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Sibi

El primer arrebato le dió una mañana de lluvia. El agua caía sobre el suelo del patio haciendo un ruido de pequeñas patitas, muchas pequeñas patitas caminando a la vez. Sibi estaba en la cocina guisando un pollo. Cuando terminó,  recogió, limpió, dobló el trapo de secar y, como estaba un poco húmedo, lo colocó sobre el radiador. Se quedó un rato alisándolo con las manos, tenía pena pero no sabia por qué, alisar el trapo era como alisarse su propia pena. Escuchó con atención el golpear de las patitas, parecía que querían entrar,  que a su manera le estaban pidiendo que abriera.

Dejó en paz el trapo, abrió la ventana obedeciendo a la lluvia, sintió el frío de la calle y el olor a tierra mojada y con una rabia que no sabía que tenía,  estampó el  contenido de la cazuela sobre el suelo. Un pajarito llamado lavandera se acercó a saltos, picoteó uno de los muslos del pollo y después una rodaja de zanahoria. Sibi miró al pájaro y observó que de las ramas de los árboles colgaban gotas como cristales brillantes. Era un adorno muy bonito y le hubiera gustado tenerlo para ella, como pendientes, por ejemplo. La pena se había apaciguado pero al ver la comida que acababa de preparar tirada en el suelo comprendió que  algo raro le había pasado, algo que escapaba a su control.  Tuvo la certeza de  que ese algo indomesticable se iba a quedar ya para siempre.

Lloró apoyando la cabeza entre los brazos,  el pelo rojo y rizado  extendido sobre la mesa de la cocina.  Lloró y lloró temblando, acompañada por el agua de lluvia, por esas gotas suaves y persistentes que  ya no eran patitas que le pedían auxilio, eran voces suaves que decían, “pobre, Sibi, pobre, pobre”, consolándola. Cuando terminó de llorar se comió una mandarina. Las gotas colgaban de las ramas, brillantes. Alisó de nuevo el trapo con las manos unas cuantas veces.

 

 

Guillermo, Camiseta y otros secretos

Ya le he contado a la Patri lo del Jacobín con la piedra. O con las piedras porque ahora ya son tres: Petus, Lon y Vuris. A mí me suena como a dioses vikingos pero no creo que el niño sepa mucho de mitología escandinava.

Pues va y se me pone que le parece normal y hasta sano y que no hay que preocuparse, que los niños que tienen amigos imaginarios desarrollan antes el lenguaje y de manera más rica así como la imaginación y el desempeño de roles. A saber con esto último a qué se referirá.

A todo esto, mientras me lo decía, la Poncho que andaba por ahí en una especie de camisón parecido a la túnica de un payaso, ha contenido un relincho y ha dicho que sí, que era bueno, que mirase lo creadora que Patricia es y lo literata y lo escritora y lo imaginativa.

O sea, que ella también hablaba con tres piedras, he pensado yo en primera instancia, como los juzgados, pero no era eso. Lo que era me lo ha contado la Poncho en la cocina, mientras yo le daba a la plancha, mi arma de pensamiento preferida. Es ver subir el vaporcillo y se me ocurren muchas ideas, no necesariamente buenas.

Y en eso estaba, intentando fabricar ideas, cuando se me acerca la Poncho payaso por detrás y me suelta, sin mediar pregunta por mi parte, que Patricia de pequeña, como no tenía hermanos, se inventó uno, le llamaba Guillermo y se pasaba todo el día hablando con él, se peleaban mucho, como los hermanos de verdad. Pregúntaselo si no te lo crees, me dice al ver mi cara de pasmo.

Pero mi cara de pasmo no era por eso si no porque la Poncho sea tan cotilla como para contarme lo secretos de su amiga, porque digo yo que lo de Guillermo será un secreto, y además sin que yo se lo haya preguntado. Y luego me ha contado más, que son amigas desde la infancia, desde el kinder garden, me ha dicho ella, se ve que las finas van ahí y no a la guardería, y que eran siempre tres, ellas dos y otra más.

Camiseta, salta luego en voz más baja. Pensaba que se refería a alguna prenda del montón de plancha y me he puesto a rebuscar para dársela pero ha soltado una risa relinchona de lo más aparatosa y retorciéndose los pelos me ha dicho que Camiseta era la tercera amiga inseparable.

Madre mía, Poncho, Camiseta, no quiero ni pensar cómo llamarían a mi jefa, ¿Braga?

Pues eso también me lo ha contado mientras abría la nevera y se tomaba un yogur griego con mermelada de fresa al fondo, tan panchamente.

A Patricia siempre le hemos llamado Pato, es que se le daban muy mal los deportes, no como a mí. Se falsificó un certificado médico para no hacer gimnasia, imagínate.

Sí, ya me estoy imaginando la gracia que le va a hacer a la Pato cuando sepa que me ha contado que es hija única, que hablaba con las paredes y que mentía para no saltar el potro.

Y Guillermo, ¿sigue vivo?, se me ha ocurrido preguntarle más por cortesía que porque me importe mucho.

Lo que ha relinchado con esta pregunta, se daba hasta palmadas en los muslos de la ilusión que se ve que le ha hecho. Pero no me la ha contestado, ha agarrado un paquete de galletas rellenas de chocolate y con su camisón cirquense se ha metido en su cuarto todavía riéndose.

Pues vaya, qué cosas, vapor viene, vapor va, he intentado pensar algo pero la verdad es que con tanta interrupción ya no se me ha ocurrido nada. Petus, Lon y Vuris, he dicho sin motivo, ¿qué estarán haciendo ahora esos tres? Mira que si la locura es contagiosa…

Dios los cría

Me sitúo tras la puerta, pego una oreja a la misma, compruebo que el Toni sigue dilapidando el agua y el chi mundiales alegremente y aguardo. Aguarda, hija, aguarda, dice siempre mi padre. No dice espera sino aguarda y por eso yo no espero sino que aguardo. Son improntas familiares.

No me digas que hoy que aguardo no vas a declamar, no me digas que hoy que tengo la libreta de la lista de la compra en la mano no vas a recitar para que yo apunte lo que recitas e investigue su procedencia. No me digas…pero sí me dice, sí que me dice, madre mía todo lo que me dice.

“Sé tú, poesía, mi asilo querido, sé mi bienechora, mi jardín que cuido con solícito amor, donde vagando entre las flores siempre jóvenes, vivo en segura sencillez”, ahí he perdido el hilo pero he seguido aguardando y al cabo de un rato, otra dosis: “vosotras, montañas mías, que me disteis cobijo, veneradas y firmes….Un hijo de la tierra se ve que soy, para amar hecho, y para sufrir”.

Suficiente. Cierro el cuaderno y me lo guardo para indagar después. Hago como que no sé nada y le trato con normalidad, espero a que se marche para el bar y me tiro a google como una desesperada. Escribo la última frase a ver qué pasa y me sale este señor como creador de la misma: Friedich Hölderlin. Así, con esos puntos encima de la o. Español no es.

Tecleo su nombre en la barra mágica y leo: poeta lírico alemán, uno de los más grandes escritores alemanes de todos los tiempos, influído por Platón, su padre fue esto, su madre fue lo otro, estudió en tal sitio, bah, esto no me interesa, lo de todas las vidas. Pero sigo leyendo y pone: sus crisis mentales se hicieron cada vez más frecuentes, profería maldiciones como un poseso y andaba sin rumbo mientras hablaba consigo mismo.

¡El Toni redivivo!, de entre todos los escritores que hay y ha habido tenía que elegir a un poeta, de entre todos los poetas a un alemán y de entre todos los poetas alemanes a uno loco.

Nada, pero  que nada contenta me he ido hoy a trabajar con estas informaciones en mi poder. Aunque reconozco que me faltan datos, cómo por ejemplo saber cómo ha caído Hölderlin en las zarpas del Toni y por qué le está produciendo semejante reacción.

El caso es que por culpa de esos dos he llegado una hora tarde y la Patricia me ha pedido explicaciones. ¿Qué le digo, que ha sido el tráfico pre navideño o le hecho la culpa al lírico alemán? Pues a los dos: es que el tráfico está fatal y luego lo de Hölderlin, que no andaba muy cuerdo el hombre.

Pues no dice a estas alturas de nuestra vida en común que se está pensando en contratar a otra que le dé menos problemas. Sabrá ella lo que son problemas, seguro que su queridísimo Husband no declama en la ducha.

Novela súbita

Andaba yo enzarzada en los horrores del lunes, que no entiendo a qué torturas someten a la casa estas personas los fines de semana para encontrármela así, cuando suena mi móvil. No contesto a la primera, ni a la segunda ni a la tercera porque la Patricia piensa que el exterminio de pelusas y la conversación están reñidas. Cosas de jefas.

Total, que ya a la cuarta, me meto en el baño acarreando el mocho para disimular y contesto a la Esme por si fuera un asunto de urgencia mundial. ¿Qué quieres a estas horas, Esmeralda? Mira que es lunes y está la casa hecha unos zorros, no tengo tiempo pero si eres rápida y resumes, te escucho.

Anda, anda, no te hagas la ejecutiva estresada que no puede delegar y haz caso a las amigas que son lo primero en la vida: que ya la tengo.

¿La regla otra vez?

No me gusta tu sarcasmo infantiloide. Tengo la novela, de la que te hablé, me la he escrito este fin de semana de una tacada, no sé cómo me ha brotado pero así ha sido. Es como si siempre hubiera estado ahí, esperándome, como si ella me hubiera escrito a mí en vez de yo a ella.

Esmeralda, dime la verdad, te has dado otra vez a las bebidas energéticas.

Tienes envidia y lo comprendo porque tú escribes desde hace mucho, chorradas, eso sí, y voy yo y en un fin de semana, te adelanto con un best seller porque esto va a ser el clásico pelotazo que rompe el mercado de la narrativa contemporánea. Vivimos en tiempos convulsos.

¿Pero que dices, Esme, a qué viene ahora eso de los tiempos?

No viene a nada, pero es una frase que me encanta y estaba deseando soltársela a alguien.

¿Y de que va tu magna obra?

De todo, le he metido el mundo entero, como debe ser, es una novela total y global, y mezclo estilos, no te creas. Un poco de policiaco que eso vende, otro poco de histórico que eso también vende, un puntillo de humor,no mucho que te toman por tonta, bastante sexo y cosillas de la actualidad. Todo ahí bien mezclado. Una bomba, me veo  ya como la J. K. Rowling, ella era pobre, ¿verdad?, pues yo también, ya tienes la primera similitud. Voy a firmar como E. M González, ¿o me cambio el apellido, sabes si se puede? Mira, cuando me entrevisten yo no voy a decir que era quiosquera y tú en eso me tienes que apoyar, voy a decir…

¿Ya estás otra vez con el telefonito, Eva?, oigo que me increpa el hada, espero que sea una emergencia.

Si la novela súbita se puede considerar emergencia pues entonces sí.

 

 

 

 

Los huesos

Como buenas alumnas que somos esperábamos sentadas en el banco sin hablar ni distraernos, con los cuadernos preparados y los bolis sin morder, a que apareciera tras la ventana del quiosco la suma docente, Esmeralda. Y apareció pero no para darnos el seminario en chamanismo segunda parte sino para comunicarnos su nuevo plan, proyecto, emprendimiento, aventura o locura, eso depende de cómo cada uno quiera llamarlo.

El seminario puede esperar, así que cerrad los cuadernos por la página…ah no, que eso es abrir. Da igual, lo que os quiero comunicar es que tengo una tarea de la máxima urgencia, dice castigándose el pecho con feroces abanicazos.

Miedito me da, masculla la Pandora barajando sus cartas. Ya no puede dejar de entremezclar arcanos aunque el barajamiento haya perdido sentido y finalidad, es como un tic nervioso.

Espero que sea algo lindo, expresa esperanzada la Norma elevando al cielo sus bellos ojos de princesa guaraní.

Lindo no sé, a mí la estética no me interesa ni la ética tampoco si nos paramos a pensar, pero si tenemos suerte y nos damos prisa, esto nos lanza a la fama además de reportarnos suculentos beneficios.

Suéltalo ya, Esmeralda, no te hagas la misteriosa, le pide la Pandora.

Lo suelto: vamos a buscar a Cervantes.

Ah, Cervantes, ese hombre tan lindo que escribió esa historia lindísima de un señor que se volvió loco de mucho leer novelas. Pero está muerto,  creo, duda la Norma dándose al mate con gran entrega.

Claro que está muerto y desde hace cuatro siglos pero lo que tenemos que encontrar son sus huesos, los que queden, y hay que actuar con rapidez que un grupo de científicos anda en la misma tarea y con georradares incluidos. Nosotras no contamos con dispositivos especiales pero sí con la ventaja de conocer muy bien el terreno porque la búsqueda es entre las calles Huertas y Lope de Vega, pleno barrio de las Letras. Es una zona que me he pateado mucho en mi juventud, la de veces que he salido de cañas por ahí, la de pedos que me he agarrao por esos barrios, qué recuerdos. Pero, en fin, nada de melancolías etílicas y a lo que vamos,  teniendo como tenemos las coordenadas, lo único que nos falta es hurgar en los recovecos, cavidades, hendiduras y oquedades y tienen que salir los huesos de Cervantes por algún sitio.

¿Y para qué quieren los huesos de Cervantes?, me planteo yo, ignorante de esa búsqueda.

Hija, Eva, haces cada pregunta…porque es uno de los más grandes literatos españoles de todos los tiempos y conviene tener un lugar físico al que ir a adorarle. Se entierran los huesos como es debido, se les pone su placa encima que diga aquí yace don Miguel de Cervantes Saavedra, Príncipe de los Ingenios, y ya tienen las gentes un sitio al que peregrinar con flores y cara de circunstancias para rendirle homenaje.

¿Y no sería mejor homenaje leer lo que escribió?

Y dale con la lectura, qué fuerte te ha dado, que te vas a volver loca tú también, ¿cómo se van a poner las pobres personas de la era del twitter a leer el tochaco de El Quijote ? Eso  es un absurdo, nadie tiene tiempo ni ganas. Sin embargo, pasarse un momentito por su tumba y hacerse un selfie allí mismo que deje a las claras lo mucho que te gusta Cervantes y lo unido que te sientes a él, eso ya sí  lo puedes ejecutar en cualquier ratillo suelto que te sobre, explica la Esme muy convencida.

Bueno, sí, para qué quieren los huesos ellos ya lo sabemos pero nosotras, ¿para qué los queremos nosotras?

Para hacer un caldo, no te fastidia. Pues para venderlos  luego al primer tonto que nos los quiera comprar y os aseguro que hay mucho papanatas dispuesto. Nos vamos a forrar a cuenta de los restos mortales. Hay que buscar una mano con artrosis derivada del solapamiento el carpo y metacarpo y los jirones de una mortaja del tupido sayón de la venerable orden tercera franciscana, detalla la Esme leyendólo de un papel donde lo tiene todo muy bien apuntado.

En marcha, Pandora, rumbo al convento de las Trinitarias y aledaños.

¿Yooo? ¿por qué yo precisamente ?, que soy coja, que tengo tos, artrosis generalizada, cansancio sumo, veo mal, oigo poco.

Deja de narrarme tus minusvalías que no me impresionas, eres aguda, lúcida y te conoces el terreno que sé que cuando te separaste te fuiste a vivir a una pensión en la calle León, ahora no lo niegues.

No lo niego, si he sido vecina de Góngora y de Lope de Vega, pues menuda…

Con estas no puedo contar que tienen niños a su cargo, continúa la Esme a su rollo sin prestar atención al ilustre vecindario de la Pandora. Por cierto, me voy a llevar los cubos y palas del Jacobín y la Casilda para las excavaciones y el dron también me lo llevo por la cosa de impresionar con nuestro aparataje a los científicos esos de los georradares.

Mira que nos va a pillar la policía merodeando y rompiendo paredes, que no tenemos licencia ni autorización y ya estamos fichadas, mira que con palas de plástico no se puede cavar, mira que esto es un disparate, Esmeralda. Pero la Esme, toda quijotesca ella, ya se ha puesto a caminar a gran velocidad impulsada por su propia demencia. Detrás, renquea la Pandora intentando vanamente disuadirla con razonables argumentos muy propios de Sancho Panza.

“Ajaposégui umi ndaikatúivanoje,e che tarovaha. Aipysyrota che tavora reko amano meve”,suelta del tirón la Norma como en trance. Que traducido del guaraní al español por ella misma viene a significar: por intentar lo imposible dicen que soy loca. Defenderé mi locura hasta la muerte.

 

La metamorfosis

No voy a hablar del muchacho ese que se convirtió en escarabajo y su familia lo trataba muy malamente, por lo menos hoy. Otro tema me preocupa y es la falta de sentido a mi alrededor. Tampoco es que esto sea nuevo pero hay días…

Al aterrizar en el parque veo a la Norma enseñándole a la Pandora las fotos de su hija que guarda en el móvil. ¡Qué guapa la Marilin! ataviada de Hello Kitty de los pies a la cabeza. ¿Y la Esme, dónde anda?, pregunto extrañada por su ausencia.

Está dentro del quiosco, me aclara la Pandora.

Pues qué bien, vamos a aprovechar para relajarnos y me dispongo a sacar del bolso el Tao te ching porque Pessoa sigue bajo arresto domiciliario. Pero justo cuando comenzaba a leer oigo una voz que dice: “ve a tu cueva, introdúcete en tu aposento, entra en tu capullo y cierra la puerta”.

¿Qué ha sido eso?, me sobresalto.

Es Esmeralda desde dentro del quiosco, lleva así toda la mañana, me advierte Norma sorbiendo mate con resignación.

“Mis sentidos se agudizan, estoy abierta a la iluminación y a la inspiración, sola, libre de responsabilidades”, sigue recitando la voz.

Esta se ha metido en alguna página web de auto-ayuda y le ha sentado mal, que la conozco y es un vicio muy tonto que tiene. Voy a ver.

Me levanto, me asomo a la ventana del quiosco y veo a la Esme en camiseta de tirantes leyendo esto de un sitio de internet: “ninguna célula permanecerá sin ser tocada, experimentarás un cambio físico hasta los huesos, prepárate para un nuevo nacimiento, energías muy fuertes se renuevan dentro de ti”.

Esme -interrumpo-, ¿no crees que estás llevando demasiado lejos los ritos brujeriles?

Calla, insulsa, que me viene una oleada de poder, me responde abanicándose. Tengo que aprovechar esta onda energética. Soy prana, chi, kundalini, fuerza de vida, pregona bañada en sudor.

Pero, ¿qué le pasa?, no entiendo nada, mascullo volviendo a mi mesa.

De la garganta de la Pandora brotan risas y toses entremezcladas. La Kundalini, dice, esta mujer está más chiflada de lo que me pensaba. Ay!, que si me río mucho me da el lumbago.

“No esperes lo predecible, no te alarmes cuando te descubras de maneras totalmente distintas, tu sangre sabia y tus hormonas sabias cambian de rumbo”

-¿Llamamos a un médico?, propongo a mis colegas.

-No hace falta, hija, tú siéntate tranquila, si esto es de lo más natural, no hay que mitificarlo, es que está con la menopausia.

-Pero dice que se transforma

-Sí, en vieja. Ahora que si ella quiere creer que es la diosa Kundalini no seré yo quién le quite la ilusión.

Qué pragmatismo destila la Pandora, no sé si me gusta tanta realidad.

¡Qué linda!, exclama dulcemente la Norma sin que se sepa a qué se refiere exactamente.

Y a todo esto, el hombre misterioso sigue apostado en su banco observándonos con más intensidad que ayer, si cabe.

-Ey, Pandora, el hombre que nos mira nos está mirando.

-Claro, porque ni no nos estuviera mirando sería el hombre que no nos mira

-Nde várvaro!, suelta la Norma para acabarlo de fastidiar.

Empiezo a añorar mis aburridos días de cuidadora prototípica en la zona de columpios cuando mi mayor problema era que el Jacobín no atizara a otro niño con la pala.

De drones y hombres

Menos mal que llevaba puesta mi dosis de Tao te ching porque todos esos hombres agolpados alrededor del quiosco me estaban agobiando ya desde lejos. Pero, ¿qué miraban y por qué se empujaban unos a otros, qué señuelo les habría colocado la avispada Esmeralda?, me iba yo preguntando a medida que me aproximaba. Hasta que estuve cerca y vi de qué se trataba. El cebo era nuestra amiga intercontinental, Norma Beatriz, que dando sensuales sorbos a su pajita se hallaba sentada tras la mesa adivinatoria con aires de inocencia, no sé si fingida o verdadera. Tras ella, la Esme, exultante, trataba de poner orden.

Mira, mira, ¿has visto cuántos tíos? Esto es una avalancha de las buenas, Norma es mucho más eficaz que la Anais, dónde va a parar y mira, mira, los hay de todos los tipos, edades y condiciones, menudo surtido varonil, si parece un muestrario: adolescentes -que harán que no están en clase-, viejos -no te pierdas al del transitor pegado a la oreja-, deportistas sudorosos, gordos, guapos -ese está de miedo-, feos  -lo que más, para qué nos vamos a engañar-, elegantes -ojo al pijo de los zapatines-, con trabajo, sin él…
Bueno, vale, que sí, que ya veo que hay muchos y variados ¿y todos quieren saber su porvenir? ¡Qué porvenir ni qué cuernos! Lo que quieren son las turgencias de la Norma, lo de siempre, vamos. Ahora que a mí su objetivo me da igual, el caso es que pasen por caja antes de irse. Y mira, mira ella qué bien lo hace. Pero Esme, si no está haciendo nada más que beber mate y soltar incongruencias en guaraní. Ah, no, hija, no son incongruencias, son Ñe,ênga, refranes de su tierra que me lo ha estado explicando antes. Por fin acción, lo que estaba necesitando. Eh, tú, listillo, no te cueles y aguarda tu turno que hay adivinación para todos. No sé, Esme, esto no me gusta, en cuanto se den cuenta de que no tienen nada que hacer con la Norma se van a ir. Pues vendrán otros nuevos a probar suerte, será por hombres… Y además, que cuando se nos acaben ya pensaremos otra cosa, será por ideas… No me digas que no parece un reportaje de esos científicos; ella representa al óvulo descendiendo lenta y majestuosamente y ellos son los espermatozoides en plena lucha y constante movimiento. No sé, Esme, me estás asustando con tanta tontería y además yo creo… Oye, Eva, me interrumpe, ¿eso que lleva el Jacobín entre las manos me está pareciendo…? Ah, sí, es un avioncito teledirigido muy majo que le han traído los Reyes.
¡Un dron!, exclama perturbada por completo. Todo cuadra. Trae acá que lo vamos a estrenar mandándole un mensaje a la Pandora. Y se pone toda loca a escribir en un papel arrugado la siguiente misiva: Pandora, date una vuelta por aquí si quieres saber lo que es el éxito. Muerde el polvo, bruja inepta.
Pero Esme, no insultes, por favor y no le quites el avión al niño que se va a poner a llorar. Este dron despega como yo me llamo Esmeralda y por el niño no te preocupes que ya anda detrás de la Casilda para quitarle el lazo.
Ante tanta sinrazón no me quedó más remedio que abrir el Tao te ching al azar: Conténtate con lo que tienes; recocíjate en que las cosas son como son. Cuando comprendes que nada falta, el mundo entero te pertenece.
Y tanto, Lao Tzu. Es la hora de mi bocadillo que me lo he ganado con creces.