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Madres y sustitutas

Ayer fue el primer día de colegio del Jacobín. Me estaba esperando muy serio sentado en un sillón con su uniforme de pantalones cortos grises, polo blanco y jersey de pico azul. No parecía el mismo niño que le daba al arte rupestre en pelotas hace tan solo dos días.

Para mí que tenía miedo, ya he comprobado que cuando está temeroso se pone muy serio, muy concentrado, como si estudiara la situación o como si al estarse quieto evitara posibles peligros.

Con ese cartel plastificado colgado del jersey en el que estaba escrito su nombre y apellidos y ese rigor en el gesto parecía un sesudo conferenciante.

Cosa rara en él, todo el camino me cogió de la mano y no se soltó ni una vez. Ni siquiera cuando pasamos por delante de una obra, a las que es un gran aficionado, quiso pararse a contemplar la hormigonera en funcionamiento. Acojonadito iba el muchacho.

Digo, Jacobín, guapo, no te preocupes, si esto es como la guardería pero con uniforme y nuevos amigos. Ya verás que bien. Te va a gustar, eres un chico mayor, vas a aprender muchas cosas, vas a conocer a muchos niños y… y todas esas tonterías que se dicen a los chiquillos para convencerles de que entren sin protestar al redil.

Cuando llegamos al redil, le pegué un empunjocillo y ahí lo dejé, bien posicionado en una fila de niños, algunos llorosos y otros no tanto. Me dió hasta pena y eso que no es hijo mío. Colegio nuevo, hermana tan nueva que todavía ni la ha estrenado…son muchos cambios en unos pocos meses para un cuerpo tan pequeño.

La Esme dice que hago mal en involucrarme sentimentalmente porque en cuanto crezca un poco va a pasar de mí y no va a querer ni verme. Pasan de ti los hijos propios conque los ajenos ya ni te cuento, se pone ella toda profesoril y sabihonda con sus gafas de reciente adquisición.

Puede que tenga razón pero en los sentimientos mandamos poco y yo ya le quiero aunque me dé malos ratos y a veces tenga ganas de entregárselo a su madre vía Seur, bien empaquetao, con lazo y todo si es necesario.

La Esme, mi psicoanalista de pacotilla, dice que estoy sublimando mi deseo de ser madre a través de un niño que ni es mío ni nunca lo será.

Pues a veces me llama mamá, que lo sepas, me defiendo yo.

Peor me lo estás poniendo, su madre es la que es y tú solo eres la sustituta temporal y de una clase social inferior.

Solo le ha faltado decirme que soy de la casta impura, desde que se ha puesto esas gafas se cree que sabe de todo, será mari sentencias…

Precisamente, a la que es, me la he encontrado a la vuelta leyendo el siguiente título: “Educar es fácil si sabes cómo”.

Pues qué bien, ella que se informe del cómo que yo ya me voy poniendo con el quién.

Trending topic

Te digo yo que la de los cuadernitos deprime al más pintado. Ayer, después de transcribir ese, llamémosle así, relato, me dio por pensar si yo sería de esa clase de madres, de las que están todo el día detrás dando la brasa. Yo no me veo de ese modo, pero el caso es que la frase que más oigo de mis hijos, además de la mítica “cierra la puerta” es “qué pesada”. Entonces me dije, me gusta decirme cosas, hoy no regañes, Esmeralda. Veas lo que veas y oigas lo que oigas, date una tregua y dásela a ellos.

Y así lo hice y mira que me dieron motivos para reprender pero me mantuve firme en mi decisión de no entrometerme. Me mantuve hasta que a las diez de la noche, mi casa transformada en el hogar ideal de un afectado por el síndrome de diógenes, me puse a vociferar todo lo que llevaba guardado. Grité tanto y de forma tan ordinaria, rabanera dice mi padre aludiendo a un oficio extinguido,  que mi vecina la cotilla,en todas las casas hay una, llamó a mi puerta, ansiosa de presenciar en directo un melodrama doméstico.

¿Te ocurre algo, Esmeralda, que he oído gritos? No, Mariu (se llama María Eugenia), le dije yo, es una nueva terapia americana que consiste en gritar a última hora del día para desahogarte de tus frustaciones y así poderte ir a la cama relajado. Lo mismo que te cepillas los dientes, cuestión de higiene. Yo he empezado hoy, así, en plan fuertecito, calentando motores. Se fue un poco desencantada no sin antes decirme, la muy idiota, que eso no era nuevo, que ella ya me había oído hacer esa terapia antes.

Pero esto no tiene ningún interés, a ver si vuelve pronto Eva la desconectada y narra ella. Me gustaba mas escribir aquí cuando me estaba prohibido y tenía que entrar pirateando claves, pero ahora que es casi una obligación, qué coñazo, con perdón.

Y para rematar, voy a hablarte de algo de lo que seguro que nadie te ha hablado en estos últimos días: del calor. Es insoportable, ¿verdad? Y cuánto está durando, yo no había conocido un verano igual, de día no vivo y de noche no duermo, hemos batido todos los récords . Y no me refiero a las altas temperaturas si no a que te hablen sin cesar de ellas.

Si estás harto de que la ola tórrida sea el trending topic de todas las conversaciones,  apúntate conmigo a la terapia del grito. Es gratis y te quedas como nuevo. Con tu permiso y el de mi vecindario, voy a seguir contaminando acústicamente que me he quedado a medias.

Mi madre por teléfono (13)

Eva, soy tu madre. Por aquí bien, aguantando el nevarrón ¿Y por ahí?

Bien también, aquí no ha nevado.

Dile al Toni de mi parte que se venga para el monte, que ahora es buen momento para hacerse una excursión.

¿Pero con este frío?

Precisamente, una buena hipotermia es lo que le conviene a ese maula. Y nada de llamar a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para que vayan en su rescate, que tendrán cosas mejores que hacer los muchachos. Lo bien que te ibas a quedar, un poco de pena al principio pero el tiempo lo cura todo.

Mucho que vas a misa pero siempre le estás deseando la muerte al Toni.

Huy, hace que no voy…, este cura nuevo me aburre con tanto sermoneo, que hay que ser buenos, que hay que amar, si eso ya es sabido, así que rezo yo por mi cuenta a mis santos preferidos, le voy a poner una vela al san Expedito para que te abra los ojos y te oriente en el camino de tu vida. Para que dejes ya a ese mastuerzo. Concédele a la Eva el deseo de conseguir el amor en alguien que la quiera y corresponda y se case con ella por la Iglesia, claro. Tú que todo lo puedes y consigues haz que…

Deja de decir tonterías, anda.

Tonterías tu madre, tu madre no dice tonterías, me has interrumpido el rezo y ahora no vale, lo tendré que empezar luego. El arcángel Chamuel también me gusta para estos menesteres, luego veré a quién me dirijo. Pero, cambiando de tema, qué bien que hayan soltado a ese hombre tan majo que sale por la tele, el de la cárcel, el que va peinao patrás, así, mu bien plantao. Me alegro. Dicen que ha hecho una colecta.

Pero cómo te vas a alegrar de que suelten a un ladrón

Anda, anda, con esa corbata poco habrá robado. La Feli quiere que su hijo haga lo mismo, que salga por la tele pidiendo dinero para la fianza pero ya le he dicho yo, Feli , a tu hijo cuanto menos se le vea en público, mejor. Menudo pintainas, con esos pelos y esa cara de drogadicto, ¿quién le va a dar dinero a ese? Y mejor que no lo suelten porque vuelve a delinquir. Dice la Feli que está arrepentido pero qué va a decir la madre. Que no y que no, los ladrones a la cárcel de por vida o que no hubieran robado.

Que ese que tú dices también ha robado y bastante más que el hijo de la Feli.

Te digo yo que es otra cosa, que ese hombre con el pelo tan bien peinado muy malo no puede ser, no como el que tienes en casa. Tú dile lo del monte, no te olvides que viene ventisca y hay que aprovechar. Le he dicho a tu padre que se peine patrás también y hasta un frasco de gomina le he comprado, pero no quiere, nunca quiere nada de lo que le digo, si me hicieras más caso todos….Arcángel Chamuel, tú que todo lo puedes haz que mi familia me obedezca y que la Eva no me cuelgue el teléfono como veo que va a hacer. Muy inspirado no estás hoy, Chamuel, que ya me ha colgado.

Mi madre por teléfono (12)

Eva, contesta, hija, que te he llamado ya cuatro veces y no contestas.

Es que estoy en el trabajo y a mi jefa no le gusta que hable por teléfono.

Naturalmente, en los trabajos no se está para eso pero es que yo soy tu madre. ¿Y si me he muerto y te llamo para decírtelo?

Eso lo veo difícil

Me refiero a que te llama otro con mi teléfono, tú supón, me tienes que contestar a la primera por si es grave.

¿Pero es grave?

No, mujer, todo va bien pero es que te quería contar que ayer, en la clase de informática, nos metimos en el Portal de la Transparencia. Más bien, maja, ahora ya sabemos lo que cobran todos, que si este cobra más que el otro, que si mira este otro, bueno, eso, que nos metimos. Nos dice la profesora, la Ariadne, que también podemos hacer preguntas, las que queramos. Mira qué bien, digo yo, pues voy a preguntar a ver qué pongo de cena en Nochebuena porque no se me ocurre nada.

Pero eso no se puede preguntar, solo es de cosas de la Administración.

Ya, ya lo sé, ya nos lo explicó la Ariadne después. Digo, pues vámonos para otra página web que me resuelva la papeleta. Total, que le tuve que preguntar a tu padre. Digo, ¿qué pongo de cena en Nochebuena? Lo que tu quieras, me contesta el muy simple. Lo que yo quiera, pues si pongo lo que yo quiera no pongo nada y cenamos aire y agua. Mal no nos sienta, seguro, y barato, ni te digo. Así que ahora te pregunto a ti: ¿qué pongo en Nochebuena?

Cualquier cosilla, no te compliques.

Ya me has sacado de dudas, me voy otra vez al portal transparente ese a ver si veo algo, no de la cena sino de algo. Qué bien que se inventen esas cosas tan bonitas y con esos nombres tan representativos  para entretener a las personas, antes de eso no había, pero ni soñarlo.

Mi madre por teléfono (7)

Hija? Estás ahí?

Pues si te acabo de contestar al teléfono será que sí

Era un decir. Y qué, ¿ya se le ha caído al Toni un árbol en la cabeza?

No, ¿por qué preguntas eso?

Porque se caen los árboles y matan gente y todo, lo están contando en las noticias y  digo, mira tú que si pasaba el Toni por debajo…pero no, siempre se van los mejores, los que más falta hacen.

No creo que esté bien desearle la muerte a nadie.

Anda, anda, no seas picajosa que no se te puede ni toser, toda la vida con un cuidado contigo…¿Y por qué se caen los árboles, lo sabes tú?

Tampoco se caen tanto, dice el responsable de medio ambiente del Ayuntamiento que este año se han caído menos ramas que nunca.

Qué alpargato, ya no se caen ramas porque lo que se cae es to el conjunto. Y que tengan estudios esas personas….

El Toni dice que es porque les sienta mal Madrid, que Madrid sienta mal a cualquiera sea animal, vegetal o mineral.

Bueeeeno, el otro, ya salió con sus rarezas,  con lo bonita que es Madrid con sus cortingleses…mañana vamos, la Lauri y yo, a comprarle ropa a la Manuela Ariadne.

¿Y ese nombre tan compuesto?

El Ariadne se lo he cascao yo por quitarle un poco de cateto a lo de Manuela, luego, si eso, le podemos llamar Ari que acabamos antes. ¿Te gusta?

Psssiii, no está mal.

No, si no te preguntaba a ti, le decía a tu padre, dice que sí con la cabeza, qué hombre, a todo dice que sí con tal de que le dejen en paz, seguro que no sabe ni lo que le estoy preguntando. ¿A que no sabes lo que te estoy preguntando?  Otra vez que sí. No me escuchas. No me escucha, hija, solo escucha al perro y como el perro todavía no habla pues ese plan tenemos.

Pero no hables con los dos a la vez que me haces líos.

Líos te vas a hacer si sigues con el Toni, búscate otro que ese no es conveniente. ¿A que se tiene que buscar otro? Un muchacho normal que se quiera casar y tener hijos, para que jueguen los primos.  Dice que sí y si lo dice tu padre son palabras mayores.

Pero, ¿no decías que no sabe lo que le estás preguntando?

Eso da igual, el sí es lo que vale. Pena de un buen pino tronchao sobre una cabeza que yo sé.

Cosas raras

Digo yo esta mañana asomándome a la ventana del patio y viéndolo tan despejado, pero si parece el cuarto del yoga de la Patricia, con unos cuantos trastos viejos por los rincones y un perro durmiendo al sol en una esquina pero, por lo demás, igual de minimalista. Anda, pero si yo sé unas posturas básicas que practiqué en el parque con la Esme antes de que nos pusiéramos a emprender de cartománticas. Pues las voy a hacer, así me perfecciono a mí misma que nunca viene mal.

Y me he salido al patio con unas toallas a modo de colchoneta y me he puesto a practicar el saludo al sol que ya que se toma la molestia de salir, no está de más decirle hola y todo eso. En esos menesteres me encontraba sintiéndome como una Patricia rural cuando la cara de mi madre se asoma a la ventana y me mira atónita.

Así no vas a adelgazar, Eva, te lo advierto, si quieres perder kilos súbete la cuesta y de paso traes el pan que se me ha olvidado.

Que no, que no es adelgazar, que estoy haciendo yoga que es una disciplina milenaria buena para el cuerpo y la mente.

No te irá a dar ahora por las cosas raras como al hijo de la Jovita que se ha metido a gurú. Dice que no lo llamemos Carlos que ahora se llama Kavir, así con k. Será aplargato, cambiarse el nombre y darle ese disgusto a su madre…no me darás tú disgustos.

Si no dejas de hablarme no puedo hacer yoga, que se requiere silencio y concentración.

Pues si quieres concentración, entra y le echas un vistazo a las lentejas mientras yo rebozo el pescao, verás tú qué bien te concentras mirando la cazuela.

Eso luego, ahora déjame que voy a hacer el cadáver.

Lo que te decía, a darme disgustos, con lo poco que me gustan a mí las cosas fúnebres. Mira que hoy es miércoles y han puesto el mercadillo, tienen unas bragas efecto tanga que son la mar de apañás, te regalo unas, si quieres, pero deja de hacer el indio.

Precisamente el yoga viene de ahí, de la India, le aclaro tendida sobre las toallas intentando que el cuerpo me pese y pese. Y sí que estaba pesando.

Que te levantes ya del suelo y encima con mis toallas, si es que cuando yo le digo a tu padre que has vuelto rara, él dice que no, que te ve como siempre pero yo digo que sí y a las pruebas me remito.

Que esto no es raro, es yoga.

Pues eso, cosas raras.

Mi madre por teléfono (5)

-Mi madre: Evaaa, te llamo desde el hogar del jubilado y el ama de casa. Que sepas que hemos hecho una peña, por si te quieres apuntar. La peña Reina Letizia, con z ¿eh?, que los hay que no lo escriben bien a estas alturas. Nerviositas estamos todas delante del televisor. Tú lo estarás viendo también, ¿no?

-Yo: pues no, estaba planchando.

Mm: ¿planchando en un día histórico?, tú eres boba, hija. ¿Y no serán las camisas del Toni? Que se las planche él, seguro que está en el sofá haciendo el oso, como si lo viera. Y que sepas que si le planchas las camisas eres una planchadora ilegal porque casada no estás.

Y: el Toni está en el bar que le ha tocado trabajar hoy y además se ha ido muy triste por la derrota de la Roja.

Mm: pues yo me alegro, que se fastidien los del fútbol. Pero a lo que iba, estamos emocionadísimas, qué bonita es la monarquía, no se puede comparar con nada  y ayer, ¿lo viste?, qué emocionante fue cuando se abrazan el padre y el hijo y ella, qué guapa, y ese gesto que tuvo con las manos corrigiendo la postura de la niña….vamos, vamos, vamos, qué regia antes de serlo del todo. Y que él,  Felipe, es el Borbón más preparado así que…

Y: así que qué

Mm: pues eso, que las niñas son monísimas. Y mira, hemos colgado retratos de la Letizia por todas las paredes del hogar luciendo esos modelos que lleva con tanta prestancia, porque para eso somos la Peña Reina Letizia. Y no hago más que mirarla y, ¿sabes a quién la veo no ya parecida sino clavadita, clavadita?

Y: ni idea

 Mm: cómo que ni idea pero si es igual que tu hermana, es la Lauri hecha carne y sangre real, el mismo pelo, los mismos ojos, la misma sonrisa, el mismo tipo…y la Lauri todo de natural, sin retoques ni ná. Vamos, que la llega a ver el Felipe a ella antes y se la queda, te lo digo yo, solo que como la Lauri no salía por la tele…no dices nada, ya estás con las envidias, si tú también eres guapa, en tu estilo, claro, que no es tan realesco pero cada uno es como es y hay que aceptarse con lo que se tiene que nos lo ha dicho la profesora de relajación, la Ariadne, que sabe mucho de inteligencia emocional. El siguiente curso que nos dé va a ser de eso pero ya nos ha ido avanzando alguna que otra cosilla.

Y: y mi padre, ¿qué tal está?

Mm: ahí lo he dejado en el patio hablando con el perro para no variar, como no habla con las personas…y hablando de patios, no te pierdas a la pánfila de la Brígida, la vecina, pues no va y me cuelga una bandera de esas tricolor, de las ilegales, en la valla que compartimos. Quita esa risión de ahí, Brígida, le he dicho, no me quieras dar el día y vente a la Peña Reina Letizia como una persona normal. Que dice que ella no va a ninguna parte, que no le gusta salir de su casa y que pone en su valla lo que le da la gana, que estamos en un país democrático y no sé que tontunas más. En cuanto se haga de noche se la arranco de cuajo, eso está cantado que esa bandera no es constitucional. Violando la ley de leyes en mis propias narices, si es que…

Y: déjala en paz a la mujer que piense y haga lo que quiera.

Mm: otra como tu padre, siempre en pos de la paz. Sois más sosos…y te dejo que me dice la tía Gacetillas que me calle que no la dejó oír y tiene que tomar notas que mañana sacamos un especial del evento en la revista del hogar. Y al Toni no le planches las camisas hasta que no se case, tan feminista que eras….ja. ¡Letizia, Letizia! ¡Viva la Reina! Esa sí que sabe.

Mi madre por teléfono (4)

-¿Sabes a qué me he apuntado ahora?

-A tai chi, como si lo viera

-No hija, es más moderno. A iniciación a la navegación.

-Suena muy bien pero ¿por dónde vas a navegar?

-Por internet, paleta, por dónde va a ser. Nos dan el curso gratis en el hogar del ama de casa y el jubilado. Nos hemos apuntado la Rosa, la Mari Paz, la del Alberto y la tía Gacetillas. Muy bien, ya verás, yo no me quiero quedar en la brecha digital.

-¿Y esa frase, de dónde te la has sacado?

-Que te crees que solo sabes tú cosas, nos la ha dicho la profesora, que tenemos una brecha digital de las gordas pero que eso lo resuelve ella en un pis pas, es una chica muy maja que se llama Ariadne. Qué nombre más precioso ¿verdad?, si llego a saber que existe te lo pongo a ti o la Lauri.

-Pues qué bien, todo lo que sea aprender…

-Ya ves….y también nos está dando un curso de relajación completa.

-¿Pero es que tú estás estresada?

-No, yo lo que estoy es aburridita de pensar todo el día en las comidas y en qué pongo hoy y en qué pongo mañana. Lo de hoy ya lo tengo: judías verdes y merluza rebozada, congelada, eso sí que la fresca está muy cara. Nos dice la Ariadne: imagina tus piernas pesadas y calientes, pesadas y calientes, pesan, pesan, pesan…y nos ponemos a imaginarlo. La Rosa se durmió y todo.

-¿Y tú?

-Yo no, yo me quedé helada porque en el hogar a esas horas no tienen puesta la calefacción. Se lo he dicho a nuestra monitora pero dice que es normal, lo de dormirse es normal y lo de quedarse helada, también. Pero a lo que te iba, ya les he dicho a todas que escribes unas cosas en internet y en cuanto sepamos lo que es el ratón y cómo se utiliza te vamos a leer en la clase. Todito el pueblo te va a leer, te voy a hacer famosa porque tú eres muy pardilla y no te sabes vender.

-Pero es que yo no quiero.

-Claro que quieres lo que pasa es que no lo sabes. Lo de hoy ya lo tengo: judías verdes y la merluza esa congelada que muy buena no es que esté pero habrá que conformarse. Tú hermana se ha comprado un pantalón, así, con pinzas, muy bien, le queda muy bien.

-Qué alegría

-Tienes envidia, Eva, te lo noto, de siempre has tenido envidia de la Lauri y no se por qué…

-Pero si he dicho qué alegría

-No es el qué sino el cómo y lo dejamos ya que me tengo que poner a la relajación profunda que nos lo ha mandado la Ariadne dos veces al día: por la mañana y por la noche. Mis piernas pesan, mis brazos pesan, todo mi cuerpo pesa…ya voy notando algo. Esto es como todo, cuestión de práctica.

Sado-madre

Se ve que a la doña Perfect le ha gustado el ambiente que se respira en la casa de su hija porque no le veo yo intención ninguna de ahuecar el ala (esto último lo digo porque la mujer tiene cara de pájaro). Claro, como lo ha puesto todo a su gusto…Nunca había visto yo tanto orden ni tanta pulcritud, si da hasta grima, no parece un hogar real, no hay nada fuera de su sitio y pobre del que se atreva a descolocar algo que allí va ella detrás a posicionarlo correctamente. La Patricia, sabia ella, ha optado por largarse, aparece a primera hora ya con el ordenador bajo el brazo y el bolso colgado de un hombro, me da tres escuetas instrucciones y se marcha pero arreando. Y entonces doña Perfect se pone a ser mi sombra. Mira tú que la vocación oculta de esta mujer tan aristócrata va a ser la de chacha, lo que le gusta la limpieza y lo que sabe de tóxicos. Aquí es mejor el amoniaco, a esto dale con lejía, ¿pero que no tenéis salfumán? Ay madre ¿y eso qué es? porque me suena a producto altamente venenoso. Te lo voy a comprar, no hay nada como el salfumán. Si, para envenenar a alguien debe de ser de lo más efectivo, pienso yo mientras me eslomo trapo arriba y fregona abajo.

Frota, frota, raspa, raspa, dale, dale, por encima, por debajo, hacia los rincones, más fuerte, más flojo, con más ímpetu, cuidado que lo rompes, súbete a la escalera, mueve el sofá, desplaza el aparador. No le gusto, ya lo sé, pero tampoco es cuestión de que quiera acabar conmigo en una mañana. Y para culminar tan aciaga jornada, va y me suelta: lo que te pasa, Eva, además de que no estás formada, es que tienes que perder peso porque así (y clava sus helados ojos azules en mis prietos jamones para que no quede duda de a qué se refiere con el así) no se puede trabajar en condiciones. Ahora ya lo sé, a la doña Perfect le va el sado en su vertiente limpieza del hogar. Perversiones hay muchas, tantas como seres humanos.

Y ya, para acabar de rematarme, añade o agrega (lo que prefiráis): hoy no puedo que tengo gestiones que resolver pero mañana sin falta me voy contigo al parque que quiero ver cómo juega mi nieto. Ni fuerzas he tenido para disuadirla. Nada más llegar a casa me he puesto con la asana del cadáver para ver si así me recuperaba pero el Toni, que de yoga sabe poco o nada, lo ha interpretado de otra manera y se me ha lanzado cual cavernícola en celo. No te achantes, Evi, tú palante -me he dicho- que un día pare otro.

Pena de la Patricia

Que sí, que me da pena de mi jefa laboral y mira que a los jefes no se les suele tener lástima pero es que lo de su madre es para compadecer a cualquiera. Esa mujer se mete en todo y no deja vivir a la Patricia, la tiene martirizá. Que si lo tienes todo muy desordenado, que si aquí no se come como es debido, que si porque no te apuntas a estudiar algo y así te relacionas, que qué cosa tan rara es esa de la meditación, que por qué no te compras un bolso nuevo, que si tienes que mover mejor tus escritos si lo que quieres es tener éxito, que te vendría bien tener otro hijo antes de que Jacobo se haga mayor, que engordes un poco, que te arregles el pelo que ese peinado no te favorece, que esto, que lo otro y que por qué no contratas a otra empleada doméstica del hogar.

Joróbate, resulta que no le gusto. Dice que no soy representativa para una casa de categoría, que no sé limpiar y que duda mucho que resulte una buena influencia para el Jacobín, que me ve muy zafia, muy poco experimentada y más bien vaga. Ahí queda eso, Eva Villamediano (mi nombre y mi primer apellido), eso te pasa por escuchar detrás de las puertas, para que salgas hoy al parque con la autoestima bien alta.

Si os digo la verdad, la opinión de esa mujer me resbala bastante, como casi todas las opiniones en general, yo me tengo en mucho aprecio y me veo muy buenas cualidades. A mí, la doña Perfecta esta no me achanta, ahora que a su hija me parece a mí que sí. Veo yo a la Patri como acongojá, no es que sea nunca la alegría de la huerta pero estos días de presencia materna la están acabando de rematar. Se la ve mohína, afligida, despachurrá, ni a la tecla le da ya. Pobre Patricia, qué pena me da .