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Las 10 sombras de la Esme

Que no, que no voy a contaros mi afición al sado maso de pacotilla porque, entre otras cosas, no me va ese rollo. Es que he visto que por los blogs circula una lista de cosas que le molestan a uno, o que odia o que le irritan y le he pedido a Eva que me deje hacerla. Solo voy a poner diez, no por falta de odios, si no porque me da la gana. No van en orden de importancia, ni alfabético, ni de mayor a menor. Van según se me han ido ocurriendo. No he puesto las importantes como las injusticias, la desigualdad, la violencia de género, las guerras o los pelotas rastreros porque eso se da por hecho.

  1. Los que han llegado los últimos a la parada del autobús y entran los primeros. A ver, besugo, que lo de los últimos serán los primeros era en el reino de los cielos, no confundamos conceptos.
  2. Los informativos de la 1 y sus cada día más estúpidas noticias: ayer abrieron con Rajoy comprando una ensaimada. Se habían ahogado unos cuantos intentando llegar a nuestras costas pero pelillos a la mar.
  3. La proliferación de programas de chefs y los propios chefs. Y ya si juntas a los chefs en la casa de Bertín siento ganas de morir.
  4. Las frasecitas cursis en los estados del guasap y las frasecitas cursis en general. Si encima están escritas sobre una rosa con gotas de rocío, siento naúseas.
  5. Los políticos que se  auto aplauden en los mítines o en las convenciones de sus propios partidos. Y esos extras que colocan detrás del líder para que den cabezazos de asentimiento.
  6. Que mi vecina tienda la ropa a la una de la madrugada ignorando el tres en uno. Que le chirría la cuerda, ¡señora!
  7. Al tío que toca al acordeón al lado de mi quiosco, antes era Cielito Lindo, ahora se ha pasado a Feliz Navidad para acabarlo de fastidiar.
  8. Las entrevistas a la gente por la calle para preguntarles si hace frío o si hace calor y cómo lo llevan, si ya se han puesto el gorro o van por la sombra con la botellita de agua.
  9. Los que dicen nosotros y nostras o ciudadanos y ciudadanas o todos y todas.
  10. Los drones. Sí, porque estoy convencida de que dentro de no mucho el cielo va a estar tan atascado como la tierra por culpa de esos artefactos.

 

 

El espíritu del Toni

Nunca he creído en la metempsicosis, principalmente porque no sabía lo que era y difícilmente puede uno creer en algo que ignora, pero me está pasando una cosa que tiene toda la pinta de ser una variación de este fenómeno, ahora que ya tengo algunos datos.

Resulta que hay indicios de que parte de la psiquis del Toni, y no la mejor, se ha quedado a vivir en el piso o más bien en mi interior, mientras que él , muy feliz, o no tanto pero eso ya es materia para otra narración, sube y baja de los montes fotografiando matojos y riscos, sobre todo riscos. Dice que es un territorio muy poco explorado y que puede que tenga él un futuro exitoso con sus retratos de piedras y otros impedimentos del camino.

El caso es que me sucede algo muy raro, algo muy poco propio de mí, algo que roza lo misterioso y lo arcano. Esto de lo arcano lo aprendí de cuando la Esme y yo echábamos el tarot en el parque, se lo decíamos mucho  a nuestros clientes porque quedaba muy bien, muy de vidente profesional de toda la vida o congénita. Y eso extraño es que las manías del Toni se están apoderando de mi ser. Yo pensaba que eso era amor y del puro, sin mezclas ni aditivos porque cuando quieres mucho a alguien adoptas rasgos de su personalidad sin darte cuenta.

Un ejemplo es el helicóptero que él tanto odiaba y que a mí nunca me había molestado, de hecho ni lo oía. Pues desde que él no está soy yo la que lo oigo a todas las horas del día, me irrita y me veo en la necesidad de comentarlo. Ya está otra vez aquí el caharro ese, le he dicho con tono de cascarrabias a la Noe a la hora del café matinal. Qué susto me he pegado al oír mi propia voz poseída por el espíritu toniano.Y luego, al salir a la calle las dos juntas, ese mismo espíritu me ha hecho exclamar con cabreo: qué sucio está todo, cuánta basura y qué mal huele con el calor, con lo bien que se estaría ahora en nuestro pueblo con su aire limpio, sus aromas a monte y sus pájaros.

Esto ya no es amor, esto es algo bastante peor y tengo que ponerle nombre,  me ha dicho mi amiga deteniéndose en la boca del metro, de siempre un lugar ideal para hacer diagnósticos mientras te empujan y te arrollan las apresuradas hordas trabajadoras. Voy a mirar en google qué es exactamente lo que tienes. Y echando mano de su teléfono y escribiendo mis síntomas ha encontrado la metempsicosis. “Traspaso de ciertos elementos psíquicos de un cuerpo a otro después de la muerte”, ha leído muy convencida.

Le veo una pega, he tenido que objetar, y es que el Toni no está muerto. Pero ese tipo de pequeños detalles no intimidan a la Noemi ni son capaces de desmontar sus teorías. No está muerto de estar fiambre, en eso te doy la razón, pero sí está muerto en esta vida tuya de ahora porque se ha ido, más muerto que eso… sin embargo, algo de su sustancia interior ha peregrinado para vivificarte momentaneamente, que lo pone aquí tal cual te lo estoy leyendo. Vamos  a ver y para que me entiendas, igual que se ha dejado unos gayumbos y una camiseta olvidados en un cajón, se ha dejado también parte de su mala leche y entonces…

Quitaos del medio, pasmadas, que no dejáis pasar al personal, nos ha gritado un afable usuario del transporte público en hora punta interrumpiendo, por suerte, el discurso argumentativo de la Noe.

Que te den, mamarracho, le ha contestado ella por no faltar a su costumbre de devolver siempre los saludos. Sí, sí, ha proseguido impertérrita, tienes una metempsicosis como la copa de un pino pero ahora no te la puedo solucionar porque llegamos tarde a trabajar, venga, vamos pa dentro.

Y hemos descendido a los infiernos junto al resto de los condenados para expiar, bien apretujados en un vagón de aire viciado, todas nuestras culpas por pertenecer a la miserable y decadente raza humana.

Tiendo de natural al escepticismo y no suelo confiar en fenómenos paranormales pero lo que sí está claro es que yo, como Eva sin contaminar, nunca hubiera escrito semejante frase.

Lo visible y lo invisible

Como me descuide, la doña Marga se  hace con el control del blog y toma los mandos y tampoco quiero yo eso que a ver  en qué contenedor vuelco entonces todas las tonterías que me circulan por las mientes, que también se puede decir así en vez de pensamiento, a la manera antigua.

Pues retomando uno de mis temas favoritos -el Toni- os diré que desde que ha empezado la primavera no son los árboles los únicos que han reverdecido, las manías toniescas también y con fuerza inusitada. Diréis y ,no faltos de razón, que me repito, que de esto ya os he hablado muchas veces. Eso los que me leéis desde el principio o casi (gracias), los recientes igual hasta creéis que innovo. Poco, poco pero,¿no se repite también la primavera y nadie le va con reclamaciones? Al contrario, la gente la admira, la fotografía y le ríe todas las gracias como si fuera original. Pues entonces yo también tengo licencia para repetirme, venga.

Es que el Toni no para de quejarse, que si el helicóptero le da paranoia, que si buscan torturarnos con ese bicharraco todo el día dándole a las hélices por encima de nuestras cabezas, que si hace un ruido infernal, que por qué tiene que oír eso en lugar de pájaros que es lo que le gusta a él y que por qué le tiene que despertar la alarma del móvil en lugar de un gallo. La sarta de quejas es más larga pero por abreviar.

De la última ha tenido la culpa un gallo que cantaba de madrugada donde hemos estado de vacaciones, bastante cansinero, todo hay que decirlo, pero al Toni le entusiasmaba, vete tú a saber por qué. En realidad, yo no lo oía porque duermo muy profundamente pero ya se encargaba él de despertarme para que no me perdiera el instante quiquiriquí,  lo que hay que aguantar por la paz parejil.

Aquí en Madrid también me despierta en cuanto oye el helicóptero pero para que me indigne con él y así ser uno en la desgracia. Ya le he dicho que lo deje, que a mí el helicóptero no me molesta. Pues eso le ha indignado más, que cómo puedo ser tan insensible y tener ese caparazón aislante, que si es que no poseo sentidos ni percepciones. Todo eso. Es un plasta, majos. Y tal como os lo digo a vosotros se lo he comunicado a mis amigas de referencia y cabecera: la Esme y la Noemi.

La Esme, que tampoco innova mucho, no me ha hecho ni caso,  que ya tiene ella bastantes plastas a su alrededor como para que yo le venga a hablar de otros, que todos tenemos los nuestros y que la mayoría de las veces nos los merecemos. Así de borde. Bueno, tendría un mal día, tampoco me lo tomo como algo personal.

La Noe ha estado más original en su respuesta, demasiado, para mi gusto. Su teoría es que el Toni tiene cerrados los chacras. Que si no todos, bastantes, y que se lo mire antes de que sea demasiado tarde, que esa cosas del holismo (ella sabrá qué es eso porque yo no) o se pillan a tiempo o ya vas de cráneo en lo que te reste.

Se lo he mirado un poco por encima  sin que se diera cuenta mientras se echaba la siesta dominical pero yo no he visto nada extraordinario, ni abierto ni cerrado. Se me ocurren dos posibilidades: que no se vean porque son invisibles o que no se vean porque no existen. Si me das a elegir, me quedo con la segunda.

La Noe dice que no todo lo que existe está a la vista pero cuando le he respondido que si se refería a la materia oscura se ha quedado callada. Para mí que está elaborando una nueva teoría un poquito más científica y menos esotérica con la que sorprenderme. O eso o que se ha metido en google a buscar “materia oscura qué quiere decir”. También me quedo la segunda.

Cinemanía

Si solo se trataba de ir al cine, no era tan complicado, bastaba con sentarse en una butaca y mirar la pantalla. Pero Toni no puede hacer nada de una manera normal y sencilla, todo para él resulta complejo y dificultoso. Vale que la película no le estaba gustando mucho pero tampoco tenía por qué enfadarse cada vez que alguien se reía, lo que sucedió en bastantes ocasiones porque el filme en cuestión era de mucha hilaridad. Que por qué se ríen esos subnormales, que esas risas le estaban poniendo nervioso y que eran un claro síntoma de la idiotez humana. Y siguen, pero si no tiene gracia…es que me están dando ganas…Tranquilo, Toni, a ellos les gusta pues déjales que se diviertan que han venido a eso y nosotros, te recuerdo, también. Pasa un rato más o menos tranquilo en el que no hubo risas pero entonces veo que tiene la boca tapada con la bufanda. ¿Qué haces, tienes frío? El de atrás no para de toser, estoy viendo el virus de la gripe avanzar triunfante por esta sala mal ventilada y recalentada, de aquí no salimos indemnes, esto va a ser un contagio masivo, para qué habremos venido con lo bien que estábamos en el sofá, tápate la boca tú también que te infectas, fijo. Yo no me tapo nada y quítate esa bufanda que te vas a ahogar. A continuación vinieron las quejas por la duración de la película, que si es que ese director tan famoso no tenía capacidad de síntesis, que por qué se repetía tanto, que la idea ya le había quedado clara en la primera media hora y que para qué alargarse innecesariamente dando vueltas a lo mismo, que qué tortura, que tendría que estar prohibido hacer películas tan largas, que ya no aguantaba más y que le estaba entrando claustrofobia y angustia y que se iba a marchar. Entonces llegó una parte especialmente graciosa y la gente, yo incluída, empezó a reírse y el Toni, como poseído por los demonios, se levantó y dando tumbos en la oscuridad me dejó allí sola. Cuando terminó la película me estaba esperando fuera con cara de malas pulgas. Pero ¿por qué te has salido? lo que te has perdido, majo, han sido tres horas frenéticas que han pasado volando, pero ¿es que no te has percatado del ritmo tan vertiginoso y trepidante? Es que ha tenido momentos desopilantes a más no poder, vamos que a mí me ha parecido la experiencia cinematográfica más enérgica y fascinante de los últimos años, te lo digo de verdad.

Que como no deje de repetir como una imbécil lo que he leído previamente en las críticas me va a empujar a un charco y que mire la luna que se esconde misteriosa tras una nube rosada, que eso si que es un espectáculo y que de tomar algo, nada de nada, que ya se ha expuesto bastante al virus y que, además, odia los bares. Que pitando a casa.

Por el camino del Hipólito

>Para qué voy a pensar un título nuevo, si tengo este que me sirve de comodín. Resulta que el Hipólito ha recomendado al Toni que, en lugar de hacer el trayecto al trabajo en metro, lo haga andando, atravesando un parque que él conoce (qué no conocerá este hombre) y que dice que es un remanso de paz en medio de la urbana vorágine. El Toni, como no puede desoír ninguna de sus sugerencias, se calzó sus zapatillas de andar y cargando con su dolor de rodillas y su mal humor habitual, salió ayer de casa con la esperanza de hallar un poco de felicidad. Pero no, la felicidad es muy esquiva, pobre ingenuo. Dice que al principio la cosa marchaba bien: los árboles se mostraban en toda su magnificencia invernal, dos mirlos cantaban y picoteaban los frutos de un madroño y una bandada de aves en formación migraba hacia donde quiera que migren las aves en esta época. El Toni en su paraíso, qué contento se estaba empezando a poner, qué agradecido al Hipólito y sus consejos, qué hombre nuevo se sentía y todas esas pamplinas que suelta cuando habla de naturaleza. Todo estaba resultando perfecto hasta que llegaron ellos, los malditos, armados con horribles aparatos que parecían salidos de una guerra apocalípitica y se pusieron a aspirar con saña los restos de inocentes hojas otoñales que quedaban por el suelo. Adiós a los cantos de los pájaros, ya solo se oía el estruendo de esas satánicas máquinas diseñadas por mentes perturbadas al que se sumaron, a continuación, el de otras, diseñadas por las mismas mentes, que barrían el suelo con cepillos giratorios adheridos a sus bajos. El Toni miraba a los otros paseantes con la esperanza de encontrar apoyo y consuelo pero a ellos no parecía molestarles y, como si no oyeran nada, seguían paseando a sus perros, corriendo o caminando indiferentes e insensibles. Y entonces, cuando ya a lo único que aspiraba su torturada alma era a salir de allí, irrumpió él, el omnipresente helicóptero y se detuvo justo sobre su cabeza moviendo las aspas como en una burla.

Que ha sido una experiencia horrible y demoledora, manifiesta.

Que se lo cuente al del remanso del paz, manifiesto yo, que a mi ya me tiene harta.

Climatológicamente adverso

¡Qué alegría abandonar el pueblo de mis ancestros y volver a esta ciudad donde me convierto en un ser anónimo! Qué felicidad la de confundirme entre las masas y aglomerarme y apretujarme sintiendo ese calor humano, esa comunión que consiste en hacer todos lo mismo y a las mismas horas como si formáramos un solo cuerpo. Cómo me gusta dejarme arrastrar por la corriente de la vida o, lo que para mí es lo mismo, sumarme a las tradiciones y mejor si son masivas y se celebran extramuros: hacer la cola del roscón, la cola de los envolvimientos de paquetes en los grandes almancenes, la cola de…¿de qué será esa cola?, no importa, voy a contribuir a su  alargamiento. Y ahí que me integro.  Yo no soy nada apocalíptica.

La pena es que el mal tiempo me esté estropeando un tanto mis inocentes diversiones. El Toni, por el contrario, (el Toni siempre por el contrario) califica estas distracciones de infernales y dice que está muy contento de que haga un día de perros porque así la gente o por lo menos una gran parte de ella, se refugia en sus guaridas y no invade los espacios públicos con sus absurdos comportamientos grupales.

Es el momento en que él, retando a las inclemencias invernales, arrastrado por el viento y empapado por la lluvia, sale a la desierta e inhóspita calle feliz de no hallar señoras con perros, chinos en otra dimensión ni ser humano normal alguno. Solo le enturbia la alegría el íntimo convencimiento de que tarde o temprano llegará la primavera. Qué climatológicamente adverso me ha salido el pobre.

Así habló el Hipólito

Resulta que además de enseñar a avistar pájaros, el Hipólito (H de aquí en adelante) también asesora y, lo que es mejor, sobre cualquier cosa que le pidas e incluso sobre las que no le pidas. Que te dispones a hacer una tortilla de patata según tu tradicional y atávica receta, pues no es así y ya te dice él cómo (por persona interpuesta), que te duele un pie, para qué vas a ir al médico si ya te diagnostica el H. y te pone el tratamiento, que dudas sobre qué ropa ponerte, pues sale la cabeza parlante del H. de dentro del armario y te indica la vestimenta más adecuada para cada momento y lugar.

Y eso, en lo que toca a los aspectos prácticos de la vida pero es que también te vale para lo más profundo y espiritual. Las angustias vitales, en el caso de que las tengas (no es el mío) te las soluciona él a base de filosofías de curtido taxista y asiduo visitante de los bares. Es como un hombre del Renacimiento, vale para todo. O eso se cree el Toni, a quién tiene abducido porque yo, y aprovecho para confesarlo desde aquí que no me oyen, estoy sintiendo enormes deseos de cometer un hipolicidio.

Por su culpa, el Toni se ha pasado todo el fin de semana tirado en el sofá, con el pijama como segunda piel y leyendo un libro de Henry David Thoreau que le ha prestado el H. Dice ese gran gurú de las barras que hasta que no lo lea no puede ser considerado un ser humano completo y que a qué espera. Y ahí sigue hoy lunes, víspera de Nochebuena, sin moverse, con el Tratado de la desobediencia civil entre sus manos, dando cabezazos de asentimiento y riéndose diabólicamente. Que no piensa hacer otra cosa en todas las vacaciones que leer a Thoreau y que luego tiene que poner en práctica todo lo que este escritor propugna en sus libros que es, según me ha resumido con gran exaltación, salir a los montes y a los bosques y triscar sin rumbo fijo y no hacer caso de nada ni de nadie y desobedecer.

Cuánta soledad se puede llegar a sentir en pareja, me he lamentado yo y, por toda respuesta me contesta que el H. dice que la soledad es muy buena compañera y que el Thoreau, por su parte, opina que no hay compañía más sociable que la propia soledad. Pues que gran consuelo.

Esquemática Navidad

Y digo yo: ¿es que un árbol de Navidad es un arma de destrucción masiva?, ¿qué daño puede hacer a la humanidad un simple árbol de plástico verde, con sus flecos imitando las ramas del abeto, con su peana recubierta de fieltro rojo, sus bolas de colores colgando, su espumillón rodeándolo y sus luces musicales intermitentes? Personalmente, me parece un objeto que no debe faltar a estas alturas del mes en cualquier hogar que se precie de serlo.

Engendro abominable, lo ha llamado el Toni y aberración vomitiva, después. Y que lo quite de inmediato que le van a dar pesadillas. Argumenta el hombre que si en esta época del año los árboles se despojan de sus hojas y se muestran desnudos y sobrios, quién somos nosotros para enmendar a la naturaleza. Que no hay bolas más bonitas que las gotas de lluvia cuando penden de una rama, ni adornos más maravillosos que los pájaros posados y que para árboles de Navidad los acebos que crecen naturalmente en los bosques del pueblo. Que si el invierno es austero y se despoja de adornos por qué nos empeñamos en recargarlo todo con espantos insufribles. Que él apuesta por una Navidad esquemática.

Pues vale, Toni, tú sabrás lo que quieres decir con eso pero yo, el árbol de los chinos no lo quito que me gusta y me da alegría. En buena hora habré desvelado su procedencia, como un loco se ha puesto a arrancar bolas y romper espumillones al tiempo que proclamaba que él no quiere en su casa árboles de otra dimensión y que no hay belleza comparable a la de esos árboles negros, puro esqueleto, típicos de esta estación, que parecen trazados a tinta. ¿Se habrá trastornado del todo?

Goyafobia

Hoy no te libras, Toni, ya has avistado bastantes pájaros con el Hilario y habrás cogido fuerzas suficientes para venirte conmigo  de compras navideñas. Qué poco tacto tengo a veces, he juntado en la misma frase dos de las palabras más odiadas por el Toni, compras y navideño, pero es que, claro, son tantos los objetos, seres y contextos que le repelen que es difícil hablar sin herirle. ¿Cóooomooo?, estalla falsamente sorprendido, costumbre que tiene cuando no quiere hacer algo de lo que le propongo. ¿Es que ahora te has vuelto experta en torturas?Venga, Toni, que no cuela, no podemos presentarnos en el pueblo en fechas tan señaladas sin regalos.

Que si no puedo dejar ya de soltar tópicos, que debería bastarles con nuestra presencia, que bastante hace ya con aguantar esas cenas soporíferas aderezadas con el canto del tamborilero y el posterior bingo. Pero, hijo, sé positivo por una vez en tu vida, vas a estar en el pueblo, vas a escuchar pájaros, vas a poder subirte al monte de tu alma y a oler esos olores tan primitivos de leña y tierra que te gustan, no me digas que…Eso será si me deja la familia, que presiona y estruja y exprime dejándome seco. Si, bueno, zumo de Toni, ponte los zapatos que nos vamos. Me los pongo pero que sepas que es contra mi voluntad y que si luego la expedición acaba mal no digas que no te lo avisé.

Y con esos ánimos salimos hacia el portal donde nos encontramos con el grupo de chinos que también salía. Buenas tardes, suelta el Toni con un tono de voz que más parecía una ofensa que un saludo. Los chinos, ni caso, atravesaron la puerta y se perdieron por la calle con sus pitillos encendidos  destino a sus numerosos comercios. ¿Qué te dije, están o no están en otra dimensión? Huy qué pesado, todo el camino hablándome de la posibilidad de que existan varios espacios superpuestos o diferentes tiempos que se solapan y qué sé yo. Y a tu madre ¿qué piensas comprarle?, le cuestiono en un intento de hacerle volver a la realidad. Evi, eres única en tu género para trivializar hasta las cuestiones más profundas, yo hablando de metafísica y tú con la monserga de los regalos. Monserga, dice. Qué intratable es mi amado.

Entramos en el metro y para qué quieres más, otra vez: que si que pena la gente con esos rostros en los que se refleja el sufrimiento, la idiotez y el vacío de la existencia y que por qué todos miran sus teléfonos y que si no se dan cuenta de su mortal condición. Intratable y siniestro, añado. Total, que nos bajamos en Goya y madre mía qué bonita han puesto esa calle con sus luces navideñas en forma de paquetes de regalos cada uno de un color. Se lo señalo al Toni para que vea que yo también sé apreciar la belleza y en buen momento: que qué oda más zafia al consumo, que qué manipulación más burda, que le tapan el horizonte esos mamotretos de paquetes, que no le dejan ver el cielo, que dónde están la luna y las estrellas, que por qué hay tanta gente, que le empujan y le aplastan y que puede que hasta le roben la cartera y que no quiere estar aquí, que se está encontrando muy mal, que se marea y tiene ganas de vomitar y que no puede respirar y que se vuelve por donde ha venido pero en taxi.

Toni, le increpo a grito pelao, que somos mileuristas de la clase obrera, no te gastes el dinero de los regalos en ese medio de transporte pero ya se ha introducido en el interior de un taxi con la cara desencajada. Algunos viandantes me miran y se ríen. Siempre me tiene que dejar en ridículo, qué hombre.

Chinos en otra dimensión

Ya me barruntaba yo que alguna del Toni estaba al caer, llevaba ya muchos días -unos cuatro o cinco- sin manifestar su particular y enrevesada forma de ser y eso era muy extraño. La normalidad, por llamarla de alguna manera, ha vuelto a nuestro hogar. Me hallaba yo en la cocina friendo unas patatillas para la cena cuando el Toni, procedente de la calle, irrumpe en mi doméstico santuario como un abanto.

Chinos, chinos y más chinos, es lo que veo cada vez que entro o salgo por el portal, de dónde salen tantos chinos, clama y exclama, ambos verbos a la vez. No lo soporto, siempre con esos pitillos encendidos, con esas caras que parece que no les ha dado el aire nunca en sus vidas, con esos rostros sin expresión y esos pelos lacios…Toni, para ya, -le freno en seco- que me estás resultando un racista de primera y eso no me gusta, no es propio de tí, me da miedo.

Que no, que él no tiene ninguna manía a la nacionalidad china en general pero que lo que no soporta es a los chinos del portal, que a esos es que no los puede ni ver, precisamente porque no hace más que verlos y que, además, que le parece a él que tienen algo raro, algo que no es del todo humano. Huy madre, lo que dice, chinos inhumanos pero ¿es que te han atacado o algo? Que no, que atacarle no, que es justamente todo lo contrario, que él procura entablar una relación con ellos, la más elemental, la del hola y el adiós y los buenos días y el qué tal  pero que con esos chinos del portal es imposible. Será porque no conocen tu idioma, le digo. El idioma es lo de menos porque los gestos son universales pero es que ellos no tienen gestos y siempre van en grupos, nunca veo a uno solo, siempre son cuatro o tres o cinco, carecen de individualidad, y entran y salen con muchas prisas. ¿Sabes qué? Que creo que yo les veo a ellos pero ellos no me ven a mí, es la única explicación que le encuentro.

Pues a tí es difícil no verte. Justamente, se pone, razón que me estás dando, esos chinos tienen algo sobrenatural y creo que ya sé lo que es. Como yo no le pregunté nada, tal y como él esperaba, porque ya me estaba hartando de escuchar tantas idioteces, se quedó un rato callado rondando de la cocina al fregadero y del fregadero a la cocina. ¿Quieres parar y poner la mesa o algo que me estás poniendo nerviosa con tanto ir y venir? Entonces se para, pone cara de iluminao y me da la noticia: ya lo sé, Evi, y te lo voy a decir aunque te suene raro, esos chinos están en otra dimensión. Compartimos espacio pero no tiempo o tiempo pero no espacio, todavía no lo sé pero hay algo básico que no compartimos. Por eso no me saludan. Va a ser por eso, Toni, ¿hago ya el huevo frito o espero a que aterrices?