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Cielo de agosto

Desde la casa sin tejado mirábamos al cielo.

Al otro lado se extendía el campo amarillo.

Salíamos a correr con los brazos abiertos.

Veloces lagartijas recorrían los muros,

libélulas suspendidas en el aire,

mariposas borrachas de sol,

un rumor de hierbas secas,

tu mano

y el cielo libre de aquel agosto.

 

Agenda

Cargado de pereza de domingo, el cielo va al almacén del material, se sienta sobre una de las cajas de cartón y con un lápiz mordido apunta en su libreta el plan de extras de la semana.

Para el lunes va a programar un par de bandadas de aves migratorias cruzándolo de norte a sur a primera hora de la mañana y otras tres al atardecer en dirección contraria. Suficiente para ser el primer día de la semana.

El martes, qué pone el martes, piensa estrujándose el traje azul, puede poner un desfile de nubes a eso de la media mañana, nubes gordas, ahí están, en la caja grande. Bien, eso es vistoso.

¿Y si saca para el miércoles uno de los arcos iris? Tiene pocos y además no quiere recargar la semana, ya puso la anterior una tormenta con rayos, luego le acusan de sensacionalismo. Muerde el lápiz, indeciso. Está bien, sacará uno de los arcos pero breve, lo que es mostrarlo un minuto y para dentro. El que esté espabilado y sepa mirar, se lo encontrará.

Jueves, nada, traje gris y a descansar y como protesten, y sabe que van a protestar, lo prolonga al viernes. Pues eso, grisuras también el viernes, así tiene tiempo de ordenar sus cosas. La caja de los vientos está hecha un asco.

El sábado se va a lucir con la luna llena, no hay más que pensar, y la dejará puesta toda la mañana para aprovechar el tirón. No retirar la luna, escribe con letra temblorosa, de cielo viejo.

Y ya es domingo otra vez, como se pasan los días. Unos vientos removedores para el domingo y pájaros en uve y remolinos de hojas y la luna por un lado y el sol por el otro.  Echando el resto, nada de minimalismos. Nubes a la hora de la puesta de sol, de las rojas y una grande morada al final, cerrando espectacularmente la semana.

Pues ya está, puede descansar, son tantos años de hacer básicamente lo mismo que ya empieza aburrirse, pero le ha tocado ser cielo, peor sería ejercer de núcleo terrestre sin que nadie admirara su arte. Guarda el lápiz chupado y la agenda, abre la caja donde pone “estrellas”, se espolvorea unas cuantas en el pijama de raso negro, se coloca la radio bajo la almohada, traga la pastilla para el insomnio y se extiende a dormir.

(Cuaderno de DM)