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Alegrías de la vida

Fugaces sí, pero cualquiera lo diría en algunas tardecitas de verano, con ese sol que no termina de entrar en la hucha. Pero métete de una vez, hombre, que ya nos has castigado bastantes horas.

Fugaces, pero con sensación de eternidad en algunos momentos, como este mismo. Aqui me tenéis, respirando ozono malo, porque el ozono es como el colesterol, hay del malo y del bueno, y deseando que se acabe ya el verano, un verano que no se me está haciendo nada fugaz sino todo lo contrario. Es lo que suele pasar cuando la palabra verano no va unida a la palabra vacaciones. El verano a palo seco, pero que bien seco, es muy duro de tragar.

Pero una duda me asalta, cómo son a veces las dudas, ¿y si se acaba el verano y llega el otoño y entonces quiero que se acabe el otoño y llega el invierno y quiero que se acabe el invierno y así estación tras estación? Podría suceder porque los seres humanos somos así, siempre ansiamos lo que viene delante pero cuando llega lo de delante no es el delante que habíamos imaginado y queremos de nuevo lo que sigue viniendo delante. Total, que un día desapareces y alguien dice, qué fugaz es la vida, cuando en realidad a tí, la fugaz, se te ha hecho más bien pesada. Ay qué leches, esta doña Marga siempre me obliga a reflexionar sobre lo que no quiero.

Pero dos noticias que he leído hoy me han alegrado el día, la primera es que hemos llegado a Plutón, lo que viene a ser, en otra escala, como si el malogrado bichito verde hubiera alcanzado la acacia del final de la calle. Dese allí ve que hay más, que todavía hay más y se alboroza todo. Así estamos nosotros hoy porque hemos alcanzado la última frontera del sistema solar. En fin.

Y la segunda, no menos importante, es que Cayetano, el hijo de la duquesa de Alba, ha encontrado trabajo. Me quedo mucho más tranquila, vivía yo en una constante desazón sabiendo de las dificultades laborales de la criatura. Para que luego digan que no hay.

La vida también te da alegrías y no sólo ozono del malo.