Etiqueta: Hombres

Anotaciones al margen

Hay hombres a los que la vida se les hace muy larga. Esos hombres se apoyan en los coches aparcados en la calle o se recuestan contra cualquier poyete o se acodan frente a unas obras y como si estuvieran ensimismados mirando al mar que no tiene su ciudad, pasan así sus mañanas y sus tardes, lo que les queda de sus días pasan porque la vida, aún siendo corta, se les hace larga.

Los primeros días, los primeros meses, el primer año, esos hombres sienten un poco de vergüenza de hacer lo que hacen, de vivir como viven, de ser como son. Por eso tratan de ser discretos, de pasar desapercibidos, de esconderse entre el barullo, el ruido, la actividad pero, a base de repetir conductas, se acostumbran a ellos mismos y pierden el pudor. Entonces se atreven a salir a la calle en zapatillas o con la parte superior del pijama o sin la dentadura puesta. Pierden la compostura esos hombres, increpan a las mujeres guapas y a las que no lo son. Gritan cosas a los niños, intervienen en las conversaciones ajenas, saludan a los desconocidos, silban, cantan, se ríen, gruñen, protestan solos. Comentan en voz alta y para nadie la película de la vida que pasa por delante.

A veces quieren participar, formar parte del elenco pero los papeles ya están dados. Meten el pie pero la corriente es demasiado rápida, no hallan el hueco y, por otra parte, carecen de verdadero interes, del empuje necesario para lograrlo. Algún ser piadoso se compadece a veces, se detiene un instante y les otorga una breve limosna verbal. El resto del día lo pasan acodados frente a las obras, observando el desplazamiento de las máquinas, respirando polvo, contemplando el sudor ajeno.

Cuando se cansan se recuestan sobre algún coche aparcado y miran pasar a los transeúntes con algo de burlón escepticismo. Ya saben en qué acaba tanto afán. Qué corta es la vida y qué larga se hace a veces, ya les ha expulsado pero no les deja irse, les mantiene por las esquinas, por los rincones, en los márgenes como anotaciones escritas en una letra tan pequeña que nadie va a molestarse en leer.  Hay bastantes de esos hombres. Parecen borrachos sin estarlo, locos sin serlo.

(Del cuaderno de doña Marga)

A petición de la Esme

Que le ponga una cosa en el blog para que se entere todo el mundo, me pide la Esme. Es que todo el mundo no se va a enterar, como mucho seis o siete. ¿Todavía estás así?, pues vaya blog más chungo, mi prima Ali ya tiene mil y pico seguidores. Anda ¿ y por qué no se lo pides a ella? Porque es un blog de cocina y esto que quiero que escribas no es una receta, lista. ¿ Y qué es? Una queja. Ya empezamos, el Toni y tú siempre con las protestas, ¿qué te pasa ahora? Que quiere que se sepa que el cuerpo de ls mujer es un timo total y una encerrona y que si se reencarna, situación que no sabe con certeza si se producirá, y siempre que le toque de ser humano, pues que se pide hombre.

Eso es una idiotez, no voy a hacer una entrada solo para decir: la Esme quiere ser hombre. Que no simplifique ni trivialice sus palabras y que comprenda el momento tan difícil que está pasando, que después de llevar toda la vida, excepto la infancia, soportando menstruaciones y pre-menstruaciones y luego embarazos, partos, puerperios y crianzas y otra vez menstruaciones y premenstruaciones estas ya sin finalidad alguna, solo para molestar, que entonces llega el desfase menopaúsico para acabarla de rematar. Que prefiere mil veces la linealidad masculina. Y que, en cierto modo, está deseando ser vieja para liberarse de tanta tontería y recuperar la libertad de la infancia aunque sea con un cuerpo gastado y achacoso.

Entonces, ¿qué pongo, que quieres ser hombre o que quieres ser vieja? Que mejor no ponga nada que se está arrepintiendo de todo lo que me ha dicho y que podría sostener justo lo contario. Demasiado tarde, Esmeralda, ya lo he puesto. Por decir que es chungo mi blog.