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Veleidosa juventud

Suena el móvil esta mañana mientras yo me afanaba en desmantelar belenes y árboles navideños ajenos.En esta casa tan fina no se conforman con solo uno de cada en un rincón sino que la decoración se extiende por todas las estancias a modo de plaga. Me resisto a contestar porque a mi jefa no le gusta que hable mientras trabajo. Ora et labora no es su lema preferido para mí aunque, claro, lo que yo hago no es precisamente orar sino hablar por el móvil, nuestra oración contemporánea, ahora que lo pienso. Me resisto a la primera llamada y a la segunda y a la tercera pero a la cuarta he tenido que contestar por si se tratara de una emergencia. Era la Esme.

Hola, Esme, no puedo hablar mucho que estoy en pleno trajín, ya me imagino que me llamas para desvelarme lo que me han dejado los Reyes en tu casa. Estás tú lista, te llamo para contarte el disgusto que me ha dado la Anais, pues no me sale ahora la muy mema con que se quiere salir de gótica, dice que esa tribu urbana ya no le interesa, que está pasada de moda, que las negruras y lo siniestro ya no son lo suyo y que últimamente se está inclinando más por la luz. Pero ya le he dicho que de eso nada, que hasta que no sea mayor de edad la ley está de mi parte y que las cosas no se empiezan y se dejan luego a medias, un mínimo de coherencia y de compromiso, leches. Mira, Esme, no sé qué decirte, ¿tú no querías que la chica se encarrilara? Eso era antes de que fuera nuestra marca de empresa. Lo hace para fastidiarme, estoy segura, por llevarme la contraria y hundirme los proyectos vitales, los hijos son muy egoístas y en cuanto ven que despegas se asustan porque ven peligrar sus comodidades, me recuerdan a ciertos hombres.

Bueno, mujer, tú no te preocupes por la marca de empresa que ahora también contamos con la Norma Beatriz que, aunque de otra manera, me parece a mí que tiene mucho gancho. Oye, si los Reyes me han dejado un bolso, que es lo que yo  pedí, espero que sea grande para que me quepan con holgura los libros de culturizarme, el tarot y los bocadillos para los bajones. Si es pequeño todavía estás a tiempo de ir a cambiarlo, lo digo más que nada por…y va y me cuelga.

Cruce de whatsapp

Esme: ¿se puede saber cuándo vuelves?

Eva: hola, Esme, feliz Año Nuevo

Es: déjate de felices y de  años, no seas obvia, y vente mañana para la empresa que el trabajo nos reclama/p>

Ev: tengo vacaciones hasta después de Reyes

Es: será con Patricia pero conmigo no, ¿tú te crees que unas emprendedoras de reciente creación se pueden permitir esos lujos?

Ev: está lloviendo y no vamos a hacer nada y tengo al Toni lesionado, con una bolsa de hielo en cada rodilla

ES: no te vale ni para el ocio ni para el negocio, je, je, je.

EV: muy graciosa, ¿qué tal tus Navidades?

Es: quiero divorciarme de mis hijos ¿se puede?

EV: me parece que no, ¿por?

ES: me tienen la casa que ni los del síndrome de Diógenes, entre otros motivos.

EV: no sé qué es eso

ES: pues bien que te haces la culta en el blog, citando a diestro y siniestro, reconoce que metes una cita cuando no se te ocurre nada

EV: qué borde empiezas el año pero te perdono porque me lees ,aunque sea para criticar

ES: solo por encima, no te hagas ilusiones. Y ya que no vienes ve pensando algo para el negocio. Yo ya he tenido una idea.

EV: ¿otra?

ES: bueno, se la he copiado a los de Amazon . Drones, vamos a meter drones.

¿Con quién te escribes tanto?, me pregunta el Toni contemplando melancólico el paisaje lluvioso y desolado. Con una loca, le contesto mirando las brumas.

¡Neike! Ampliamos negocio

Nos hallábamos la Esme y yo en pleno proceso adivinatorio cuando vemos aproximarse a una muchacha de lustrosa melena que lleva de la mano a una niña rubia con un enorme lazo rosa sobre la cabeza. ¡Ndéeee!, grita alegre al tiempo que agita en el aire, a modo de saludo, el artilugio llamado tereré. Pero ¿quién es esa que te saluda y en qué leches habla?, me pregunta la Esme interrumpiendo de golpe sus vaticinios. Es la Norma Beatriz, cuida a la hija de una amiga de mi jefa y, si te digo la verdad, no me conviene nada que me vea en estos pluriempleos que me traigo. Mira que si se lo cuenta a su jefa y ésta se lo chiva a la mía y la mía me despide. ¿Qué voy a hacer yo entonces? con el sueldo del Toni no tenemos ni para empezar y yo al pueblo no me quiero volver, ahora que me estaba adaptando a la vida urbana y me había propuesto ser culta. Para, chica, para, no me hagas el cuento de la lechera pero en versión pesimista y dime qué lenguaje utiliza la Norma esa para que me pueda comunicar con ella. Eso que habla es guaraní, le aclaro, pero sabe español igual que tú y que yo, lo que pasa es que le gusta desconcertar.

Hola, guapa, saluda la Esme poniéndose en jarras, ya me ha dicho Eva que eres de su gremio, me parece muy bien pero una advertencia voy a hacerte, de lo que estás viendo y vas a ver aquí,ni media palabra a nadie o tendrás problemas y graves. Qué mafiosa puede llegar a ser la Esme cuando se huele peligros para el negocio. Ani ndepody, concilia sonriente la Norma, no te preocupes, yo solo quiero un ratito de compañía, ¿y ese jueguito?, pregunta señalando las cartas del tarot. Ese jueguito, como tu dices, es el muy serio arte de la cartomancia y si quieres aprender en qué consiste tienes que estarte quieta y callada, ni media interferencia. Qué lindo, exclama Norma Beatriz sorbiendo de su sempiterna pajita y dirigiéndose a la niña de lazo rosa, ordena dulcemente: Casilda, anda a jugar con el muchachito.

Y así, nosotras trabajando  y el Jacobín tratando de apoderarse violentamente del lazo rosa con la intención de comérselo (qué troglodita es el pobre), Norma Beatriz ha ido aprendiendo a base de observación. Esta lo pilla al vuelo, sentencia la Esme, tiene cara de lista y además es guapa, nos conviene para el negocio. Pero Esme, ¿es que la quieres introducir en la empresa? Anda, pues claro, si parece llovida del cielo. Con esa melena, esa cara y ese tipo la mitad de la población que nos faltaba se nos va a acercar, seguro, y luego está la ventaja de ese idioma que conoce, que cuando no sepamos que decir la ponemos a largar una parrafada en guaraní y quedamos de lo más arcanas. Me gusta, me gusta el cariz que está tomando esto, tenemos nuestra marca de empresa, nos tenemos a nosotras mismas y ahora vamos a tener el toque exótico y la aguda inteligencia de Norma Beatriz.

Y sin esperar a que yo le diera el visto bueno, la Esme se ha puesto a explicarle los rudimentos del negocio y le ha propuesto que participe en él. Ella nos ha mirado, se ha mantenido unos instantes en silencio, ha dado un largo trago a su tereré y ha exclamado con entusiasmo ¡Neike! que quiere decir algo así como ¡vamos! o ¡adelante!

Se buscan hombres

La Esme, ya recuperada de su arrebato hormono-vital, ha llegado hoy a nuestra sede empresarial -el quiosco y sus aledaños- rebosante de energía e iniciativa emprendedora. Yo creo que quería compensar su estrafalaria conducta de ayer mostrándome su faceta más profesional. Si os digo la verdad, se ha puesto bastante pesada (por no decir coñazo que no queda fino en un blog) con la estrategia de negocio. Casi que la prefería en su versión loca de atar porque no me ha dejado ni respirar con tanta tormenta de ideas. Sostiene (no el Pereira sino la Esme) que tenemos que elevar la vista, mirar otros horizontes y no centrarnos solo en el mercado más cercano. Dice que lo ha leído en una página web con consejos para emprendedores. Que no nos encerremos en nuestra idea inicial y que si necesitamos invertir en líneas básicas de negocio pues que lo hagamos y rápido.

Y eso, traducido al habla de la calle, ¿qué quiere decir?, interrogo yo. Pues mira, lo de elevar la vista y buscar otros horizontes quiere decir que atraigamos hombres porque, como ya habrás podido comprobar a poco aguda que seas, nos estamos restringiendo a un sector exclusivamente femenino y no es bueno perder a la mitad de la población. Ah,eso, ¿y cómo los vamos a atraer? Se me ocurren varias ideas, me suelta poniendo una cara de lo más intrigante y persuasiva. Ah, no, Esme, por ahí no paso, yo a puta no me meto, eso que te quede bien claro. La Anais, de piedra hasta el momento, nos ofreció una de sus siniestras carcajadas y al Jacobín, que está empezando a pronunciar sus primeras palabras, le dio por repetir puta una y otra vez hasta tenerla perfeccionada. Que no, Evi, que no te enteras, me tranquilizó la Esme, que hay muchas maneras de atraer a los hombres que no tienen por qué ser sexuales, no seas básica. No, si los básicos son ellos, me defendí. Por ejemplo, podemos poner junto al tarot una imagen de Messi o de Cristiano Ronaldo o de la Roja, para no mojarnos. No sé, es que no termino de ver la relación entre la magia y el fútbol. Como que no la tiene, me suelta tan pancha, pero ya se la buscaremos nosotras que para eso estamos.

Y en cuanto a las nuevas líneas de negocio -prosigue sin dejarme asimilar la tontería de las fotos de futbolistas- se me ocurre que deberíamos irnos preparando para ofrecer endulzamientos, encantamientos y otros rituales variados, que lo de ser simples echadoras de cartas ya está muy trillado. Ya, pero es que solo sabemos lo de la miga de pan, Esme, no estamos preparadas. Pues por eso y no le saques pegas a todo, vete estudiando en tus ratos libres que la formación continua es fundamental en cualquier profesión. Y sobre todo, piensa y estrújate el cerebro porque mañana me tienes que traer una idea para atraer hombres. Pues lo que me faltaba, me ha salido mandona, y que no se me ocurre nada, llevo todo el día enzarzada con lo mismo y la idea no viene. Se aceptan sugerencias.

Qué cansado es emprender

No, si tenía razón la Esme , lo de tener una marca de empresa, una imagen que nos defina y represente ante la inmensidad del mundo ha sido un acierto y está empezando a dar resultados y de los buenos. Desde que tenemos a la Anais como un pasmarote truculento tras la mesa no cesa de crecer la clientela. Vamos, que no hemos parado en toda la mañana de adivinar, vaticinar, augurar y predecir o, lo que en nuestro caso viene a ser lo mismo, de soltar tonterías sin sentido por nuestras bocas.

Sinceramente, al cabo de un rato ya estaba hasta las narices de tanta persona ávida de conocer su futuro, ¿qué necesidad tendrán de saber su porvenir si se van a encontrar con él en vivo y en directo con solo esperar un poco? Son ganas de adelantarse a los acontecimientos, con lo tranquilo que se vive en la ignorancia futurible. La Esme opina (ella es de mucho opinar) que son claros casos de inadaptación al momento presente, que viven sin disfrutar de lo que tienen en el ahora y que se creen que serán felices cuando obtengan determinados deseos pero que entonces tampoco lo serán porque ya estarán pendientes de satisfacer otros nuevos y así sucesivamente hasta que se mueran. Anda, qué lista eres, y si lo sabes con tanta claridad, ¿por qué no se lo dices para que rectifiquen y enmienden? Pues por la clara y simple razón de que se nos acaba el negocio, dictamina ella. No sé si me parece bien, Esme, lo veo poco ético y, además y principalmente, que me estoy empezando a cansar de tanta pelmaza. Con lo bien que vivíamos cuando nuestra empresa era solo un proyecto, incluso cuando no teníamos proyecto y nos dedicábamos a pasar el rato sentadas en nuestras sillas plegables mirando cómo se le caían las hojas al castaño.

Que no me ponga zen, dice, y que no sea tan vaga que el que emprende ya sabe de antemano que va a tener que sufrir y sudar para sacar su empresa adelante y que lo que tengo que estar es contenta con nuestro volumen de negocio y que si me veo baja de enería que me pase la miga de pan por el cuerpo haciendo círculos y que ya veré qué bien lo veo todo luego. Esme, yo la miga de pan mejor me la como y dicho esto le arreé un buen mordisco al bocadillo que suelo llevar en el bolso para casos de emergencia. La Anais, siempre tan hierática, estalló en una carcajada más bien siniestra.

Cómo conseguir una buena marca de empresa en tres pasos

Paso número uno: tener un hijo con el que no sepas muy bien que hacer.

Paso número dos: que el susodicho hijo tenga una imagen muy marcada

Paso número tres: que la imagen del hijo coincida con la de tu negocio (o tú la hagas coincidir, bien variando tu empresa o modificando al hijo, esto último es más difícil, las empresas son más flexibles que los hijos)

Y todo esto os lo cuento desde mi experiencia personal. Resulta que nada más llegar al parque me suelta la Esme: Evi, si no te importa me he traído a la Anais para que nos ayude un poco que esto está muy parado, hay que darle aire ¿qué te parece?.

Pues a mí, inicialmente, me pareció muy mal porque la Anais es del modelo antipático adefesio. Lógicamente no se lo dije porque no quiero perder una amistad de tantos meses (dos, en concreto) pero lo pensé con toda la fuerza de mi pensamiento. Y, además, seguí cavilando yo en mis fueros internos, no entiendo el papel que va a jugar la Anais en nuestro proyecto empresarial porque, que yo sepa, de mancias no tiene ni idea y más que atraer a los clientes los va a espantar con tanta negrura y siniestrez.

Pero ahí es justamente donde me equivocaba hasta que mi socia y amiga vino a sacarme de mi error. Mira, me dice, la ponemos ahí, detrás de la mesa de adivinación, con ese aire que ella tiene del más allá, de esoterismo, de ultratumba, si me apuras, y ya verás cómo eso nos añade prestigio y nos posiciona en el mercado. Porque -prosiguió la Esme- a nosotras nos falta el elemento etéreo, somos demasiado carnales, demasiado del aquí y el ahora pero la Anais…no me digas que no tiene pinta de proceder de los mundos arcanos y mágicos. Bueno, sí, ahora que lo dices…si la veo yo un puntito de hechicera pero ¿en qué sector exactamente la vamos a colocar? porque de mucho hablar no es la muchacha, ni de mucha empatía tampoco. Ah, no, por eso no te preocupes que lo de hablar nos lo reservamos para nosotras, ella ahí detrás, quietecita, nada más que mirando con ese gesto suyo tan mortuorio y verás, verás qué tirón. Nos va a dar el empujón que nos falta.

¿Me has oído, Anais? que te pongas detrás de la mesa y te quedes quieta mirando al personal. La chica, por toda respuesta, hizo una pompa con su chicle negro. Huy, pues sí que da marca de empresa, sí, ahora lo veo más claro. Pues claro que tiene la imagen, la clava, verás cómo nos ponemos líderes, que tiemblen la Pandora y todas las brujas esas de la tele.

Así no hay quien emprenda

Y cuando digo así me refiero a con la doña Perfect a cuestas. Lo que no se le puede negar es que es una mujer de palabra, ella dijo que venía conmigo al parque y así ha sido, por mucho que le hablé de peligrosos virus, fríos extremos, empinadas cuestas y aburrimientos sumos, ella se mantuvo firme. Ya por el camino iba yo rumiando cómo solucionar semejante papeleta:  hacerle entender a la Esme, sin que la sado-madre se percate de nuestra relación, que no puedo ocupar mi puesto de trabajo porque vengo acompañada y, del enemigo, por si fuera poco. La Esme, pese a ser amiga íntima, es una jefa muy estricta y no le gusta que se juegue con los emprendimientos. Resumiendo, un lío de los buenos.  ¿Se puede saber qué mascullas, Tati?, va y me suelta la abuela del Jacobín por el camino. ¿Tati?, me parece que se confunde, me llamo Eva. Eso ya lo sé, guapita, me responde muy altiva, pero de siempre hemos llamado Tati a todas las chicas de servicio, así no nos hacíamos líos con los nombres. Para mí eres Tati y te estoy preguntando qué hablas por lo bajo.

O sea, que me ha rebautizado por el camino. Tati, se pone, como si yo no tuviera un nombre propio. La hija que si me llamo Evarista y la madre que para ella soy Tati, lo que tiene una que aguantar no está escrito. Bueno, ahora sí lo está. Nada, le respondo, repasando la lista de la compra que luego se me olvida algo y tengo que volver y eso da mucha rabia. No dijo ni que sí ni que no porque es de esas mujeres que tan pronto te presta atención como que te has vuelto invisible para ella.

Nada más entrar al parque la conduje hasta el área de columpios, lo más alejada posible del quiosco esmeraldiense. Mientras ella observaba complacida los salvajes juegos de su nieto, yo miraba de reojo hacia mi incipiente negocio donde la Esme no paraba de hacerme aspas con los brazos, señalarse el reloj y lanzarme malas caras. Al cabo de un rato, va y me dice la Perfect: Tati, la mujer esa tan ordinaria del quiosco te está llamando, ¿es que la conoces de algo? De comprarme un agua de vez en cuando, se ve que me debí de dejar olvidadas las vueltas o algo el otro día. Pues sí que es honrada, sí, y eso que más bien tiene pinta de timadora. Anda, anda, acércate un momento que ya vigilo yo al niño pero no tardes…

¿Tú te crees que así se puede emprender?, me amonesta la Esme, tienes que estar aquí a primera hora, nada de columpios, ya lo hemos hablado. ¿Pero no ves que se me ha pegado la abuela del niño? Ah, pues no, desde aquí no me había dado cuenta. Pues ahora ya lo sabes y me voy, que sospecha. Esto no es serio, Evi, así no despegamos, así no hay quién emprenda, la dejé diciendo con muy malos humos. Tatiii, Tatiii, me gritaba la otra desde los columpios toda alterada, corre que el niño está comiendo tierra y dando con la pala a otro niño en la cabeza. Hay días que ni yo misma entiendo cómo los supero sin inmutarme, ¿será por mis nociones básicas de yoga o por  mi pachorra congénita?

Efecto placebo

Os anuncio: la primera incauta ha tragado el anzuelo. Pero no, no puedo decir eso, dice la Esme que no lo diga que queda muy feo, que parece que estamos engañando a alguien y tampoco es eso. Que nosotras no mentimos sino que repartimos ilusiones. Vamos, como el sorteo de la lotería poco más o menos. Que nos consideremos como el efecto placebo. Esto último me ha gustado, mira tú por dónde. Bueno, a lo que iba que me descentro. Resulta que pasa una mujer con aire de despistaílla (eso es normal, pasan muchas así), se nos queda mirando (eso tampoco es raro que casi todos nos miran dada nuestra peculiar forma de ser y estar en el mundo) pero en vez de seguir su camino con cara de vosotras a mí no me timáis, duda un poco, avanza, recula y, finalmente, viene hacia nuestro seno o mesa, mejor dicho. Se sienta en la silla que hemos preparado y nos pide una lectura de cartas. Madre, qué nervios. Ha sido la Esme la encargada de hacerle el pronóstico, al fin y al cabo el emprendimiento es más suyo que mío, yo me he quedado detrás escuchando y aprendiendo.

Qué bien habla mi amiga, cómo se expresa, qué manera de decir sin decir y de pronunciar sin manifestarse, o lo que sea. ¿Qué cuestión te preocupa?, le ha preguntado a nuestra distinguida primera clienta para ir iniciando el proceso. Un poco en general, ha respondido ella. Dice la Esme que esas son las mejores, las que no se definen porque permiten a la adivinadora quedarse en un terreno difuso y no concretar. Total, que le ha dicho que en su vida se iba a producir un cambio, que le iban a pasar cosas maravillosas y que iba a ser muy feliz. ¿Y eso cuándo?, se ha puesto ella, ya ansiosa. Dale tiempo al tiempo, ha concluído la Esme mirando al vacío para ponerle mayor emoción al momento. Y tan satisfecha que se ha marchado para sus quehaceres.

¿Ves que fácil? Ya, he dudado yo, pero ¿y si a esa mujer empiezan a pasarle cosas malas, y si se pone enferma, y si pierde el trabajo, y si la deja el novio, y si…? Déjate de y sis que te va a entrar ansiedad. Vive el momento presente y ve preparándote un discurso que esto se anima, te lo digo yo.

La amenaza de Pandora

Pues no sólo no tenemos ni un solo cliente sino que además hemos recibido una amenaza de otra del gremio, llamada Pandora para más señas. Estábamos nosotras todas aburridas sentadas tras nuestra mesa mientras el Jacobín jugaba con los arcanos cuando se nos acerca una mujer más bien rara. Nos ponemos todas tiesas, le arrebatamos el tarot al niño con gran disgusto por su parte y dibujamos la mejor de nuestras caras complacientes cuando va y nos suelta: no me gusta lo que estáis haciendo. Anda ¿y qué es lo que estamos haciendo? Pues comerme el terreno, así de claro. Que sepáis que llevo echando las cartas en este parque desde hace más de diez años. ¿Y te da para vivir?, le espeta la Esme toda ansiosa. Eso a tí no te importa, lo que sí te tiene que importar es robar el trabajo a los demás. Estamos en un libre mercado, le responde la Esme, y podemos emprender lo que nos de la gana. Como poder, podéis pero ateneos a las consecuencias, os lo dice Pandora. Y nos mira muy fijo como si nos estuviera echando la maldición.Tengo mis poderes, añade esotérica. Y yo los míos, le suelta la Esme que nunca se puede quedar callada. Lo dudo, le replica la Pandora con su mirada enigmática. No te preocupes, maja, le digo yo por tranquilizarla, si no tenemos clientes. Ni los vais a tener, eso os lo vaticino yo.

Pues si no los ha vaticinado ella…mejor lo dejamos, le digo a la Esme cuando la Pandora ya se ha ido. Ya estamos, ¿no ves que todo eso de la magia es mentira y no tiene ninguna base científica? Que nos va a vaticinar la boba esa, lo que pasa es que tiene rabia de que le haya surgido la competencia. Ni caso, nosotras a lo nuestro. Pero es que lo nuestro no es nada, Esmeralda, es que nos pasamos toda la mañana esperando tras la mesa sin fruto ninguno. Ya te he dicho que hay que tener paciencia. A ver, guapa, el blog ese que escribes ¿tiene lectores, tiene visitantes? Pues…ahí sí que me ha dado, la verdad es que todavía no. Pues esto es lo mismo. Persevera y vencerás.

Emprendemos y fracasamos (por el momento)

Pues eso, que ya hemos emprendido. Toda la santa mañana sentadas detrás de una mesita muy maja que se ha traído la Esme de casa a la que le hemos puesto un mantel de lunas y estrellas y encima un cartel que dice ¿Te preocupa algo?, pregúntale al Tarot de Evi y Esme. Creíamos nosotras, en nuestra inocencia, que como a todo el mundo le preocupa algo esto iba a ser un no parar de clientela pero por el momento, ni el gato. Como dos tontas mirando al frente. Nos miraban, eso sí, pero lo que es acercársenos, nada de nada.

Estamos haciendo el ridículo, Esme, yo lo dejo. Además, es que tengo que dejarlo porque el Jacobín está comiendo tierra. Pues si te vas a dar por vencida a la primera es que no estás hecha para el emprendimiento, eso te lo aviso. La clave del éxito es perseverar y levantarse una y otra vez y volverlo a intentar ¿o es que te crees que lo bueno se consigue sin esfuerzo? Ya pero es que yo no tengo claro que esto sea bueno. Esto es buenísimo, es nuestro proyecto y lo vamos a defender con uñas y dientes.

Madre mía, la mujer coraje, la Esme. Tenemos que elaborar nuevas estrategias, por ejemplo, que se venga la Anais que da mucho el tipo de adivinadora del futuro. Ya estamos, me quiere colar a la hija porque no sabe qué hacer con ella. La Anais -pienso yo- lo que da es miedo y con miedo la gente no se nos va a acercar. Y luego -añade por si no fuera suficiente- le voy a pedir al Jonás que nos difunda por las redes sociales que él está muy puesto en todo eso del Internet y las viralidades. Pues si nuestros impulsores van a ser la Anais y el Jonás, aviadas estamos, reflexiono sin manifestarlo por no molestarla en su orgullo materno. Bueno, que haga lo que quiera, bastantes problemas tengo yo ya con el Toni y sus angustias vitales como para enfadarme con la única amiga que tengo en Madrid. Claro, Esme, yo también estoy segura de que nos va a ir bien, es cuestión de tiempo, como todo en esta vida.