avispada pasándose de lista. Esos mejor no abrirlos porque dan pena, son los de la Eva, soltaba mi madre sin ningún miedo a traumatizarme de por vida. Las mujeres volvían la vista hacia mí con gesto de reproche, meneaban la cabeza con disgusto y, lo que es peor, algunas se reían.

Qué tontas y qué ignorantes, pues si el interior de mis cajones también era arte, pero de otro tipo, mucho más moderno y vanguardista. Un arte en el que lo que importa no es la armonía sino el comunicar todo el caos y la confusión del mundo. Esas señoras tan academicistas y apegadas a los modelos canónicos no sabían mirar ni estaban preparadas para entender mi lenguaje artístico. Paletas.