Etiqueta: Hipocondría

El cuerpo

K tiene miedo de su cuerpo y por eso lo espía continuamente. Su cuerpo es un traidor en potencia y aunque hasta el momento se ha ido portando relativamente bien, con algún que otro altibajo y algún que otro susto, K no se fía.

Conoce la historia de demasiados cuerpos como para fiarse y nada le hace suponer que el suyo sea distinto o mejor que el resto. Sabe, porque está harto de verlo y de oírlo que, pasado un tiempo determinado y sin motivo aparente, a muchos cuerpos les da por la maldad y, como si se hubieran aburrido de su anterior conducta suave y tranquila, comienzan a comportarse de forma grosera y desagradable causando dolor y angustia en sus dueños. Matándolos, bastantes veces.

Por eso K no deja de espiarlo, de analizarlo, de investigarlo, de seguir cualquier indicio que pueda ponerle sobre la pista de un desliz, de un mal comportamiento, de una desviación moral. Hay tantos órganos y son tan complejas las relaciones entre ellos, son tantos los frentes que atender que K se agota.

Porque además, desde que lo espía, parece que el cuerpo de K se divierte asustándolo, enviándole señales falsas, alarmas que luego no son nada, el ruido de una sirena disparada a destiempo, pero que tienen a K en un estado de ansiedad constante.

El mundo exterior apenas existe para él, salvo que tenga o pueda tener una relación directa con su cuerpo y no es que ese mundo no le interese. Le importa y mucho, es lo único que le importa, circular libre por él como hacía antes de las sospechas, pero ya se encarga su cuerpo de impedirle el acceso, de instalarle murallas y parapetos, de bajarle las persianas.

Por todo eso K odia su amado cuerpo. Querría hacerlo desaparecer, suprimirlo, pero sabe que sin ese traidor,  sin ese infiel que después de un periodo de maltrato más o menos largo, va a terminar abandonádolo, él, K, no existiría.

(Cuaderno de doña Marga)

Últimas palabras

A la Esme son los libros perdidos por los parques y jardines los que le envían señales, pero al Toni las señales le llegan vía su propio cuerpo. Si el lunes pasado fue una punzada en una pierna la que le transmitió la señal de que no fuera a trabajar, hoy, la punzada, que tiene toda la pinta de ser migratoria, se le ha aposentado en la mitad del pecho mandándole la señal de….

De muerte,  dice él. Mi cuerpo me avisa de que el final está próximo, de que esto, esta bromita del existir , termina ya y todavía no he hecho nada de lo que de verdad quiero hacer. No he cumplido mi misión, principalmente porque no sé cuál es. Eva, ¿qué hago, me voy a urgencias y lucho  o me abandono a mi destino en este sofá y me convierto en una más de las vidas truncadas que transitan, han transitado y transitarán por este mundo?

Pues hijo, no sé qué aconsejarte, sigue conjugando verbos si eso te divierte que yo voy a llamar a mis amigas, todo el domingo en casa no me quiero pasar que me entra la cosa esa del tedio. Voy a ponerle un guasap a la Noemi ¿salimos a dar una vuelta?, tecleo con celeridad, y ya estábamos quedando cuando un dedo lúgubre golpea mi espalda. Me giro y veo el rostro demacrado del Toni que me insta: vámonos a urgencias, he decidido luchar.

Toni, eres único ideando escapadas para el finde, perdón, fin de semana, que sé que odias la expresión finde. Pero si esa es tu última voluntad…

Total, que nos vestimos y ya estábamos  en el portal cuando el Toni retrocede hacia las escaleras: que no, que mejor no vamos, que no había caído en que el peligro acecha en esas salas de hospital.

¿Qué peligro?

La epidemia de gripe y otros virus mortíferos, no quiero exponerme a más riesgos.

Anda este, pues si te vas a morir, ¿qué más te da que sea de una cosa que de dos? Casi mejor de dos, más completo.

Infartado y con gripe, no quiero ni imaginármelo. Me vuelvo al sofá y si tengo que morir, pues muero, todos tenemos que morir alguna vez, si es hoy, pues que sea, tampoco voy a contradecir a la parca que tiene muy mala leche y si me resisto lo mismo me administra una muerte lenta y de mucho sufrir. Mejor me abandono en sus brazos y dejo que haga conmigo lo que guste.

Oye, que me están entrando celos de la tal Parca que por muy vieja que sea eso de abandonarse en sus brazos tampoco es que tenga gracia, mejor te abandonas en los míos.

Pero se ve que ha preferido a la Parca porque se ha tirado en el sofá y desde allí  se ha puesto a describirme los ires y venires de la punzada migratoria administrados por la pelleja. Que si se pone por aquí pero luego gira y se da la vuelta y que si aquí más que dolor es quemazón, que si baja de intensidad, que si sube, que si viene, que si va. Que sí, que ahora sí, que ya, que llega, que ya siente el estertor final.

Lo que os digo, conmigo no muestra tanta pasión,  celos de la Parca.

Venga, Toni, le propongo por sacarle de tan morbosa situación, ¿por qué no hacemos juntos la respiración consciente del yoga o pranayama, dicho con propiedad, que eso relaja mucho y une a las parejas? Te la enseño, que la he aprendido de ver a la Patricia. Mira, es así,  le indico sentándome a su lado y levantándome el jersey para que aprenda el sistema,  tienes que inflar el abdomen y luego…

Estás más gorda

Hombre, para ser tus últimas palabras no están muy bien escogidas.

A las cinco y media en Sol, nieve o no,  le guasapeo a la Noe con mayor celeridad que antes y un poco de rabia.

 

 

Eros y tánatos

Monologa el afligido Toni desde el sofá: me gustaría ser un perro pero no con impermeable, un perro de los del pueblo, libre, que se pasea por el monte; también me gustaría ser un pájaro o hasta un árbol, esa acacia de tronco renegrido por la contaminación no, otro que esté en un entorno mejor. Humano sintiente, doliente y pensante no quiero ser, no me está gustando porque…¿Se puede saber qué tonterías farfullas, Toni? ¿Y qué haces en el sofá con hielo por algunos sitios y la manta eléctrica por otros? Es que me duelen partes que hay que tratar con frío y otras a las que les conviene más el calor, yo no tengo la culpa del comportamiento de mi cuerpo ni de que me fastidie continuamente. Además, tengo angustia. Pero, angustia, ¿por qué? no me digas que el jefe te la ha vuelto a montar, no irán a echarte…Y me cuesta respirar, el corazón me hace cosas raras como cuando un coche va dando tumbos hasta que se escacharra definitivamente. Creo que me va a dar un infarto porque me duele el hombro.

Vamos a ver, Toni, dime la verdad, ¿has estado otra vez buscando síntomas en google? No me hace falta, los síntomas están por todas partes, como los virus y las bacterias y los accidentes y todo lo que puede hacernos daño que es mucho y variado. De hecho, me pregunto cómo estamos todavía vivos. No me gusta vivir en un mundo tan inseguro, con tantos peligros siempre al acecho y la muerte al final, irremediablemente.

Anda, este, ¿y por eso quieres ser perro, pájaro, árbol?…que sepas que también se mueren. Pero no lo saben, por eso los envidio. Hombre, pero su vida es más aburrida que la nuestra. No pueden, por poner un ejemplo, mantener conversaciones, leer, disfrutar del arte (o tener un blog pienso para no delatarme). Pero como sé que me miente voy hasta el ordenador que amistosamente compartimos y rastreo el historial de búsqueda. El muy panoli no se ha molestado en borrarlo: síntomas de la gripe, ¿es la gripe letal?, ¿qué virus circula este año?, medidas de prevención, número de fallecidos por el virus, picos de la epidemia, complicaciones más frecuentes, efectos secundarios de la vacuna, ¿demasiado tarde para vacunarse? Y luego: cómo saber si eres hipocondriaco (lo eres, eso ya te lo digo yo), tratamiento hipocondría, el sufrimiento del hipocondriaco.

Ya no puedo más y me planto en el sofá donde tiembla envuelto en una manta costrosa sometido a un auto-régimen de contrastes extremos de temperatura. Toni, levántate ahora mismo y nos ponemos a preparar la cena, lo mejor para todo eso que dices que te pasa es la actividad. No puedo, estoy mal, tengo dolores, la actividad es buena para los que están bien pero yo estoy mal y abrázame que tengo miedo. Lo abrazo porque sé que sufre y me da pena. Venga, le consuelo, vamos a hacer unas respiraciones profundas a ver si así te relajas. Yo me relajo mejor de otras maneras, me contesta y con un zarpazo más de oso que de hombre me arranca la parte superior del pijama. ¿Y si soy portadora de algún virus?, le pincho. Pero en estos momentos su pulsión de vida es más fuerte que su pulsión de muerte. Entre eros y tánatos, ha ganado eros, claramente.