El jaspeado

Mi madre tenía el vicio del punto. Por mucho que ella lo disfrazara de obligación la verdad es que era más una obsesión. Un vicio, claramente. En cuanto tenía un rato libre, sacaba de un cesto las agujas y las lanas y se ponía a tejer. Hasta de pie y paseándose de un lado a otro podía hacerlo. De paso, le servía de aislamiento porque un gran drama vital era que se le saliera un punto o que perdiera la cuenta de las vueltas y eso pasaba si la distraímos.

Mientras tejía hablaba consigo misma de lo que iba haciendo, dándose instrucciones. Una palabra que decía a menudo y que a mí me gustaba oír porque me sonaba a lunas era menguar. Menguaba mucho. El de tejer puede parecer un vicio bastante inofensivo pero, como todos, tenía sus efectos secundarios: no paraba de traer jerseys al mundo.

Una clara superpoblación de jerseys de lana nos estaba invadiendo. Todos teníamos el nuestro exclusivo y único y a veces hasta más de uno. Aunque se daba mucha importancia desplegando patrones y haciendo como que innovaba, todos eran prácticamente iguales. Picaban, eran feos, llevaban ochos por delante y nos uniformaban dándonos el aspecto de unos niños de Sonrisas y Lágrimas todavía más pensosos que los originales.

Abrigan muchísimo, con esto no váis a pasar frio, nos decía con gran satisfacción. Cuando le quedaban restos de lanas hacía uno que ya era el colmo de la fealdad y que se llamaba el jaspeado. Si te tocaba ese ya te podías ir preparando para las burlas de tus hermanos y para llevar todo el invierno una prenda horripilante puesta encima. Si protestabamos porque era feo, ella ya lo sabía, nos decía que abrigaba igual que los otros y se quedaba tan ancha. Al parecer la estética no era importante en su vida. Si mi padre le regalaba un bolso nunca decía qué bonito sino que lo sopesaba y se alegraba si cabían muchas cosas dentro.

Llevaba ya dos temporadas librándome del jaspeado cuando me cayó en suerte. Justo acababa de enamorarme de uno de los chicos de los bloques de enfrente que tenía los ojos azules. De los de nuestra hilera de bloques casi nunca nos enamorábamos, estaban demasiado vistos, pero los de enfrente aún poseían un halo de misterio. Además nos amenazaban con piedras y palos, lo que contribuye bastante al amor. Mi hermana enseguida se dio cuenta, a ella no le parecía guapo: te gusta el besugo, idiota.

Pues sí, me gustaba el besugo y mucho y, para colmo tenía que llevar el jaspeado a la vista porque todavía no hacía frío para taparlo con un abrigo. Había que librarse de ese jersey como fuera. Así que, siguiendo una máxima de mi padre que decía que a un niño, si le das tiempo, puede tirarte con una uña una pared, fui lentamente horadando en su centro con el dedo hasta que en tres días conseguí hacerle un buen boquete. No dije nada porque enseguida lo vería y lo tiraría a la basura, el lugar que le correspondía. Odiaba que fuéramos rotos, sucios o sin peinar. Lo vio: qué raro, se te ha roto, te lo habras enganchado con algo. Trae que te lo coso.

Ahora no sólo tenía que llevar el jaspeado sino que además tenía un zurcido de lo más tosco justo en el centro. Aún con esa desventaja, en una de nuestras peleas de amor odio con los de enfrente, el de los ojos azules me retorció un brazo apretándome muy fuerte. Seguramente yo también le gustaba un poco y si no hubiera llevado puesto el jaspeado y mi hermana no le hubiera gritado ¡cara de besugo, suéltala!, quién sabe si el retorcimiento de extremidad con fuerte apretón no podría haber acabado en la primera pasión de mi infancia.

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51 comentarios en “El jaspeado

  1. Conocí a muchas mujeres con ese vicio. Claro que es mucho mejor tener el vicio del punto que un punto de vicio… o quizás no… un puntito de vicio también tiene su aquél 🙂

  2. Si te retorció el brazo es que te quería más que a su vida…

    Le gustabas hasta con el jersey jaspeado.
    Ya no quedan hombres así…

    Seguro que lo dejaste escapar…

    Aynsssssssssssssss

    Besos.

  3. Era el “break” personal de tu madre. Aislarse para no aguantaros, creo que la mia también lo hacía, y si, también tuve uno jaspeado, y varios gorros y bufandas.
    Los amores de entonces, empezaban todos así…

  4. Muy bueno. Es que los amores tempranos y la moda materna suele combinar mal, jajaja. Nosotros fuimos 10 hermanos e íbamos hasta 5 uniformados con lo mismo, los más pequeños sufrían lo suyo porque no hacían más que heredar ropa y pocas veces estrenamos. Él vicio del punto…el hobby de mi chica, ahora mismo está calcetando (muy bien, ojo, unos diseños alejados del “ochesco”)
    En cuanto a los amores de segunda línea…los alejados, es un clásico, lo autóctono no mola a determinadas edades. Y otra cosa, ese gusto de las mujeres por el chico malo…cuando quieren uno bueno ya es demasiado tarde.

    1. Qué mono, me hubiera gustado verte uniformado, Antonio. Me ha hecho gracia lo de los diseños ochescos, seguro que tu chica hace cosas muy bonitas, nada jaspeadas. Yo ahora solo quiero buenos, los malos no me atraen nada.

      1. Es que el ocho era un clásico. Yo siempre se los pido lisos. Ella se especializó en niños de hasta tres años, no hay criatura de persona conocida o familiar que no le caiga algo cuando nace o cuando cumple. Un beso, Paloma.

  5. Tu madre, el punto, los primeros amores… Hay algo ancestral en las mujeres que tejen, de hecho en algunos mitos aborígenes como el de los navajos, la creadora del mundo es la Diosa Araña, la que teje el universo día a día. Algo así advierto en tu madre, poderosa ella.
    En cuanto al niño azulado, seguramente moría de amor y, a la manera de los hombres de las cavernas, retorció tu brazo para demostrarlo sin tener noción de jaspeados ni ochos… las hermanas a veces son muy inoportunas, Eva.
    Un cariño para ti desde Argentina.

    1. Qué bella interpretación de todo esto, por algo eres Bellaespíritu. Yo también imagino a mi madre como una especie de Penélope o de tejedora poderosa, a su manera. Y en cuanto al niño, claro que era un amor primitivo y un tanto cavernícola, puro, por eso mismo.
      Me ha encantado tu comentario, muchas gracias.

  6. Qué bonita historia, de verdad que eres impagable escribiendo y narrando historias de la infancia, no me importa repetirme. Pues percibo cierto tono de frustración y complejos asociados como niños al tema de tener que llevar esos jerseys de punto. Muy bien descritos esos sentimientos de vergüenza o de rechazo velado. Yo experimenté cosas muy parecidas con ciertos jerseys que nos compró mi madre -ella nunca ha tejido-. Te preguntaría si alguna vez le dijisteis que eran feos, picaban, etc. También qué narices es un ocho, si es esa especie de relieve que me estoy imaginando, no sé. Ya el colmo ha sido lo del jaspeado, y encima cuando va y te zurce el agujero, y de paso te zurce a ti y a tu amor por ese chico. Como apuntan por ahí, quizá ese retorcer salvaje del brazo ya es el amor puro y cavernícola. Si te quería de verdad le hubiera dado igual el jaspeado, claro que los niños ya se sabe. De acuerdo en todo lo demás, y ese gusto de las mujeres por los chicos malos, por ejemplo. También me parecen claras 3 cosas: Que a tu madre tejer le servía de terapia o técnica para aislarse, que le importaba tres pepinos la estética…y que tu hermana una vez más una cabrona de cuidado, usando tus propias palabras. Besos.

    1. Hombre, es que eran feísimos, bueno tiendo a la exageración. Creo que para ella el tejer era como para mí ahora esto de escribir aquí. He debido heredar esa tendencia a evadirme y hasta a obsesionarme con mis evasiones. Los chicos malos te gustan un tiempo, luego ya no.
      Otra vez gracias por comentar con tanto detalle.

      1. eva vill, eva dirse, eva sión…Muy acertado comparar ese hábito de tejer de tu madre con el tuyo de escribir. Bueno, son aficiones, hobbies, necesidades. A mí me encanta escribir, a veces te saca de la depre o la tristeza, o la sensación de que eres un perfecto inútil. Besos.

  7. Llego tardísimo pero a tiempo para decirte: No tienes gusto para los hombres!! Jajajajaja.
    Mi abuela también hacía ganchillo y me hacía suéters, pero más monos que los de tu madre 😛
    Besos, besuga! Jajajaja

  8. En mi familia era mi abuela la que tejía. Hacia jerseys monísimos pero que picaban un montón o de una lanita muy suave pero que tenia como una pelusa que se te metía por todas partes y me hacía estornudar.
    La última labor que me hizo fue una bufanda larguísima. La llevé hasta que se caía a trozos, llena de enganchones y bolitas. Cada vez que me la ponía me acordaba de ella, de sus manos nudosas calcetando (como ella decía). De su calor. De lo mucho que nos quería. Era maravillosa.
    Besos.

  9. Mi madre tejia cosas horrorosas para mis hijos a los que adoraba…No recuerdo que me tejiera a mi o a mi hermana, a mi hermano chico si, ella era madre para varones. Mira, mira lo que provocas, Paloma…celos de horribles tejidos que no tuve…

  10. Madres, abuelas y tías creo que eran aficionadas al punto (jaspeado o no) y al ganchillo. Debía ser el equivalente de entonces de los blogs 😀 😀 😀 😀
    Y me alegro de que tu hermana te librara del besugo, después de todo, y a pesar de llamarte copiona, te quería una barbaridad 😉

  11. He vuelto, he vuelto y me pondre al dia contigo, con Martes, con Celia, con Chus.. Y a ti te digo Paloma que aunque fueran horrorosos me celo igual, que el amor no se fija en menudencias…

  12. Estuve visitando a mis hijos en Madrid, el Parque del Retiro queda lejos de La Latina , donde vive uno y de Las Rozas donde vive el otro. Estoy molida ,,sali de la gira y ala! a España solo dias…estoy loca de cansancio Palomita pero feliz

  13. Está feo que te lo eche en cara pero, si te gustaba que aquel chaval te retorciera un brazo, es que te estabas preparando para lo peor en la vida. Y no te digo más. ¡Qué pena!

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