Etiqueta: Pessoa

La mosca es una fingidora

20180707_114053

Este animalito no es una avispa ni una abeja, solo les ha robado el traje para asustar. Con ese disfraz puesto finge que es peligrosa y capaz de picar. Así se puede dedicar tranquilamente y sin que la molesten a lo que más le gusta: libar el néctar de las flores.

En realidad es una mosca cernidora , también conocida como sírfido. Experta voladora, puede mantenerse suspendida en el aire -eso significa cernir en zoología-, o cambiar de dirección y velocidad sin girar el cuerpo.
Enamorada de las flores, se la puede encontrar donde ellas estén.
Esta mosca es, como el poeta de Pessoa, una fingidora.

Palabras de amor

Vamos, vamos, Fernando, no opongas resistencia y vente conmigo ahora que el Toni duerme. Sí, ya sé que te gusta su compañía porque sois tal para cual, dos agonías. Lo siento, pero no te puedes quedar aquí, tengo que llevarte con la diosa de los escritos, con la Zeusa del eterno teclear, mi jefa laboral, esa misma. Es que le perteneces, son esclavitudes propias de los libros. Pero no pongas esa cara de angustia, hombre, si vas a estar muy bien aunque prepárate a ser diseccionado, interpretado y analizado porque va a hacer un trabajo sobre tí, que me lo ha dicho.

Los chinos, nos petan el planeta, masculla el Toni entre atormentados sueños orientales. Corre, al bolso, rápido que se despierta y nos la lía. Y luego al autobús y luego a tu estante correspondiente o mejor te pongo en otro sitio para que la Patricia no sospeche. Y salgo de casa con Pessoa a cuestas dejando al Toni con su pesadilla. Nube de humo negro, Pekín, se acerca, le oigo rebullir antes de cerrar la puerta.

Bueno, pues ya estamos en el autobús y te voy a leer un rato que, en realidad, casi no he tenido oportunidad de estar contigo. Abro el libro azarosamente y leo con asombro:

 ¿Cómo no adorarte, si solo tú eres adorable?, ¿cómo no amarte si solo tú eres digna de amor?, ¿quién sabe si al soñarte no te estoy creando, real en otra realidad; si no serás mía allí, en otro mundo puro, donde sin cuerpo táctil nos amemos, con otras formas de abrazos….”

Pero bueno, Fernando, esto no me lo esperaba de ti. Y sigo leyendo:

“realizadora de los absurdos, seguidora de frases sin nexo…” Ay, qué nervios, si me parece que se refiere a mí.

Levanto la mirada para comprobar si alguien me observa pero todos están enfrascados en sus móviles. Estamos solos, Fernando, sigue hablando. Y me dice él con la seguridad que da la palabra escrita: “tú no eres mujer,no tienes realidad, ni siquiera una realidad solo tuya. Sé siempre en la vida aquello que pueda ser el sueño de un solitario, cumple con tu deber de mera copa, cumple con tu oficio de ánfora inútil. Que tu genio sea el ser superflua, tu vida el arte de mirar, de ser la mirada. No seas nunca nada más”.

Cierro el libro y me bajo en mi parada dando tumbos. Estas palabras tienen que ser solo para mí, no quiero que se las diga también a la Zeusa. Con mucho cuidado arranco la hoja donde están escritas, me la guardo en el bolsillo del abrigo y corro bajo el chaparrón.

El corazón me late muy fuerte cuando coloco a Fernando junto a un tal Joyce que, casualmente, también lleva sombrero, bigote y gafas redondas. Perdona por haberte mutilado, le digo bajito. Que seas feliz.

Díselo tú, Pessoa

Debido al ajetreo de estas actividades extra escolares que nos traemos casi había olvidado que tengo a un hombre de gran tamaño y pobladas cejas incrustado en el sofá. Esto hay que arreglarlo antes de que sea demasiado tarde, me propongo haciendo gala de una gran resolución matinal.

Toni, esto no puede continuar así, te van a echar del trabajo, te vas a trastornar. Regresa a la realidad y cumple con tus obligaciones.

Es que me duele la cabeza y el Universo, se excusa citando a Fernando.

Pues tómate un ibuprofeno y sal pitando para el bar, le digo chascando los dedos y emulando el tono amenazante y barriobajero típico de Esme. Pero, o bien no me ha salido o el Toni es inmune a ese tipo de entonaciones porque él ha seguido con su cantinela.

“No sé qué sentido tiene este viaje que fui forzado a realizar,entre una noche y otra,en compañía del Universo entero. Sé que puedo leer para distraerme. Considero la lectura como el modo más sencillo de entretener este viaje y cualquier otro y, de vez en cuando, levanto los ojos del libro donde estoy sintiendo verdaderamente, y veo, con ojos de extranjero, el paisaje que huye”.

Aquí no huye ningún paisaje porque desde el sofá solo se ve la pared y está bien quieta y deja de hablarme con las palabras de Pessoa que me estás poniendo muy nerviosa.. Espabila, Toni. Libera ya a Fernando y libérate a ti mismo. Sal al mundo, guapo, que te estás volviendo loco.

Pero él, en su línea:” siempre podemos considerar este mundo como una ilusión o un fantasma, podremos considerar todo lo que nos sucede como un sueño. Y entonces nace en nosotros una indiferencia sutil y profunda hacia todos los desastres y desaires de la vida”.

Empezaba a desesperar pero, de repente, se me ha ocurrido utilizar sus propios métodos para convencerle. Pues mira, Toni, tanto que te gusta lo que escribe Bernardo Soares pero que sepas que él nunca faltó al trabajo en su oficina de la calle de los Doradors porque valoraba y mucho su rutina cotidiana. Mira, mira lo que dice aquí. Y de un golpe maestro le arrebato el Libro del desasosiego.

“Encaro serenamente el encerrarme siempre la vida en esta rua dos Douradores, en esta oficina,en esta atmósfera de esta gente” Y aquí: ” si tuviera el mundo en la mano, lo cambiaría, estoy seguro, por un billete a la rua dos Douradores. Y aquíí: ” sabio es aquel que monotoniza  su existencia, pues así cada pequeño incidente tiene para él el privilegio de la maravilla”

Así que, venga, monotonízate,busca el abono transporte y vete a trabajar y a disculparte con el Manolo, tu patrón Vasques,. Ala, a servir cafés y pinchos de tortilla y si te cansas te aguantas que Bernardo también se cansaba de hacer anotaciones en los libros de cuentas.

Oye, que me ha hecho caso, nada como emplear su propio lenguaje. Eso sí, se ha llevado el libro consigo y le he oído que iba diciendo por las escaleras: “dos cosas me dio el destino: una barra de bar y el don de soñar”.

Mi madre por teléfono (3)

Mi madre: pues hoy vamos a comer las sobras de ayer. Quedó pisto y un poco de pollo y andando.

Yo: muy bueno

Mm: aquí no se tira nada, que tirar la comida es pecado. Pues le ha regalado el Jesús a tu hermana un collar más bonito….

Y: Ah, ¿sí?

Mm: sí, hija, por san Valentín. Y a tí el Toni, ¿qué te ha regalado ese?

Y: pues nada, bueno sí, una cita

Mm: ¿y eso qué es?

Y: de un libro, que me ha leído un trozo.

Mm: vamos que…encima tacaño. El collar es azul y se le pueden dar dos vueltas. ¿Y dices que de regalo te ha leído un trozo de libro?

Y: es que no celebramos san Valentín.

Mm: no celebráis, no celebráis, porque él no quiere, que si él quisiera… Y eso de leerte cosas es muy raro y de casarse, nada, claro

Y: que no le van las bodas

Mm: ni las bodas ni los bodos, a ese no le va nada, lo suyo es el no ir. A ver, léeme el trozo ese

Y: ¿que te lo lea?, ¿para qué?

Mm: para que sí, tú lee

Y: Pues dice: “nos entendemos porque nos ignoramos. Qué sería de tantos cónyuges felices si pudieran comprenderse, como dicen los románticos, que desconocen el peligro de lo que dicen. Todos los casados son malcasados, porque cada uno guarda consigo, la imagen sutil del hombre deseado, que no es aquel, la figura voluble de la mujer sublime, que aquella no llegó a realizar.La vida que se vive es una falta de entendimiento fluido, un término medio entre la grandeza que no existe y la felicidad que no puede existir”

Mm: os parecerá bonito, en el día de los enamorados ¿Y eso quién lo ha escrito?

Y: Fernando Pessoa

Mm: menudo alpargato. Y encima copiado

Y: copiado no, citado

Mm: pues lo que tu quieras, vamos que a quién se le cuente…Bueno, bueno no digo más que no me gusta hablar. Hoy nos comemos las sobras de ayer. Pisto y pollo y arreando. Tan ricamente.

Su verdadera familia

No sólo secuestra a Pessoa sino que se auto secuestra con él. Vamos, que ha decidido que no se mueve de casa hasta que no se termine el Libro del desasosiego. Alega en su defensa que encontrarse con las palabras de ese hombre es lo más importante que le ha sucedido en la vida (gracias, Toni). Que ya ha llamado al bar y le ha dicho a su particular patrón Vasques que está malo y que hoy no cuente con él y mañana, ya veremos.

Aduce que Pessoa le ha leído el pensamiento o, mejor dicho, que le ha leído el sentimiento y se lo ha traducido a palabras. Que ese malestar indefinible que siempre acarrea consigo lo acaba de ver escrito y explicado en las páginas de ese libro. Y que ya no puede parar de leerlo porque es como interpretarse a sí mismo y a su posición en el mundo.

“La renuncia por modo y la contemplación por destino”, cita desde el sofá con ojos de trastornado y dando cabezazos de asentimiento.

Que este libro le está removiendo hasta lo más profundo de su ser, que es como encontrarse con su alma gemela y dejar de sentirse solo con sus angustias y sus desazones. Y que si pudiera le daría a Bernardo Soares un abrazo de hermano.

Mira, corre, ven, lee lo que dice aquí: “pienso a veces, con un deleite triste, que si un día, en un futuro al que ya no pertenezca, estas frases que escribo perduran como cosa de mérito, tendré por fin quienes me comprendan, los míos, mi verdadera familia para en ella nacer y ser amado”. Que le están dando ganas de llorar, manifiesta.

Y a mí también, le digo yo pero no me hace caso porque ya me está leyendo a gritos otro párrafo:

“En la vida de hoy, el mundo pertenece solo a los estúpidos, a los insensibles y a los agitados. El derecho a vivir y a triunfar se conquista hoy casi por las mismas vías por las que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación”.

Puede que sí pero ya lo analizaré por el camino que llego tarde.

Secuestrado

Pues sí que estamos buenos: Fernando/Bernardo ha sido secuestrado. Resulta que ayer por la tarde, después de terminar las faenas domésticas en casa ajena y en la mía propia de alquiler, me siento en el sofá, ¡al fin!, siguiendo las indicaciones de todas las células de mi cuerpo. Yo soy muy partidaria del acatamiento celular. Pues me siento y me dispongo a leer el Libro del desasosiego.

Pico aleatoriamente en un párrafo y mira qué buena suerte porque así he podido saber que el autor también tenía momentos de felicidad. Me puse tan contenta que lo anoté en mi cuaderno de los apuntamientos. Ese párrafo decía más o menos así: “después de que las últimas lluvias se fueran hacia el sur, regresó la alegría del sol claro y apareció mucha ropa blanca dando saltos colgada de las cuerdas de las ventanas de edificios de todos los colores. También yo me puse muy contento por existir”. Qué bien, le gustaban las coladas como a unas amigas mías.

El hombre sale a la calle, pasa por delante de un puesto de plátanos y se pone más contento todavía, qué buen conformar tiene, si él mismo lo dice: “me contento con muy poco, el haber parado de llover, el tener un buen sol, los plátanos más amarillos, la gente que los vende, el Tajo al fondo, todo este rincón doméstico del sistema del Universo”.

Pues claro que sí, si se lo digo yo siempre al Toni, que hay que ser feliz con lo que se tiene pero él se empeña en vivir desgraciadamente. Justo estaba con esta reflexión cuando oigo la llave girar seguida de los hipopotámicos pasos de mi amado.

-¿Qué haces ahí tan repanchingada? Qué vidorra te pegas, guapa, me dice todo amable él.

-Que sepas que llevo un día muy trabajoso y que me acabo de sentar.

Ya, pronuncia con incredulidad. Pues yo también me voy a sentar y deja caer todo su cuerpo sobre el sofá con muy poca delicadeza.

Yo no llamaría a eso sentarse, apunto agudamente.

¿Y ese libro?, pregunta observando receloso al señor del sombrero, las gafas redondas, el bigote y el cigarro.

A ver…libro del desasosiego. Me gusta el título, trae acá.

Y me lo arrebata con uno de sus certeros zarpazos.

Me lo quedo que me apetece leerlo.

Devuélmelo, Toni que, además, no es mío.

De eso nada, está secuestrado, si lo quieres recuperar tienes que pagar un rescate.

Y me mira como insinuándose.

Pues lo siento, Fernando, pero estaba muy cansada. Te quedas en las garras del Toni. Intuyo que vais a congeniar. O no.

Pessoa va al médico

Iba yo en el autobús leyendo un poco de aquí y otro poco de allá del Libro del desasosiego que alguien que sabe me ha dicho que así es como hay que leerlo, a picotazos. Pues iba yo picoteando entre sus páginas y levantando luego la vista para ver la lluvia y la nieve caer cuando, no sé por qué, me ha dado por imaginarme a Pessoa como si viviera en este momento y tampoco sé por qué, me lo he representado en la sala de espera de un centro de salud.

Le he visto ahí sentado, en esas sillas de plástico tan feas con su sombrero entre las manos y la tarjeta de la seguridad social encima del sombrero, esperando entre otros seres dolientes. Hasta que ha salido el médico y ha dicho como medio preguntando ¿Bernardo Soares? y Bernardo/Fernando se ha levantado, el corazón latiéndole muy fuerte porque le ha costado mucho decidirse a ir a  esa consulta y aún está tentado de salir corriendo pero, finalmente, ha entrado y se ha sentado.

A ver, ¿qué le ocurre?, indaga el médico sin dejar de mirar la pantalla de su ordenador donde, supuestamente, está la ficha de Bernardo/Fernando.

Bueno, contesta él nerviosamente retorciendo el sombrero entre las manos, siento un profundo malestar, un frío de enfermedad repentina en el alma.

Ahí el médico sí le mira porque no son palabras que suela oir en la consulta, y eso que oye muchas y variadas, se fija en su cara y ve a un hombre de unos treinta años, delgado y encorvado sobre la silla aunque no le pareció encorvado cuando lo vio entrar, va vestido con cierto desaliño no del todo descuidado. Está muy pálido y en su cara se aprecia un aire de sufrimiento pero no sabe definir qué clase de sufrimiento. Al fin y al cabo solo es un médico. Vuelve la vista a la pantalla en busca de datos a los que agarrarse y comprueba que el hombre fuma y tiene elevadas las transaminasas.

-¿Se encuentra cansado?

-Todo me cansa, revela Bernardo, incluso lo que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor.

Le voy a mandar una analítica completa, dice el médico por decir algo ,¿qué tal duerme?

-Hoy me he despertado muy temprano y enseguida me levanté de la cama bajo el ahogo de un tedio incomprensible. Una naúsea física de la vida entera nació con mi despertar, un horror a tener que vivir se levantó conmigo de la cama, todo me pareció hueco y tuve la impresión de que no hay solución para ningún problema, le larga entre avergonzado y aliviado.

-No se crea que esto es infrecuente, lo consuela el médico, de depresiones y ansiedades tengo la consulta llena, de hecho le derivaría a psiquiatría pero tenemos mucha lista de espera y tardarían mucho en darle cita. Le voy a mandar unas pastillas, son derivados del Prozac, apenas tienen efectos secundarios pero tardan como unos quince días en funcionar. Si nota que le duele el estómago vuelva y probamos con otras. Le hago la receta.

Escitalopram, va leyendo Fernardo/Bernardo camino de su casa en la calle de los Doradores, no me gusta el nombre, no me voy a tomar nada que tenga ese nombre y tira la caja de pastillas en una papelera.

LCreo que has hecho bien, si te quitan los desasosiegos vas a perder tu identidad y nosotros la oportunidad de leerte, le digo mirando su retrato en la portada del libro.

Y entonces él me ha dicho a mí: “escribo, triste, en mi cuarto tranquilo, solo como siempre he estado, solo como siempre estaré. Y pienso si mi voz, aparentemente tan poca cosa, no encarna la sustancia de millares de voces, el hambre de decirse de millares de vidas, la paciencia de millones de almas, sometidas como la mía al destino cotidiano, al sueño inútil, a la esperanza sin vestigios”.

Pues claro que sí, las de todos esos que han derivado a psiquiatría y las de otros muchos más, le respondo antes de guardármelo en el bolso  porque ya he llegado a mi parada.