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Escribo porque no escribo

Me digo ayer, mira tú que si voy a serlo…todos los indicios apuntan a que sí. Escribo, en un blog, es verdad, no es la seriedad del soporte libro pero también son palabras entrelazadas formando un discurso más o menos coherente. Pero no es porque escribo por lo que he llegado a esa conclusión porque escribiendo llevo mucho tiempo y no se me había ocurrido nunca considerarme escritora. Pero ahora sí, tengo un síntoma clarísimo y de lo más clásico, ese justamente, el de la hoja en blanco o la pantalla en blanco, ese síndrome tan feo de querer decir algo y que no se te ocurra nada.

Pero, ¿cómo puede ser que no se me ocurra nada con lo ocurrencial que he sido siempre? Si algo no me ha faltado son ideas, buenas o malas, ingeniosas o penosas esa ya  es otra cuestión pero ,¿cómo es posible que me haya quedado vacía de ideas si el mundo está lleno de situaciones, personas y objetos sobre los que comentar, si hay material en abundancia, si sobra y se te ofrece a poco que mires y escuches? También es verdad que el material está un poco sobadillo pero, bueno, eso no impide que queramos seguir jugando con él.
Pues nada, toda la tarde dándole vueltas y nada, o sí, algo: sequía, vacío, aburrimiento. Esto ya lo he dicho, eso ya lo ha dicho el otro, eso no tiene interés y eso lo tiene pero no sé explicarlo.

Tiene que ser eso, que ya soy una profesional con mis crisis y todo, con las angustias y los bloqueos propios del gremio, con ansiedades y delirios. Bueno, no tanto pero ya que me pongo me pido el cuadro completo.
Total, que esta es mi conclusión: como no se me ocurre nada qué escribir pero me empecino en hacerlo, soy escritora. O también: soy escritora porque no tengo nada qué decir y aún así me empeño en decir algo. Tipiquísimo de escritor. Qué contenta me he puesto, ya no soy sólo chacha. Voy a limpiar los cristales pero con otra alegría. Mi duda es, ¿me aceptarán en tan ilustre oficio?  Tiembla, Patricia que voy lanzada. Ya no eres la única que sufres delante de un teclado.

Libros

Feliz día del Libro, guapas, nos dice la Esme dándoselas de culta. A ver, que tenemos que celebrarlo de alguna manera que un día así no se puede dejar pasar tontamente, hoy os voy a perdonar el seminario de chamanismo y otras artes espirituales segunda parte y nos vamos a dedicar por entero, pero lo que se dice en cuerpo y alma, al día del libro, leches, que para eso es una vez al año.

Claro, porque una vez al año no hace daño, contesta la Pandora no sé si en plan jocoso o en serio.

Ah, pues qué bien, o sea que puedo sacar a la Wislawa Szymborska del bolso y sentarme a leer tranquilamente debajo del castaño florecido, digo muy contenta de que la Esme hoy nos deje en paz.

Pero, ¿qué dices, absurda?, ¿cómo te vas a poner a leer en un día como hoy?, con la de actividades que hay en la calle, es un día para salir por ahí a darse vueltas, a participar en todos los saraos que han montado por aquí y por allá, a liarla un poco y no a quedarse sentada en un banco leyendo, eso ya lo haces otro día si tienes tiempo y ganas. Venga, hoy hasta voy a cerrar el quiosco que nos vamos a las aceras que hay suelta de libros y de escritores, que lo he visto en la tele.

No sé, Esme, es que a mí ver escritores tampoco es algo que me importe mucho, prefiero leerlos.

Ya salió la mistinguitos, siempre le tiene que poner pegas a todo. Nos damos unos rules,  los miramos a ver si son guapos o feos, les decimos que su libro nos ha gustado mucho aunque no lo hayamos leído ni pensemos leerlo y que nos echen una firma que eso siempre luce. Luego nos pasamos por un sitio que me han dicho que se pueden comer libros que los hace un pastelero, nos comemos dos o tres para reponer fuerzas, a continuación nos ponemos en la cola de leer un párrafo del Quijote en voz alta porque posiblemente sea el único párrafo de El Quijote que leamos en nuestra vida y hay que aprovechar la oportunidad. Hala, que para los niños también hay cuenta cuentos, vámonos que nos lo perdemos y a mí no me gusta perderme nada.

Yo me quedo en el parque, que no me atrevo a sacar al Jacobín de los circuitos permitidos por su madre, no vaya luego a pasar algo….

Pues tú te lo pierdes, aburrida. Para que lo sepas,  nos vamos a apuntar a estos microtalleres de literatura de 23 minutos de duración. Te enseñan a escribir novela negra, cuento o literatura fantástica, lo que más nos guste. Tú, Norma, apúntate al de cuento para tener luego historias para tu niña y tú Pandora te veo muy bien en el de novela negra, yo no sé, estoy dudosa.

Pero ¿cómo os van a enseñar a escribir en 23 minutos? Además que a escribir como mejor se aprende es leyendo, opino yo.

Y dale con que leamos, qué fijación te ha entrado, Eva.

Pues, claro, ¿no querías celebrar el día del libro?

Anda, mira lo que pone aquí, en el papel este de la programación, firman sus libros José María Íñigo, el de los bigotes, qué mayor tiene que estar ya el pobre; Paloma Gómez Borrero, la del Papa, Fiorella Faltoyano, la actriz esa que ya tiene añitos también que ha escrito sus memorias y la de la cocina, Inés Ortega. Nos vamos a esos que lo de los filósofos y el Salman Rhusdie lo encuentro más aburrido y son menos famosos.

Y se han ido, me he quedado sola debajo del castaño, bueno, sola no, con Wislawa, qué placer!

 

Así habló el Hipólito

Resulta que además de enseñar a avistar pájaros, el Hipólito (H de aquí en adelante) también asesora y, lo que es mejor, sobre cualquier cosa que le pidas e incluso sobre las que no le pidas. Que te dispones a hacer una tortilla de patata según tu tradicional y atávica receta, pues no es así y ya te dice él cómo (por persona interpuesta), que te duele un pie, para qué vas a ir al médico si ya te diagnostica el H. y te pone el tratamiento, que dudas sobre qué ropa ponerte, pues sale la cabeza parlante del H. de dentro del armario y te indica la vestimenta más adecuada para cada momento y lugar.

Y eso, en lo que toca a los aspectos prácticos de la vida pero es que también te vale para lo más profundo y espiritual. Las angustias vitales, en el caso de que las tengas (no es el mío) te las soluciona él a base de filosofías de curtido taxista y asiduo visitante de los bares. Es como un hombre del Renacimiento, vale para todo. O eso se cree el Toni, a quién tiene abducido porque yo, y aprovecho para confesarlo desde aquí que no me oyen, estoy sintiendo enormes deseos de cometer un hipolicidio.

Por su culpa, el Toni se ha pasado todo el fin de semana tirado en el sofá, con el pijama como segunda piel y leyendo un libro de Henry David Thoreau que le ha prestado el H. Dice ese gran gurú de las barras que hasta que no lo lea no puede ser considerado un ser humano completo y que a qué espera. Y ahí sigue hoy lunes, víspera de Nochebuena, sin moverse, con el Tratado de la desobediencia civil entre sus manos, dando cabezazos de asentimiento y riéndose diabólicamente. Que no piensa hacer otra cosa en todas las vacaciones que leer a Thoreau y que luego tiene que poner en práctica todo lo que este escritor propugna en sus libros que es, según me ha resumido con gran exaltación, salir a los montes y a los bosques y triscar sin rumbo fijo y no hacer caso de nada ni de nadie y desobedecer.

Cuánta soledad se puede llegar a sentir en pareja, me he lamentado yo y, por toda respuesta me contesta que el H. dice que la soledad es muy buena compañera y que el Thoreau, por su parte, opina que no hay compañía más sociable que la propia soledad. Pues que gran consuelo.

Historias de la guarra noche (segunda parte)

Ya sé que no está bien despatarrar los finales pero como no creo que os dé por leer el libro de mi jefa, entre otras cosas porque me da a mí que no está en circulación y que se trata de un caso claro de auto-edición bastante limitada, os voy a contar cómo termina. Resulta que el personaje masculino principal muere, de las drogas, lógicamente, que uno no puede meterse tantas cosas como se mete ese hombre y salir inmune o impune, no sé. Y claro, el personaje femenino principal, la que yo asocio con la Patri, se queda con mucha desolación y desesperación. Pero la vida sigue y luego ella conoce a un deportista muy sano que es la antítesis del yonqui de sus amores y se casa con él y se va centrando. Esto último no viene en el libro sino que lo deduzco yo de lo que sé dela vida real de la autora porque el libro es de los de final abierto, lo que quiere decir que cada uno ya se imagina lo que le viene en gana.

No me van mucho a mí los finales abiertos, me parece un poco de morro por parte del escritor, como que no sabía cómo terminar y dice, venga, un final abierto y que se las compongan como puedan que yo ya no sé por dónde salir. Se lían, se lían, igualito que me estoy liando yo en estos momentos. Y es que, quieras que no, los cuartos de baño no son lugares propicios para la escritura y es desde ahí mismo, desde encima de la tapa del inodoro, desde donde estoy escribiendo este post. A ver, guapos, qué voy a hacer si tengo al Toni en la trinchera del sofá a todas las horas del día. Para disimular le he dicho que me iba a depilar las piernas. Eso, hija, que pareces el Yeti, me ha contestado. Qué desesperación de hombre.

Ahora, que deprimido os digo yo que no está porque cuando he llegado estaba asomado a la ventana, mirando a las basuras y riendo a todo reír mientras decía no se qué de la marca España. A veces pienso que me tenía que haber casado con el Tomás cuando me lo pidió, que era un muchacho bien formal, pero a mí no me gustaba, siempre me han ido los raros, como a mi jefa.