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El recolector de desperdicios

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(Un poema de Manoel de Barros)

“Uso la palabra para componer mis silencios.
No me gustan las palabras
cansadas de informar.
Respeto más
las que viven con el vientre en el suelo
tipo agua piedra sapo.
Entiendo bien el acento de las aguas.
Respeto las cosas poco importantes
y a los seres poco importantes.
Aprecio a los insectos más que a los aviones.
Aprecio la velocidad de las tortugas más que la de los misiles.
Tengo en mí ese retraso de nacimiento.
Yo fui engendrado para que me gustasen los pájaros.
Por eso tengo abundancia de felicidad.
Mi patio es mayor que el mundo,
soy un recolector de desperdicios.
Amo los restos
como las buenas moscas.
Querría que mi voz tuviese un formato de canto.
Porque yo no soy de informática:
soy de invencionática.
Solo uso la palabra para componer mis silencios.”

Hortensias

Que sepáis que el abuelo se ha hecho viejo, nos dijo un mañana la abuela Martina, en la cocina, mientras desayunábamos. Nos lo dijo en voz baja, como un secreto. Se ha hecho viejo y me deja todos los días sin pan para desayunar, se lo da a los pájaros. Enfadada, nos señaló con la cabeza la ventana para que contempláramos la escena. Fuera, en el patio de atrás, estaba el abuelo en pijama lanzando migas y mirando cómo los gorriones bajaban de la copa del castaño para comérselas con voracidad.

Me reconocen, proclamó muy satisfecho al entrar en la casa sacudiéndose las manos. En cuanto me ven salir, bajan, eran tímidos al principio pero ya somos amigos y me esperan, todas las mañanas me están esperando.

¿Qué os he dicho?, se ha hecho viejo,toda la vida odiando a los pájaros porque le ponían el patio perdido y ahora les da mi pan, les llama amigos y dice que le esperan.Y otro día sin tostadas.

Pues sí que se había hecho viejo y no sólo por eso. Él mismo lo reconocía y nos lo contaba: mirad, guapos, vuestro abuelo ya casi no ve, apenas oye, huele poco y toda la comida le sabe a lo mismo, sólo me queda el sentido del tacto. Pero, eso sí, todavía me subo la cuesta, cuido el jardín y respiro y eso no lo pueden decir todos. Ahora os asomáis a la valla y le pedís al vecino el ABC que quiero leer las esquelas. La gente se muere mejor en el ABC, se muere más grande y con más datos, es lo único que me gusta de ese panfleto. Voy a ver cuántos han diñado entre ayer y hoy y a qué edad y luego, a las seis, riego ¿Habéis visto las hortensias? No están tan grandes ni tan preciosas en ningún jardín, a veces me preguntan que qué les hago, que si les pongo abono especial, la gente es tonta, solo las cuido, pero todo el año, también en invierno. La primera hortensia la traje en el año…

Y ahí salíamos corriendo porque si te pillaba en el relato de la genealogía de las hortensias podías prepararte a morir sin haber conocido otra cosa. Era muy peligroso y como todos lo habíamos sufrido alguna vez evitábamos como fuera volver a caer en la trampa. Había que ser fuertes y no sucumbir a la piedad ni a la buena educación. Correr sin mirar atrás ni decir adiós.

Íbamos a buscar el periódico que nos había pedido y se lo dejábamos deprisa encima de la mesa para que no nos enganchara otra vez con lo mismo. Así se pasaba entretenido buena parte de la mañana, leyendo con satisfacción la de gente más joven que él que había dejado ya el mundo, orgulloso de su capacidad de supervivencia. O admirándose de lo lejos que habían llegado otros, ¡ciento tres!, ¿será posible? Luego se dormía un rato y cuando se despertaba miraba el reloj, no se le fueran a escapar en un descuido las seis de la tarde: hora del riego.

Cuando llegaba esa hora le gustaba anunciarlo: son las seis y voy a regar. Y muy torpemente abría el grifo del agua, desenroscaba la manguera y se ponía a la tarea. Nunca se tropezaba con las raíces de los pinos que sobresalían del suelo,cosa que sí nos pasaba a veces a nosotros, se conocía de memoria el territorio. Avanzaba despacio y con cara de sufrimiento. De pequeña no entendía por qué si estaba haciendo algo que le gustaba tanto ponía esa cara de estarlo pasando mal. Ahora creo que esa cara procedía de que le dolía, le pesaba o le incomodaba el cuerpo, se le había vuelto desobediente como suelen hacer los cuerpos cuando tienen excesiva confianza y se interponía entre él y sus placeres como un enemigo infiltrado.

Se había hecho viejo, viejísimo. Hablaba con los pajaritos y les daba de comer, leía esquelas como si fueran un género literario y su mayor placer del día era regar sus maravillosas hortensias arrastrando su cuerpo doloroso. Se había hecho viejo y solo quería hablar de sus chicas de colores, “la primera hortensia en llegar al jardín fue la azul, esa de la esquina, más bonita no puede ser. Después traje las moradas y luego en el verano de la gran tormenta cuando se cayó un pino y otro se tronchó llegaron las blancas del fondo y a continuación…A continuación, con esa poca empatía tan típica de la infancia, salíamos corriendo.

Dije jardín

Se lo dije claramente: lo que necesito es un jardín. No hace falta que sea muy grande, me vale con un par de tilos, un castaño, una parra, tal vez un sicomoro, un palo jabón o sapindus saponaria y unos cuantos rododendros. Estos últimos ni idea de cómo son pero creo que quedarían muy bien.

Taquicardias, sensación de opresión, malestar estomacal, insomnio y dolor de cabeza, ¿a qué lo achaca?, me preguntó el bata blanca enumerando mis síntomas y sin prestar atención a mi lista botánica, mucho más interesante.

A la falta de un jardín, se lo acabo de decir. No oigo pájaros, sólo coches.

El doctorcito me miró raro y con susto, como si en vez de “no oigo pájaros, sólo coches” yo hubiera dicho, “ahora mismo voy a sacar la pistola que llevo en el bolso y adiós a su plaza fija con horario de mañana en el centro de salud”

¿Y desde cuando está usted así?, ¿lo asocia con alguna circunstancia concreta?, indagó él resguardándose tras su ordenador.

Con la falta de un jardín. Me gustaría ver alguna estrella por la noche, mientras los grillos, ya sabe, cri, cri, cri, eso que ellos hacen, y también los búhos y el frescor del rocío en la mañana y esos aromas a tierra mojada después de la lluvia.

Para grillada tú, me pareció leer en sus labios mientras me extendía una receta y el volante para un análisis de sangre.

Tiene poca imaginación este galeno, cree que todo se puede saber investigando esos ríos tintos que nos recorren. En la receta estaba escrito: lexatín. Qué doctorcito más necio, ¿estará sordo o es que es tonto perdido? confunde las palabras, yo dije claramente jardín, con una jota bien grande.

He tratado de explicar el equívoco en la farmacia pero la boticaria, otra que tal, dice que no dispensa jardines y mucho menos sin receta.

Esta pastilla da sueño y de pájaros,estrellas, grillos, búhos, rocío, castaños y rododendros nada de nada de nada de nada.

(Cuaderno de O)

Tierras ignotas

Qué pesadita la Noe, no me ha dejado dormir esta noche. Estaba yo en el sofá tan plácidamente (nos vamos turnando la cama y cada noche le toca a una) cuando se me aparece con los pelos todos revueltos, señal de sus idas y venidas entre las sábanas. Me clava dos veces el dedo en el hombro y me dice: Eva, que la ventana no cierra del todo bien, hay una rendija por la que se cuela el viento.

Pues hija, échate otra manta si tienes frío y déjame que estaba a punto de caer en el sueño.

No, si ya, pero digo que si tú crees que por ahí cabrá algún pájaro. Es que tengo miedo de que entre y me atrape con el pico como al don Margarito, ¿por qué no te vienes conmigo a la cama? Sitio tienes de sobra, antes estaba el Toni y es mucho más gordo que yo, o sea que…

Si el pájaro ve a dos seguro que pasa de largo pero si ve solo a una  lo mismo se confunde y quiere agarrarme. Es que he estado pensando y no sé, ¿qué viene primero: la muerte o el pájaro? Porque si es la muerte no hay peligro porque yo estoy viva y bien viva pero si es el pájaro el que va antes entonces sí lo hay.

En buena hora le habré contado las historias de la doña Marga, si es que la pobre tiene una comprensión muy literal de las cosas. Como me sentía un poco culpable de haberle metido el miedo en el cuerpo accedí a compartir lecho. Pero solo por esta noche, le advertí, que eso de estar en la misma cama no te creas que me hace gracia, te mueves mucho y me das patadas.

No, no, que me estoy quieta, te lo juro y te dejo el lado bueno, el de la ventana.

Qué lista, así si pasa el pájaro a la primera que ve es a mí. Pero qué digo, si eso del pájaro es una invención de la doña Marga, al final hasta me lo voy a acabar creyendo.

Total que nos ponemos a dormir, yo por lo menos, y cuando estoy en ese momento tan bueno de ir perdiendo la consciencia, me da un codazo en el costillar.

Eva, que yo ya sé en que me quiero convertir, ¿te lo digo?

Dímelo mañana.

Mejor te lo digo ahora ya que estás aquí: en tía buena. Ya lo soy un poco pero más, en tía buenísima. ¿Te parece bien o me consideras muy superficial?

Me parece muy bien, es un anhelo muy lícito pero ahora vamos a dormir.

Qué culterana hablas, ahora entiendo tus dieces en  linguística, no era que te tuviera enchufe la Paulina. Pero es que, mira, volviendo a mi canelo ese, si eres muy tía buena es más fácil que te descubra un ojeador, de los que te sacan del arroyo y te llevan a desfilar por las pasarelas más importantes del mundo. Quién dice arroyo dice tienda de los chinos,me entiendes, ¿no? Es que ahora mismo siendo solo tía buena a secas encuentro muy difícil que me descubran. No sé, ese es mi sueño, ¿tú no tienes sueños?

Yo lo que tengo es sueño, simplemente.

Bueno, claro, se me pone bostezando, yo también pero me refiero a sueños de querer ser algo que no seas ahora, algo que llevas escondido hasta que alguien te lo saca a relucir, ¿tú no quieres que te descubran? Lo de la linguística, por ejemplo.

Pues vaya preguntita que me hace la petarda a esas horas de la madrugada.

No, creo que no, le respondo,  estoy mejor siendo ignota porque cuando te descubren luego te quieren colonizar, modificar tus costumbres, invadir tus territorios, expoliarte los recursos naturales y aprovecharse de ti. Eso está demostrado históricamente. Así que no, prefiero seguir sin representación en el mapa.

No te fastidia, va la tía buena a secas y se queda dormida de repente, con lo bonito que me había quedado el argumento. Se lo he dicho al oído, por si le cala en el subconsciente: déjate de descubridores, Noe, estamos muy bien en toda nuestra extensión de tierras ignotas.

De hombre a hoja

Bueno, pues ya se ha llevado el pájaro al don Margarito, o a su parte incorpórea porque a la corpórea se lo han llevado los de la funeraria dentro de una funda azul con una cremallera. Una cosa muy fea para ser lo último en lo que te envuelvan pero dice la doña Marga que eso no tiene importancia porque lo que se han llevado es solo el cascarón vacío, la carcasa.

También dice que sabe qué camino ha tomado el pájaro y hacia dónde se dirigía y que todo ha transcurrido según el horario previsto, como en los vuelos que no tienen retrasos. Resulta que es un lugar de la sierra que le gustaba mucho a él, un lugar donde de pequeño cogía moras y de mayor iba a pasear. Que ahí lo habrá dejado descansando sobre la tierra húmeda para que se transforme en  algo de su agrado. Según ella, eso nos va a pasar a todos porque dice que todos tenemos un rincón que amamos y ese es al que iremos para hacer nuestra transformación.

No entiendo nada ni sé de qué transformación habla pero me he puesto a pensar en cuál sería mi rincón preferido y puede que sea el quiosco de la Esme, entre el castaño y el banco, donde me comía el bocadillo cuando el Jacobín todavía no estaba escolarizado. También podría ser el patio de la casa de mis padres siempre que mi madre no se asome a la ventana de la cocina para mandarme algo, eso me estropearía bastante el momento transmutación. Pero igual no tengo un rincón especial, el caso es que me gusta ir en autobús mirando la ciudad por la ventanilla pero tampoco me me parece buena idea que el pájaro me deje caer sobre el 29 porque lo mismo acababa convertida en semáforo o en marquesina y tampoco es plan.

Si os digo la verdad, creo que cuando te mueres no te enteras de nada, ya no eres  y se acabó lo que se daba y eso también tiene sus ventajas. Por ejemplo, nunca más tendrás que eslomarte a trabajar ni te dolerán las muelas. Pero ya está bien de funebrerías, de momento estoy viva y bien viva y me alegro mucho de estarlo. También me alegro de que el pájaro haya venido y de ver a la doña Marga tan en paz.

Hoy se ha vuelto a poner lazos en las trenzas. Si a ella le gusta pensar que el don Margarito está donde las zarzas y los robles, acunado por el viento y bañado por una lluvia muy suave, si quiere creer que de hombre va a pasar a hoja no seré yo quién le quite la idea.

Alas cortadas

Rápido, Eva, despierta y escucha, ¿lo estás oyendo?

Te oigo a ti despertándome, ¿qué pasa, a qué viene tanto sobresalto?

Es por el patio, hay un hombre dando gritos, nos arenga, nos llama a la oración o a la guerra santa, no sé bien, pero nos llama y dice algo de golpe de estado, cataclismo, hecatombe, apocalipsis, escucha, escucha…

Ah, eso, no te preocupes que es el Federico. El Federico a las siete, luego viene el Federico a las ocho y el Federico a las nueve pero para esas horas ya nos hemos ido.

Pero habrá que hacer algo, no podemos dejar que un loco nos despierte con esos malos augurios cada mañana. Voy a bajar, porque esos gritos vienen del piso de abajo y hablo con él y le digo que deje de hacer de muecín trastornado de los patios de luces y que pare de asustar a las personas que duermen.

Es que no es con él con quién tienes que hablar sino con ella, es la del tercero que pone la radio a toda castaña, el que oyes es un locutor, el mismísimo Federico.

Pues si la del tercero se levanta con eso cada mañana va a salir a la calle con un fusil bajo el brazo  y una granada entre los dientes. Anda, mira, ahora se ha callado el Federico, qué paz. Y se oye un pájaro, ¿cómo es posible, habrá un nido en la azotea? Voy a subir a mirar.

Que no Toni, que el pájaro también está en el tercero.

¿Con Federico?, pobrecillo.

Con Fedrico no ,en una jaula que tiene la mujer en la ventana, al lado de ese geranio pocho.

Pero esa mujer es una degenerada,  Federicos a cada hora, flores muertas,  pájaros enjaulados..No me gustan los pájaros enjaulados, me dan pena, me recuerdan a mí mismo, alejado a la fuerza de mis montes queridos, de los árboles, de los cielos estrellados, del olor a tierra, de todo lo que me hace feliz, me suelta todo melodramático. Y de un portazo se mete en el baño.

Toni a las siete, le digo, no te cueles que los lunes voy con más prisa que tú y me tengo que lavar el pelo, pero ya estoy oyendo el agua caer sobre sus alas cortadas.

 

 

Pájaros y nieblas

Buffff, bufa el Toni irrumpiendo en casa con sus prismáticos colgando y arrojando al suelo sin ningún miramiento su polvorienta mochila, qué feo me parece ahora este piso y este barrio después de haber pasado casi dos días en plena naturaleza. La calle huele a pis de perro y a tubo de escape.

Como saludo no está mal pero que sepas que ya te lo conocía, eres poco innovador y bastante previsible, le respondo desde el sofá con el Ulises entre las manos. Y lo cierro con un golpe seco y un tanto vengativo, lo admito.

Ya pero es que ahora se ha intensificado la fealdad, por el contraste. Casi es peor salir porque cuando vuelves te pega el  bajón. Es que cada vez que miro la pared esa de ladrillos que tenemos por todo horizonte…

Pues no la mires, pon la tele, lee o sueña o mírame a mí.

¿Te cuento todo lo que hemos avistado? Abubillas, agateadores, carboneros, herrerillos capuchinos, petirrojos….

Sí, pájaros, básicamente.

Eva, hija, tienes  la sensibilidad ornitológica muy justita, si es que la tienes, parece mentira que seas  de pueblo

No te creas, a mí también me gustaría ir a alguno de esos avistamientos pero como tú no quieres…

No es que no quiera es que eres imcompatible con esa actividad. Para avistar hay que estar en silencio y ser muy sigiloso y no te veo yo a ti callada mucho rato, te aburrirías, empezarías a hablar y nos espantarías las aves.  Y tú, ¿qué has hecho?

Pues mira, ver Madrid que siempre voy por los mismos sitios y casi ni la conozco. Me he paseado por la Gran Vía, por la calle Arenal, por la Plaza Mayor, por la calle Seg….

El infierno en la Tierra, no sigas

Pues estaba bien bonito y muy animado, lleno de gente.

Gente, más infierno todavía, me ahogo solo de pensarlo. Ah, y también un milano y pica pinos a montones. ¿Te pongo las grabaciones? Si cierras los ojos te va a parecer que estás en medio del monte.

Mejor no, no vaya a ser que me aburra y hable y salgan todos los pájaros de la grabación volando y se choquen contra la pared  de ladrillo de tus pesadillas.

Estás mosqueada, claro, si lo veía venir, mucho defender que cada uno tenga sus espacios y sus aficiones pero luego si te dejo sola te enfadas. Venga, no te enfurruñes, ¿qué más has hecho?

Avanzar entre brumas y nieblas

Mira que eres rencorosa. ¿Qué quieres decir con eso? No te entiendo.

Da igual, ya me entenderás. Vamos a cenar, digo mirando con recelo y cierto rencor al autor del Ulises que tan inocente parecía desde la portada y que tan malos ratos me ha estado dando.

Trinos, gorjeos y vulgaridades

Kili-kili-kil, kili-kili-kil, kili-kili-kil, oigo con asombro al entrar en mi hogar después de una larga y pluriempleada jornada laboral como cuidadora, limpiadora, mayordoma y vidente. Y otra vez el kili-kili-kil y otra más. Avanzo temerosa los dos pasos que nos permite nuestro pasillo de la clase obrera y me encuentro de frente con el autor de tan extraños sonidos. Que no,  que no era un pájaro que se había colado en nuestra morada, era ese ser tan peculiar con el que cohabito, el así llamado Toni.

¿Se puede saber a qué juegas?, le indago ligeramente molesta y, por toda respuesta, se lleva un dedo a los labios indicándome que me calle y prosigue con su extraño trinar: tsiii-tsit-tist. Y de nuevo, como afianzando conocimientos: tsii-tsit-tsit. ¿A qué no sabes qué es?, me interroga jubiloso. Eres tú haciendo el indio, eso seguro. No seas ignorante, Evi, es un agateador, esos pajarillos pequeños que trepan por la corteza de los árboles. ¿Y éste?: or-ti-ti-tá, or-ti-ti-tá ¿a qué no sabes cuál es éste? Pues ni lo sé, Toni, ni me interesa lo más mínimo, lo que sí me interesa es saber si has bajado al Día a comprar algo para la cena que tenemos la nevera que da lástima. Al Día, al Día, prorrumpe con indignación, pero qué prosaica eres, tengo tareas mucho más elevadas que desarrollar como es la de identificar a los pájaros por su canto. Mira, mira qué bien está esta página web que me ha indicao el Hipólito para que vaya aprendiendo. Nuup, nuup, nuup: la abubilla, ¿qué te parece? Snirr, snirr, snirr, venga que este lo tienes que conocer que hay muchos en verano, snirr, snirr, snirr ¿no caes?, el vencejo, hija, el vencejo, ¿a que ahora sí? Ahora sí que estoy planeando tu asesinato, Toni.

Pues no sé por qué, qué egoista eres, no quieres mi felicidad, precisamente en el momento en que empiezo a remontar, justo cuando he encontrado mi verdadera pasión y empiezo a vislumbrar el sentido de mi existencia. Hooh-hoooh, pii-pi-cu, pii,pi,cu. ¿quieres que te haga el sonido del pardillo? Ese ya me lo sé de memoria, Toni, lo oigo mucho al cabo del día y me bajo a la compra que no cenamos. Allá tú -le dejé mascullando- si tu opción vital es ser una persona vulgar y sin altura de miras, yo no me voy a meter pero te aviso que luego vienen las depresiones, por no escuchar los deseos más íntimos de cada uno. Kili-kili-kil, kili-kili-kil.