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Restos en un cajón

En el cajón de la mesita de noche de la abuela quedaron durante mucho tiempo algunos restos: horquillas negras para el pelo, una cosa horrorosa que se llamaba redecilla y que la abuela se ponía en la cabeza para dormir y amanecer peinada, dos caramelos de piñones que olían a rancio, un librito de oraciones con una estampa de una santa dentro que daba mucho miedo, un monedero rojo de piel pelado por el borde y un papel doblado en cuatro con un esbozo de poesía tachada varias veces y luego dejada por imposible.

La poesía la había tratado de escribir el abuelo cuando nació el primer nieto. Niño que vienes de las estrellas, decía el primer intento de verso. Niño que no sé de dónde vienes, decía el segundo, más sincero. ¿De dónde vienes, niño misterioso?, se preguntaba el tercero, ya con un tachón encima. Y debajo, esa misma mano, resignada ante su falta de pericia poética, había escrito simplemente el nombre del niño recién venido de no se sabía dónde: Manuel, Manuel, Manuel, Manuel. Así, concentrando en un nombre su emoción y su extrañeza, hasta el final del papel.

(Cuaderno de DM)

Misterioso lector

Las personas del WordPress, que están en todo y no se les escapa ni media, me avisaron ayer con uno de esos símbolos tan apañaos que usan ellos, de que las estadísticas del blog habían subido mucho. Enhorabuena!, me informaron esos señores tan entusiásticos que no conocen los días libres, tus estadísticas están en alza, parece que tienes más tráfico del habitual. Son frasecillas hechas que tienen ellos, hay que comprenderlos, somos muchos y no van a estar todo el día y toda la noche pensando. La primera vez que recibí un me gusta acompañado de la frase de que la entrada había “impresionado bastante” me lo creí literalmente. Luego ya me fue resultando extraño que todos se impresionaran bastante y deduje con acierto que era cosa de ellos, los de atrás.

Pero volviendo al aviso del domingo. Lógicamente me alegré mucho de que las estadísticas se disparasen un día que suele tender al encefalograma plano y fui rápidamente a comprobarlo. Era cierto. Alguien, en ese domingo caluroso y último día de agosto se había dedicado a leer estas narraciones. Me imaginaba yo a ese alguien sumido en la siguiente duda: ¿me pongo a deshacer las maletas o me meto un rato en google? Y así, casualmente y eludiendo la pesada y un tanto deprimente tarea de sacar el maleterío entre sudores, cayó en mi blog y, una vez allí, se puso a leerlo y con mucha dedicación además, lo que desde aquí le agradezco.

Pero digo yo a ese mi lector misterioso, suéltate un comentario, un me gusta, un no me gustas nada y eres idiota, un no volveré por aquí o un seguro que vuelvo. Un lo que sea pero algo que desvele un poco el misterio de ese único visitante que hizo en un rato ochenta visitas. ¿Te pusiste luego a deshacer las maletas, te distraje un rato y conseguiste olvidar el lunes uno de septiembre, bostezaste al terminar y te frotaste los ojos pensando qué manera más tonta de perder el tiempo?

Vejeces, achaques y un hombre misterioso

Tantos días sin emprendimientos a causa del clima adverso que ya ni me acordaba de que tenemos un negocio bastante boyante. Pero qué cansancio anticipado se ha apoderado de mí cuando, al llegar al parque, he visto las mesas de adivinar todas dispuestas. Creo que lo de ser bruja o maga no termina de ser lo mío. Como ya confesé desde un principio nunca he tenido vocación definida por nada.

Pero algo me ha extrañado: había tres mesas en vez de dos. Una es la de la Norma, la que está en primera línea de árboles, la segunda, un poco más agazapada,es la que ocupo yo y la Esme no tiene porque ella se dedica a elaborar la estrategia de negocio desde el quiosco. Vamos, que como es la jefa hace lo que le da la gana. Entonces, ¿a quién correspondía esa tercera mesa justo detrás de la mía?

Mis dudas se han disipado enseguida y la vuestras también se van a disipar cuando os diga que he visto emerger de entre la maleza a una mujer tosiente y renqueante que, sin dudarlo, se ha aposentado en la tercera mesa y se ha puesto a barajar arcanos con gran pericia pese a sus artítricos dedos.

Pero bueno, Esmeralda, ¿qué hace aquí la Pandora, no era nuestra enemiga más acérrima? Pase que se venga a circular por hacer bulto pero que se acople de socia no lo veo yo y eso que soy de natural integrador.

Déjala que se apunte al carro de las vencedoras, le hemos comido todo el terreno y se ha quedado sin clientela. Ahí detrás no molesta y he pensado que se puede especializar en el sector de la tercera edad, esas mujeres que vienen preguntando por los futuros de sus hijos porque del suyo propio con ir tirando se conforman. Se sentirán muy cómodas con ella y siempre pueden intercambiar achaques para entretenerse.

No sé, a mí tenerla justo en el cogote me inquieta un poco, mira que si me echa una maldición o algo.

-Anda, anda, no seas aprensiva, tú dale conversación que está aquejada de una profunda soledad.

Pues eso he hecho, qué remedio. ¿Y qué tal estás, Pandora?, le he preguntado con la esperanza de que no me lo contara.

-De pena, hija, de pena. Me duele desde el dedo gordo del pie hasta el último pelo de la cabeza.

-Pues qué panorama, le  he contestado sin saber qué decir ante tamaño desastre.

-No lo sabes tú bien, la vejez es un asco, te lo digo para que estés advertida aunque cuando te llegue ya se te habrá olvidado. Que da serenidad, dicen. Y una mierda!, lo que da es dolores y arrastrares de cuerpos, lo que da es angustia porque la vida se acaba y a lo mejor no se ha aprovechado bien, lo que da es rabia porque el mundo parece que te empuja a la cuneta con sus prisas y sus novedades y se pone una mala leche que no te quiero contar.

Pues para no quererme contar…¡Qué mañana me ha dado narrándome con detallismo y puntillismo sus múltiples penurias y fallos orgánicos. Me estaban entrando hasta mareos.

Y a todo esto, un hombre muy raro nos miraba desde el banco de enfrente.

-Esme, ¿has visto a ese?

-Sí, le he visto. Nos mira

-¿Quién será?

-Ni idea, cualquier loco, hay tantos…

-Pues no mira solo a la Norma, que eso no me extrañaría, nos mira a todas y toma apuntes. ¿Qué clase de perversión será la suya?

-Y yo qué sé, no le hagas caso que ya se cansará

Pero no se ha cansado y ahí le hemos tenido toda la mañana mirándonos desde ángulos diferentes como si fuéramos un cuadro y tomando notas.

Y cavilando sobre la identidad del hombre misterioso y pesado he regresado a mi hogar a reencontrarme con el Toni que sigue de baja afectado de pesoíticos desasosiegos.