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Historia de amor con claves de búsqueda

La vida del teletrabajador puede parecer envidiable pero es muy aburrida. Es  verdad que ahorra dinero en ropa y en desplazamientos y que no tiene que aguantar a compañeros molestos ni soportar la presencia física del jefe pero nunca cambia de escenario y está solo.

El teletrabajador de esta historia (T. para abreviar) ha contratado para poder teletrabajar sin interrupciones a una empleada doméstica (E.).

Cuando E. llega por las mañanas a casa de T., lo primero que hace es cambiar  las botas de la calle por unas chancletas que dejan al descubierto sus pies. T. piensa, qué lindos pies, y como ya está harto del informe que tiene entre manos, se mete en internet y escribe por pasar el rato en la barra de google : «mi empleada tiene lindos pies«. Google lo conduce hasta un extraño blog que no le interesa lo más mínimo. Sale de allí y sigue teletrabajando o intentándolo. Clas, clas, clas, chancletea E. y ese sonido tan evocador no le deja concentrarse.

Pasa el tiempo, cómo no, el tiempo tiene la manía de pasar. A un informe sucede otro y a un día otro y las chancletas clas, clas, clas, le tientan cada vez más. A E. no le tienta nada, tiene demasiados problemas. No es del país del teletrabajador, duerme en una habitación dentro de un piso compartido con otros inmigrantes,  hay muchas peleas debidas a la falta de espacio, para todo hay que hacer turnos, para la lavadora también.

Piensa, ¿y si lavo mi ropa en casa del patrón?, pero no se decide. Una tarde que va a un locutorio para hablar con su familia aprovecha para plantearle la duda al gran oráculo de nuestros tiempos y pregunta ya sabéis a quién: «¿y si lavo la ropa en casa del patrón?».

Google, que no tiene respuestas para todo aunque muchos crean que sí, la deriva hacia el mismo blog extraño. A E. le hace gracia porque lo escribe una empleada doméstica como ella pero es un poco rara, cuenta muchas tonterías y tras curiosear un rato, se va.

Al día siguiente y aunque Google no le ha indicado que lo haga, E. se atreve a tomar su propia decisión y lava su ropa en casa del patrón. Luego la tiende.

T. levanta la vista de la pantalla del ordenador, mira por la ventana y se topa con las prendas de la empleada agitándose provocadoras en las cuerdas. No se enfada ni le pide explicaciones a E. Abre la ventana, agarra lo más cercano, que son unas medias, y las huele.

Tal vez porque está arrepentido y quiere saber si lo que acaba de hacer es normal o porque espera encontrar un foro de olisqueadores de medias al que sumarse,  regresa al sobado google y escribe a ver qué pasa: «me gusta oler las medias de mi empleada«. Mala suerte, vuelve a caer en el blog de la pesada  esa que seguro que no se parece en nada a su adorada de lindos pies y aromáticas medias. Cabreado, regresa al informe y clas, clas, clas, parece que se burlan las chancletas.

El tiempo a lo suyo,siempre a lo suyo, sigue pasando pero como esta historia de amor confeccionada con las claves de búsqueda, me está quedando muy larga, se detiene aquí y mañana os cuento lo que ocurrió después.

Consultorio bloguero

Dada la gran cantidad de navegantes que buscando solución a sus problemas, dudas y cuitas quedan varados en mi blog, he decidido montar un consultorio bloguero de lo más vintage. A mí todo lo que sea ayudar….Pues queda inaugurado con las siguientes preguntas:

-Mi empleada tiene lindos pies, ¿qué hago?

Querido amigo, lo primero que tengo que decirte es que eres muy afortunado pues las empleadas domésticas dotadas de lindos pies no son tan frecuentes como pudiera parecer. Pero paso a resolver tu problema que tiene fácil remedio. Súbele el sueldo, ella se lo merece por alegrarte las jornadas con la visión de sus bellas extremidades. También se me ocurre que le compres unas bonitas sandalias para que luzca debidamente las pezuñas que seguro que lleva unas chanclas birriosas y esto, estimado lo que seas, no es lo adecuado tratándose de lindos pies. Espero haberte sido de ayuda.

-¿ Qué le doy de leer a la empleada doméstica?

Apreciado empleador, ¿no habrás querido decir qué le doy de comer? Creo que no porque luego has insistido con la frase «lecturas para la empleada doméstica». Voy a felicitarte por tu sensibilidad, es muy loable que te preocupes por la formación de tu empleada porque, además, si tú no lo haces se ocupará ella misma con consecuencias imprevisibles para ambos. Mi consejo es que te inclines por lo que se ha hecho toda la vida con el servicio: darle las sobras. O lo que es lo mismo, que le des a leer lo que tú previamente hayas leído.De este modo tendrás una sombra lectora además de formativos temas de conversación para cuando no sepas qué decir.

-Cómo la lío en el pueblo para no aburrime

Querido absurdo, mi primer consejo es que te entregues de pleno al aburrimiento y que no trates de rehuirlo. Aburrirse es de lo más edificante y creativo aunque te suene extraño. El segundo es que no busques en google solución a dudas existenciales tan profundas, para eso están tus colegas que sabrán orientarte mejor. Y el tercero y último es que, si finalmente decides tratar de combatir el aburrimiento desoyendo mi primer consejo, recurras a lo clásico: agárrate un buen pedal. A continuación puedes romper farolas o darte un baño en la fuente. La lías, fijo. Un abrazo.