Inspira, pero no expires

La directora del gabinete, no sé qué significa exactamente la palabra pero aquello se llamaba así, me iba enseñando muy amablemente todo el lugar. Esta es la sala de juntas, aquí está mi despacho, luego entraremos, esto es otro despacho, la sala de espera que ya conoces…¡y tanto!, llevaba tres cuartos de hora en ella, pasando las hojas de revistas de viajes exóticos y decoración de mansiones mientras recitaba por dentro lo que iba a decir, cada vez más nerviosa. Por aquí tenemos un cuarto con un microondas para comer algo cuando no hay tiempo de salir, los aseos, otro despacho, este da a la calle, mira que arbolado.

Muy bonito todo, para entrar a vivir, solo que yo no veía nada, únicamente me fijé en que ella era gorda y eso, por alguna razón misteriosa, me tranquilizaba. Llevaba una blusa suelta que se ondulaba con sus movimientos y sonreía mucho pero la sonrisa no me calmaba porque la utilizaba voluntariamente para calmar, no de forma espontánea. No, la sonrisa me incomodaba. Después de mostrarme todo aquello, tampoco sé muy bien para qué, tal vez para que comprobara lo serios que eran y lo bien equipados que estaban y así confiara, me llevó hasta su despacho, se sentó tras la mesa y yo enfrente, al otro lado. Adelante, dijo extendiendo una mano como si me abriera una puerta fantasma. Dime qué te ocurre.

Entré por su puerta abierta en el aire y empecé a explicarle lo de esa sensación de ahogo, a medida que se lo explicaba me iba arrepintiendo más y más de haber ido, pero, al mismo tiempo, tenía la esperanza de que allí supieran arreglarlo, no quería vivir ahogándome a cada momento o creyéndome que me iba a ahogar. Porque ya me lo habían dicho otros profesionales de los falsos ahogos: te parece que te vas a ahogar, pero no te vas a ahogar, te parece que te estás muriendo, pero no te estás muriendo, te parece que todo se mueve y que te caes, pero ni se mueve ni te caes. Todo eran pareceres míos, ¿y cómo se quitaban esos pareceres? Eso era lo que quería saber para arrancármelos de un tirón como si me estuviera haciendo la cera espiritual.

Aquí no hay soluciones mágicas, dijo ella toqueteando una cajita con clips de colores. Pues mal empezábamos, precisamente eso era lo que yo quería, una solución y cuanto más mágica, mejor. Esto requiere un esfuerzo por tu parte, trabajo y colaboración, aquí mandamos deberes y tienes que hacerlos, ser constante.

La constancia, eso no me sonaba bien. Igual que cuando te venden cremas y te dicen, “tienes que ser constante” porque saben de antemano que las cremas no hacen nada y que te vas a cansar de embadurnarte y entonces le achacarán a tu inconstancia la falta de resultados. Pero dije que sí y también sonreí porque me sentía incómoda y juzgada y me quería hacer perdonar la neurosis.

Ella lo notó, notó que yo me sentía incómoda y juzgada y supongo que por eso me dijo que mis ahogos eran muy normales y frecuentes, que no era más que ansiedad, y que si yo supiera la de patologías que veía ella a diario…y juntó los dedos de la mano como expresando que a montones. Gente que parece de lo más normal, profesionales prestigiosos, no te lo creerías, con responsabilidades importantes, banqueros, abogados y luego…dan miedo.

No me pareció muy profesional que criticara a otros aunque fuera en abstracto, yo también estaba en el grupo de los patológicos aunque esperaba que no en la categoría de los que daban miedo. De todas formas me consolé pensando que ella no iba a ser la encargada de ayudarme, solo hacía las presentaciones y el reparto. Buscó en el ordenador a la persona adecuada mientras yo miraba las cosas que tenía sobre la mesa y las fotos y cuadros de las paredes intentando distraerme porque notaba que se acercaba un ahogo y no quería ponerme a morir delante de ella. Qué vergüenza, morirse en pleno estado de salud.

Daniel, dijo de repente, te voy a poner con Daniel. Te va a gustar, ya lo verás, es un encanto y avisó por teléfono al tal Daniel. Enseguida, como si ya lo tuvieran previsto, entró un chico joven y bastante guapo aunque con la misma sonrisa de comercial que ella. La debían de ensayar varias veces cada mañana antes de abrir el gabinete de las patologías. Lo seguí por los pasillos controlando mi muerte inminente hasta el despacho arbolado.

No me enteré apenas de lo que me explicaba porque cuando uno se está ahogando y encima pretende disimularlo, lo único que quiere es que le entre el aire como sea y no está para discursos pero sí percibí que tenía acento andaluz y que dijo algo así como “irse de farra”, expresión que me pareció graciosa pero incoherente. Solo al final, en la fase de ponerme los deberes, conseguí poner un poco de atención por si estuviera ahí la salvación. Me explicó una técnica de respiración que consistía en respirar hondo en tres tiempos y soltar el aire respirado en seis, pero cuando me iba a detallar el siguiente deber, que yo esperaba que fuera mejor porque eso de la respiración ya lo había probado y no me funcionaba demasiado, sonó mi móvil. Uno de mis hijos estaba en urgencias con un hombro fuera de su sitio.

Por aquella época a todo le daba por salirse de su sitio, no solo a los hombros. En el taxi, muy aplicada, fui inspirando en tres y expirando en seis mientras el taxista intentaba matar ciclistas y pegaba bocinazos a todo vehículo que no fuera el suyo.

¿Por qué has tardado tanto?, me dijo mi hijo sentado en una sala abarrotada, con el brazo levantado como si quisiera salir a la pizarra y cara de estar conteniendo las lágrimas.

He venido corriendo, es que me estaban enseñando a no morirme.

No te hagas la graciosa, no puedo bajar el brazo, seguro que me lo he roto y se me queda mal para siempre, vamos a perder la liga porque ya hay dos lesionados y tres conmigo, estoy de exámenes y es el brazo derecho, suspendo todas, fijo. Y repito.

Otro que va a tener que ir al gabinete,pensé ahogándome. Uno, dos, tres, inspiro. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis, espiro. Mucho cuidado con no confundirse en una sola letra porque espirar y expirar se parecen peligrosamente.

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41 comentarios en “Inspira, pero no expires

  1. El modo de vida nos lleva a perder el control, la sociedad ya no funciona sin psicólogos ni psiquiatras. Cada vez somos más vulnerables, estamos más controlados y seguimos pautas que nos marcan desde arriba y van contra nuestra propia naturaleza. La locura está servida.

    Un beso.

  2. Vivimos muy estresados… yo creo que mucho más que cualquier generación anterior, y además todo es muy frágil, cada vez más…. y vemos peligros, porque existen, en todas partes, y aparecen las ansiedades, los miedos, las inseguridades…
    Cargamos con muchas responsabilidades y el mundo va cada vez más rápido y no queremos quedarnos atrás, y así no se puede vivir…
    Yo pase un año muy malo con la ansiedad…. hasta probé con la acupuntura, que funcionaba… durante seis horas, no más…. un desastre.
    Creo que más que aprender a paliar los efectos de la ansiedad deberíamos intentar acabar con lo que la causa…
    Pero no es fácil acabar con las causas…no, nada fácil.

    Besos.

    1. Puede que sí, que ahora sea la vida más complicada. No estoy segura, habría que preguntar a los de antes.
      Lo que sí es verdad es que la ansiedad te está diciendo algo y si solo la tapas, con acupuntura, con pastillas o con lo que sea, nunca se va a ir del todo, son ayudas pero no soluciones. Y claro que no es fácil pero vas aprendiendo qué te sienta bien y qué no, conociéndote y conociéndola a ella y eso ya es mucho.
      Gracias por contar 🙂
      Un beso.

  3. Vaya relato, tremendo. No sé hasta qué punto has escrito basándote en experiencias personales y reales, pero me da que en un alto/altísimo porcentaje. Has sido valiente, y sea o no sea el caso, me parece que es brillante.
    Me ha encantado -y mucho- lo de “hacerse la cera espiritualmente”. Joder, es que eres la leche con tus ingeniosas expresiones. Además me han hecho sonreír como siempre tus puyazos irónicos marca de la casa, como “controlando mi muerte inminente”, etc, etc.
    Pues sí, la ansiedad, sus manifestaciones, el estrés, el escuatro y el escinco, las presiones, la vida moderna, las obligaciones y tantísimas cosas más. Yo también arrastro mis cosas, como una medio depresión -o entera- desde hace mucho tiempo, o como mínimo una preocupante apatía. Y la ansiedad nunca me ha atacado fuerte, pero sí he tenido algún episodio. Hace unos meses una taquicardia en el metro, se me puso el corazón a mil por hora y flipé, solo porque me cruzó un pensamiento que me inquietó.

    1. No me pasó a mí, le pasó a mi amiga íntima, jajaja.
      A ver, tiene mucho de personal, no todo pero sí gran parte.
      Pues no sé qué decirte, creo que tenía razón la directora del gabinete en que es algo muy, muy frecuente, lo que pasa es que a nadie le gusta contarlo ni reconocerlo. Los síntomas son muy aparatosos pero hay que perderles el miedo. Bueno, que yo no soy psicóloga ni nada parecido.
      Un besazo, What.

      1. Vale, pues me alegro mucho si no te pasó a ti. De todas maneras está impecablemente relatado. Es verdad, patologías hay muchísimas y son muy frecuentes y extendidas. No es nada extraño, con el ritmo de vida que llevamos, a mí no me sorprende ese comentario de la terapeuta o lo que fuera, para nada. Las reflexiones que han salido aquí son muy válidas: Siempre hay que buscar e intentar paliar, combatir o eliminar las causas de esos trastornos, no los síntomas. Muchas veces es lo que hacen los médicos con el simple hecho de recetarte medicamentos, sobre todo por lo que se refiere al dolor: Intentar apagar ese dolor, no eliminar sus causas.

      2. No he dicho que no me pasara a mí. Como las pelis, está basado en hechos reales ligeramente distorsionados.
        Y también muchas gracias por contar.

  4. Vivir…a veces se hace cuesta arriba.
    Lo que me parece terrible es que las personas que teóricamente son profesionales en algo tan importante como los temas psicológicos o psiquiátricos…no lo sean y se comporten como meros “vendedores” de tratamientos varios.
    Bien por los que trabajan pensando en el bienestar de la personas,no de sus propios bolsillos.

    Beso grande,Paloma.

    1. Eso por supuesto. Pero no era una crítica a nadie, solo que a veces no te convence lo que te cuentan o no conectas o notas algo que chirría sin saber muy bien qué es. Seguro que su intención era ayudar, además de mantener su negocio, lo cual también es lógico.
      Hay que dar con la gente adecuada, eso es muy importante.
      Otro beso para ti, Carmen.

  5. Vaya vaya… qué excelencia de relato! El ritmo fue tan vertiginoso como el ahogo…. Creo que recordé tomar aire en la mejor oración: “He venido corriendo. Es que me estaban enseñando a no morirme”.
    Lo he disfrutado realmente! Genial, Paloma! Gracias!

  6. ¿Qué vamos a hacer? -preguntó con ansiedad-. ¿De qué va todo esto? -Nos quieren liquidar -respondió Bond con calma-. Así que debemos mantenernos con vida. Ian Fleming
    Yoga…a mi me salva Yoga . Con una sola condición : constancia.

  7. Ansiedad, ese es el quid, cuando hagamos kaput con ella, chau problema
    Eso me lo dijo Gustavo y se marcho silbando
    Y yo quede en las mismas, lo mismo que tu amiga y a la cual me gustaría conocer para compartir experiencias ahogativas.

    Besos

  8. Hay momentos en que hay que hacer auténticos esfuerzos para no expirar.
    Y lo de la constancia a veces también pienso que es una excusa para no decir que algo no funciona. Besotes!!!

  9. ¡Qué angustia, por dios! Y encima parece que las cosas malas nunca se atreven a ir solas y se juntan con otras para llegar a la vida de la gente a puñados. Pobre, sus males parece que tengan que quedar aparcados porque los del hijo siempre son más importantes.
    Aunque sé que me repito más que el ajo y que siempre te cuento algo de mi vida, no puedo dejar de contarte que conocí a alguien que se ahogaba también y solo de mirar, cuando estaba en crisis, me entraba a mí la angustia. Esa persona lo solucionaba corriendo o andando. Largas caminatas, no sé si para agotarse o para agotar a los ahogos. Era lo único que le funcionaba 😦

  10. Hola Paloma, vaya con la dichosa ansiedad!
    Es como un resfriado que no se acaba de pasar nunca. Dicen que se pasa pero mas bien creo que se aprende a vivir con ella, al menos esa es mi opinión.
    Lo malo es dar con alguien con “sonrisa comercial”, lo bueno es que se detectan rápidamente y no vuelves porque sabes de sobra que no te van a ayudar.
    Dar con un buen profesional es lo más importante y, a seguir respirando!.
    Ánimo a tu amiga y a todos los que la sufren y son unos incomprendidos en este baile de máscaras que nos ha tocado vivir.

    Un abrazo y un chupa chups

    1. Yo creo que sí se pasa, lo que ocurre es que, de vez en cuando, vuelve. Pero ya no asusta tanto porque se la va conociendo. O también será lo que tú dices, que se aprende a llevarla puesta.

      ¡¡Gracias por el abrazo y el chupa chups !! 🙂 🙂

      Muchos besos para ti.

  11. Nunca me gustaron esos que se hacían llamr de Recursos Humanos. Recurso… eso es lo que éramos. Una cosa. Una pieza. Son antítesis esas palabras como Inteligencia Militar (esto es de Groucho Marx) y Actor Porno. Recurso Humano. Ufff malo me ponía con esos seres que se dedicaban a echar a la gente de la empresa los viernes porque era imejor para el resto de la plantilla porque así no se sabía si se habían ido o estaban de vacaciones. Empresas que facturaban millones de euros y luego arañaban los minutos de vida de los trabajadores donde irte a tu hora era irte pronto.
    En fin… no quiero ni acordarme…

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