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Anatomía patológica

Primera deserción costurera: la Pandora ha colgado el ganchillo. Qué alegría me ha dado cuando la he visto de nuevo con la baraja entre las manos pero lo que preveía como felicidad ha devenido en tortura, suele pasar.

¿Y las labores, Pandora?, digo tanteando el terreno porque no me fío del todo y hago bien.

La de tapetitos que han confeccionado estas manos artítricas -me responde colocándome los dedos torcidos tan cerca de mi cara que me anula la perspectiva y ni los veo- he hecho para todos los lugares posibles, tengo la casa tapeteada entera, incluso ya estaba planeando hacer fundas de ganchillo para las propias fundas de ganchillo pero las circunstancias se han interpuesto, qué jodías suelen ser las circunstancias!

Vamos, que te has cansado, si ya sabía yo que esto de las labores no podía durar mucho, tú has sido la primera en darte cuenta y luego le pasará lo mismo a la Esme y la Norma lo dejará también y volveremos a ser el grupo activo y emprendedor que fuimos. Qué bien.

Para el carro, Eva, que no ha sido por cansancio por lo que he abandonado, hubiera seguido, estoy enganchada, que viene de ganchillo, creo, pero me lo impide la salud, como tantas otras actividades. Me empezaron a doler mucho los ojos y las cervicales porque esto de las labores parece inocuo pero tiene sus riegos. Ya no tengo edad, hija, hay que asumirlo. Nos hemos quedado tú y yo solas porque esas dos siguen y siguen. Bueno, así nos hacemos compañía.

Vais a decir que soy mala pero la compañía de la Pandora, a palo seco, sin grupo que la diluya, es bastante dura de tragar. Claro que si lo que quieres es aprender del cuerpo humano y sus múltiples patologías entonces está bien. Después de un rato con la Pandora te puedes escribir un tratado de anatomía patológica o de oxidación masiva o de disfunciones asociadas al envejecimiento y te va a quedar bien, nadie te va a poder rebatir que lo que has escrito es mentira porque está probado, documentado y basado en hechos reales. Igual hasta te lo publican en la revista Science como hallazgo científico destacable porque se sale de lo normal que en un solo cuerpo se acumulen tantas y tan variadas dolencias y que, pese a ello, ese cuerpo siga vivo. A mí me tiran más las letras pero no me quiero cerrar a ningún campo del conocimiento que cultura es todo. Eso es lo que me he puesto a imaginar, que me iniciaba en el mundo de las ciencias médicas para consolarme del rato tan malo que me estaba dando.

Y que llevaba un orden, además, nada de ir narrando así a lo loco, tal cual le viniera a la mente. No, ella, metódica, ha empezado por arriba, por los ojos, ha descendido  luego hasta las cervicales y desde ahí ha ido bajando y bajando hasta tener todos los órganos y miembros perfectamente escaneados. Por si no me quedaba claro y supongo que con la intención de ejemplificar, me iba señalando y mostrando sin pudor ninguno -mangas arriba, escote abajo, falda que me izo, media que me bajo- las pruebas visuales de lo que iba relatando. He tenido el privilegio de contemplar in situ, y el Jacobín y la Casilda también que estaban muy interesados y querían, con la curiosidad propia de la infancia, tocar además de ver, todas sus cicatrices, heridas, sarpullidos, alteraciones  tisulares y cambios morfológicos. Los órganos internos no me los ha podido mostrar, lo cual ha lamentado mucho, pero sí que me ha sacado una radiografía que llevaba en el bolso para mostrarme la artrosis en la columna y me ha prometido-amenazado con traerme mañana una ecografía abdominal para que no me pierda su inflamación hepática.

Socorro, he querido gritar varias veces, acosada por todas las itis, bastentes osis y algún que otro oma pero no lo he hecho porque me hubiera dado lo mismo, nadie iba a venir en mi auxilio. Y por si fuera poco, he visto reírse de medio lado a la Esme mientras bordaba en plan zombie  su segundo gatito.

Y que luego diga el Toni que no puede soportar al majo….le daba yo una buena ración matinal de la Pandora, o  de la Pandorita, como diría el susodicho, para que sepa lo que es aguantar con paciencia a los compañeros.

El majo

El Toni tiene un compañero en el bar que es muy majo. Pues qué suerte, pensaréis como pensé yo, porque los compañeros retorcidos te pueden hacer la vida imposible. Pues no, el Toni preferiría tener al lado en sus ocho horas laborales a alguien no tan majo. Dice que tanta majez es insoportable y que le saca de sus casillas. Tampoco es muy difícil sacar al Toni de sus casillas, de hecho yo creo que nunca ha llegado a estar dentro de las casillas esas que, por otro lado, no sé lo que son. El Toni es ser de casillas para afuera, como quién dice.

Pero volviendo al majo, resulta que es un hombre de mediana edad, casado y con dos hijos en edad escolar, de aspecto físico normal, ni guapo ni feo, ni alto ni bajo, un señor medio con una vida media, de profesión camarero. Lo que le distingue de otros congéneres de su misma especie -léase el Toni- es que siempre está contento, no se enfada por nada y todo le parece bien. El Toni dice que no ve normal ese estado de ánimo tan positivo y lineal y que ese hombre tiene que tomarse alguna sustancia muy potente para mantener, día tras dia y sin alteración esos niveles de felicidad.

Al majo no le perturban los clientes pesados ni los bordes ni los malhumores del jefe ni que haga frío ni que haga calor ni que pierda su equipo de fútbol. El majo entra con la sonrisa puesta y sale con la misma sonrisa inalterada. Que eso no es natural, se pone el Toni, que ese hombre es un robot programado para la felicidad constante  y no un ser humano con los altibajos anímicos propios de su condición.

Pero bueno, Toni, le digo, ¿no tendrás envidia?, mira que es muy feo y muy rastrero el ser envidioso, deberías alegrarte de que exista alguien feliz y que ese alguien, además, esté cerca de ti, ¿o es que preferirías tener de compañero a otro gruñón como tú? La barra daría miedo y no entraría nadie al bar, tenlo en cuenta.

Que no es eso, que él envidia no tiene, que se alegra de que sea feliz y no le desea nada malo al majo pero que no quiere que se lo cuente porque le da dentera y que, además, la comunicación con él es imposible porque parece que habite otro mundo distinto.

Por ejemplo, me explica, si tú al majo le preguntas por sus hijos nunca te va a decir que están muy bien pero que dan mucho la plasta o que desobedecen o que han suspendido alguna;los hijos del majo son unos chavales majísimos que nunca sacan malas notas ni lo dejan todo tirado por los suelos, ni contestan, ni se enganchan a las máquinas y, por si fuera poco son los pichichis de la liga escolar. Si por la mujer, que también es majísima, que trabaja dentro y fuera sin descanso pero siempre está contenta y bien peinada, que los cuatro dan paseítos y comen heladitos, porque el majo utiliza mucho los diminutivos, nunca dice le pongo un pincho sino un pinchito o aquí están sus cañas sino las cañitas, y que qué felices son juntos, que la vida en pareja es maravillosa y le da un codazo cómplice al Toni como para corroborarlo. Además, el majo silba, a todas horas silba unas cancioncillas muy alegres y festivas y, encima, silba bien no es un silbador chapucero, es un silbador majo.

Y que por sin fuera poco ha visto su lema en el whatsapp y que si sé cuál es.

Pues no, cómo lo voy a saber, dímelo tú.

Viva el veranito, me dice mirándome con ojos desorbitados de ira.