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Esquemática Navidad

Y digo yo: ¿es que un árbol de Navidad es un arma de destrucción masiva?, ¿qué daño puede hacer a la humanidad un simple árbol de plástico verde, con sus flecos imitando las ramas del abeto, con su peana recubierta de fieltro rojo, sus bolas de colores colgando, su espumillón rodeándolo y sus luces musicales intermitentes? Personalmente, me parece un objeto que no debe faltar a estas alturas del mes en cualquier hogar que se precie de serlo.

Engendro abominable, lo ha llamado el Toni y aberración vomitiva, después. Y que lo quite de inmediato que le van a dar pesadillas. Argumenta el hombre que si en esta época del año los árboles se despojan de sus hojas y se muestran desnudos y sobrios, quién somos nosotros para enmendar a la naturaleza. Que no hay bolas más bonitas que las gotas de lluvia cuando penden de una rama, ni adornos más maravillosos que los pájaros posados y que para árboles de Navidad los acebos que crecen naturalmente en los bosques del pueblo. Que si el invierno es austero y se despoja de adornos por qué nos empeñamos en recargarlo todo con espantos insufribles. Que él apuesta por una Navidad esquemática.

Pues vale, Toni, tú sabrás lo que quieres decir con eso pero yo, el árbol de los chinos no lo quito que me gusta y me da alegría. En buena hora habré desvelado su procedencia, como un loco se ha puesto a arrancar bolas y romper espumillones al tiempo que proclamaba que él no quiere en su casa árboles de otra dimensión y que no hay belleza comparable a la de esos árboles negros, puro esqueleto, típicos de esta estación, que parecen trazados a tinta. ¿Se habrá trastornado del todo?

Goyafobia

Hoy no te libras, Toni, ya has avistado bastantes pájaros con el Hilario y habrás cogido fuerzas suficientes para venirte conmigo  de compras navideñas. Qué poco tacto tengo a veces, he juntado en la misma frase dos de las palabras más odiadas por el Toni, compras y navideño, pero es que, claro, son tantos los objetos, seres y contextos que le repelen que es difícil hablar sin herirle. ¿Cóooomooo?, estalla falsamente sorprendido, costumbre que tiene cuando no quiere hacer algo de lo que le propongo. ¿Es que ahora te has vuelto experta en torturas?Venga, Toni, que no cuela, no podemos presentarnos en el pueblo en fechas tan señaladas sin regalos.

Que si no puedo dejar ya de soltar tópicos, que debería bastarles con nuestra presencia, que bastante hace ya con aguantar esas cenas soporíferas aderezadas con el canto del tamborilero y el posterior bingo. Pero, hijo, sé positivo por una vez en tu vida, vas a estar en el pueblo, vas a escuchar pájaros, vas a poder subirte al monte de tu alma y a oler esos olores tan primitivos de leña y tierra que te gustan, no me digas que…Eso será si me deja la familia, que presiona y estruja y exprime dejándome seco. Si, bueno, zumo de Toni, ponte los zapatos que nos vamos. Me los pongo pero que sepas que es contra mi voluntad y que si luego la expedición acaba mal no digas que no te lo avisé.

Y con esos ánimos salimos hacia el portal donde nos encontramos con el grupo de chinos que también salía. Buenas tardes, suelta el Toni con un tono de voz que más parecía una ofensa que un saludo. Los chinos, ni caso, atravesaron la puerta y se perdieron por la calle con sus pitillos encendidos  destino a sus numerosos comercios. ¿Qué te dije, están o no están en otra dimensión? Huy qué pesado, todo el camino hablándome de la posibilidad de que existan varios espacios superpuestos o diferentes tiempos que se solapan y qué sé yo. Y a tu madre ¿qué piensas comprarle?, le cuestiono en un intento de hacerle volver a la realidad. Evi, eres única en tu género para trivializar hasta las cuestiones más profundas, yo hablando de metafísica y tú con la monserga de los regalos. Monserga, dice. Qué intratable es mi amado.

Entramos en el metro y para qué quieres más, otra vez: que si que pena la gente con esos rostros en los que se refleja el sufrimiento, la idiotez y el vacío de la existencia y que por qué todos miran sus teléfonos y que si no se dan cuenta de su mortal condición. Intratable y siniestro, añado. Total, que nos bajamos en Goya y madre mía qué bonita han puesto esa calle con sus luces navideñas en forma de paquetes de regalos cada uno de un color. Se lo señalo al Toni para que vea que yo también sé apreciar la belleza y en buen momento: que qué oda más zafia al consumo, que qué manipulación más burda, que le tapan el horizonte esos mamotretos de paquetes, que no le dejan ver el cielo, que dónde están la luna y las estrellas, que por qué hay tanta gente, que le empujan y le aplastan y que puede que hasta le roben la cartera y que no quiere estar aquí, que se está encontrando muy mal, que se marea y tiene ganas de vomitar y que no puede respirar y que se vuelve por donde ha venido pero en taxi.

Toni, le increpo a grito pelao, que somos mileuristas de la clase obrera, no te gastes el dinero de los regalos en ese medio de transporte pero ya se ha introducido en el interior de un taxi con la cara desencajada. Algunos viandantes me miran y se ríen. Siempre me tiene que dejar en ridículo, qué hombre.