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Sin alicientes

El té de roiboos no me ha gustado. Partiendo de que no me gusta el té, mucho menos me va a gustar un té que ni siquiera lo es. He leído en la caja que no tiene teína, que procede de sudáfrica y que posee numerosas virtudes. Es que no falla, basta que una comida o bebida posea virtudes para que no me guste. Será que me van más los maleficios  que los beneficios en lo que a la alimentación se refiere.

Ni me ha gustado el té de roiboos ni me gusta que la Poncho se haya instalado aquí. Lo que revuelve esa mujer, es peor que los niños, si me tiene toda la casa empantaná, como diría mi madre. Por no hablar de su cuarto, eso ya es la gruta del oso. Será marrana la doula esta….y dale que te pego con los inciensos. Huele toda la casa a botafumeiros. Y venga con Eva, cielo, te dejo esta camisita en el montón de la plancha. Eva, cariño, tú que sabes de manchas, a ver si le puedes quitar esta de grasa a la falda.

Tú que sabes de manchas, encima, pues menuda sabiduría, si por lo menos me hubiera dicho tú que sabes de libros quítame esa mancha, igual me hubiera ablandado pese a no tener nada que ver. Que algo voy sabiendo ya, aunque no lo parezca, que desde que me propuse ser culta y leer todo lo que leyera mi jefa han caído bastantes volúmenes para mi bolso.

Volúmenes que posteriormente he procedido a leer, que no los cargo solo para destrozarme el supraespinoso así porque sí. Algunos me han gustado mucho, otros menos, otros nada. Algunos los he entendido, otros solo a trozos y otros me he quedado como estaba antes de leerlos porque su escritura era muy arcana. Pero, vamos, que algo de sabiduría he adquirido gracias a trabajar para la Patri.

Y esa es otra, su mesilla ya no es lo que era, solo lee libros del tipo “Educar sin estresarse”, ( eso es misión imposible, maja), “50 trucos para educar niños felices” (como si fuera magia), o “El arte de domar niños “( ¿arte, doma?, eso me suena a potro).

Si quiero volúmenes de los buenos, de los literarios de toda la vida,  tengo que retreparme a la parte alta de la estantería donde veo nombres con los que me gustaría confraternizar, porque en la parte media, justo a mi alcance, habitan otros que tampoco me interesan mucho: mi sesión de yoga, el zen nuestro de cada día, vive el momento presente, el camino a la serenidad y otras zarandajas.

Justo estaba subiéndome a la escalera con el riesgo que esa operación conlleva cuando me intercepta la Poncho. Eva, tesoro, ¿tú sabes coser? Es que se me han descosido los abalorios de este pañuelo…es para la danza del vientre, si quieres luego te enseño.

No, gracias, no me llama la atención el mundo de las odaliscas y en cuanto a coser, poco y mal, le he dicho haciendo como que quitaba el polvo a soplidos porque trapo no llevaba.

Pues es muy beneficiosa para los órganos sexuales femeninos, se me pone haciéndome una demostración del baile y sin mostrar sorpresa por mi nueva forma de limpiar.

Total, que esta casa se está quedando sin alicientes a no ser que me aficione a mover la pelvis. Menos mal que por la tarde me toca ir donde la doña Marga, tengo ganas de verla y de saber qué tal ha pasado el verano.

La entrevista

Mira por dónde que mi jefa es importante y hasta un poco famosa y yo no lo sabía. Ahora ya lo sé. Cazaba yo pelusas por los pasillos y ellas se resistían a ser cazadas cuando han llamado a la puerta. Me dispongo a abrir pero la Patricia sale de su antro o templo, según se vea, y dándome un empujón muy poco aristrocático, se me adelanta y abre ella.

Al otro lado veo al hombre murciélago o lo que es lo mismo, a un joven muy paliducho todo ataviado con unas prendas negras y colgajosas.

Eres Patricia, ¿verdad?, dice él extendiéndole una mano muy larga y fina. Soy Danilo, de la revista Letras Puras.

¿Y ciencias qué?, me planteo yo. La próxima jefa que me busque que sea científica en vez de literata, a ver si así me entero de todo eso de los primeros instantes del Universo, tan bonito y de tanto misterio.

La Patri le hace pasar y despliega solo para él una sonrisa de dentadura completa. Es la primera vez que le veo todos los dientes, los tiene muy bien, perfectamente alienados y con destellos.  A mí lo más que me dirige es un entreabrir de labios muy monalisesco.

Ya van los dos pasillo arriba, Danilo agitando sus mangas-alas y Patricia luciendo tipo cuando ella se da la vuelta, comprueba con desagrado que los sigo cual sombra y me dice: sal de mi vista, Eva y no te quiero ni oír ni ver en un buen rato. Al niño tampoco que estoy muy ocupada. Esto es muy importante para mí.

Esa última frase ha abierto todas las espitas de mi curiosidad que tampoco es que necesiten mucho forcejeo para abrirse. Venga, Jacobín, vamos a jugar al escondite. Te toca esconderte, cuento diez. Y mientras el pobre se tapaba los ojos creyendo que si él no me ve yo tampoco lo veo a él, he aprovechado para escuchar un poco la entrevista que le hacía el murciélago Danilo a mi importante jefa.

¿Cómo es tu proceso creativo?, se pone él

Muy arduo, le responde ella tirándose bastante el rollo. Estoy muchas horas sentada (eso sí es verdad, lo corroboro) y hay días que el resultado es un único párrafo, incluso una sola palabra. (Es de parto difícil como me temía, qué lástima).

Me voy a buscar al Jacobín que llevaba un rato gritándome ya, ya y cuando vuelvo estaban en esta otra pregunta clave:

¿Por qué escribes?

Creía que ella iba a contestar que porque le gusta y se lo pasa bien, eso es lo que hubiera dicho yo pero va y revela la Patri: para que el tiempo no se me escape, para fijar la vida, para entenderla, para sentirme un poco inmortal.

Chúpate esa mandarina, Danilo.

Pero él no se dejaba impresionar tan fácil, se ve que está acostumbrado a ese tipo de contestaciones, como es de letras puras….

¿Crees que el trabajo de la escritura tiene que doler?, contraataca él. Anda que….pero a la Patri le ha gustado la pregunta porque contesta muy seria: sinceramente, sí. Toda obra literaria de verdadero valor supone un sufrimiento, un desgarro, un…

Veo yo mayores desgarros y sufrimientos en los que saltan la valla de Melilla, por poner un ejemplo de actualidad que se me acaba de ocurrir pero bueno que yo qué sé.

Luego se han ido para su cuarto y el Danilo, no sé con qué finalidad, le ha hecho una foto a la mesa vacía de Patricia y ha dicho algo del minimalismo y el despojamiento. Y ella le ha contestado que gracias a eso accede a sus mundos interiores para que el silencio le permita conectar con la la voz que le dicta. O sea, que le dicta alguien, pues mucho no le dicta porque sólo un párrafo después de toda una mañana…

Ronda, ronda, el que no se haya escondido que se esconda, grito para disimular porque ya salen y me van a encontrar justo en la puerta.

¿Otra vez merodeando, Eva?

No, que va, si es que estamos jugando al escondite y valía toda la casa.

Anda, vete a la cocina y te comes el bocadillo de media mañana.

Ella también me conoce a mí y sabe cómo tentarme. Pero antes de partir en pos de mis viandas he podido captar el final de la entrevista.

¿Te imaginas un mundo sin literatura?

A eso no ha contestado pero se ha llevado las manos a la cabeza como queriendo gritar nooooo, por favor, noooo

Qué piezas!

Por el camino de la Patricia

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O por el de Swan, que así se titula el libro que me he sacado en préstamo de la nutrida biblioteca de mi jefa. Ese libro ha estado en su mesilla más de un mes pero hoy lo he descubierto colocado en la estantería junto a otros hermanos suyos, seis en concreto. Esta revelación, la de saber que es el primero de una especie de saga, me ha dado un poco de miedo pero me he tranquilizado al comprobar que la Patricia no los está leyendo seguidos y sus motivos tendrá. Además, da lo mismo, yo me he propuesto ser la sombra lectora de mi jefa y ahora no voy a recular ante la primera adversidad. Bueno, pues ya tengo el libro de Marcel Proust, que así se llama el autor que tanto tiene que contar, dentro del bolso.

Por el camino al parque (cuántos caminos), mientras esperaba en un semáforo, he leído la primera frase: “Mucho tiempo he estado acostándome temprano”. Hasta ahí coincido plenamente con él, yo no soy de trasnochar.

Se lo he enseñado a la Esme para que lo lea ella también y podamos iniciar el club de lectura pero dice que ya se lo ha leído. No me lo creo, la Esme va mucho de farol. Bueno, pues te lo relees que eso es todavía más culto que leer de primeras, le digo para ver por dónde me sale.

No me ha contestado nada pero, curiosamente, al cabo de un rato y después de desaparecer en el interior del quiosco, dotado con zona wi-fi, me suelta: que sepas que ese libro que tan alegre e irresponsablemente te has llevado de la casa de tu jefa, es el primer volumen de los siete que componen En busca del tiempo perdido, una de las grandes creaciones literarias de todos los tiempos. La primera parte del volumen contiene el famoso episodio de la magdalena mojada en té que tiene que ver con la memoria y con… y hasta ahí le ha llegado, su memoria quiero decir. Qué haría el mundo sin la wikipedia.