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Páginas pegadas

Cuando era pequeña había en mi casa una colección de libros de saberes varios, como una especie de enciclopedia para niños que lo mismo te explicaba qué es la fusión que por qué mueve la nariz un conejo. Estaba dividido en secciones y en una de ellas hablaba de seres fantásticos. En esa sección estaba dibujado un vampiro dentro de su ataúd con la cara muy blanca y los colmillos con restos de sangre. Me daba pánico.

Me daba tanto miedo que pasaba esas hojas muy deprisa y sin mirar para no encontrarme con el vampiro. Mi madre pegó esa hoja a la siguiente con cello pensando que así solucionaba el asunto. Pero fue peor, ahora seguía estando ahí, pero oculto. Como no lo veía me imaginaba truculencias mucho mayores que las del dibujo y, además, podía escapar y salir en cualquier momento, rabioso porque había estado encerrado.

Pues eso más o menos es lo que me pasa ahora en casa de la doña Marga. Porque se han traído al don Margarito del hospital para que muera en su cuarto y en su cama y aunque yo no tengo que entrar en su habitación ya que tiene una enfermera, sé que está ahí, con sus estertores y su agonía y eso me impide estar tranquila. En cualquier momento se va a despegar el cello y voy a tener que mirar lo que me asusta. Seguramente no es tan horrible como lo que veo en mi imaginación.

A lo mejor la doña Marga lo sabe y por eso me ha mandado que le pregunte a la enfermera si quiere un café o un vaso de agua. Se lo he preguntado desde la puerta, mirando sólo de reojo a la cama, y lo más deprisa posible. Todavía no me atrevo a despegar del todo las páginas.

Elucubraciones

Y dices tú,que diría la Pili, ¿y si el lector misterioso es alguien que conozco y me conoce? Alguien que me conoce de verdad, no virtualmente, me refiero, alguien que ahora me conoce mucho más y se ha quedado sorprendido, no sé si grata o ingratamente.
Qué desazón me está entrando.
Me estoy viendo a mi madre y sus colegas del Hogar del Ama de Casa entrando a saco en el blog y destripándolo de arriba a abajo. Claro, como la tal Ariadne les ha sacado de la brecha digital y les ha enseñado a manejar el ratón y nociones básicas de navegación…pues ahora navegan todas juntas y como el mar es ancho y profundo se agarran a lo conocido. Oye, pienso yo que les dirá mi madre, que mi hija, la Lauri no que esa es normal, la otra, tiene un blog, no sé cómo se llama pero es algo de una chacha. ¿Nos metemos? Y vaya que si se meten, con lo cotillas que son.

Temblores me están dando de pensar que la mujer lee sus propias palabras transcritas tal cual y aireadas por la red. No es bonito eso que haces de reírte de tu madre, tú sabrás a qué se debe. No te enfades, si no es con mala intención, te digo ahora por si eres tú. Y a las demás, cotorras, fuera de aquí que yo no os he dado permiso para entrar. Pero sí les he dado permiso porque en el momento en el que sueltas al aire una entrada ya sabes a lo que te atienes. O más bien no lo sabes del todo porque si lo supieras igual no la lanzabas con tanta alegría. Es una consciencia inconsciente. O al revés.
Pero no creo que fuera mi madre porque ayer hablé con ella y asparte de tele narrarme los síntomas gestacionales de la Lauri con mucho lujo de detalles no hizo ninguna alusión, ni directa ni indirecta a esto que me ocupa y ella no es de las que se quedan sin aludir.
Se me ocurre otra posibilidad mucho peor: el Toni. Ya está en Madrid sofocao por el calor y deprimido por la vuelta a los trabajos suyos de cada día. La Esme se lo ha contado al Hipólito y el Hipólito al Toni. Ay, qué nervios, cuando sepa que sus neuras y neurosis ocupan gran parte del blog, que él es uno de los protagonistas principales….intuyo que no le va a hacer ni pizca de gracia. Toni, no seas tú, por favor, y si eres tú, perdón pero es que das mucho juego, compréndelo.

Y aún peor: mi jefa y señora. La Diosa, la Zeusa, el Hada, la Mística, la Literata, la Yogui…la de cosas que le he llamado y la de libros que la he sustraído. Al paro de cabeza, por boba.
En fin, tendré que confiar en la suerte y en que la táctica de cambiar los nombres a todos me funcione. (En realidad no me llamo Eva ni la Patricia, Patricia, ni el Toni, Toni como habréis podido sospechar). La Esme sí se llama Esme pero a ella le da igual porque no me lee, dice que le da pereza leer en la pantalla, que no se entera, que lo ha intentado pero que prefiere el papel, que lo haga libro y entonces sí. Será farolera!