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Pétalos (un poema de Shinkichi Takahashi)

20200307_101717Como los pétalos

de una flor ,

incontables,

el tiempo,

marchito, disipado.

La suma de las vidas

de los hombres

se hundió en silencio en el olvido,

alimento para el pez de cola roja.

Bajo la luz lunar,

en la corriente del río,

fluían, flotaban pétalos.

Entre las rocas,

esparcidos,

en lo oscuro.

Pero continuaba el tiempo floreciendo.

(Del libro, “En la quietud del mundo”)

Las palabras (un poema de Eugenio de Andrade)

Son como un cristal,

las palabras.

Algunas, un puñal,

un incendio.

Otras,

solo rocío.

 

Secretas vienen, llenas de memoria.

Inseguras navegan:

barcos o besos,

las aguas se estremecen.

 

Desamparadas, inocentes,

leves.

Tejidas son de luz

y son la noche.

E incluso pálidas

verdes paraísos aún recuerdan.

¿Quién las escucha? ¿Quién

las recoge, así,

crueles, desechas

entre sus conchas puras?

Gracias, contaminación

Gracias, contaminación. Gracias, cielo  emponzoñado. Gracias, apestosa y turbia atmósfera. Gracias y más gracias a todos los tubos de escape que vierten su porquería sin cesar.

Agradece cada día algo a la vida, está escrito en una agenda que me han regalado, pero no es que esté siguiendo ciegamente ese consejo, no soy yo de seguir los consejos de una agenda, que a saber de qué clase de persona procederán, no soy yo muy de seguir consejos en general. Si doy tanto las gracias es porque, debido a la suciedad ambiental, el Toni se ha dejado de rimas y versos, le ha propinado un manotazo al libraco de Hölderlin y ha regresado a su ser.

Ya es el hombre indignado que solía, ya es el sarcástico camarero cabreado con el mundo y sus pobladores. Año nuevo, Toni viejo. Respiro otra vez, aire mugriento, por supuesto, pero muy tranquilamente.

¿Pero no lo hueles?, me ha gritado esta mañana abriendo con violencia nuestra ventana con vistas a muro.

Sí, ya están friendo cebolla y sólo son las siete y media. Alguien hace la comida antes de irse a trabajar. Cierra.

Cierro, claro que cierro pero no por la cebolla, huele a monóxido de carbono, a dióxido de azufre y de nitrógeno.

Pero, ¿cómo va a oler a eso si no son cosas de cocinar?

Te digo yo que sí y mezclado con aceite de freír churros. Mira, si se ve por arriba, asomando bien la cabeza, la capa oscura, ahí está. Nos envuelve, nos asfixia, nos ciñe pero bien ceñidos, dice abriendo otra vez y asomándose en escorzo.

Pues yo solo veo la luna y el cielo azul.

¡Azul!, me grita, no blasfemes, azul parece de cerca pero de lejos es marrón, míralo.

Me voy a meter en la página web del Ayuntamiento a ver qué dicen, anuncia dejando la ventana abierta, ignoro el motivo.

Pero cierra primero la ventana, majo, que nos aterimos y entran los monóxidos, le reprendo sin resultado.

Preguntas más frecuentes, le oigo mascullar, “¿qué es la contaminación?, ¿cuál es la diferencia entre emisión e inmisión?” No puede ser, nos están tomando el pelo, pero ¿quién va a ser el idiota que pregunte eso? Y sigue: “El Sistema Integral del Aire del Ayuntamiento de Madrid permite conocer en cada momento los niveles de contaminación del municipio”. Como si no los conociéramos bastante…”El Plan de Calidad del Aire es el instrumento clave para conseguir que los niveles de calidad de”…No puedo leer más, me siento insultado y escupido ¿tú no?

Dice que no puede leer más pero continúa haciéndolo y en voz bien alta: escucha qué preciosidad, el Plan consta de tres subsistemas, el de vigilancia (miran y ven que sí, que está muy contaminado), el de predicción (predicen que mañana va a a estar igual o peor) y el de información( nos lo cuentan aunque tampoco siempre, qué detalle). “Cada sistema tiene una misión muy específica y se encuentran conectados entre sí”.Y debajo viene un esquema dibujado en el que muestran las conexiones por si no habíamos entendido algo ¡Qué sentido del humor tan sutil! No sé si salir a matar.

Tómate tu Hölderlin, Toni, le sugiero al verle tan alterado, que una cosa es que vuelvas a ser tú y otra que te dé un infarto y ya no vuelvas más a ser ni tú ni nadie.

Poco puede hacer la poesía ante esta avalancha de realismo sucio que se le ha venido encima, se pone todo dramático.

Gracias, Servicio de Protección de la Atmósfera sito en la calle Bustamante 16, no proteges nada y mucho menos la atmósfera pero me has devuelto a mí más genuino Toni.

Efectos secundarios

Hölderlin-Toni o lo que seas, no huyas que te dije que teníamos que hablar y así va a ser.

¿Cómo me has llamado?, se detiene la mano del Toni sobre el picaporte sin accionarlo.

Te he llamado como el hombre que lees, o que recitas, más bien, el poeta alemán

El más grande poeta alemán de todos los tiempos, se pone él reconociendo su debilidad de manera indirecta.

Ja, te he pillado, o sea que lo confiesas.

¿Pero qué tengo que confesar, qué es esto, un interrogatorio?, protesta empujando el picaporte hacia abajo pero deteniendo ahí el movimiento de apertura.

Tienes que confesar que estás leyendo a ese cantor y que lo declamas y que te ha trastornado tanto que ya no eres el que eras, saludas a perros que van vestidos, por ejemplo, y todavía no has dicho nada de la Navidad y te recuerdo que la tenemos encima, ya tiene tu madre el bingo musical preparado sobre la tele. Le observo con detenimiento porque sé que odia el bingo y a su cuñado haciendo rimas con los números pero mantiene su mutismo. Madre mía, este Hölderlin es una droga de las duras.
Venga, explícate.

“Pase lo que pase, que todo te venga bien, inclina tu rima a la alegría, ¿no marcha tu pie sobre la verdad, como sobre alfombras? Entonces, genio mío, entra puro en la vida y no te preocupes”, suelta el muy Hölderlin como si con eso me hubiera dado ya suficientes explicaciones.
Que no, Toni, que tú no te vas hasta que no me digas quién te ha dado esa lectura tan perniciosa, no empujes la puerta ni saques el pie que te veo.

A ver, Eva, si es que eres muy cotilla, que ya sé que has mirado en google que luego se te ha olvidado borrar el historial de búsqueda, es un libro que me ha dado un hombre que va al bar, ya está, ya te lo he dicho.

Un camello, lo sabía, ¿y qué más te ha dado, alguna pastilla también? Además ¿qué hace un hombre en tu bar repartiendo libros?, si me dices que reparte el As que es lo típico de bares, pero libros y de poesía, además.

Es que ese hombre lee libros, en los bares hay mucha tipología humana, no caigas en los topicazos.

Y te ha intoxicado, el del libro, digo, y ahora no contestas con tus palabras y dices absurdeces y has perdido tu personalidad y no te indignas.

Bueno, eso es por los ansiolíticos.

¿Ves como te ha dado también pastillas?

Eso no me lo ha dado el que lee, me lo ha recetado el médico de familia, es que tenía mucho estrés y mucha angustia.

Entonces, dos camellos a falta de uno, las pastillas no son buenas, que tienen efectos secundarios y la poesía, también.

Más efectos secundarios tiene la vida, va y me salta ya abriendo definitivamente la puerta y saliendo por ella.

Esta última respuesta sí que me ha parecido propia de él, lo mismo se le está acostumbrando el cuerpo y las drogas ya no le hacen tanto efecto.

Dios los cría

Me sitúo tras la puerta, pego una oreja a la misma, compruebo que el Toni sigue dilapidando el agua y el chi mundiales alegremente y aguardo. Aguarda, hija, aguarda, dice siempre mi padre. No dice espera sino aguarda y por eso yo no espero sino que aguardo. Son improntas familiares.

No me digas que hoy que aguardo no vas a declamar, no me digas que hoy que tengo la libreta de la lista de la compra en la mano no vas a recitar para que yo apunte lo que recitas e investigue su procedencia. No me digas…pero sí me dice, sí que me dice, madre mía todo lo que me dice.

“Sé tú, poesía, mi asilo querido, sé mi bienechora, mi jardín que cuido con solícito amor, donde vagando entre las flores siempre jóvenes, vivo en segura sencillez”, ahí he perdido el hilo pero he seguido aguardando y al cabo de un rato, otra dosis: “vosotras, montañas mías, que me disteis cobijo, veneradas y firmes….Un hijo de la tierra se ve que soy, para amar hecho, y para sufrir”.

Suficiente. Cierro el cuaderno y me lo guardo para indagar después. Hago como que no sé nada y le trato con normalidad, espero a que se marche para el bar y me tiro a google como una desesperada. Escribo la última frase a ver qué pasa y me sale este señor como creador de la misma: Friedich Hölderlin. Así, con esos puntos encima de la o. Español no es.

Tecleo su nombre en la barra mágica y leo: poeta lírico alemán, uno de los más grandes escritores alemanes de todos los tiempos, influído por Platón, su padre fue esto, su madre fue lo otro, estudió en tal sitio, bah, esto no me interesa, lo de todas las vidas. Pero sigo leyendo y pone: sus crisis mentales se hicieron cada vez más frecuentes, profería maldiciones como un poseso y andaba sin rumbo mientras hablaba consigo mismo.

¡El Toni redivivo!, de entre todos los escritores que hay y ha habido tenía que elegir a un poeta, de entre todos los poetas a un alemán y de entre todos los poetas alemanes a uno loco.

Nada, pero  que nada contenta me he ido hoy a trabajar con estas informaciones en mi poder. Aunque reconozco que me faltan datos, cómo por ejemplo saber cómo ha caído Hölderlin en las zarpas del Toni y por qué le está produciendo semejante reacción.

El caso es que por culpa de esos dos he llegado una hora tarde y la Patricia me ha pedido explicaciones. ¿Qué le digo, que ha sido el tráfico pre navideño o le hecho la culpa al lírico alemán? Pues a los dos: es que el tráfico está fatal y luego lo de Hölderlin, que no andaba muy cuerdo el hombre.

Pues no dice a estas alturas de nuestra vida en común que se está pensando en contratar a otra que le dé menos problemas. Sabrá ella lo que son problemas, seguro que su queridísimo Husband no declama en la ducha.

Historia de amor con claves de búsqueda (2)

T. se está enamorando de E., o eso cree él. El aburrimiento es capaz de fabricar muchos espejismos. La soledad también. Sin desmerecer sus encantos, E. lo tiene fácil, carece de competencia, es casi la única mujer a la que  trata T, a excepción de la panadera que no tiene lindos pies y de la cajera del supermercado donde hace la compra, que tampoco. Ve a otras mujeres de las que también podría enamorarse pero su fugacidad no se lo permite. Solo E. permanece, solo con ella comparte tiempo y espacio.

Clas, clas, clas, oye a todas horas. Quién fuera chancleta, piensa y se asusta de su propio pensamiento. Le gustaría contárselo a alguien pero no sabe a quién. A su hermano no, no le entendería, a su mejor amigo tampoco, acaba de separarse y está deprimido, al grupo de colegas con los que sale de cañas menos, se cachondearían. Pues a google, claro. Y se lo cuenta aunque rebajado. “Me gusta la empleada” revela al buscador.No puede ser, está otra vez en ese blog absurdo, parece una maldición o una burla del destino.

Intenta acercamientos, aproximaciones pero ella friega, plancha, cocina, chancletea, lava su ropa algunos días y se va sin darle la menor confianza. A veces sonríe pero es una sonrisa de compromiso, eso se nota, él lo nota.

E., por su parte, se siente acosada. Empieza a estar muy incómoda en esa casa, ese hombre siempre le está mirando los pies. El no le gusta, es muy esmirriado, a ella le van los hombres con fuerza, capaces de descargar camiones o de cavar zanjas, los teletrabajadores no son su tipo. Si al menos le dijera algo interesante o divertido pero tampoco. No sale de lo mismo: ¿ te falta lejía?, hoy empieza mejor por la cocina, ayer llovió y los cristales están sucios. Si no fuera porque necesita el dinero se iría y si no fuera por lo de los turnos y las peleas, no lavaría su ropa en casa de T., le ha visto oliendo sus medias. La verdad es que le tiene manía y así se lo confiesa al máximo receptor de secretos de todos los tiempos: “soy empleada doméstica y tengo manía a mi jefe“.

Pero él no se rinde y busca nuevos sistemas de conquista. Después de mucho pensar decide que el mejor es la palabra. Si le dice algo bonito ella se ablandará pero no se le ocurre nada especial, no sabe qué le gusta a E., ignora cómo hay que hablar con una empleada doméstica. Por eso vuelve a la carga e interroga al sumo respondedor: “qué palabras bonitas puedo decir a la empleada doméstica“.

Bueno, ofuscado teletrabajador, te voy a ayudar por si vuelves a estrellarte aquí. Utilizando tus mismos sistemas, me he puesto a rastrear y esto es lo que he encontrado. Es un poema de Mario Benedetti que se titula Pies hermosos y que empieza así : la mujer que tiene los pies hermosos nunca podrá ser fea. Mansa le sube la belleza por tobillos pantorrillas y muslos…

Puede que T. lo completara, lo escribiera en un papel y lo sujetara con una pinza junto a las medias para que E. lo leyera al recoger la colada o puede que se lo recitara de sopetón nada más abrir la puerta. La reacción de E. no la conozco , ella no ha vuelto por aquí pero lo que sí sé es que a T. le dejó hecho un lío. Su última y desconcertada búsqueda decía: “cómo interpretar a la empleada doméstica”