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Jeroglífico

¿Qué pasa cuando una mañana te levantas y no entiendes ?

Nada, no pasa nada, a la vida tu asombro le da lo mismo.

Indiferente a ti, abre el día como si fuera la página de un libro, coloca sus decorados y  te pone a desfilar junto a todos los demás.

Antes de salir te asomas a la ventana intentando descifrar algo.

Ha empezado a llover.

Un niño, abajo, en la calle, levanta la cabeza, abre la boca y bebe.

Después gira y se ríe con los brazos abiertos.

(Cuaderno de DM)

Palabras (1)

Cuando la vida no me gusta, no me basta o me asusta saco las palabras de la bolsa y me tiro al suelo a jugar.

Huyo subida en sus lomos de letras y a veces hasta creo que voy a poder escapar. Pero ella siempre está al final de cada texto, esperando paciente a que yo termine como si fuera una madre sentada en el banco de un parque, mirando distraída los graciosos e infantiles entretenimientos del hijo.

Es tarde, me dice dándome la mano para que me levante, hay que hacer los deberes, bañarse, cenar, dormir. Guarda las palabras aquí, en su bolsa, cada cosa en su lugar, se acabó por hoy.

Así es, no hay mucho más.

(Cuaderno de DM)

Las penas con pan

Pásame el trigo sarraceno y la quinoa, se me pone la Noe a las siete de la mañana. Todavía si me llega a decir que le pase el café y las galletas igual acierto pero eso otro…

Noe, bonita, ¿tú no puedes desayunar lo que todo el mundo?, le respondo.

Me estoy poniendo alcalinísima, me salta a continuación, ¿no lo notas?, mira qué cara, mira que piernas y mira que toda yo. Tú también deberías pasarte a esta dieta, venga, te preparo un batido detox de espinacas, apio y clorofila que verás qué cuerpo se te pone.

Pues muy malo, Noe, si yo me tomo eso a estas horas, incluso a cualquier  otra hora, lo más probable es que vomite a continuación, así que olvídalo.

Pues tú sabrás lo que haces pero luego no te quejes si se te acidifican los órganos internos, me amenaza con un trozo de tofu pinchado en el tenedor. Y además, dice luego sin venir a cuento, que me pienso ir a la cola del Primark de Gran vía a lucir tipo y me importa un cuerno que estemos amenazadas las de la cola. A mí no me asusta ni Isis ni Osiris.

¿Pero qué dices de colas amenazadas, Noemi?, tú sí que me estás asustando.

Sí, porque el otro día, cuando estábamos en todo el mogollón, pasó uno muy malencarado y soltó mirándonos con odio: “estas gilipollas que hacen cola para comprarse una camiseta de tres euros son de bombazo”, y lo dijo en femenino y eso que también había algún hombre, pocos, también es verdad. O sea, hazte la composición: bomba por un lado, odio a las mujeres por el otro, rabia al consumo capitalista por otro más, manía a las marcas low cost, bueno eso igual no, pero todo cuadra.

Que no, mujer, que ese sería uno de esos estilo el Toni a los que todo pone nervioso.

Pero, ¿qué me estás contando? Mira que si el Toni va a ser un lobo solitario…ándate con ojo.

No me líes, Noe, que es muy temprano y  no mezcles ideas, el Toni es solitario, suficiente.

Pues vale, pero la cola del Primark no es un sitio seguro aunque, ¿sabes lo que te digo? Que voy a volver y con la minifalda súper mega corta, esa que tú llamas falda cinturón. Anda y que se fastidien, a mí nadie me mete el miedo en mi cuerpo alcalino. ¿Tú que opinas?

Que sitios seguros, seguros  no hay ninguno así que lo mismo nos da. Habrá que vivir. Pero yo sí tengo un poco de miedo y pena mucha ¿de verdad no quieres una tostada? No vas a aguantar la jornada de los chinos solo con esas guarrerías.

Bueno, venga, pero solo una. Que las penas con pan son menos, me dice masticando con ansia. Que alcalina no sé, pero canina estaba un rato.

Y lo del pan es bastante verdad.

Tan modosita tú

Mira que te gusta el disimulo. Todas las noches te oscureces y te plantas tu collar de estrellas, el broche de luna en mitad del traje. Todas las mañanas pones a cantar a los pájaros y sacas el sol a iluminar. Calor en los veranos, frío en los inviernos, hojas secas en los otoños, brotes nuevos en primavera. Así, repitiéndote, crees que engañas.

Y sí, durante un tiempo seguí confiada tu aparente orden, pero ahora ya sé que en cuanto me doy la media vuelta cambias los muebles de sitio, me despeinas, me escondes los zapatos, haces crecer a los niños, envejeces a los padres y hasta los matas. Cualquier día me matas a mí también.

Pero tú, vida, tan modosita y aplicada, como si no hubieras hecho nada. Fingiendo que todo sigue un orden, que se atiene a una pauta, a un inalterable compás.

Me llevas por tu engañoso carril de días aparentemente iguales y estaciones sucesivas mientras, por detrás, como una loca compulsiva que odia la estabilidad y la rutina, no paras de arrastrar armarios,tirar tabiques, trastocar los escenarios, sustituir a unos actores por otros. A qué tanto lío si siempre es, con ligeras variaciones, la misma tragi-comedia.

(Cuaderno de doña Marga)

Angustia

Como una quiosquera normal, sentada en una silla y con la radio encendida oyendo una tertulia pero sin prestarle demasiada atención, de esa guisa me he encontrado a la Esme esta mañana. Solo le faltaba hacer punto o crucigramas y despachar con esa desgana típica del que lleva muchos años haciendo lo mismo.

Un rato la he estado observando pensando que se trataba de algún truco, una especie de camuflaje como hacen los animales para protegerse pero que enseguida iba a salir con alguna de las suyas. Pero no, la mañana iba pasando y la Esme seguía dentro del quiosco manteniendo esa calma tan sospechosa como extraña.

¿Cómo va la búsqueda de huesos, Esmeralda?, le pregunto a ver por dónde me sale, ¿habéis encontrado ya los restos mortales de Cervantes?

Bah, eso, me responde desdeñosa, no, ya no voy a buscar más, veo imposible competir con esos cientificos y sus medios. Además, que ya no me interesa.

Y el seminario de chamanismo segunda parte,¿para cuándo?, que nos tienes que explicar qué son los chacras y cómo se abren.

Primero que no creo en los chacras y segundo que, caso de creer y de saber cómo se abren, me abriría los mios propios que los tengo todos cerrados.

Pero si no existen, ¿cómo los vas a tener cerrados?

No quieras liarme, Eva, que no estoy para jueguitos, me responde ordenando mecánicamente las latas de refrescos.

Ya, bueno, pero que no creamos no importa, tampoco creíamos en el tarot y lo echábamos tan contentas.

El tarot, qué tiempos aquellos de la cartomancia….dice con melancolía. Ahora ya no somos nada ni lo vamos a ser nunca más. Ahora yo soy la quiosquera Esmeralda, estoy separada, tengo dos hijos adolescentes que me hacen la vida imposible, uns hipoteca, sudores derivados del cambio climático o de la menopausia, no sé,  y unos cuantos kilos de más. Y tú eres una empleada doméstica que lleva libros en el bolso que luego no lee porque al Ulises ese le van a salir hongos entre las páginas.

Qué dañina estás, es verdad que me he atascado con el Ulises pero ya lo retomaré y no me gusta verte así, que vamos a ser chamanas y una chamana que se precie no se puede hundir de esa manera.

Un buen chamán es justo lo que estoy necesitando o en su defecto unos buenos antidepresivos. Tengo un nudo aqui, en medio del pecho que no puedo ni respirar, el estómago revuelto, la boca seca, ganas de llorar, sensación de que nada importa, todo es inútil, vano, estúpido.

Por favor, Esmeralda, pero si tú no eres así, si tú eres una emprendedora, una luchadora, una valiente de la vida.

La vida, suspira, ay la vidita qué asquerosa se pone a veces. Y sube la radio para no oírme.