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Depresión post parto

La Patricia ha vuelto al mundo de los vivos, lo que quiere decir que ha terminado su novela o lo que sea que estuviera escribiendo que a lo mejor no se puede encuadrar en ese género literario y es una obra experimental mezcla de géneros distintos. La Esme dice que de ser así, no sería nada original, que eso ya está inventado y superado y que ahora lo que se lleva es lo vintage o vuelta a lo clásico. El novelón de toda la vida con su trama, su nudo y su desenlace, con su bueno y con su malo y con su principio y su final, como la suya sin ir más lejos y sin querer auto citarse, que no es eso.
El ser de luz o Noemi, por su parte, opina que se lleva todo, cualquier cosa, igual que en los roperíos, libertad total para crear. Pero la Noemi de literatura no tiene ni idea, hubo un tiempo en que presumía de virginidad literaria, es decir, de que nunca se había leído un libro y aún así había sobrevivido en este mundo sin grandes contratiempos. Habiendo películas, pa qué, era su inculto argumento. Ahora ya no presume de mente inmaculada en lo que a lecturas se refiere pero es porque se ha dado cuenta de que manifestarse así no es culturalmente correcto. Se calla pero sospecho que se mantiene intacta y sin mancillar. A ella no la ha tocado ningún libro ni ella les ha tocado a ellos, revistas sí se mete para el cuerpo pero eso es otro leer.

A todo esto y después de esta disertación para no llegar a ninguna parte, es la esencia de las disertaciones, o para llegar al mismo sitio en el que empecé, sé que mi jefa ha terminado su obra, llamémosla así, porque ayer cerró la tapa al ordenador, se sacudió el polvo imaginario de las manos y exclamó no sé si con alivio o con pena o con ambos: bueno, pues ya está, terminada por fin.
Tiene que ser eso porque a continuación se levantó y se puso a dar vueltas por la casa como vaca sin cencerro. Se asomaba a una ventana, suspiraba, se sentaba un rato en el sofá a leer un libro, suspiraba otra vez, bebía agua, eliminaba lo bebido, se paseaba otra vez, más suspiros. Lo que son todos los síntomas de una depresión post parto. Y es que la mujer, como es lógico, tiene que echar de menos a sus personajes, no en vano ha pasado con ellos más tiempo que con los que habitamos el mundo real.

Pues resulta que en uno de esos melancólicos paseos por los largos pasillos de su hogar, la he visto llevarse una mano a su plano abdomen con mucho ensimismamiento y me ha dado por pensar que o bien es un gesto metafórico para expresar la vaciedad de su vientre creativo o es que un Jacobín segundo o Jacobina primera va a venir a este mundo.
Y hablando de partos y post partos, a la que también le queda poco para nacer es a mi sobrina Manuela. Mi hermana Lauri no cabe en sí ni de gozo ni de nada más porque está como un trullo. Lo cual me congratula enormemente porque ya estaba harta de que ella siempre fuera la fina y yo la basta y de escuchar decir a mi madre: pero come Lauri, hija; tú no, Eva, deja ya de rebañar. En fin, son pequeñas e inocentes venganzas que la misma vida te pone en el camino a modo de entretenimiento, nada con maldad.

Novela súbita

Andaba yo enzarzada en los horrores del lunes, que no entiendo a qué torturas someten a la casa estas personas los fines de semana para encontrármela así, cuando suena mi móvil. No contesto a la primera, ni a la segunda ni a la tercera porque la Patricia piensa que el exterminio de pelusas y la conversación están reñidas. Cosas de jefas.

Total, que ya a la cuarta, me meto en el baño acarreando el mocho para disimular y contesto a la Esme por si fuera un asunto de urgencia mundial. ¿Qué quieres a estas horas, Esmeralda? Mira que es lunes y está la casa hecha unos zorros, no tengo tiempo pero si eres rápida y resumes, te escucho.

Anda, anda, no te hagas la ejecutiva estresada que no puede delegar y haz caso a las amigas que son lo primero en la vida: que ya la tengo.

¿La regla otra vez?

No me gusta tu sarcasmo infantiloide. Tengo la novela, de la que te hablé, me la he escrito este fin de semana de una tacada, no sé cómo me ha brotado pero así ha sido. Es como si siempre hubiera estado ahí, esperándome, como si ella me hubiera escrito a mí en vez de yo a ella.

Esmeralda, dime la verdad, te has dado otra vez a las bebidas energéticas.

Tienes envidia y lo comprendo porque tú escribes desde hace mucho, chorradas, eso sí, y voy yo y en un fin de semana, te adelanto con un best seller porque esto va a ser el clásico pelotazo que rompe el mercado de la narrativa contemporánea. Vivimos en tiempos convulsos.

¿Pero que dices, Esme, a qué viene ahora eso de los tiempos?

No viene a nada, pero es una frase que me encanta y estaba deseando soltársela a alguien.

¿Y de que va tu magna obra?

De todo, le he metido el mundo entero, como debe ser, es una novela total y global, y mezclo estilos, no te creas. Un poco de policiaco que eso vende, otro poco de histórico que eso también vende, un puntillo de humor,no mucho que te toman por tonta, bastante sexo y cosillas de la actualidad. Todo ahí bien mezclado. Una bomba, me veo  ya como la J. K. Rowling, ella era pobre, ¿verdad?, pues yo también, ya tienes la primera similitud. Voy a firmar como E. M González, ¿o me cambio el apellido, sabes si se puede? Mira, cuando me entrevisten yo no voy a decir que era quiosquera y tú en eso me tienes que apoyar, voy a decir…

¿Ya estás otra vez con el telefonito, Eva?, oigo que me increpa el hada, espero que sea una emergencia.

Si la novela súbita se puede considerar emergencia pues entonces sí.